lunes, 30 de octubre de 2017

Y si nos va bien, pues, nos dividimos

MUD fracturada

Ahora bien, bastó que se diera ese triunfo para que la, hasta ese momento, alianza triunfadora comenzara a desvariar sobre las fórmulas para desalojar del poder a Maduro junto a su combo de sancionados
Cuentan los analistas de cafetín que cuando se implantó la política de pacificación por parte del presidente Caldera en su primer gobierno, se generó una diatriba en los mandos guerrilleros sobre la conveniencia o no de dejar la montaña e incorporarse a la lucha política abierta. Esta discusión trajo como consecuencia que se crearan facciones que asumían que acogerse a la pacificación era traicionar los ideales revolucionarios, mientras que otros sectores prefirieron incorporarse a la legalidad como una opción real de poder.

Al final del día un archipiélago de grupos y grupitos alzados en armas se quedaron en la lucha clandestina, mientras que otro grupo de partidos y partiditos de inspiración marxista, escogieron la vía democrática para vender la idea de construir una sociedad sin clases sin recurrir al exterminio del que piensa distinto. Esta es quizás la primera experiencia de fraccionamiento, división y trompadas ideológicas que conoció nuestro acontecer político vernáculo en la era moderna. Luego vendría la división del AD que dio nacimiento al MEP, aunque no por razones ideológicas sino por la lucha entre grupos internos por el dominio del poder partidista.

No hay que ser un sabiondo de la política para entender que el Big Bang de la izquierda venezolana fue producto de la derrota de la lucha armada. De fraternos camaradas pasaron a acusarse de renegados, dogmáticos, stalinistas, pequeños burgueses, revisionistas, anárquicos, ultraizquierdistas y reformistas. No hubo epíteto que no se utilizara para enjuiciar al otro. Hoy en día estamos observando la misma situación entre los llamados factores o partidos de oposición al gobierno impresentable de Nicolás Maduro. La derrota en unas elecciones regionales de dudosa transparencia, ha destapado los demonios en ese sector de la política venezolana.

A diferencia de los soñadores de izquierda de los 60, cuya derrota siempre estuvo cantada por nunca haber tenido el apoyo del pueblo, la oposición agrupada en la MUD logró, por lo menos desde 2013 al 2015, conectar con el deseo general de cambio que transpiraba la mayoría de los venezolanos. El resultado de esa conexión fue la paliza propinada al régimen chavista en las elecciones parlamentarias. Ahora bien, bastó que se diera ese triunfo para que la, hasta ese momento, alianza triunfadora comenzara a desvariar sobre las fórmulas para desalojar del poder a Maduro junto a su combo de sancionados.

Qué en 6 meses el mandado está hecho, dijo Ramos Allup, sin especificar cómo se comía eso; que, si mejor y más rápido es con una constituyente, dijeron algunos juristas; que no, que el cobre se bate en la calle, dijeron Leopoldo y María Corina; que no vale, que el revocatorio es lo más expedito, dijeron los justicieros. En eso se nos fueron los primeros meses del 2016 y las doñas del CNE aprovecharon esa indecisión para alargar la convocatoria, colocar todas las trabas y hacer ilusorio ese derecho establecido en la constitución. Al final no se logró, y quedo la facturita pendiente. Ramón Guillermo Aveledo fue el chivo expiatorio y pagó los platos rotos. Nombraron a Chuo Torrealba, quien con mucho decoro asumió la responsabilidad de tratar de dominar las pasiones de todos los sectores y ser el vocero de la MUD.

En 2017 Maduro nos madruga con una convocatoria inconstitucional a una Asamblea Constituyente y no faltó quien dijera que se debía participar en esas elecciones. Finalmente se impuso la postura de no hacerlo, pero quedaron algunos resentimientos. La guinda de la torta fueron las elecciones regionales. Fue imposible una sola estrategia para afrontar con la misma fuerza de las parlamentarias, a esta nueva contienda electoral. Hubo un sector que entendió que con la abstención se ganaba más que participando. Otro sector entendió que si no participaba se perdía más de lo que se ganaba. La guerra de posiciones fue feroz. Por otra parte, costó un mundo llegar a acuerdos sobre los candidatos, hubo que ir a primarias en la mayoría de los estados, y en la campaña electoral se dijeron de todo. Otra facturita pendiente.  Ahora, después de ganar 5 gobernaciones (una sexta, pendiente), tampoco hay acuerdo sobre presentarse o no ante la ANC para poder ejercer el cargo de gobernador. Unos dicen que lo hacen por solicitud del pueblo y el otro dice que no lo hace por solicitud del pueblo. Y sobre el megafraude, unos dicen que no hubo y otros que sí. Vaya usted a saber.

Total, que más allá de las consideraciones sobre quien o quienes tuvieron la razón, podría aplicarse aquella frase que la leyenda urbana de la política venezolana atribuye a un connotado líder de la izquierda decimonónica de los años 60. Este legendario comandante, después de logrado el acuerdo de unión entre varios partidos de izquierda para ir en comandita a una campaña electoral por la presidencia de la República, dijo: “y si nos va bien, pues, nos dividimos”.

lunes, 16 de octubre de 2017




Trauma post electoral






Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral

Estoy escribiendo este artículo el jueves 12 de octubre y saldrá publicado el lunes 16, es decir, lo escribo antes de las elecciones regionales y lo leerán mis valientes y desocupados seguidores, después de conocidos los resultados (bueno, esto último nadie en este país lo puede garantizar). El asunto es que en esas condiciones escribir un artículo llamando a votar sería extemporáneo y celebrar por adelantado sería muy riesgoso. ¿Sobre qué escribo entonces?. Si toco un tema no electoral, corro el riesgo de que nadie lo leerá por descontextualizado. ¿Qué pasará si no envío mi contribución al periódico?. Lo más seguro es que, después de 7 años ininterrumpidos publicando los lunes cada quince días en TalCual, nadie extrañará mi artículo. Esa es la buena o mala suerte de los articulistas desconocidos.

Pero cómo dice Chuito Marcano, el mascalacachimba de Marigüitar, ¿quién dijo miedo?. Dedicaré estas líneas a hacer un ejercicio de caracterización de las conductas postelectorales de ambos bandos después de conocidos los resultados. Pero no escribiré de euforias, sino de traumas producidos por un resultado adverso. Aclaro desde ya, que no lo haré sobre los abstencionistas “opositores”, ya que la verdad no sabría cuál es el resultado que los deprimiría. Para estos amigos la mayor alegría sería ver a la MUD derrotada, pero si contra sus apuestas la oposición gana las elecciones, se alegrarían si el gobierno destituye a los gobernadores opositores electos por no reconocer a la ANC. Pero vayamos a lo que vinimos.

Si el PSUV, contra todos los pronósticos y el sentido común, obtiene una victoria, esta sería la conducta de los opositores alineados a la MUD. Primera reacción: desconcierto, sorpresa, tristeza y arrechera. Segunda reacción: culpar al CNE por haber impedido las sustituciones, haber trasladado los centros electorales a horas del evento electoral, y por supuesto culpar a los abstencionistas por su ceguera política. Tercera reacción: culpar a Ramos Allup, Borges y hasta a Leopoldo López por su ingenuidad al ir a unas elecciones amañadas y trampeadas. Cuarta reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos. Si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Quinta reacción: Darse cuenta que la pelea es peleando, sacudirse la depresión y echarle bolas para lo que viene, no sin dejar de caerle encima y verle el hueso blanco a los líderes de oposición (esto último sería opcional).

Si es la MUD la que gana la mayoría de las gobernaciones, la reacción de los camaradas variará según su nivel de enchufamiento al poder. Los socialistas millonarios a costa del erario público son los que sufrirán el trauma más severo. Estar en las listas de sancionados y el peligro de perder la teta principal, seria agobiante para un ser humano que el único riesgo que ha asumido en la vida es no lavarse las manos después de contar como propio, el dinero ajeno. El solo pensar que tendrán que huir a Irán Cuba o Corea del Norte, los descompone. Luego están los funcionarios medios de las gobernaciones rojitas, que no han robado, sino que viven del sueldo y de las Bolsas CLAPS. Tendrán una depre distinta a los primeros. Ver derrumbarse un proyecto político que inexplicablemente apoyan de corazón, supondrá un duelo muy doloroso. Por último, están los líderes partidistas de esa tolda quienes tienen real y poder. Veamos sus posibles reacciones.

Primera reacción: La calentera con Tibisay porque las trampas y marramucias no funcionaron. Segunda reacción: La calentera con los dedocrátas del partido porque los lanzaron como candidatos a una derrota anunciada. Tercera reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos, si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Cuarta reacción: Reclamar al gobierno un puesto “donde haiga”, como pago por el sacrificio. Quinta reacción: Comenzar a declarar en los medios públicos que se adhieren a las filas del “chavismo disidente”, como medida precautelativa ante la debacle de las presidenciales de 2018. Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral.

lunes, 2 de octubre de 2017

¡A mí no me jode quien quiere!

¡A votar!

Cuando Chuito se ve en un trance similar al que viven los demócratas venezolanos ante estas elecciones, acostumbra a sentenciar: “Salgo pa´lante porque a mí no me jode quien quiere, sino quien puede”. ¡Vamos a Votar y defendamos nuestro voto!
Este gobierno (por supuesto sumando el de Chávez), nos ha tenido acostumbrados a la trampita, la ventaja, el abuso de poder, la mentira, el engaño, la simulación y la emboscada. Recuerdo que, en unas elecciones estudiantiles en la UCV, mientras los estudiantes opositores, que contaban con la simpatía de la mayoría, lanzaban la campaña electoral bajo el lema “100% ucevista”, los estudiantes oficialistas organizaban su campaña con el lema “100%”, con la clara y aviesa intención de confundir a algún estudiante despalomado que terminara votando por ellos, creyendo que lo hacía por los opositores.

En unas elecciones, ya no recuerdo si parlamentarias o presidenciales, los rojos sacaron una tarjeta con las siglas MUD y la consabida manito. Aunque no tengo las evidencias empíricas, de seguro confundieron a más de un venezolano, que asistió a esos comicios con la intención de darle una boloña de votos a la oposición y terminó dándole su voto a un partidito chavista creado en un laboratorio bajo la asesoría de expertos cubanos en contrainteligencia.

Recuerdo también las elecciones parlamentarias del año 2010 cuando Herman Escarrá, lanzó su candidatura “opositora” al Parlamento Andino, corriendo en un carril diferente al de la coalición de partidos que conformaban la unidad opositora. En ese entonces, logró dispersar los votos evitando que llegara Delsa Solorzano a ese parlamento regional. Hoy, desde la distancia y por las maromas políticas dadas por el atlético jurista, todos estamos convencidos que se trató de un ardid basado en la simulación para confundir a los electores.

Para las venideras elecciones de gobernadores no podíamos esperar algo diferente. Obligados por la presión interna e internacional se han visto en la desagradable tarea de organizarlas, pero por supuesto, sin ninguna intención de hacerlas transparentes, mucho menos limpias. Han echado mano de todos los obstáculos inimaginables, desde las inhabilitaciones por quítame esta pajita, hasta ponerle los ganchos a alcaldes que eran potenciales candidatos a gobernadores o hacer que se fueran al exilio, bajo la amenaza de encarcelarlos por no hacer lo que le correspondía al gobierno durante los meses de las protestas callejeras.

Ahora el truquito viene por la vía de no abrir el lapso para la sustitución de candidatos a las elecciones de gobernadores. El lector se preguntará dónde está la trampa. Pues, venga y le explico. Si el CNE niega la posibilidad de que los candidatos que perdieron en las primarias sean sustituidos por el candidato que obtuvo la mayoría, aunque hayan renunciado a su candidatura ante el CNE, permanecerán en el tarjetón electoral sus tarjetas y quien vote por ellas no votará por el ganador de las primarias. ¿Qué cómo se come eso? Demos un ejemplo. Si usted es votante del Zulia y vota por la tarjeta de Un Nuevo Tiempo creyendo que su voto se le suma a Guanipa, pues se cae de un coco, porque su voto será nulo ya que estaría votando por Eveling Trejo de Rosales quien renunció a su candidatura. Si reclama, el CNE le dirá: “ella renuncio y su partido no sustituyó su candidatura por la de Guanipa, por lo tanto, usted votó por alguien que no está compitiendo”. Al final se aplica aquel aforismo romano que reza, Jodienda consumatum est, o lo que es lo mismo decir que la joda se ha consumado.

Esta pretensión de inducirnos al error al momento de votar, hará que tengan más argumentos para llamar a la abstención los que han señalado de manera insistente que caeremos como unos venaítos por la trampa montada por el CNE. Pueda que no les falte razón, pero me niego a que sea suficiente para salir corriendo y no votar alegando que no juegan limpio, porque nunca lo han hecho y sin embargo hemos ganado contiendas como las del referendo de 2007 y las parlamentarias de 2015. Si bien Sun Tzu en el Arte de la Guerra recomienda que hay que escoger las peleas cuando las condiciones son favorables, en esta oportunidad me guiare más bien por lo que dice Chuito Marcano, un pescador de Marigüitar, parrandero y jugador de truco. Cuando Chuito se ve en un trance similar al que viven los demócratas venezolanos ante estas elecciones, acostumbra a sentenciar: “Salgo pa´lante porque a mí no me jode quien quiere, sino quien puede”. ¡Vamos a Votar y defendamos nuestro voto!

lunes, 4 de septiembre de 2017

En mi país, mear no es un delito

Mear en la calle

La analogía es pertinente. En Venezuela la revolución bolivariana no solamente ha roto las ventanas de la convivencia y la solidaridad que siempre nos caracterizó como pueblo, sino que no ha hecho nada por repararlas
Hace unos días apareció en las redes sociales una información que pasó desapercibida para la mayoría de los usuarios de esos medios de comunicación. Se trataba de un venezolano que fue capturado por las autoridades en el aeropuerto de Tucumán, en Buenos Aires, orinando en plena vía pública. Al parecer el paisano de marras no aguantó las ganas y procedió a dar media vuelta y con la destreza propia de quien lo hace con frecuencia, hizo la forma del túnel con su mano derecha, apuntó el meñique hacia el lado izquierdo y dio rienda suelta a un presuroso y potente chorro. Y así de lo más natural, no estaba ni siquiera pendiente si alguien lo estaba viendo.

La verdad nunca me enteré si estaba llegando a Argentina o regresando a su tierra natal. Lo cierto es que fue avistado por la guardia civil de ese transitado terminal aéreo, e inmediatamente detenido sin miramiento alguno. Especulando un poco, imagino que, en caso de estar llegando al país austral, nuestro pasajero incontinente fue el primer sorprendido ante tal aprehensión. “Usted no sabe con quién está hablando señor agente, ¿cómo es posible que en este país se violenten de tal manera los derechos humanos y no se permita que un cristiano desaloje la vejiga para evitar males mayores?”, supongo fue el alegato altanero de alguien acostumbrado a chapear en su país natal. Pero no me detendré sobre lo anecdótico de la noticia, más bien mi reflexión es sobre cómo ha cambiado nuestra manera de ser en tiempos de revolución “socialista”.

En los aciagos años de la tan vilipendiada IV República, orinar en la calle era una acción de borrachitos o de adolescentes amanecidos que, como diría el poeta Armando Manzanero, procuraban el momento más oscuro para desahogarse y poder continuar el camino a casa o al Bar más cercano. Pero eran otros tiempos. La revolución “Bonita” ha alterado la conducta del venezolano. Se podría explicar tal trastoque conductual a través de la Teoría de las Ventanas Rotas, es decir aquella Teoría que partiendo de un experimento diseñado por James Wilson y George Kelling: asume que, si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos.

La analogía es pertinente. En Venezuela la revolución bolivariana no solamente ha roto las ventanas de la convivencia y la solidaridad que siempre nos caracterizó como pueblo, sino que no ha hecho nada por repararlas. Por el contrario, ha estimulado las conductas vandálicas gracias a una política de impunidad que protege los desafueros de sectores sociales que considera sus aliados, porque ayudan a amedrentar a la mayoría que no comulga con sus extraños ideales de “redención social”. Como plantea esta Teoría, las conductas inmorales e incívicas se contagian hasta llegar a ser el modelaje de conducta dominante.

Afortunadamente todavía la mayoría de nuestros compatriotas se resisten a contagiarse de este tipo de conductas, pero cada vez son más los que terminan destrozando las pocas ventanas que quedan incólumes. Basta observar en nuestras calles ciertos procederes para percatarnos de ello. Ahora es totalmente natural ver a taxistas y motorizados parados en plena autopista orinando al aire libre. Inclusive lo hacen a pocos metros de las Alcabalas de policías sin que pase absolutamente nada. Pero esta conducta no es exclusiva de gente humilde o trabajadores del volante, también se observa con frecuencia a personas con costosos automóviles y atuendos de marca, hacer exactamente lo mismo a pleno día en vías públicas, sin el menor pudor o cuidado para no ser vistos. Esto indica que se está convirtiendo en una conducta “normal”, lo que en otros tiempos menos revolucionarios, era una conducta anómica y socialmente reprochable.

Así entonces, nuestro anónimo paisano, debe estar sufriendo un shock de adaptación en el país del tango. Tendrá que reaprender a usar los baños públicos, las papeleras, los ceniceros y todos aquellos instrumentos que facilitan mantener un ambiento físico limpio y un ambiente social de respeto y convivencia. Por lo pronto, muy poco le servirá el socorrido argumento que, en casos similares, algunos de nuestros paisanos esgrimen ante las autoridades en países extranjeros, a saber, “Señor Agente discúlpeme, pero en mi país mear no es un delito”.

lunes, 7 de agosto de 2017

Triste, pero orgulloso

Despedida

Los jóvenes no deberíamos sentir día a día como la muerte nos respira en la nuca. Bueno, de todas formas, esto ya no es vida, ya da igual morirse, aunque quisiera morirme después de que Venezuela mejore, quiero saber cómo es un país normal
Estoy consciente de que mi deber como escribidor de crónicas, es llevar a mis pocos, pero estimados lectores, una interpretación (confieso que muy sesgada), de los aconteceres de esta Venezuela marcada por la impronta del socialismo chavista del siglo XXI. Por ejemplo, hoy me tocaría hablar de los intestinos flojos en Miraflores y el CNE, por culpa de la declaración del director de Smartmatic. Otro buen tema es el de las sanciones sobre Maduro y casi todo el tren ejecutivo, y su reacción a lo Noriega, blandiendo, como machete liniero, la réplica de la espada de Bolívar. Dicen algunos jodedores que hicieron un pedido de 3000 réplicas de plástico a China, por si hay más sancionados. Pero hoy no escribiré sobre ninguna de estas suculentas bombitas que el gobierno revolucionario siempre me pone para hacerle swing. Hoy le cederé el espacio a mi hija Mariana. Me explico.

Mariana tiene 14 años y acaba de culminar el 2do. Año de bachillerato en el Colegio para los hijos de los profesores de la UCV. Desde hace un tiempo, cada vez que culmina un año escolar, Mariana asiste a las consabidas fiestas de fin de curso. Bueno, eso creía yo, pues resulta que la última, hace un par de días, no fue para celebrar haber pasado de curso, sino para despedir a uno de sus compañeros. Otro más que se iba a vivir al exterior. Ahora le tocó el turno a Sebastián, antes fue Débora, antes de Débora a Gloria, antes de Gloria a Luis y así sucesivamente. Como buen padre descuidado, pendiente solo en ubicar temas para los artículos quincenales que debo enviar a TalCual, no me había percatado del motivo de “las fiestas”.

Pues bien, ayer hurgando por las redes sociales me conseguí accidentalmente el escrito que hoy comparto con ustedes. Es una reflexión de Mariana que me conmovió mucho, ya que dibuja con precisión el sentir de muchos de los adolescentes que se quedan viviendo la terrible experiencia que representa esta revolución. Tal reflexión la escribió a unos amigos de Facebook que nacieron y viven en otros países. Ese es el milagro de las redes sociales. Mariana les comentaba sobre la tristeza que sentía ante tanta anormalidad en su entorno social. Sus interlocutores, todos adolescentes como ella, no tenían mucho conocimiento de nuestras vicisitudes como país y quizás no comprendían mucho las palabras de una jovencita que, en vez de exteriorizar alegría, reflejaba en sus palabras una profunda tristeza. Bien, como no es mi estilo esquilmar autorías ajenas, con la debida autorización de Mariana doy a conocer esta misiva y perdonen el atrevimiento. Tituló su escrito así: Aquí ya no hay juventud.

“Desde mis 2 años de edad he estudiado en el mismo colegio, lo que significa que llevo viendo a mis compañeros desde bebé. Son casi mis hermanos. Cuando era pequeña vivía muy cerca del colegio y cuando veíamos casas para mudarnos siempre preguntaba si quedaban lejos del colegio. El solo pensar alejarme de mis compañeros era lo peor que me pudiesen hacer. Ahora no es por la mudanza, yo no soy la que se va, ahora se van uno a uno mis compañeros a distintos países. Esto no es por capricho de los padres, esto es por culpa de la inmoralidad, de la crueldad, del gobierno, de la dictadura, de las necesidades básicas no satisfechas".

Mi sufrimiento no es por mí, por ahora vivo bien, tengo con que alimentarme gracias a mis padres que trabajan casi todos los días para mantenerme, es por mis amigos, no los que se van, ellos estarán mejor donde se vayan, cualquier parte es mejor, esto es por los que se quedan, siento su desesperación, algunos comen una sola vez al día y algunos pasan días sin bañarse porque no hay agua en sus casas. Siento su frustración. Somos muy jóvenes e incapaces de hacer algo para cambiarlo, ver como tus padres se sobre esfuerzan para cuidarte, para alimentarte, para que sobrevivas, y no poder ayudarlos es una tortura. Solo nos queda seguir estudiando para luego graduarnos de lo que sea e intentar encontrar trabajo para que te paguen lo mínimo. Las posibilidades de trabajo son casi inexistentes. Nacimos condenados a un pecado que no cometimos.

Aquí los jóvenes ya no estamos para la gracia. Aquí los adolescentes no pensamos como nuestros iguales en otros países: "no soy linda, no le gusto, no tengo maquillaje, no hay para beber, hace tiempo que no hay fiestas...". Aquí en Venezuela, nuestro pensamiento es: "¿mañana hay para comer?, todo está muy caro, tendré que dejar de estudiar para trabajar, ¿me podré bañar hoy?, ¿dónde se conseguirán las medicinas?, ¿a cuántos mataron hoy? ¿Hay tranca?, ¿hay protesta?, ¿queda alguna esperanza?, ¿mañana seguiré viva?. A veces me pregunto, ¿fui malvada en mí vida anterior?

Los jóvenes no deberíamos sentir día a día como la muerte nos respira en la nuca. Bueno, de todas formas, esto ya no es vida, ya da igual morirse, aunque quisiera morirme después de que Venezuela mejore, quiero saber cómo es un país normal. Qué lástima que mi juventud no durará hasta ese momento.

Mis amigos ya no tienen esperanza, ya están cansados, ya estamos cansados, aunque yo no he hecho nada... no tengo la posibilidad, mis padres no me dejan protestar por miedo a mi muerte, ¿ustedes saben cuántos muertos ya hay en protesta?, aproximadamente 100. ¿Saben cuántos días llevamos con las protestas?, aproximadamente 100. No quiero quedarme sola, ya se ha ido tanta gente. Una de mis hermanas se fue hace bastante del país.

Lista de gente que conozco que se ha ido del país o que se va pronto: 1 familiar; 16 compañeros y amigos del colegio, 1 vecina. Aún no me acostumbro a que se vayan, no me acostumbro a las lágrimas, no quiero acostumbrarme, pero ya me he acostumbrado a esa respiración en mi nuca. Recuerden amigos, aquí no se vive, aquí se sobrevive”. Mariana, 14 años.

¡Me siento triste, es cierto, pero también orgulloso! Les prometo que para la quincena que viene publicaré otro de mis malos artículos.

lunes, 24 de julio de 2017

La Delpiniada del socialismo del siglo XXI

La Delpinada de Guzmán Blanco

Exponer a la burla pública a unos humildes venezolanos, balbuceando parlamentos disparatados e incoherentes, prometiendo cosas absurdas como elevar a categoría constitucional el fiao para adquirir las Bolsas Clap, nos retrotrae a la emboscada que le hicieron a Don Francisco Delpino y Lamas
Por allá por el año 1885, en la caraqueñísima esquina de Capuchinos, estaba una sombrerería regentada por un curioso personaje llamado Don Francisco Delpino y Lamas. Este hombre de mediana edad y cultor del arte de la palabra, se asumía como poeta florido, aunque sin mucho garbo ni atinada rima. Era la Venezuela del Ilustre Americano, General Antonio Guzmán Blanco, un refinado déspota cuyo control férreo sobre un país rural y aturdido por la cruenta Guerra Federal, asfixiaba las libertades que reclamaba la juventud universitaria. Nuestro personaje de marras, Don Francisco Delpino y Lamas, publicaba sus defectuosos y cochicornetos versos en La Opinión Nacional, un periódico que le abrió sus páginas, bajo riesgo de perder lectores por dar espacio a tan impresentables versos.

Sin embargo, el efecto fue contrario a toda lógica. Los poemas de Don Francisco Delpino gustaban al escaso público lector de la Caracas de los techos rojos, pero no precisamente por su belleza y buena técnica, sino por lo disparatada y alocada inspiración y escritura. Su lectura generaba risa y burla entre los pocos caraqueños que sabían leer y escribir. Un experto en comunicación de los de hoy, pensaría que se trataba de una estrategia publicitaria para aumentar el tiraje. Si me permiten la extravagante analogía, imagino que para los usuarios de la época fue algo así como El Gallo Pelón o el semanario El Camaleón, dos publicaciones de corte político-humorístico que entretuvieron a los venezolanos durante los años 60 del siglo XX y los de comienzos del siglo XXI.

Pero como siempre ha sucedido en nuestro país, el ingenio de los estudiantes universitarios de esa Caracas rural se activó. En un alarde de retruécano político, vincularon la locura del poeta sombrerero con las glorias del Ilustre Americano. Así, armaron lo que en nuestra Historia se conoce como “La Delpiniada”. Organizaron en el Teatro Caracas la tarde del 9 de marzo de 1885, un homenaje a Don Francisco Delpino y Lamas a quien presentaron como “el mejor poeta de todos los tiempos”. Los discursos de los estudiantes sobredimensionaban las capacidades de su orgulloso homenajeado, haciéndose evidente ante los asistentes la burla solapada al presidente afrancesado que se vendía como un intelectual de pensamiento profundo y fina pluma. El objetivo fue hacer reír a los caraqueños de los delirios Delpinianos del dictador, haciendo ver que no existía ninguna diferencia entre el Ilustre Americano y el vendedor de sombreros y fallido poeta de la esquina de Capuchinos.

¿A razón de qué viene este cuento? Pues resulta que el gobierno de Maduro está organizando su propia Delpiniada. Pero esta vez el objeto de burla no es el adversario político sino el pueblo de Venezuela, ese pueblo llano y noble que ha creído en las ofertas demagógicas de esta revolución de la miseria. Cuando observamos y escuchamos las cuñas de los candidatos oficialistas a esa fraudulenta convocatoria, experimentamos simultáneamente dos tipos de reacción: lástima y risa.

Exponer a la burla pública a unos humildes venezolanos, balbuceando parlamentos disparatados e incoherentes, prometiendo cosas absurdas como elevar a categoría constitucional el fiao para adquirir las Bolsas Clap, nos retrotrae a la emboscada que le hicieron a Don Francisco Delpino y Lamas. Si bien es cierto que los estudiantes antiguzmancistas, valiéndose dolosamente de la candidez e inocencia del desangelado poeta, lo usaron cruelmente como espejo burlesco del presidente Guzmán Blanco, hoy la crueldad debe ser endosada a Maduro y sus publicistas. Nunca en nuestra querida Radio Rochela, donde tanto se parodiaba con humor el acontecer político venezolano, se usó a los humildes de manera tan humillante y desconsiderada, para exponerlos con sus precariedades, limitaciones y miserias ante el gran público televidente. Pero ni modo, así es el socialismo del siglo XXI.

lunes, 10 de julio de 2017

¿Nos dejaremos quitar el país mansamente?

Marcha

Si este es el concepto oficial de pueblo, se explica que se agreda brutal y salvajemente a los Diputados opositores de la AN. Total, al fin y al cabo, ellos no representan al pueblo, porque los 14 millones de venezolanos que los eligieron no pueden llamarse pueblo ya que no son leales a Maduro
En mis años de estudiante comecandela de Sociología en la UCV, la palabra pueblo era utilizada como comodín para justificar cualquier acción revolucionaria planificada en el cafetín. Bajo consignas como “Abajo la democracia burguesa”, “Todo el poder para el pueblo” o, “Desechar las ilusiones y preparase para la lucha”, demonizábamos al sistema de gobierno que había alfabetizado a los campesinos, otorgado créditos a los pequeños empresarios, sembrado escuelas en los sitios más remotos del país, que había devuelto el voto a los venezolanos, construido viviendas, hospitales y un sistema de seguridad social que acogió eficientemente en su seno a los trabajadores más humildes y sus familias por más de 30 años.
No dábamos concesiones. La misión era tomar el cielo por asalto. Pero en nuestro empeño por “alcanzar el poder para el pueblo”, no nos percatamos que ese nicho de formación ideológica y organización revolucionaria como lo era la UUUCV, existía gracias a la democracia que tanto detestábamos. Estudiar gratis, disfrutar 3 comidas en el Comedor Universitario, transporte, acceso a la cultura en los espacios del Aula Magna o la Sala de Conciertos, hacer deportes organizadamente con Beca incluida, lo asumimos como algo natural, propio de una institución contestaria y libertaria que se debía a sus estudiantes. Nunca se nos pasó por esa mente afiebrada por las lecturas (no muchas veces comprendidas) de Marx, Lenin, Mao, Luckacs, Gramsci, Kosik, Althusser, Poulantzas y Lefevre, que ese espacio creador y disidente era imposible que existiera en Cuba, Albania, la URSS, China, Corea del Norte o en la RDA, nuestras referencias del paraíso socialista. ¿Recuerdan la película Fresa y Chocolate?

Asumimos como un deber liberar al pueblo del yugo del capitalismo, en eso invertíamos todos nuestros esfuerzos, menos en carnaval, semana santa, puentes varios, cumpleaños, agosto por vacaciones o entre el 15 de diciembre al 7 de enero, día en el que había que reintegrase a los estudios y a la lucha. No nos cuestionábamos sobre el porqué ese pueblo al que tanto defendíamos, no nos paraba bolas. Si alguien nos hacia esa pregunta, respondíamos en tono de catedrático trasnochado: “es que están alienados por la ideología capitalista”. En honor a la verdad, nunca supimos explicar bien como se comía eso, pero si lo decían nuestros profesores debía ser cierto. Esa palabreja marxista era suficiente para explicar porque los pobres de la tierra no atendían a nuestro llamado a integrarse en la lucha por la liberación de ellos mismos.

Lo anterior lo comento, porque las cosas al parecer no han cambiado mucho. El gobierno chavista desde que se apoderó de Miraflores ha justificado cada una de sus insensateces, malas políticas, metidas de pata, abusos, persecuciones, expropiaciones, regalos a países “hermanos”, destrucción de programas sociales, desmantelamiento de la industria petrolera, la agricultura y el aparato productivo, incluido el del sistema educativo, bajo el argumento que han sido medidas tomadas para “defender al pueblo”. Lo que resulta paradójico es que al final el gran perjudicado ha sido el mismo a quien dicen proteger. Para muestra un botón, las medidas que se tomaron para defender al pueblo contra la fulana “Guerra Económica” han profundizado la escasez, la falta de medicamentos, el desempleo y la delincuencia. “No me defienda compadre” le escuche decir a un obrero de la construcción cuando se decretó el último aumento de sueldo.

El gobierno “revolucionario”, en su extraña manera de entender la palabra pueblo, pareciera circunscribir su significado “al sector de la sociedad que está resteado y sumiso al gobierno de Maduro”. Así las cosas, los que no comulguen con el ideario chavista pierden automáticamente la condición de pueblo. Este sector pasaría a ser otra cosa, quizás oligarquía, pero pueblo, lo que se llama pueblo, nunca. Este significado restrictivo es lo que ha servido para justificar lo que en condiciones normales nadie en su sano juicio puede. Si este es el concepto oficial de pueblo, se explica que se agreda brutal y salvajemente a los Diputados opositores de la AN. Total, al fin y al cabo, ellos no representan al pueblo, porque los 14 millones de venezolanos que los eligieron no pueden llamarse pueblo ya que no son leales a Maduro.

Sobre la base del argumento anterior se podría entender que vociferen orgullosos que “las Bolsas CLAP son solo para el pueblo”. ¿No comprende apreciado lector?, pues venga y le explico. Bernal confesó que solo se reparten (venden) estas Bolsas al 10% de la población. Vamos a ver, según las encuestas ese es el porcentaje de venezolanos que votaría por la propuesta de la constituyente comunal, o sea los fieles simpatizantes de Maduro. Entonces, por asociación lógica, este pequeño sector de la población vendría a ser “el pueblo”. Con esta explicación debemos entender que cuando gritan a todo pulmón que la Asamblea Nacional Constituyente es para “empoderar al pueblo”, se refieren a que ese escaso 10% de la población adquirirá el poder para someter al 90% restante. La gran pregunta: ¿ese 90% se va a dejar quitar el país mansamente?