lunes, 24 de diciembre de 2018






Mi amigo Jesús retenido en Maiquetía,
por Tulio Ramírez

Tulio RamírezPublicado diciembre 24, 2018
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@tulioramirezc

3:00 am del 24 de diciembre, o sea hoy en la madrugada, ring ring suena el telefonito. Atiendo pensando que era Madame Kalalú. Me confundo porque en mi sueño, esa canción de Rubén Blades era el fondo musical de una mega rumba en la cual el más cotizado por las mujeres era yo. Entre dormido y despierto escucho una voz con tono militar. ¿Es el Doctor Ramírez? Debe ser alguna emergencia médica, me dije. Alguien ha debido ver mi tarjeta de presentación y sin leer que soy Doctor en Educación asumiría erróneamente que soy de los doctores que operan y recetan. “Síp”, respondo, “ok, le pongo a alguien que le quiere hablar”.

Al otro lado del teléfono escucho una voz aniñada que dice, “aló Dr. Tulio, necesito que me ayude, estoy retenido en el aeropuerto de Maiquetía”. ¡¿Quién habla?!, pregunto. “Soy Jesús, un viejo amigo suyo”. Ahora si es verdad, me dije, tantos abogados pelando y éste carajo viene a llamarme precisamente a mí el día de navidad. Quién sabe en qué parranda habré conocido a este sujeto. De seguro en plena rasca le dije que era mi hermano y que contara conmigo para las que fuera.

Como pude me puse los pantalones y la camisa que la noche anterior había tirado en el pote de la ropa sucia. Salí presuroso y en la carrera me puse un saco de color quien sabe y me enrumbé para el aeropuerto. Me daba cosa dejarlo tirado allí.Pasar la noche de navidad encanado o desvalijado por unos funcionarios ávidos del aguinaldito reparador de libertades, no es cosa que le deseo a nadie. Ni siquiera a esa persona que me dice conocer.

Llegué y accedí al sitio de tránsito luego de convencer al guardia que se trataba de un camarada en problemas. Si no le digo así, ni por el carajo me deja pasar. Al presentarme me reciben unos funcionarios y me llevan a un cuartico. Supongo que es el que tienen todos los aeropuertos en el mundo, suerte de purgatorio desde donde regresan a su país de origen a los no deseados. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un carajito como de 6 años de edad esposado al apoyamanos de la silla donde está sentado.

Casi fuera de mí, amenacé con llamar a un fiscal de menores y hacer la denuncia por crueles maltratos a esta criaturita. Sorprendidos por mi reacción me toman del brazo y me llevan a un cuarto contiguo, supongo que era el cuarto para fumar por la hediondez a tabaco barato. “Mire Doctor, tenga cuidado y no se deje engañar, ese carajito es muy peligroso. A cometido una serie de delitos que lo catalogan casi como terrorista”. ¡Pero si es una criatura!, respondí con mucha alteración. “Cálmese doctor, ya le vamos a explicar”.

“Saque sus cuentas, siendo menor de edad llegó sin pasaporte y sin el permiso de los padres. Esto ya es suficientemente grave. ¡Pero qué locura es esa!, dije sorprendido. Obviando mis palabras, continuaron. “Se le incautaron un pocotón de juguetes sin facturas y no canceló los aranceles del Seniat. Esto puede ser tipificado como delito de contrabando”. ¡Pero pónganle una multa, decomísenle la mercancía y suéltenlo, yo me hago responsable!, insistí como último recurso.

“No, mi dóctor, no es tan fácil. El chamo dice que esos juguetes son para los niños venezolanos y usted muy bien sabe que está prohibido traer al país ayuda humanitaria. Por si fuera poco, al preguntarle si no sabía que los niños venezolanos recibirían sus juguetes en las Cajas CLAP que repartiría Nicolás, nos manifestó que el no reconocía a San Nicolás y que el Rey era él. Ahí si se embromó mi dóctor. Para colmo de males nos dijo haber nacido en Israel. Esto, como comprenderá, lo hace sospechoso de ser un espía del Mossad”.

Con un aire de autoridad recién ascendida, me remataron con esto: “mire caballo no pierda su tiempo defendiendo a ese carajito. Mínimo va a La Tumba por indocumentado, contrabandista, espía y contrarrevolucionario”. Retorné a mi casa preguntándome si los niños venezolanos encontrarán esta noche sus juguetes en el pesebre.

Manque sea de maestro, 

por Tulio Ramírez







Entre las muchas anécdotas sobre el General Juan Vicente Gómez, hay una que, aún sin darle mucho crédito, he escuchado en varias oportunidades. Aunque me he preocupado por conseguir alguna fuente que la corrobore, siempre me ha resultado cónsona con el pensamiento de una época en la que en Venezuela era más prestigioso tener un uniforme y una gorra militar que una tiza y un borrador.

Cuentan que en La Mulera, finca propiedad de la familia Gómez ubicada en el estado Táchira, el joven Juan Vicente tenía un amigo de correrías. El susodicho, de nombre Hermenegildo Chacón, había crecido con el que en unos años sería bautizado por la alta alcurnia caraqueña como El Benemérito. Este amigo de la infancia y futuro compadre lo habría acompañado en sus andanzas por la Cúcuta colombiana, cada vez que iba en busca de aventuras amorosas a bajo costo o a negociar café a buen precio.

Los avatares de la campaña militar que emprendió junto a su compadre, Cipriano Castro, líder de la llamada Revolución Restauradora, lo alejaron del entrañable amigo, no sin antes, según cuenta la leyenda, bautizarle un hijo producto de las aventuras idílicas de Don Hermenegildo con alguna vecina oriunda de la población de El Recreo, a 3 kilómetros de La Mulera. El nombre de este vástago nunca lo supe. Cada vez que escuchaba la misma anécdota, la constante siempre fue la ausencia del nombre de pila del supuesto ahijado del General.

Dicen los improvisados historiadores de botiquín que Gómez, ya entronizado en el poder, recibió una carta de su compadre Hermenegildo a quien había dejado de ver por más de 12 años. Según la memoria de alguno de los tantos a los que les he oído el cuento, la carta escrita con el lenguaje típico de la gente de las montañas andinas, decía más o menos así:

“Apreciado compadre y Presidente de la República, la distancia y los años nos han alejado físicamente pero no espiritualmente. Espero que busted y su amada Doña Dionisia se encuentren bien y disfrutando de las cálidas tierras aragüeñas. Le escribo compadre para decirle que su ahijado se me está convirtiendo en un vago. No quiere ni estudiar, ni pa´ qué trabajar. Busted sabe que los Chacón somos gente seria y hacendosa. Le suplico me ayude con el tarajallo ese. Ayer se lo mandé a Maracay para que le consiga un puesto de policía a ver si se endereza. Si no le sirve como policía por ser tan flojo, consígale un puesto manque sea de maestro. Con el muchacho le mando un poco del agua panela que tanto le gusta. Ojalá el sinvergüenza ese no se lo tome en el camino. Con aprecio, su amigo y compadre, Hermenegildo”.

Nunca he podido corroborar la existencia de la epístola y por tanto alguna supuesta respuesta del General. Se preguntará el lector para qué entonces hago referencia a un hecho que es posible que nunca haya sucedido. Solo a un desocupado sin tema para escribir se le pudo haber ocurrido semejante perorata sin evidencia alguna. Todo eso es cierto, pero es que la anécdota me vino a la mente después de leer en un periódico regional lo que a continuación expongo.

“UNEFA graduará de policías y maestros a reos de La Pica”. Con este título se encabeza una de las páginas centrales de un diario de Maturín con fecha 30 de noviembre de los corrientes. Sin querer ser discriminatorio ni pretender poner en duda la probada capacidad regeneratoria de las cárceles venezolanas, me llama la atención las alternativas educativas que les ofrecen a estos respetables ciudadanos. Como buen patriota cooperante le haré caso al gobierno y dudaré de la veracidad de esta noticia por aquello de la Guerra Mediática, que no es otra cosa que el frente comunicacional de la Guerra Económica que nos tiene Joao y tantos otros “portugués del abasto” que desde hace 30 años surte de alimentos al barrio.

De cualquier manera, sea cierta o no esa noticia, me permitiré comentarla, parafraseando al ficticio o real compadre del Benemérito. Ante una situación como esta me imagino al compadre del Benemérito afirmando: “Pues vea busted, si no sirven pa´policias no importa, gradúeles manque sea de maestros”.