Parió la abuela, ahora tenemos a los Therians, por Tulio Ramírez
La verdad, uno no deja de sorprenderse ante las cosas que están sucediendo. En mi época, y no soy tan viejo como la gente cree por la manera como escribo, las cosas eran aburridamente normalotas.
Por ejemplo, los inquilinos eran inquilinos, aunque luego intentaran quedarse con el inmueble; los extranjeros se adaptaban donde migraban sin presión alguna; los hombres eran hombres, las mujeres, mujeres, y los que hoy llaman otres, eran los otros y las otras, y listo, no pasaba nada.
Hoy todo es un enredo. Hay países donde los que se apropian de los inmuebles ajenos están protegidos por la ley. Si los legítimos propietarios reclaman su propiedad, van presos.
En otros países, los nacionales que se niegan a calarse costumbres que van contra las leyes son reprimidos por «conducta intolerante e irrespetuosa» contra quien huyó de la represión de su propio país por hacer lo mismo. Pero la locura y la sinrazón abarca también a los organismos internacionales.
El secretario general de la ONU acaba de felicitar a Irán por el 47 aniversario de la revolución islamista y nombrado su representante, como vicepresidente de la Comisión de Desarrollo Social. Sobre los más de 40 mil muertes por manifestar hastiados de ese régimen autoritario, simplemente «Chiiito».
Igual sucedió con el representante de Cuba, quien fue designado miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. ¡Qué riñones!, es como premiar a «Hannibal Lecter» por incentivar a la población a comer proteínas.
Pero estos entuertos no se limitan a la aplicación un poco extraña de las leyes en algunos países ni a organismos internacionales que premian lo que debería combatir. El asunto alcanzó la cotidianidad. Les cuento.
Cuando era muchacho era muy común que los jodedores le pusieran sobrenombres a la gente. El apodo era acorde con las habilidades, parecido físico o defectos.
Así, llamaban «el Picure», «el Conejo», «Ratón» a quien era dientón y «Cara e´Caballo» a quien sufría de prognatismo mandibular. Eran sobrenombres impuestos por el grupo y aceptados por las víctimas, a veces con resignación y otras con disgusto, pero ni modo.
Hoy la cosa ha cambiado. Ya no hay necesidad de endilgarle a alguien un sobrenombre asociado a un animal. Ahora hay personas que creen ser un animal, y desean ser reconocidos como tales. ¿Qué tal? Ante la curiosidad, me puse a indagar sobre ese asunto y conseguí que a ese moderno trastorno lo llaman therian. El término proviene de theriantropy (del griego therion, bestia, y anthropos, humano).
Se refiere a personas que sienten una identificación interna, espiritual o psicológica con un animal no humano (llamado theriotipo). Lo que faltaba. Resulta entonces que hay personas que se sienten perros y en vez de ir al médico van al veterinario cuando se sienten mal (pensé que lo hacían porque era más barato que la consulta con un internista).
Otros se creen gatos y maúllan (supongo que, en vez de cerveza, beben leche). Otros se creen lobos y hasta aúllan a media noche (las mentadas de madre de sus vecinos deben ser de película).
Otros más exóticos se creen águilas, caballos y tigres, pero no he sabido de alguno que se crea cucaracha, renacuajo o lombriz de tierra. Al parecer las escogencias son cuidadosas y obedecen a ciertos criterios estéticos.
Hasta ahora no he conocido casos como esos en mi entorno inmediato, pero no me atrevo a meter la mano en candela. Cada cabeza es un mundo y eso se respeta. El que quiera dormir en una madriguera, que lo haga.
*Lea también: Las cosas como que están cambiando, por Tulio Ramírez
Mientras no obligue a nadie a hacer lo mismo, ni se la pase atacando a la gente, porque se crea perro guardián, no pasa nada. Lo que sí he visto es que algunas personas públicas han tenido comportamientos que hacen sospechar que son unos therian de closet.
Dan demasiadas señales de padecer este trastorno. Actúan a diario como perros de presa, hienas, chacales o aves de rapiña, y no creo que sea con la intención artificial de vender una imagen intimidante y atemorizante, creo más bien que es por identificarse y sentirse como tales.



