Farmear Aura, por Tulio Ramírez
Con mucha vergüenza debo confesar que, en mis tiempos de chamo y temprana adolescencia, las diferencias con mis contemporáneos las resolvíamos a pescozones. Era una época en la que al parecer no había otra alternativa ante la afrenta. El «te espero en la salida» era la alarma que activaba a toda la escuela.
En esa época, en las escuelas públicas de las barriadas caraqueñas, el tema de la «resolución pacífica de los conflictos», o «la mediación y los buenos oficios», eran extrañas expresiones que ni siquiera se escuchaban en las películas El Zorro, Bonanza o Perdidos en el Espacio.
Si alguno de los compañeros era testigo de la amenaza, corría la voz, y en menos de 3 minutos, toda la escuela estaba al tanto del duelo o «peguita», como se decía entonces.
Toda la muchachada esperaba ansiosamente el sonido del último timbre. Salíamos en tropel a agarrar puesto de primera fila. La cancha de bolas ubicada frente al abasto del portugués Armando era el ring improvisado para dirimir las diferencias.
De seguro había muchos retadores que se arrepentían o retados renuentes al enfrentamiento, pero con el solo anuncio de la inminente trifulca ya la suerte estaba echada.
Al final, la mayoría echaba pa´lante porque resultaba menos oneroso salir derrotado en la refriega que desistir de ella.
Si te negabas a pelear, te convertías en la pera de boxeo de toda la escuela y, lo peor, botabas por la ventana toda posibilidad de conquistar a Normita, la bellezura de 4to grado.
Afortunadamente, los tiempos han cambiado. Ya no se ven tantas peleas en las salidas de las escuelas. Ahora las diferencias se dirimen de otra manera. De la pelea física y binaria se pasó a otras modalidades.
Por ejemplo, ahora tenemos la Batalla del Relato por el grupo de Chat. Las diferencias se resuelven mediante la filtración calculada de capturas de pantalla (screenshots), notas de voz fuera de contexto o stickers personalizados.
El objetivo no es lastimar el cuerpo del adversario, sino destruir su narrativa y dejarlo sin argumentos ante el grupo.
Otra modalidad es la invisibilización. Un «dejar de seguir» (unfollow), retirar de la lista o silenciar en redes es el equivalente moderno a darle la espalda a alguien en el patio.
Quien es bloqueado pierde visibilidad y, por ende, posición dentro del grupo.
Si la disputa escala de nivel, la victoria definitiva se logra convirtiendo al rival en contenido. Grabar al adversario en un momento de incomodidad, vacilación o ridículo y editarlo con el audio de fondo que está en tendencia en TikTok es el KO técnico contemporáneo.
Quien queda inmortalizado de manera burlona en un meme pierde todo su capital social.Una nueva moda es el Farmear Aura. Bajo esa novedosísima categoría se alude al uso de la corporalidad con actitud, serenidad y aplomo para menospreciar a un rival que intentará lo mismo en su turno.
El duelo consiste entonces en que los rivales hacen movimientos y contorsiones con el cuerpo para disputarse la atención y la simpatía de las masas.
La primera vez que vi algo parecido a Farmear Aura fue en los carnavales de Carúpano del año 87. Mis queridos compadres Camucha y Güicho participaban en un concurso de baile.
Ambos estaban amanecidos y emparrandados. Además de bailar a ritmo diferente y con pasos descoordinados, lo hacían sin tocarse porque estaban bravos.
Los jodedores del pueblo los aplaudieron tanto que, si mi memoria no me falla, hasta un premio de consolación se llevaron.
Más allá de esta anécdota, lo cierto es que la violencia no ha desaparecido, solo ha cambiado de estado. Pasó de ser física y tangible a ser psicológica, estética y reputacional.
Para la juventud actual, la verdadera fuerza ya no consiste en saber dar un buen piñazo, sino en lograr que el rival quede en ridículo ante terceros.
Claro, como en todo, hay situaciones excepcionales. Cuando Trump bailó en la campaña electoral, no lo hizo porque estaba alegre o para demostrar elasticidad; bailó para decir: «Soy tan rico, tan famoso y tengo la vida tan resuelta que me puedo permitir bailar solo como un abuelo rascao en una boda a las tres de la mañana, y aun así lograr aplausos».
En pocas palabras, estaba farmeando aura ante sus rivales. Años después, Maduro le farmeó aura al imitar sus pasos, pero con un dejo burlón. Trump se sintió retado y no respondió bailando sino a la usanza de mi vieja escuela, a piñazo limpio. ¡Hasta dentro de 15 días!





