lunes, 4 de mayo de 2026


Consideraciones sobre lo que no ha sucedido, por Tulio Ramírez

Consideraciones sobre lo que no ha sucedido
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X: @tulioramirezc 


No sé si se trata de un cromosoma cargado con el gen de la mala pata o una simple y vulgar secuencia de coincidencias desafortunadas, pero es demasiado frecuente que me toque escribir los artículos, justo horas antes de suceder los acontecimientos que, desde días anteriores, se han anunciado que ocurrirían. Explico este enredo.

Por desfase temporal, siempre me ha tocado escribir sobre lo que «podría suceder», y no sobre «lo que efectivamente sucedió». Cuando llega nuevamente mi turno para publicar, la noticia «que sucedió» es vieja, por lo que hacer un análisis es totalmente extemporáneo debido a que ya nadie habla de eso. O sea, mi crónica sería algo así como «periódico de ayer».

Al escribir sobre «lo que podría suceder», corro el riesgo de pelarme en el pronóstico, perdiendo credibilidad ante mis pocos lectores. De igual manera, escribir tardíamente «sobre lo que sucedió», me torna un opinador desactualizado. Total, si no me agarra el chingo me agarra el sin nariz.

La última vez que me pasó fue cuando la AN designó al nuevo Fiscal. Les cuento. Eso fue el jueves 9 de abril y mi artículo se publicó el lunes 6 de abril, 3 días antes. Me aventuré a pronosticar que esa designación era un tiro al piso. La Dra. Magaly Vásquez era una imperdible. Con sus credenciales, no había mucho que deliberar. Me equivoqué, no imperó la meritocracia.

Por supuesto, luego quería escribir algunas consideraciones para protestar por la manera como se hizo esta designación. El asunto es que para el día de mi siguiente publicación (20 de abril), ya medio país lo había analizado y no se hablaba tanto de ello. Me quedé con la pluma engatillada. 

Hoy corro el riesgo de que me pase lo mismo. Debo entregar mi colaboración para mañana jueves 30 de abril y, un día después, el viernes 1 de mayo, la encargada dará a conocer el monto del «incremento responsable de salario».

¿Cómo no tratar el tema?, la expectativa es general. Esta vez no caeré en la trampa de adelantar pronósticos. Dos equivocaciones en menos de 4 semanas es como mucho. Más bien hablaré sobre el significado del término «incremento responsable del salario». Voy que quemo.

Cuando se habla de aumento de salario, por lo general se hace en términos cuantitativos. Uno suele escuchar «el aumento del salario mínimo será de un 25% y en la misma proporción será el incremento en los pasos de las escalas salariales» o «el incremento del salario mínimo será de 9 mil bolívares y bla, bla, bla». Nunca se dice si esos aumentos son responsables o no.

Cavilaba buscando la lógica a este discurso cuando recordé lo singular y pintoresco de las narrativas chavistas. Aquel novedosísimo «delito» de «corrupción espiritual» con el que condenaron a la juez Afiuni es ejemplo de ello. 

También me viene a la memoria aquella creación de la «falta forzada» que ni es absoluta ni es temporal, sino todo lo contrario. Cómo olvidar aquella sentencia que hizo de la peladera de bola, una virtud revolucionaria, «ser rico es malo».

Desde la tradición lingüística del socialismo del Siglo XXI, el análisis semántico a la expresión en cuestión me conduce a deducir el siguiente significado. El «incremento responsable del salario», no alude al monto de lo que se aumentará sino al estilo de vida al que se obliga a quien lo recibirá. 

De cajón que, con ese incremento, tendremos que llevar una vida inevitablemente responsable. Viviremos como ascetas. Tendremos que olvidarnos de los tragos de los viernes con los amigotes; se potenciará la fidelidad porque no alcanzará para una canita al aire; nos convertiremos en veganos porque será imposible comprar carne; beberemos guarapitos porque no tendremos ni para una aspirina; haremos joggins porque no alcanzará ni para el pasaje del autobús.

En definitiva, viviremos alejados de vicios y tentaciones. Comeremos lo justo, jugaremos carga la burra sin apostar ni siquiera granos de caraotas y contemplaremos las estrellas porque ir al cine será cosa de enchufados. Por supuesto, nuestros hijos se educarán aprendiendo de los llamados «saberes populares y ancestrales», porque no habrá cómo costear los estudios. 

Sospecho que ese concepto fue creado en el ya desaparecido Ministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, ente encargado por velar por la idem del idem. Por lo pronto, y sin más otra consideración, envío mi colaboración al periódico, sin riesgo a equivocarme sobre el desarrollo de un incremento que no ha sucedido.