lunes, 17 de abril de 2017

En San Félix, si hay huevos

Lanza huevos en San Felix

Para los años venideros lo recordaremos como el día en que un país escuchó la primera campanada de su perdición e hizo caso omiso de ella, pero también recordaremos que una fecha como esa, pero en 2017, el pueblo de San Félix demostró que si tenía huevos
Este 11 de abril fue muy diferente a los últimos 15 que los chavistas han celebrado desde el año 2002. Este año no se vieron enormes marchas alegóricas a tan cara fecha, siempre usada como estrategia comunicacional para levantar los ánimos de los camaradas. Definitivamente ya no hay tanto entusiasmo como en otros años. Quizás la ausencia de Hugo tenga que ver con eso, pero también la indignación por la escasez, la inseguridad, el hambre, la represión y la alta inflación. El pueblo ya asocia esta tragedia de vida que estamos viviendo, con el modelo del socialismo del Siglo XXI, por lo demás inviable y comprobadamente fracasado que nos han querido imponer desde Miraflores.

Recuerdo las celebraciones en años anteriores, inclusive cuando el Galáctico estaba vivo. Con su particular manera de meter cobas, el ahora difunto se dirigía a la nación en cadena nacional para comentar aquellos confusos sucesos y aprovechar para agregarle un episodio más, no contado el año anterior. Todos recordamos como cada 11 de abril el cuento se alargaba con nuevos hechos donde, por supuesto, el Alazán de Sabaneta era el Héroe que “resistió con valentía y por amor a su pueblo” a los perversos que lo querían asesinar y desalojar del Poder.

Si algún acucioso periodista o historiador se propusiera reconstruir los sucesos del 11 de abril de 2002 a partir de las versiones año a año dadas por Chávez, tendría que concluir que ese día no tuvo 24 sino 172 horas por tanto que dijo que hizo, en tan poco tiempo. Ahora bien, nunca entendí por qué, desde el mismo 2002, no les contó a los venezolanos la historia completa de lo que le sucedió ese día. Utilizó la técnica de las telenovelas, es decir, fue una historia contada por partes, cada capítulo se transmitía de año en año. Cada vez que se cumplía un aniversario de su entrega a los oficiales del Ejército y a la sotana de Monseñor Baltasar Porras, perdón, del Golpe de Estado, nos daba en estreno un episodio de esa suerte de novela mexicana conocida como el 11A.

Como suele pasarle a toda novela interminable, perdió audiencia. Además el que la contaba no está y los que están no saben contarla. Esa creatividad ilimitada que sirvió para mantener en vilo a la audiencia por tantos años no la tienen los nuevos libretistas. Aquel era el escritor, el guionista y el actor, además el libreto estaba basado en “su historia real”. Los de ahora son actores con apuntador y telepromter, con libretos escritos en Cuba y no por Delia Fiallo precisamente. Así que la diferencia es del cielo a la tierra. La gente quiere cambiar de canal, ya no soporte actores de segunda y hasta de tercera. Es como una adaptación cinematográfica de Doña Bárbara hecha por bolivianos, o como escuchar el Alma Llanera cantada por hindúes. Se acabo la magia.

Este año el 11A los agarró con el Santo de espaldas. Los venezolanos perdieron el miedo y están en las calles procurándose un futuro mejor. Y los que no están en las calles, apagaron sus radios y televisores para poder enterarse de lo que está pasando en el país. Este 11A se respira otro ambiente, el de las bombas lacrimógenas contra un pueblo que ha dicho ¡Basta!, y está decidido a cambiar su destino. Este puede ser el último 11A que se celebre como fecha patria. Para los años venideros lo recordaremos como el día en que un país escuchó la primera campanada de su perdición e hizo caso omiso de ella, pero también recordaremos que una fecha como esa, pero en 2017, el pueblo de San Félix demostró que si tenía huevos.

lunes, 3 de abril de 2017

Los nuevos oficios de la revolución

Mineros de la inmundicia

Un paseo por Caracas nos revelará cuantos nuevos oficios han aparecido gracias a esta descomunal torta llamada socialismo del siglo XXI. Por ejemplo, asómese al Guaire y observará a un nuevo gremio en acción: los llamados Mineros de la inmundicia
Recuerdo cuando a finales de los 90, estando en un Congreso de Pedagogía en La Habana, descubrí uno de los logros más tangibles de ese experimento social que va para sus 58 años. No, amigo lector, no me refiero a los triunfos deportivos, ni a la supuesta superación del analfabetismo, ni siquiera a las estadísticas de presos políticos, ni a la capacidad infinita para hacer que miles de cubanos arriesguen su vida buscando la luz al final del túnel en las costas de Florida. Mi descubrimiento iba más allá de la parafernalia propagandística, de lo expuesto a través de cifras amañadas o no, inclusive más allá de lo que colocan en la vitrina internacional para ganar adeptos en el mundo entero. Por supuesto, ese hallazgo no fue producto de visitas guiadas, ni de los programas recreativos organizados en el marco del evento, ni por la revisión de los dos pasquines que regalan en la isla. Más bien fue producto de la inmersión en la sufrida cotidianidad de la gente. Hagamos unos comentarios previos.
La humanidad ha sido testigo de la incapacidad del modelo socialista para generar riquezas, por lo menos para el común de la gente. Esto explica porque el experimento fidelista convirtió al pueblo cubano en un ejército de buscalavida, obligados a desempeñar los oficios más inverosímiles. El reto era sobrevivir en un ambiente de escasez, ineficiencia, represión, censura, corrupción y control policial de hasta la manera de ir al baño. Dicho esto, voy de cuento.
Esa noche de septiembre, acepté la invitación de un colega cubano a su apartamento ubicado en El Vedado, uno de los lugares más céntricos de La Habana. Su interés, quería que conociera a su familia y las condiciones en las que vivían. Recuerdo que era un hogar, extremadamente humilde como el de la mayoría de sus colegas profesores. Lo primero que me impresionó fue el olor desagradable que impregnaba ese lugar. Solicite el baño y lo que observé me hizo saltar hacia atrás como condorito. En una bañera vieja dormitaban 3 cochinos como de 50 kilos cada uno sobre un colchón de comida descompuesta y basura. Conocía de la afición culinaria de los cubanos por este animal, pero esto era exagerado.

Mi amigo, para más señas profesor universitario de planificación, me explicaba que para redondearse no la arepa sino el congrí, se dedicaba a la cría de cerdos para venderlos en diciembre. Le pregunte como eludía el control de las autoridades sanitarias. Me comentó que cortaba las cuerdas vocales a los marranos para evitar que los del CDR (algo similar a nuestros Consejos Comunales), lo descubrieran. Se calificaba a sí mismo como un Watch Pigs porque el mote de “cochinero” le sonaba muy feo. La sorpresa es que me dijo que había tantos Watch Pigs en La Habana que decidieron hacer un gremio clandestino para protección mutua. Otro caso fue el de los Parabolic Man u Hombres Parabólicos, quienes se dedicaban a construir e instalar esas modernas antenas para tener acceso gratis a la TV por Cable, privilegio solo en Hoteles donde llegan turistas con muchos dólares.

El detalle curioso es que estas antenas eran construidas con las tazas de las llantas de los automóviles. Así como esos, son muchos los oficios ideados en tiempos de revolución. Recuerdo que en la época de la Guerra Fría, los soviéticos se redondeaban el vodka, vendiendo cigarros de contrabando en plena Plaza Roja. Eran los inicios del Bachaqueo en la órbita socialista. En nuestro continente, la revolución chavista para no ser menos, también ha hecho lo suyo. Un paseo por Caracas nos revelará cuantos nuevos oficios han aparecido gracias a esta descomunal torta llamada socialismo del siglo XXI. Por ejemplo, asómese al Guaire y observará a un nuevo gremio en acción: los llamados Mineros de la inmundicia. Son jóvenes veinteañeros que se sumergen sin escafandra y sin la vacuna contra la bilarzhia, en las profundidades del río para buscar joyas o cualquier cosa vendible. Por supuesto, para las estadísticas del INE estos caballeros están empleados y engrosan parte de la gloriosa clase trabajadora que tan bien representa el Presidente obrero que nunca ha trabajado. 

Otro de los oficios es el de Marcador de Cola. Estos son individuos que se han hecho indispensables para el venezolano que no tiene el tiempo suficiente para hacer las cuatro cinco horas de cola para comprar el pan, el jabón, el arroz regulado, la Batería para el carro o el queso a menos de 9 mil bolos el kilo. Por una módica suma estos servidores públicos se levantan en la madrugada a hacerle la cola donde usted le indique. Solo tiene que llamar al 0800-NOMECALOLACOLA e inmediatamente le atenderá alguien presto a “marcarle la cola” hasta que usted llegue. Pensando siempre en el cliente, el servicio incluye mensajes de texto para indicar a cuantas personas está su “marcador de cola” de las puertas de la panadería, el abasto o del expendio de Baterías. Así usted puede calcular su tiempo y hacer las diligencias previstas para el día sin la preocupación a que se le pase el día de su terminal de cédula sin comprar nada. Estos son apenas dos de los cientos de oficios que los venezolanos creativos han patentado para no ahogarse en el Mar de la Felicidad chavista. ¡Con Patria y sin plata. Nos las inventaremos!

lunes, 20 de marzo de 2017

La Carta

corrupcion

Almagro amenaza cada cierto tiempo con activarla y Maduro no se da por enterado
El estira y encoge entre Almagro y Maduro me recuerda mucho a la carta que le envió el Dr. Rafael Caldera al Dr. Jaime Lusinchi en la campaña electoral del 83. Lusinchi  nunca acusó recibo de la epístola. Si mi memoria no me falla, en el debate televisivo entre los dos candidatos, Caldera le reclamaba al médico de Clarines no haber contestado la misiva. Cada 5 minutos  le recordaba, “usted, Dr. Lusinchi, no me ha contestado la carta”. El candidato adeco, haciéndose el paisa respondía, “Dr. Caldera, Dr. Caldera, no se me salga del tema que estamos debatiendo”. Así está la Carta Democrática de la OEA, Almagro amenaza cada cierto tiempo con activarla y Maduro no se da por enterado. Pero de esa carta no quería hablar en este artículo.

Llegando a  mi edificio después de hacer la cola para comprar el pan, observo que en el buzón sobresale algo parecido a un sobre de carta. Al principio me costó unos segundos reconocer que era una carta, porque aparte de los recibo de cobro del condominio y del Banco, el resto de las comunicaciones me llegan vía correo electrónico. Tomo el sobre, no tenía remitente pero si destinatario. Lo abrí cuidadosamente por aquello de los sobres-bomba, aunque inmediatamente me dije los únicos capaces de volarme en pedazos por mala paga, son mis acreedores y hace tiempo no tengo, porque nadie me presta. Despliego el papel y leo la primera línea: “Mi tan poco apreciado profesor”. La cosa prometía.

Sigo leyendo: “Me atreví a escribirle esta carta a sabiendas  de que no la leería (¿?¿¿)”. Extraño comienzo, pero bueno estamos en Venezuela, tierra de lo posible y de lo imposible. Continuo, “le he venido siguiendo desde hace por lo menos 7 años a través de sus artículos en ese periódico subversivo y maledicente llamado Tal Cual. He soportado estoicamente sus ironías, chascarrillos y chalequeos en contra del proceso revolucionario. Sus artículos, desinformantes y deformantes de la realidad, datan desde que estaba al frente de la revolución El  Comandante Eterno Hugo Chávez Frías, a quien Dios lo tenga en la gloria y a la diestra de su padre, Fidel Castro Ruz. Pero llegó el momento de cantarle unas cuantas verdades que parece desconocer, o peor, ignorar alevosamente”. Les juro amigos lectores que la lectura de este primer párrafo me dejó turuleco. Tal fue mi atención a la correspondencia,  que el bombonsote del 14-A pasó en pantaloncitos cortos muy cerca de mí y ni siquiera voltee a mirarla. Abstraído del mundo, sigo leyendo.

“Es totalmente falso que exista corrupción en el gobierno revolucionario. Usted como defensor del capitalismo, solo se fija en una supuesta riqueza súbita de nuestros líderes, sin apreciar lo que han tenido que arriesgar para construir la revolución. Para usted es imposible entender que tal tarea es normal que sea recompensada. Pero mi estimado conspirador usted  está equivocado si piensa que esa supuesta riqueza fue extraída de contratos y guisos. Para todos es conocido que esas pequeñeces que usted llama “lujos injustificables”, son producto de la contribución de nuestra militancia que si ha sabido reconocer la valía de nuestros dirigentes”. En este punto pase al modo sorpresa. No podía creer que alguien pudiera escribir lo que estaba leyendo.

Mi anónimo remitente señala luego, “usted no sabe el daño que le hace al país con sus inventos e historias falsas. Aquí no hay escasez, ni crisis humanitaria, ni inseguridad, todo es una manipulación mediática y usted ha contribuido con ella”. A estas alturas pase del modo sorpresa al modo comprensión. Así piensa mucha gente, me dije, eso es un logro de la efectiva maquinaria propagandista del gobierno. Con tantas mentiras mil veces repetidas convierten a sus seguidores  en seres impermeables a todo razonamiento que vaya en contra de las verdades sagradas de la revolución. Así son las religiones fundamentalistas, y el chavismo es en la práctica una religión con su santoral,  clérigos, rezos, rituales y, sobre todo, fieles. 

La carta finalizaba con la siguiente reflexión, “sepa usted mi desestimado profesor que aquí hay un pueblo que defenderá su revolución a costa de lo que sea. Patria o Muerte, Venceremos”. Estaba a punto de guardar la esquela cuando me percate que había una postdata con una nota en letra diminuta, decía: “por cierto, me informaron que usted podía conseguir medicamentos en la universidad, si no es molestia podría conseguirme unas cajitas de hipertensivos, Dios se lo pague. Mañana le dejo mi número en el  Buzón”. Se las estoy buscando. Así somos los venezolanos.

lunes, 6 de marzo de 2017

¡A que no me conoces!

Suiza

En el gobierno se ha vivido en un eterno carnaval desde 1998. Esos próceres de la revolución se pusieron un disfraz que nunca se han quitado. La simulación fue el arte que cultivaron y lo hacen a la perfección. Se disfrazaron de humanistas, defensores de los pobres y de los derechos humanos, se vistieron con ropaje de gente sensible, humilde y resteada por el que menos tiene
Dediqué parte de los días de carnaval a ayudar a mi hija a realizar una tarea escolar. Seguramente que la maestra que le impuso tal asignación, despotricaba de sus ahora colegas, cuando le embromaban los días festivos. La tarea consistía en hacer un tema de composición con dibujo, sobre el significado de los carnavales. La venganza es dulce y entretiene, como decían en las novelas de los años 70. Siempre he pensado que gracias a esas inoportunas tareas, se exacerba lo que Marx visualizó como síntoma de las sociedades de clases, a saber, los opresores y los oprimidos. Con la debida distancia, hoy día podrían asimilarse estos sectores a quienes asignan las tareas y disfrutan a plenitud sus días feriados y a quienes no lo disfrutan por estar atendiendo tales deberes escolares. A este último sector se le suman como víctimas colaterales,  los sufridos padres.

Dadas las circunstancias en vez de agarrar carretera el viernes como Dios manda, lo hicimos el domingo.  ¿La razón de la pérdida de un día de playa?. Pues el sábado la niña tenía que dejar la tarea lista ya que debía entregarla el miércoles de cenizas. Cosas de familia previsiva. Solo imagino a aquellas familias que por no tomar estas previsiones, hicieron que sus hijos, una vez llegaran a casa estropeados de la playa, tuvieran que fajarse a hacer la tarea el martes de carnaval por la noche para entregarla el día siguiente. Ese descomunal despropósito, obliga a concluir  que no hemos avanzado mucho en eso de lograr el respeto de los derechos humanos.  Así no hay revolución que avance con todo y su Viceministerio de la gozadera.

Pero vayamos al grano. Buscando información por internet encontramos que el carnaval es una fiesta pagana donde imperó la permisividad y el descontrol. Su origen se remonta a casi 5000 años. Las primeras fiestas conocidas fueron en honor al Toro Apis en el antiguo Egipto, pero es en la Roma imperial cuando se institucionalizan como ofrenda a Baco, el Dios del vino y de la rumba pareja y desenfrenada. La verdad sea dicha, con estas tareas uno siempre aprende algo nuevo, ahora entiendo la procedencia de la palabra bacanal. No era como decía el compadre Chuito, insigne erudito de Macarapana,  para quien el bacanal era una fiesta que se hacía previa vaca (contribución) de los participantes. La ignorancia compartida es perniciosa.

Sigo con mi lectura y descubro que desde tiempos inmemoriales en estas fiestas los rumberos usaban mascaras y atuendos poco comunes. De esta manera se potenciaba la jodedera amparada por el anonimato. Cuando se expande por Europa se comienzan a usar disfraces alegóricos a personajes mitológicos que le daban un tono fantasioso a las fiestas. Es interesante observar que para algunos psicólogos, con el disfraz se simula ser alguien con características que compensan los déficits que realmente se poseen. Así, el rico se disfraza de pobre y viceversa, el alma buena se disfraza de tirano y viceversa, el león se disfraza de débil corderito y viceversa, el débil de fuerte y el fuerte de más fuerte. La idea era salir de la rutina creando una situación de confusión colectiva y de engaño consensuado.

En la carretera rumbo a la playita, mientras los chamos escuchaban a Chino y Nacho y la cuaima chateaba con sus iguales, reflexioné sobre lo leído y filosofé como buen carupanero. “No hay mal que por bien no venga”, fue lo más denso que se me ocurrió y veamos por qué. No disfrute un día de playa por ayudar a mi hija, pero descubrí algo verdaderamente importante. En el gobierno se ha vivido en un eterno carnaval desde 1998. Esos próceres de la revolución se pusieron un disfraz que nunca se han quitado. La simulación fue el arte que cultivaron y lo hacen a la perfección. Se disfrazaron de humanistas, defensores de los pobres y de los derechos humanos, se vistieron con ropaje de gente sensible, humilde y resteada por el que menos tiene. Pura simulación. Al final les conocimos su verdadera personalidad por sus actos. Tardamos un poco en hacerlo porque el disfraz nos confundió en las primeras de cambio. Finalmente llegando a Higuerote concluí que sería más coherente que en vez de comenzar sus arengas con la rayada palabra “Queridos compatriotas y camaradas”, deberían comenzar con algo más acorde el disfraz que lucen, por ejemplo con algo así como: “¿A que no me conoces?”.


 

lunes, 20 de febrero de 2017

Justicia al contado, no por cuotas

Tribunal Supremo

El doble propósito de los anuncios gubernamentales siempre fue, además de darnos una mala noticia, aprovechar y fastidiarnos la salida a la playa, la parrillada en casa del cuñado favorito o el casi obligado ratón producto de la celebración previa al “día libre”
Si construyésemos una cronología de la oportunidad que el gobierno escoge para dar malas noticias a los venezolanos, nos sorprendería. La cosa es tan cronométrica que no sé si por azar o por alguna intensión perversa, cada escándalo ha coincidido con una fecha importante para nuestro gentilicio. La última tocó el Día de los Enamorados, con la diferencia que esta vez la dieron los catires del odiado, pero no menos admirado, imperio mesmo. La noticia fue tan estremecedora que los sempiternos pájaros bravos y cazadores de güires, no terminaban de concretar la emboscada a la novia, esposa o querida, cuando se enteraron del bombazo de las sanciones contra el Vicepresidente Ejecutivo por estar supuestamente ligado al narcotráfico y al terrorismo internacional.

Esa noticia le enfrío el guarapo a más de uno a causa de las angustias que ocasiona el ver las barbas del vecino arder. La planificación de la sorpresa que se iba a dar a la enamorada de turno, no surtiría ningún efecto ante tamaña información. Esa noticia pasó a ser el plato fuerte del día. Todas las invitaciones y propuestas indecorosas o no, se fueron al traste. La velada se concentraría en el “¿qué ira a pasar ahora?” y en el recurrente “mira que lo sabía, eso se veía venir”. La gran pregunta, ¿porqué el Departamento del Tesoro de EUA escogió el Día de San Valentín para amargarle la vida a algunos altos funcionarios del gobierno venezolano?.

Creo que los gringos de ahora en adelante se empeñarán en fastidiar a los chavistas en nuestras fechas más significativas. No sé mucho de política internacional, pero parece una estrategia de apoyo a los venezolanos y de venganza contra el gobierno chavista. Para mí que les están dando de su propia medicina. Los de la CIA, FBI, NBA, MLB o como se llamen, saben de las muchas ocasiones en las que el gobierno nos desbarató un día festivopor tomar alguna medida impopular que nos quitaba la nota y el entusiasmo que generaba un día de descanso y esparcimiento. No exagero, solo recuerden que los anuncios sobre aumentos de precios, del IVA, de la Unidad Tributaria, la reducción del cupo CADIVI, el cierre de Radio Caracas Televisión, las devaluaciones del Bolívar, el apresamiento de Leopoldo López, la suspensión del referendo revocatorio, y otras minucias, nos las dieron en vísperas de algún puente, carnavales, semana santa, Día de la Madre, vacaciones de agosto, navidades y hasta fin de año. Como dice mi abuela, no tuvieron nunca paz con la miseria.

El doble propósito de los anuncios gubernamentales siempre fue, además de darnos una mala noticia, aprovechar y fastidiarnos la salida a la playa, la parrillada en casa del cuñado favorito o el casi obligado ratón producto de la celebración previa al “día libre”. Fue tal el ensañamiento para hacer ilusorio el derecho al esparcimiento del venezolano, que siempre me imaginé a los de la Sala Situacional golpeándose entre ellos las palmas de las manos en señal de victoria, cuando les llegaban reportes sobre episodios de depresión o de arrechera colectiva. Esa malévola conducta ha hecho que de un tiempo para acá el pueblo, al advertir la proximidad de una fecha festiva, se prepare psicológicamente para recibir el trancazo de alguna medida gubernamental que con toda seguridad lo desfavorecerá.

Así pues, estoy de acuerdo con que el imperio les aplique una ración de su propia salsa. El 04 de febrero, el 5 de marzo, el 27 de noviembre, el 8 de diciembre son algunas fechas propicias para que desde la tierra de Mickey y Donald se den anuncios de cancelación de visas y confiscación de bienes y cuentas bancarias, así como órdenes de captura por tráfico de drogas, violación de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y conchupancia con el terrorismo internacional. Eso se llama justicia por goteo, con el aditamento del efecto lotería pero al revés, o sea, los incursos en estos delitos ligarán que su numerito no salga sorteado. Sin embargo confieso que esta propuesta ha tenido sus detractores entre amistades y allegados. Pero tal oposición no es por lo cruel que pudiera ser, el problema es que supone una justicia por cuotas y el pueblo, harto de tantos desmanes y corrupción, clama por una justicia al contado.

lunes, 13 de febrero de 2017

La Comandante Camucha

Marchas oficialistas

No tengo idea de cuantas Camuchas seguirán entre nosotros. De vez en cuando la rememoro cuando observo a través de los medios a viejitas desdentadas, vestidas de miliciano y gritando desaforadamente loas a la revolución
Mi comadre Camucha Salazar siempre fue una chavista furibunda. Allá en su terruño carupanero destacaba entre sus coterráneos por su habitual atuendo rojo. Nunca se supo si se ponía todos los días la misma desteñida y rojiza franela o si tenía siete de ellas, una para cada día de la semana. Imposible de desprenderse de sus ocurrencias, cuando alguien la increpaba sobre su manera de vestir, respondía con un dejo de socióloga catedrática universitaria; “es propaganda subinguinal para combatir los mensajes metereológicos de la burguesía criolla y sus aliados del norte Busss, el negrito Osama Bin Laden y ahora el Pato Donald”. Dicen en el pueblo que cuando “regresó” Chávez de Cuba, se instaló en las afueras del Hospital Militar durante semanas para ser la primera en aplaudirlo cuando saliera por sus propios pies de ese sanatorio castrense. Después que sacaron el féretro, allí se quedo por varios  días más confiada en que todo era un ardid del Comandante.
 Podríamos escribir muchas líneas sobre la fidelidad a Chávez de la comandante Camucha, como le decían sus camaradas. Recuerdo que cuando asumió como suya la sentencia de Chávez sobre lo malo que era ser rico, lo primero que hizo fue dejar de comprar la lotería de animalitos, no vaya a ser que se ganara el primer premio. Siempre congruente con sus ideales dejó de participar en el San que organizaban las vecinas. Todos nos enteramos de la carta que escribió a sus hermanos que viven en Margarita y Marigüitar, para que no la mencionaran en sus testamentos. Les indicaba en esa misiva que si morían primero debían donar los peñeros a la revolución, ya que ella nada necesitaba. Si acaso le querían dejar algo, sugería que le apartaran el busto de Chávez que tenía Chuíto allá en el ranchón de Juan Griego y la foto que Güicho se tomó con Chávez cuando fue a inaugurar una Pila de agua en uno de los Barrios de la costa sucrense. Cuando algún jodedor le señalaba que la familia Chávez eran potentados en Barinas, Camucha reaccionaba afirmando que eso era una venganza de Hugo Rafael por haberlo prácticamente regalado a su abuela Rosa Inés. Ahora los Chávez debían vivir el sufrimiento de ser ricos. Así era Camucha.
 Nunca olvidaré cuando en el bautizo de mi ahijada repartió como recuerditos unos escapularios con una foto de Chávez vestido de médico (ella decía que de José Gregorio Hernández) y en vez del tradicional pabellón, ofreció a los invitados unos platos de sardinas con ñame porque “eso era lo que comían los pobres” y ella no iba a ser menos pobre que nadie. Siempre me llamó la atención que en ese ágape, en vez de guarapita se brindará con Whisky 18 años. Luego me explicó que era un contrabando decomisado por la Guardia y que su otro compadre, el Sargento “Cherere” (nunca me dijo el nombre), tuvo la gentileza de donárselo como “Bienes expropiados a la oligarquía carupanera”, y bajo esas circunstancias con muchísimo gusto los aceptaba.
 Ya Camucha no está con nosotros, según sus propias palabras partiría a acompañar al Comandante Eterno para ayudarlo a adelantar el proceso allá en el cielo. No puedo asegurar que así lo haya dicho porque no estuve allí, pero conociéndola como la conocí, no me extrañaría que hayan sido sus últimas palabras antes de sucumbir a la terrible enfermedad que padeció, gracias a Dios, por breve tiempo. Me dicen que a su entierro solo asistieron sus vecinos y ningún dirigente de la revolución. A nadie le extrañó.
 No tengo idea de cuantas Camuchas seguirán entre nosotros. De vez en cuando la rememoro cuando observo a través de los medios a viejitas desdentadas, vestidas de miliciano y gritando desaforadamente loas a la revolución. También su imagen me viene a la mente cuando veo a ancianitas en las marchas organizadas por el gobierno, recargadas ridículamente con motivos alusivos a Chávez y al PSUV. Sin embargo, pienso que cada vez son menos. Las que quedan han pasado a ser curiosidades que inspiran más lástima que burla, sobre todo porque conocemos el estilo dispendioso y de grosero lujo en el que viven los que las inducen a vestir de esa manera. Camucha también creyó ingenuamente en ellos. Adiós comadre, descanse en paz.

lunes, 23 de enero de 2017

Antropología del venezolano del socialismo del siglo XXI

Mercal

Este nuevo estilo de gobernar ha permeado el comportamiento de muchos venezolanos. Son cada vez más quienes, gracias a ese modelaje, se han convertido en personas mal encaradas, guapetonas
La antropología cultural es una disciplina que ha servido para conocer de manera sistemática las costumbres e idiosincrasia de los pueblos. No soy muy ducho en el área, pero como curioso de nacimiento he hecho intentos por comprender la cotidianidad del venezolano en los últimos años.
Desde mi mirada poco experta he encontrado señales que indican que nuestra manera de ser como sociedad ha adquirido variados matices y características particulares según sean los modos y formas que irradian los sectores que circunstancialmente han ejercido el poder gracias al voto de las mayorías. Estaba muy pequeño pero recuerdo que en tiempos de la naciente democracia, fueron los adecos quienes impusieron una forma de comportamiento que fue rápidamente modelada por buena parte de la población. Si bien no tengo elementos para esbozar una “Teoría del Reflejo”, si pareciera haber pistas que informan sobre cierto modelaje irradiado desde el poder.

Con los adecos de los 60 se impuso el meneíto del whisky con el dedo índice, los festejos de bodas y quince años con la Billo’s y Los Melódicos en el Circulo Militar, jugar Bolas Criollas con el smoking puesto y los tequeños, chagüis y bolitas de carne como pasapalos obligados. Durante la Gran Venezuela con el primer gobierno del Pérez, las costumbres cambiaron un poco. La clase media seguía celebrando con Billo’s, pero el Círculo Militar ya no era el lugar preferido de encuentro. Ahora era El Tamanaco, el Macuto Sheraton o algún Club de Campo de esos que proliferaron gracias al alza de los precios petroleros. Las damas caraqueñas cambiaron el Mercado de El Cementerio por Miami o Nueva York y un motorhome había que adquirir para evitar ser tratado como un zoquete recién llegado.

Con los copeyanos el meneíto no fue muy diferente hasta que llegó el viernes negro. Sin embargo una cosa fue la época de la primera presidencia de Caldera y otra con la de Herrera Campíns. En su primera presidencia Caldera impuso la sobriedad en el poder. Fue la época de la convivencia con la izquierda gracias a la pacificación. El venezolano se preocupó más por las formas que por el relajito campechano de los adecos.

El prototipo de un gobernante culto, siempre encorbatado y seriecito, hizo ver que tenía sentido ir a la universidad y graduarse. Venezuela vio a Caldera dando un discurso en la ONU, no recuerdo si fue en inglés, y eso hizo que nuestra percepción como país en desarrollo se ubicara en otro nivel. En las casas se hablaba más de estudiar que de ir al Partido a ver si “te tiraban alguito”. Luís Herrera, por el contrario le dio algo de continuidad a la imagen populachera de Pérez. Impuso los refranes y el traje Safari. Adoptamos el refranero venezolano como un arma de defensa ante la adversidad, por supuesto, combinado con el chiste oportuno, infaltable desde los tiempos del General Páez.

Los gobiernos de Lusinchi, Caldera II y Pérez II hicieron cambiar al venezolano. Ese bonachón, solidario, trabajador y amigo de los amigos, se transformó de repente. La voracidad de la corrupción, el enriquecimiento rápido y sin causa, la ley del menor esfuerzo con la máxima ganancia y el “ponme donde haiga” que caracterizó a los colaboradores, impregnó la forma de ser del venezolano. El estudio y el trabajo dejaron de ser percibidos como los naturales mecanismos para lograr la superación personal y colectiva. Se torció el camino y todos nos dimos cuenta.

Cuando se presentó la ocasión la gente apostó por un militar que propuso volver al redil de la Venezuela honesta y bonachona. El discurso que prometía  eliminar a las “cúpulas podridas” de los partidos hizo sucumbir a más de uno. Un montón de gente le regaló el voto con la ilusión de volver a un pasado  que extrañaba. 

Con Chávez en el poder, para desengaño de muchos compatriotas las cosas siguieron de mal en peor. Desde muy temprano entrenó al país en el arte de la mendicidad y el del halago al líder a cambio de una bequita o “una ayudita pa’ los pobres”. Con un barril a 100 dólares regaló pescado y no enseño a pescar a nadie. Mareaba con un discurso redentor, simpaticón y llano, pero paralelamente abusaba, para provecho propio y de sus adláteres, del poder y la riqueza petrolera de todos los venezolanos.

Mientras la gente se empobrecía aceleradamente, sus colaboradores andaban en gigantescas Hummer de 250.000 dólares, seguidos por un batallón de escoltas. Los pobres quisieron participar del festín, pero solo les llegaba lo que rebozaba de las manos llenas de los nuevos aristócratas. Se fue instalando la cultura del “aquí es”, grito no siempre escuchado por los conductores de la carroza del Estado. 

Con Maduro esta demostración de poder y riqueza se ha elevado a su máxima expresión, con el agregado de exhibir una patanería propia de quienes se creen serán eternos en el ejercicio del poder. La majestuosidad presidencial con su dosis de prudencia y respeto quedó en nuestro pasado remoto, así como la bohonomía que siempre nos caracterizó como pueblo. Ahora el modelo que se irradia desde la más alta magistratura está asociado a  la ofensa al adversario, la mentira como recurso político, la amenaza permanente, el uso abusivo del poder, la bravuconería y el desprecio a la inteligencia.

Este nuevo estilo de gobernar ha permeado el comportamiento de muchos venezolanos. Son cada vez más  quienes, gracias a ese modelaje, se han convertido en personas mal encaradas, guapetonas, respondones, que se orinan en la calle a la vista de todos, que roban a los heridos en vez de auxiliarlos, que arrebatan carteras a viejitas más pobres que ellos, que ostentan armas por las redes sociales, que insultan a los ancianos, que no ceden su puesto en el autobús y que ignoran las leyes como sus gobernantes lo hacen. Mi tesis es que el socialismo del siglo XXI está cambiando para mal, la forma de ser del venezolano.