¡A que no me conoces!
En el gobierno se ha vivido en un eterno
carnaval desde 1998. Esos próceres de la revolución se pusieron un
disfraz que nunca se han quitado. La simulación fue el arte que
cultivaron y lo hacen a la perfección. Se disfrazaron de humanistas,
defensores de los pobres y de los derechos humanos, se vistieron con
ropaje de gente sensible, humilde y resteada por el que menos tiene
Dediqué parte de los
días de carnaval a ayudar a mi hija a realizar una tarea escolar.
Seguramente que la maestra que le impuso tal asignación, despotricaba de
sus ahora colegas, cuando le embromaban los días festivos. La tarea
consistía en hacer un tema de composición con dibujo, sobre el
significado de los carnavales. La venganza es dulce y entretiene, como
decían en las novelas de los años 70. Siempre he pensado que gracias a
esas inoportunas tareas, se exacerba lo que Marx visualizó como síntoma
de las sociedades de clases, a saber, los opresores y los oprimidos. Con
la debida distancia, hoy día podrían asimilarse estos sectores a
quienes asignan las tareas y disfrutan a plenitud sus días feriados y a
quienes no lo disfrutan por estar atendiendo tales deberes escolares. A
este último sector se le suman como víctimas colaterales, los sufridos
padres.
Dadas las circunstancias en vez de
agarrar carretera el viernes como Dios manda, lo hicimos el domingo.
¿La razón de la pérdida de un día de playa?. Pues el sábado la niña
tenía que dejar la tarea lista ya que debía entregarla el miércoles de
cenizas. Cosas de familia previsiva. Solo imagino a aquellas familias
que por no tomar estas previsiones, hicieron que sus hijos, una vez
llegaran a casa estropeados de la playa, tuvieran que fajarse a hacer la
tarea el martes de carnaval por la noche para entregarla el día
siguiente. Ese descomunal despropósito, obliga a concluir que no hemos
avanzado mucho en eso de lograr el respeto de los derechos humanos. Así
no hay revolución que avance con todo y su Viceministerio de la
gozadera.
Pero vayamos al grano. Buscando
información por internet encontramos que el carnaval es una fiesta
pagana donde imperó la permisividad y el descontrol. Su origen se
remonta a casi 5000 años. Las primeras fiestas conocidas fueron en honor
al Toro Apis en el antiguo Egipto, pero es en la Roma imperial cuando
se institucionalizan como ofrenda a Baco, el Dios del vino y de la rumba
pareja y desenfrenada. La verdad sea dicha, con estas tareas uno
siempre aprende algo nuevo, ahora entiendo la procedencia de la palabra
bacanal. No era como decía el compadre Chuito, insigne erudito de
Macarapana, para quien el bacanal era una fiesta que se hacía previa
vaca (contribución) de los participantes. La ignorancia compartida es
perniciosa.
Sigo con mi lectura y descubro que desde
tiempos inmemoriales en estas fiestas los rumberos usaban mascaras y
atuendos poco comunes. De esta manera se potenciaba la jodedera amparada
por el anonimato. Cuando se expande por Europa se comienzan a usar
disfraces alegóricos a personajes mitológicos que le daban un tono
fantasioso a las fiestas. Es interesante observar que para algunos
psicólogos, con el disfraz se simula ser alguien con características que
compensan los déficits que realmente se poseen. Así, el rico se
disfraza de pobre y viceversa, el alma buena se disfraza de tirano y
viceversa, el león se disfraza de débil corderito y viceversa, el débil
de fuerte y el fuerte de más fuerte. La idea era salir de la rutina
creando una situación de confusión colectiva y de engaño consensuado.
En la carretera rumbo a la playita,
mientras los chamos escuchaban a Chino y Nacho y la cuaima chateaba con
sus iguales, reflexioné sobre lo leído y filosofé como buen carupanero.
“No hay mal que por bien no venga”, fue lo más denso que se me ocurrió y
veamos por qué. No disfrute un día de playa por ayudar a mi hija, pero
descubrí algo verdaderamente importante. En el gobierno se ha vivido en
un eterno carnaval desde 1998. Esos próceres de la revolución se
pusieron un disfraz que nunca se han quitado. La simulación fue el arte
que cultivaron y lo hacen a la perfección. Se disfrazaron de humanistas,
defensores de los pobres y de los derechos humanos, se vistieron con
ropaje de gente sensible, humilde y resteada por el que menos tiene.
Pura simulación. Al final les conocimos su verdadera personalidad por
sus actos. Tardamos un poco en hacerlo porque el disfraz nos confundió
en las primeras de cambio. Finalmente llegando a Higuerote concluí que
sería más coherente que en vez de comenzar sus arengas con la rayada
palabra “Queridos compatriotas y camaradas”, deberían comenzar con algo
más acorde el disfraz que lucen, por ejemplo con algo así como: “¿A que
no me conoces?”.
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