lunes, 11 de diciembre de 2017

El Carnet de la Humillación

Carnet de la patria

La práctica “del carnet” no es nueva en Venezuela. Sin embargo, lo que vemos hoy día, dista mucho de lo que vimos y criticamos en los gobiernos adeco-copeyanos
Lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer. Durante la tan denostada IV República, o democracia civil como prefiero llamarla, los camaradas de entonces y boliburgueses de hoy, vociferaban indignados que era una humillación para los venezolanos la exigencia del “carnet del partido”, como condición para ser beneficiado con un puesto de trabajo en un ministerio. La verdad, y no lo niego, me uní a esas voces en ese momento. Siempre me indignó  el chantaje para acceder a un derecho como el del trabajo. Lo cierto es que los adecos aseguraban algunas prebendas a parte de su militancia,  si este demostraba con su carnet haber sido un fiel militante de la causa partidista. Los copeyanos por su parte, si bien no estilaban lo del fulano carnet, cuando les tocaba el turno de gobernar, y sin botar a los adecos, también premiaban a su militancia con algún puestico en el gobierno. Total que la práctica “del carnet” no es nueva en Venezuela. Sin embargo, lo que vemos hoy día, dista mucho de lo que vimos y criticamos en los gobiernos adeco-copeyanos.

Para ese entonces, no se obligaba a nadie a sacar el carnet del partido, de hecho ni siquiera todos los militantes lo tenían. Era un acto voluntario que mostraba más el compromiso y orgullo de pertenecer al partido que el deseo de acceder a algunas ventajas. Ni siquiera recuerdo a algún líder de AD o Copei, hacer alarde público del número de militantes por el número de carnetizados. Tampoco era un elemento de exclusión o apartheid. Más de un revolucionario mascaclavos y comecandela de la época, una vez graduado de su carrera universitaria, accedió a puestos de trabajo en el gobierno o a una beca de Fundayacucho para estudiar postgrado en el exterior, sin habérsele exigido el aborrecible “carnet del partido” o haberle puesto como condición la inscripción en la seccional de la parroquia donde habitaba. Los tiempos han cambiado.

Ahora, en tiempos de revolución, los adalides del humanismo, la democracia protagónica y de los poderes creadores del pueblo, chantajean a ese mismo pueblo que dicen defender y amar, con la exigencia de una credencial partidista para acceder al más mínimo servicio o derecho consagrado en la Constitución como de libre acceso a todos los ciudadanos sin distinción alguna. Jugando cruelmente con la situación de hambre y de extrema necesidad de los venezolanos, obligan a la gente más humilde a sacar el Carnet de la Patria ya que lo convirtieron en requisito para poder comprar las Cajas y Bolsas CLAP, las medicinas y recibir atención médica en los CDI y los pocos Módulos de Barrio Adentro que todavía existen. Quien no tenga esa credencial, pues no tendrán oportunidad alguna de acceder a las migajas que el gobierno lanza a los más humildes.

Estando de compras en una ferretería, una mujer claramente enchufada en el Gobierno adquirió casi 3 millones de bolívares en bombillos fluorescentes, amén de otras menudencias. Atrás en la cola para pagar, se encontraba una señora a todas luces proveniente de los sectores populares, cargaba dos bombillitos normalitos en sus manos que pagaría a un costo de 16 mil Bolívares cada uno. En la conversación que siempre se entabla en esas circunstancias, la humilde señora preguntó dónde podía conseguir algunos antibióticos que estaba buscando y no podía conseguir por ninguna parte. Nuestra enchufada le contestó con cierto dejo de superioridad, de quien se sabe está cómoda en la vida, que antibióticos si había y suficientes. Le aconsejó que fuera con el Carnet de la Patria a una determinada farmacia del Gobierno ya que allí los encontraría, caros, pero los encontraría.  A todas estas, después de pagar y salir del negocio nuestra enchufada, la viejita dijo a viva voz, “yo quisiera el Carnet de la Patria Platinum que tiene esa señora y no el que me dieron a mí, que para nada me ha servido, qué humillación mijito”.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Bolivarian Revolution Awards 2017

Wiston Vallenilla

A falta del Guaicaipuro o Mara de Oro con sus criterios burgueses y sifrinos para premiar a los artistas, proponemos la creación del Bolivarian Revolution Awards, el cual será entregado a quien destaque en el medio televisivo. Como esta es una revolución “tramparente”, los ganadores de este premio serán escogidos por la Secretaría de Propaganda y Asuntos Ideológicos del PSUV, bajo la coordinación general del Papá de los Helados, quien desde Miraflores vetará o no la decisión tomada
Los años 70 se caracterizaron por la premiación anual a personas ligadas al mundo del espectáculo. Los sesentones y cincuentones de hoy recordamos con cierta nostalgia aquel mundo de fiesta farandulera que una vez al año ocupaba la atención de buena parte de los venezolanos. Estas premiaciones eran muy significativas para la carrera de muchos artistas. Eran, guardando las distancias, los equivalentes a los Latín Grammy, o por qué no, a los Oscar Hollywoodenses que han catapultado al estrellato a tanto talento gringo. La noche de la entrega del Guaicaipuro de Oro o del Mara de Oro era tan esperada como el Miss Venezuela. Escuchar a Gilberto Correa o al Musiu La Cavalerie anunciando a Tomás Henrique como el actor de reparto del año o a América Alonso como la actriz de comedia del año, llenaba de regocijo al más indiferente.

Hoy no tenemos estos premios. La mayoría de nuestros talentos están fuera del país, unos actuando y otros haciendo quien sabe qué cosa, pero sobreviviendo todos. Muchos están tratando de obtener el reconocimiento y cariño que dejaron atrás. De primeros actores, algunos pasaron a ser actores de reparto esperando una oportunidad que los vuelva a colocar en el pináculo de la gloria. Otros quizás estén conduciendo taxis o repartiendo pizzas. Los menos afortunados estarán pernoctando a las puertas de algún teatro de baja factura esperando ser contratados, aunque sea de luminito o carga cables. Lejos está el aplauso que les dio satisfacciones y medios para vivir dignamente. Ya no firman autógrafos en la calle ni nadie les pide posar para tomar un selfie. Así es la vida de quienes, hasta hace poco, fueron objeto de adoración y admiración de los venezolanos.

La farándula en Venezuela se ha visto menguada por esta diáspora. Son muy pocos los canales que pasan programas con talento venezolano. Las novelas, nuestra marca en el mundo junto con el Miss Venezuela, prácticamente han desaparecido. Las pocas que se televisan fueron grabadas en los 80 y los 90. Tampoco hay programas musicales con voces de reconocida calidad y pedigrí en el ambiente. Más bien abundan los programas de imitación a los famosos como una suerte de nostalgia inconsciente por los que hoy tomaron otros rumbos para entretener con su arte. Nuestros otrora canales de variedades, se han convertido en vidrieras de enlatados o en canales darwinianos donde solo nos enseñan como los Koalas de Madagascar procrean en épocas de invierno. Estoy hablando de 2 o 3 canales que no están (totalmente) en manos del gobierno. El resto, los rojitos, son un mundo aparte, no por mejores a los comerciales, sino por todo lo contrario.

Estos canales oficialistas y gobierneros tienen muchos programas con talento (?) vivo, por lo que es justo crear un premio que reconozca su participación en ese difícil mundo. A falta del Guaicaipuro o Mara de Oro con sus criterios burgueses y sifrinos para premiar a los artistas, proponemos la creación del Bolivarian Revolution Awards, el cual será entregado a quien destaque en el medio televisivo. Como esta es una revolución “tramparente”, los ganadores de este premio serán escogidos por la Secretaría de Propaganda y Asuntos Ideológicos del PSUV, bajo la coordinación general del Papá de los Helados, quien desde Miraflores vetará o no la decisión tomada. 

Algunos de los renglones que propongo para ser premiados este año 2017 son: El Bostezo del Año para aquél conductor o animador que acumule el ranking más bajo (sabemos que este premio será muy reñido); El Escatológico del Año, también un premio muy competido, aunque algunos aseguran que por muchos tiempo lo monopolizará aquel que echó al pajón a medio mundo de su propio partido; El Sapo de Oro, se reconocerá con este galardón a quien más presos acumule gracias a acusaciones infundadas a través del medio televisivo; El Regreso del Año, destinado a quien en tiempos difíciles para la revolución se pasó a la oposición y en tiempos difíciles para la oposición se paso de nuevo al chavismo.

Finalmente, El Cara e’ Tabla del Año. Este premio estoy considerando no proponerlo por la polémica que pueda surgir entre quienes tengan mérito para merecerlo. Es mejor sincerar la cosa y dárselo de una vez a quien lo merece. Además, si no sale premiado es capaz de vetar la decisión. ¡Qué viva nuestra farándula revolucionaria!

lunes, 13 de noviembre de 2017

Yo a ti, sí te jodo

Jaime Lusinchi y Luis Guillermo García

Eran los tiempos de la IV República, o de la democracia civil como prefiero llamarla. Se hacía periodismo mordaz, crítico y nada complaciente con los gobiernos de turno
Los diferentes medios de comunicación estaban dispuestos para reseñar la noticia, la cual por cierto no recuerdo, pero el asunto ha debido ser de cierta trascendencia por la presencia del presidente Lusinchi. El lugar, alguna de las oficinas del Palacio de Miraflores. La transmisión era en vivo y directo. Yo sintonizaba, como todas las noches, el noticiero de Radio Caracas Televisión. Luís Guillermo García era el periodista que por ese canal estaba cubriendo la noticia. Luís Guillermo, junto a otros periodistas como Samuel Belilty, Sergio Novelli y la para entonces muy joven Laura Castellanos, conformaban un staff que se caracterizó por el sentido crítico y de denuncia que le imprimían a sus reportes. Lo cierto es que en ese episodio que estoy rememorando la verdadera noticia no fue el asunto del cual ni me acuerdo, sino la respuesta que le dio el para entonces presidente al periodista de marras. Se le acercó como una tromba. Con los cachetes temblorosos y con el dedo índice amenazante le espetó: “Tú a mí no me jodes”. Luís Guillermo, con cara de desconcierto, se limitó a mirar a la cámara como preguntándole al televidente, ¿y qué carajo le pasa a este señor?

Eran los tiempos de la IV República, o de la democracia civil como prefiero llamarla. Se hacía periodismo mordaz, crítico y nada complaciente con los gobiernos de turno. Salvo una paliza que algunos inadaptados le dieron al periodista Alfredo Tarre Murzi y una que otra demanda por difamación a algún periodista o editor que se pasó de la raya, había una relación tensa pero tolerante entre el gremio de cazadores de noticias y la clase política en el país. Tanto la prensa escrita como las revistas de corte político, colocaban a la disposición de sus lectores, crudos reportajes, columnas polémicas, así como entrevistas incisivas y provocadoras. Ese periodismo valiente y punzante no recibía como respuesta el allanamiento de la casa de algún periodista, por parte de la policía política del régimen. Hasta los humoristas no desaprovechaban la oportunidad de despellejar a los políticos de oficio. Inolvidables los sketches de la Radio Rochela, donde prácticamente todos los líderes importantes de la época fueron parodiados, magnificando sus desaciertos y metidas de pata.

Pues si mi apreciado lector, en esa república civilista, hoy tan criticada por un régimen que calza botas militares, un presidente amenazó a un periodista frente a toda Venezuela, y no le pasó absolutamente nada. El reportero siguió con sus reportajes cargados de denuncias y críticas sin que fuese despedido u obligado a renunciar “por órdenes de Miraflores”. Por el contrario, el presidente Lusinchi fue el que recibió una andanada de rechiflas provenientes no solo del gremio de comunicadores sociales como era de esperarse, sino de sectores no ligados a este oficio. Definitivamente era otra Venezuela.

Añoramos aquellos tiempos por miles de razones que no vienen al caso nombrar. Todos las conocemos y padecemos a diario. Sin embargo, quiero referirme a los embates en contra de la prensa y los periodistas. Cierre de medios, agresiones físicas y verbales, veto a algunos conductores de programas de radio, enjuiciamiento a editores, ha sido la constante de un gobierno alérgico a cualquier posición que disienta de sus políticas. En los gobiernos dictatoriales la primera víctima es la prensa libre, acostumbran a decir quienes tienen la responsabilidad de informar. Pero hablar de prensa es hablar de periodistas. El caso de Jesús Medina Ezaine debe alertar al gremio, a los venezolanos y al mundo. No quiero que se me aplique la novedosísima y creativísima Ley contra el Odio, pero díganme ustedes amigos lectores, este periodista fue secuestrado, brutalmente golpeado y amenazado de muerte, pero no le robaron nada, ni pidieron rescate. “Yo a ti, si te jodo”, al parecer fue el mensaje que le mandaron de alguna parte.

lunes, 30 de octubre de 2017

Y si nos va bien, pues, nos dividimos

MUD fracturada

Ahora bien, bastó que se diera ese triunfo para que la, hasta ese momento, alianza triunfadora comenzara a desvariar sobre las fórmulas para desalojar del poder a Maduro junto a su combo de sancionados
Cuentan los analistas de cafetín que cuando se implantó la política de pacificación por parte del presidente Caldera en su primer gobierno, se generó una diatriba en los mandos guerrilleros sobre la conveniencia o no de dejar la montaña e incorporarse a la lucha política abierta. Esta discusión trajo como consecuencia que se crearan facciones que asumían que acogerse a la pacificación era traicionar los ideales revolucionarios, mientras que otros sectores prefirieron incorporarse a la legalidad como una opción real de poder.

Al final del día un archipiélago de grupos y grupitos alzados en armas se quedaron en la lucha clandestina, mientras que otro grupo de partidos y partiditos de inspiración marxista, escogieron la vía democrática para vender la idea de construir una sociedad sin clases sin recurrir al exterminio del que piensa distinto. Esta es quizás la primera experiencia de fraccionamiento, división y trompadas ideológicas que conoció nuestro acontecer político vernáculo en la era moderna. Luego vendría la división del AD que dio nacimiento al MEP, aunque no por razones ideológicas sino por la lucha entre grupos internos por el dominio del poder partidista.

No hay que ser un sabiondo de la política para entender que el Big Bang de la izquierda venezolana fue producto de la derrota de la lucha armada. De fraternos camaradas pasaron a acusarse de renegados, dogmáticos, stalinistas, pequeños burgueses, revisionistas, anárquicos, ultraizquierdistas y reformistas. No hubo epíteto que no se utilizara para enjuiciar al otro. Hoy en día estamos observando la misma situación entre los llamados factores o partidos de oposición al gobierno impresentable de Nicolás Maduro. La derrota en unas elecciones regionales de dudosa transparencia, ha destapado los demonios en ese sector de la política venezolana.

A diferencia de los soñadores de izquierda de los 60, cuya derrota siempre estuvo cantada por nunca haber tenido el apoyo del pueblo, la oposición agrupada en la MUD logró, por lo menos desde 2013 al 2015, conectar con el deseo general de cambio que transpiraba la mayoría de los venezolanos. El resultado de esa conexión fue la paliza propinada al régimen chavista en las elecciones parlamentarias. Ahora bien, bastó que se diera ese triunfo para que la, hasta ese momento, alianza triunfadora comenzara a desvariar sobre las fórmulas para desalojar del poder a Maduro junto a su combo de sancionados.

Qué en 6 meses el mandado está hecho, dijo Ramos Allup, sin especificar cómo se comía eso; que, si mejor y más rápido es con una constituyente, dijeron algunos juristas; que no, que el cobre se bate en la calle, dijeron Leopoldo y María Corina; que no vale, que el revocatorio es lo más expedito, dijeron los justicieros. En eso se nos fueron los primeros meses del 2016 y las doñas del CNE aprovecharon esa indecisión para alargar la convocatoria, colocar todas las trabas y hacer ilusorio ese derecho establecido en la constitución. Al final no se logró, y quedo la facturita pendiente. Ramón Guillermo Aveledo fue el chivo expiatorio y pagó los platos rotos. Nombraron a Chuo Torrealba, quien con mucho decoro asumió la responsabilidad de tratar de dominar las pasiones de todos los sectores y ser el vocero de la MUD.

En 2017 Maduro nos madruga con una convocatoria inconstitucional a una Asamblea Constituyente y no faltó quien dijera que se debía participar en esas elecciones. Finalmente se impuso la postura de no hacerlo, pero quedaron algunos resentimientos. La guinda de la torta fueron las elecciones regionales. Fue imposible una sola estrategia para afrontar con la misma fuerza de las parlamentarias, a esta nueva contienda electoral. Hubo un sector que entendió que con la abstención se ganaba más que participando. Otro sector entendió que si no participaba se perdía más de lo que se ganaba. La guerra de posiciones fue feroz. Por otra parte, costó un mundo llegar a acuerdos sobre los candidatos, hubo que ir a primarias en la mayoría de los estados, y en la campaña electoral se dijeron de todo. Otra facturita pendiente.  Ahora, después de ganar 5 gobernaciones (una sexta, pendiente), tampoco hay acuerdo sobre presentarse o no ante la ANC para poder ejercer el cargo de gobernador. Unos dicen que lo hacen por solicitud del pueblo y el otro dice que no lo hace por solicitud del pueblo. Y sobre el megafraude, unos dicen que no hubo y otros que sí. Vaya usted a saber.

Total, que más allá de las consideraciones sobre quien o quienes tuvieron la razón, podría aplicarse aquella frase que la leyenda urbana de la política venezolana atribuye a un connotado líder de la izquierda decimonónica de los años 60. Este legendario comandante, después de logrado el acuerdo de unión entre varios partidos de izquierda para ir en comandita a una campaña electoral por la presidencia de la República, dijo: “y si nos va bien, pues, nos dividimos”.

lunes, 16 de octubre de 2017




Trauma post electoral






Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral

Estoy escribiendo este artículo el jueves 12 de octubre y saldrá publicado el lunes 16, es decir, lo escribo antes de las elecciones regionales y lo leerán mis valientes y desocupados seguidores, después de conocidos los resultados (bueno, esto último nadie en este país lo puede garantizar). El asunto es que en esas condiciones escribir un artículo llamando a votar sería extemporáneo y celebrar por adelantado sería muy riesgoso. ¿Sobre qué escribo entonces?. Si toco un tema no electoral, corro el riesgo de que nadie lo leerá por descontextualizado. ¿Qué pasará si no envío mi contribución al periódico?. Lo más seguro es que, después de 7 años ininterrumpidos publicando los lunes cada quince días en TalCual, nadie extrañará mi artículo. Esa es la buena o mala suerte de los articulistas desconocidos.

Pero cómo dice Chuito Marcano, el mascalacachimba de Marigüitar, ¿quién dijo miedo?. Dedicaré estas líneas a hacer un ejercicio de caracterización de las conductas postelectorales de ambos bandos después de conocidos los resultados. Pero no escribiré de euforias, sino de traumas producidos por un resultado adverso. Aclaro desde ya, que no lo haré sobre los abstencionistas “opositores”, ya que la verdad no sabría cuál es el resultado que los deprimiría. Para estos amigos la mayor alegría sería ver a la MUD derrotada, pero si contra sus apuestas la oposición gana las elecciones, se alegrarían si el gobierno destituye a los gobernadores opositores electos por no reconocer a la ANC. Pero vayamos a lo que vinimos.

Si el PSUV, contra todos los pronósticos y el sentido común, obtiene una victoria, esta sería la conducta de los opositores alineados a la MUD. Primera reacción: desconcierto, sorpresa, tristeza y arrechera. Segunda reacción: culpar al CNE por haber impedido las sustituciones, haber trasladado los centros electorales a horas del evento electoral, y por supuesto culpar a los abstencionistas por su ceguera política. Tercera reacción: culpar a Ramos Allup, Borges y hasta a Leopoldo López por su ingenuidad al ir a unas elecciones amañadas y trampeadas. Cuarta reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos. Si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Quinta reacción: Darse cuenta que la pelea es peleando, sacudirse la depresión y echarle bolas para lo que viene, no sin dejar de caerle encima y verle el hueso blanco a los líderes de oposición (esto último sería opcional).

Si es la MUD la que gana la mayoría de las gobernaciones, la reacción de los camaradas variará según su nivel de enchufamiento al poder. Los socialistas millonarios a costa del erario público son los que sufrirán el trauma más severo. Estar en las listas de sancionados y el peligro de perder la teta principal, seria agobiante para un ser humano que el único riesgo que ha asumido en la vida es no lavarse las manos después de contar como propio, el dinero ajeno. El solo pensar que tendrán que huir a Irán Cuba o Corea del Norte, los descompone. Luego están los funcionarios medios de las gobernaciones rojitas, que no han robado, sino que viven del sueldo y de las Bolsas CLAPS. Tendrán una depre distinta a los primeros. Ver derrumbarse un proyecto político que inexplicablemente apoyan de corazón, supondrá un duelo muy doloroso. Por último, están los líderes partidistas de esa tolda quienes tienen real y poder. Veamos sus posibles reacciones.

Primera reacción: La calentera con Tibisay porque las trampas y marramucias no funcionaron. Segunda reacción: La calentera con los dedocrátas del partido porque los lanzaron como candidatos a una derrota anunciada. Tercera reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos, si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Cuarta reacción: Reclamar al gobierno un puesto “donde haiga”, como pago por el sacrificio. Quinta reacción: Comenzar a declarar en los medios públicos que se adhieren a las filas del “chavismo disidente”, como medida precautelativa ante la debacle de las presidenciales de 2018. Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral.

lunes, 2 de octubre de 2017

¡A mí no me jode quien quiere!

¡A votar!

Cuando Chuito se ve en un trance similar al que viven los demócratas venezolanos ante estas elecciones, acostumbra a sentenciar: “Salgo pa´lante porque a mí no me jode quien quiere, sino quien puede”. ¡Vamos a Votar y defendamos nuestro voto!
Este gobierno (por supuesto sumando el de Chávez), nos ha tenido acostumbrados a la trampita, la ventaja, el abuso de poder, la mentira, el engaño, la simulación y la emboscada. Recuerdo que, en unas elecciones estudiantiles en la UCV, mientras los estudiantes opositores, que contaban con la simpatía de la mayoría, lanzaban la campaña electoral bajo el lema “100% ucevista”, los estudiantes oficialistas organizaban su campaña con el lema “100%”, con la clara y aviesa intención de confundir a algún estudiante despalomado que terminara votando por ellos, creyendo que lo hacía por los opositores.

En unas elecciones, ya no recuerdo si parlamentarias o presidenciales, los rojos sacaron una tarjeta con las siglas MUD y la consabida manito. Aunque no tengo las evidencias empíricas, de seguro confundieron a más de un venezolano, que asistió a esos comicios con la intención de darle una boloña de votos a la oposición y terminó dándole su voto a un partidito chavista creado en un laboratorio bajo la asesoría de expertos cubanos en contrainteligencia.

Recuerdo también las elecciones parlamentarias del año 2010 cuando Herman Escarrá, lanzó su candidatura “opositora” al Parlamento Andino, corriendo en un carril diferente al de la coalición de partidos que conformaban la unidad opositora. En ese entonces, logró dispersar los votos evitando que llegara Delsa Solorzano a ese parlamento regional. Hoy, desde la distancia y por las maromas políticas dadas por el atlético jurista, todos estamos convencidos que se trató de un ardid basado en la simulación para confundir a los electores.

Para las venideras elecciones de gobernadores no podíamos esperar algo diferente. Obligados por la presión interna e internacional se han visto en la desagradable tarea de organizarlas, pero por supuesto, sin ninguna intención de hacerlas transparentes, mucho menos limpias. Han echado mano de todos los obstáculos inimaginables, desde las inhabilitaciones por quítame esta pajita, hasta ponerle los ganchos a alcaldes que eran potenciales candidatos a gobernadores o hacer que se fueran al exilio, bajo la amenaza de encarcelarlos por no hacer lo que le correspondía al gobierno durante los meses de las protestas callejeras.

Ahora el truquito viene por la vía de no abrir el lapso para la sustitución de candidatos a las elecciones de gobernadores. El lector se preguntará dónde está la trampa. Pues, venga y le explico. Si el CNE niega la posibilidad de que los candidatos que perdieron en las primarias sean sustituidos por el candidato que obtuvo la mayoría, aunque hayan renunciado a su candidatura ante el CNE, permanecerán en el tarjetón electoral sus tarjetas y quien vote por ellas no votará por el ganador de las primarias. ¿Qué cómo se come eso? Demos un ejemplo. Si usted es votante del Zulia y vota por la tarjeta de Un Nuevo Tiempo creyendo que su voto se le suma a Guanipa, pues se cae de un coco, porque su voto será nulo ya que estaría votando por Eveling Trejo de Rosales quien renunció a su candidatura. Si reclama, el CNE le dirá: “ella renuncio y su partido no sustituyó su candidatura por la de Guanipa, por lo tanto, usted votó por alguien que no está compitiendo”. Al final se aplica aquel aforismo romano que reza, Jodienda consumatum est, o lo que es lo mismo decir que la joda se ha consumado.

Esta pretensión de inducirnos al error al momento de votar, hará que tengan más argumentos para llamar a la abstención los que han señalado de manera insistente que caeremos como unos venaítos por la trampa montada por el CNE. Pueda que no les falte razón, pero me niego a que sea suficiente para salir corriendo y no votar alegando que no juegan limpio, porque nunca lo han hecho y sin embargo hemos ganado contiendas como las del referendo de 2007 y las parlamentarias de 2015. Si bien Sun Tzu en el Arte de la Guerra recomienda que hay que escoger las peleas cuando las condiciones son favorables, en esta oportunidad me guiare más bien por lo que dice Chuito Marcano, un pescador de Marigüitar, parrandero y jugador de truco. Cuando Chuito se ve en un trance similar al que viven los demócratas venezolanos ante estas elecciones, acostumbra a sentenciar: “Salgo pa´lante porque a mí no me jode quien quiere, sino quien puede”. ¡Vamos a Votar y defendamos nuestro voto!

lunes, 4 de septiembre de 2017

En mi país, mear no es un delito

Mear en la calle

La analogía es pertinente. En Venezuela la revolución bolivariana no solamente ha roto las ventanas de la convivencia y la solidaridad que siempre nos caracterizó como pueblo, sino que no ha hecho nada por repararlas
Hace unos días apareció en las redes sociales una información que pasó desapercibida para la mayoría de los usuarios de esos medios de comunicación. Se trataba de un venezolano que fue capturado por las autoridades en el aeropuerto de Tucumán, en Buenos Aires, orinando en plena vía pública. Al parecer el paisano de marras no aguantó las ganas y procedió a dar media vuelta y con la destreza propia de quien lo hace con frecuencia, hizo la forma del túnel con su mano derecha, apuntó el meñique hacia el lado izquierdo y dio rienda suelta a un presuroso y potente chorro. Y así de lo más natural, no estaba ni siquiera pendiente si alguien lo estaba viendo.

La verdad nunca me enteré si estaba llegando a Argentina o regresando a su tierra natal. Lo cierto es que fue avistado por la guardia civil de ese transitado terminal aéreo, e inmediatamente detenido sin miramiento alguno. Especulando un poco, imagino que, en caso de estar llegando al país austral, nuestro pasajero incontinente fue el primer sorprendido ante tal aprehensión. “Usted no sabe con quién está hablando señor agente, ¿cómo es posible que en este país se violenten de tal manera los derechos humanos y no se permita que un cristiano desaloje la vejiga para evitar males mayores?”, supongo fue el alegato altanero de alguien acostumbrado a chapear en su país natal. Pero no me detendré sobre lo anecdótico de la noticia, más bien mi reflexión es sobre cómo ha cambiado nuestra manera de ser en tiempos de revolución “socialista”.

En los aciagos años de la tan vilipendiada IV República, orinar en la calle era una acción de borrachitos o de adolescentes amanecidos que, como diría el poeta Armando Manzanero, procuraban el momento más oscuro para desahogarse y poder continuar el camino a casa o al Bar más cercano. Pero eran otros tiempos. La revolución “Bonita” ha alterado la conducta del venezolano. Se podría explicar tal trastoque conductual a través de la Teoría de las Ventanas Rotas, es decir aquella Teoría que partiendo de un experimento diseñado por James Wilson y George Kelling: asume que, si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos.

La analogía es pertinente. En Venezuela la revolución bolivariana no solamente ha roto las ventanas de la convivencia y la solidaridad que siempre nos caracterizó como pueblo, sino que no ha hecho nada por repararlas. Por el contrario, ha estimulado las conductas vandálicas gracias a una política de impunidad que protege los desafueros de sectores sociales que considera sus aliados, porque ayudan a amedrentar a la mayoría que no comulga con sus extraños ideales de “redención social”. Como plantea esta Teoría, las conductas inmorales e incívicas se contagian hasta llegar a ser el modelaje de conducta dominante.

Afortunadamente todavía la mayoría de nuestros compatriotas se resisten a contagiarse de este tipo de conductas, pero cada vez son más los que terminan destrozando las pocas ventanas que quedan incólumes. Basta observar en nuestras calles ciertos procederes para percatarnos de ello. Ahora es totalmente natural ver a taxistas y motorizados parados en plena autopista orinando al aire libre. Inclusive lo hacen a pocos metros de las Alcabalas de policías sin que pase absolutamente nada. Pero esta conducta no es exclusiva de gente humilde o trabajadores del volante, también se observa con frecuencia a personas con costosos automóviles y atuendos de marca, hacer exactamente lo mismo a pleno día en vías públicas, sin el menor pudor o cuidado para no ser vistos. Esto indica que se está convirtiendo en una conducta “normal”, lo que en otros tiempos menos revolucionarios, era una conducta anómica y socialmente reprochable.

Así entonces, nuestro anónimo paisano, debe estar sufriendo un shock de adaptación en el país del tango. Tendrá que reaprender a usar los baños públicos, las papeleras, los ceniceros y todos aquellos instrumentos que facilitan mantener un ambiento físico limpio y un ambiente social de respeto y convivencia. Por lo pronto, muy poco le servirá el socorrido argumento que, en casos similares, algunos de nuestros paisanos esgrimen ante las autoridades en países extranjeros, a saber, “Señor Agente discúlpeme, pero en mi país mear no es un delito”.