lunes, 20 de febrero de 2017

Justicia al contado, no por cuotas

Tribunal Supremo

El doble propósito de los anuncios gubernamentales siempre fue, además de darnos una mala noticia, aprovechar y fastidiarnos la salida a la playa, la parrillada en casa del cuñado favorito o el casi obligado ratón producto de la celebración previa al “día libre”
Si construyésemos una cronología de la oportunidad que el gobierno escoge para dar malas noticias a los venezolanos, nos sorprendería. La cosa es tan cronométrica que no sé si por azar o por alguna intensión perversa, cada escándalo ha coincidido con una fecha importante para nuestro gentilicio. La última tocó el Día de los Enamorados, con la diferencia que esta vez la dieron los catires del odiado, pero no menos admirado, imperio mesmo. La noticia fue tan estremecedora que los sempiternos pájaros bravos y cazadores de güires, no terminaban de concretar la emboscada a la novia, esposa o querida, cuando se enteraron del bombazo de las sanciones contra el Vicepresidente Ejecutivo por estar supuestamente ligado al narcotráfico y al terrorismo internacional.

Esa noticia le enfrío el guarapo a más de uno a causa de las angustias que ocasiona el ver las barbas del vecino arder. La planificación de la sorpresa que se iba a dar a la enamorada de turno, no surtiría ningún efecto ante tamaña información. Esa noticia pasó a ser el plato fuerte del día. Todas las invitaciones y propuestas indecorosas o no, se fueron al traste. La velada se concentraría en el “¿qué ira a pasar ahora?” y en el recurrente “mira que lo sabía, eso se veía venir”. La gran pregunta, ¿porqué el Departamento del Tesoro de EUA escogió el Día de San Valentín para amargarle la vida a algunos altos funcionarios del gobierno venezolano?.

Creo que los gringos de ahora en adelante se empeñarán en fastidiar a los chavistas en nuestras fechas más significativas. No sé mucho de política internacional, pero parece una estrategia de apoyo a los venezolanos y de venganza contra el gobierno chavista. Para mí que les están dando de su propia medicina. Los de la CIA, FBI, NBA, MLB o como se llamen, saben de las muchas ocasiones en las que el gobierno nos desbarató un día festivopor tomar alguna medida impopular que nos quitaba la nota y el entusiasmo que generaba un día de descanso y esparcimiento. No exagero, solo recuerden que los anuncios sobre aumentos de precios, del IVA, de la Unidad Tributaria, la reducción del cupo CADIVI, el cierre de Radio Caracas Televisión, las devaluaciones del Bolívar, el apresamiento de Leopoldo López, la suspensión del referendo revocatorio, y otras minucias, nos las dieron en vísperas de algún puente, carnavales, semana santa, Día de la Madre, vacaciones de agosto, navidades y hasta fin de año. Como dice mi abuela, no tuvieron nunca paz con la miseria.

El doble propósito de los anuncios gubernamentales siempre fue, además de darnos una mala noticia, aprovechar y fastidiarnos la salida a la playa, la parrillada en casa del cuñado favorito o el casi obligado ratón producto de la celebración previa al “día libre”. Fue tal el ensañamiento para hacer ilusorio el derecho al esparcimiento del venezolano, que siempre me imaginé a los de la Sala Situacional golpeándose entre ellos las palmas de las manos en señal de victoria, cuando les llegaban reportes sobre episodios de depresión o de arrechera colectiva. Esa malévola conducta ha hecho que de un tiempo para acá el pueblo, al advertir la proximidad de una fecha festiva, se prepare psicológicamente para recibir el trancazo de alguna medida gubernamental que con toda seguridad lo desfavorecerá.

Así pues, estoy de acuerdo con que el imperio les aplique una ración de su propia salsa. El 04 de febrero, el 5 de marzo, el 27 de noviembre, el 8 de diciembre son algunas fechas propicias para que desde la tierra de Mickey y Donald se den anuncios de cancelación de visas y confiscación de bienes y cuentas bancarias, así como órdenes de captura por tráfico de drogas, violación de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y conchupancia con el terrorismo internacional. Eso se llama justicia por goteo, con el aditamento del efecto lotería pero al revés, o sea, los incursos en estos delitos ligarán que su numerito no salga sorteado. Sin embargo confieso que esta propuesta ha tenido sus detractores entre amistades y allegados. Pero tal oposición no es por lo cruel que pudiera ser, el problema es que supone una justicia por cuotas y el pueblo, harto de tantos desmanes y corrupción, clama por una justicia al contado.

lunes, 13 de febrero de 2017

La Comandante Camucha

Marchas oficialistas

No tengo idea de cuantas Camuchas seguirán entre nosotros. De vez en cuando la rememoro cuando observo a través de los medios a viejitas desdentadas, vestidas de miliciano y gritando desaforadamente loas a la revolución
Mi comadre Camucha Salazar siempre fue una chavista furibunda. Allá en su terruño carupanero destacaba entre sus coterráneos por su habitual atuendo rojo. Nunca se supo si se ponía todos los días la misma desteñida y rojiza franela o si tenía siete de ellas, una para cada día de la semana. Imposible de desprenderse de sus ocurrencias, cuando alguien la increpaba sobre su manera de vestir, respondía con un dejo de socióloga catedrática universitaria; “es propaganda subinguinal para combatir los mensajes metereológicos de la burguesía criolla y sus aliados del norte Busss, el negrito Osama Bin Laden y ahora el Pato Donald”. Dicen en el pueblo que cuando “regresó” Chávez de Cuba, se instaló en las afueras del Hospital Militar durante semanas para ser la primera en aplaudirlo cuando saliera por sus propios pies de ese sanatorio castrense. Después que sacaron el féretro, allí se quedo por varios  días más confiada en que todo era un ardid del Comandante.
 Podríamos escribir muchas líneas sobre la fidelidad a Chávez de la comandante Camucha, como le decían sus camaradas. Recuerdo que cuando asumió como suya la sentencia de Chávez sobre lo malo que era ser rico, lo primero que hizo fue dejar de comprar la lotería de animalitos, no vaya a ser que se ganara el primer premio. Siempre congruente con sus ideales dejó de participar en el San que organizaban las vecinas. Todos nos enteramos de la carta que escribió a sus hermanos que viven en Margarita y Marigüitar, para que no la mencionaran en sus testamentos. Les indicaba en esa misiva que si morían primero debían donar los peñeros a la revolución, ya que ella nada necesitaba. Si acaso le querían dejar algo, sugería que le apartaran el busto de Chávez que tenía Chuíto allá en el ranchón de Juan Griego y la foto que Güicho se tomó con Chávez cuando fue a inaugurar una Pila de agua en uno de los Barrios de la costa sucrense. Cuando algún jodedor le señalaba que la familia Chávez eran potentados en Barinas, Camucha reaccionaba afirmando que eso era una venganza de Hugo Rafael por haberlo prácticamente regalado a su abuela Rosa Inés. Ahora los Chávez debían vivir el sufrimiento de ser ricos. Así era Camucha.
 Nunca olvidaré cuando en el bautizo de mi ahijada repartió como recuerditos unos escapularios con una foto de Chávez vestido de médico (ella decía que de José Gregorio Hernández) y en vez del tradicional pabellón, ofreció a los invitados unos platos de sardinas con ñame porque “eso era lo que comían los pobres” y ella no iba a ser menos pobre que nadie. Siempre me llamó la atención que en ese ágape, en vez de guarapita se brindará con Whisky 18 años. Luego me explicó que era un contrabando decomisado por la Guardia y que su otro compadre, el Sargento “Cherere” (nunca me dijo el nombre), tuvo la gentileza de donárselo como “Bienes expropiados a la oligarquía carupanera”, y bajo esas circunstancias con muchísimo gusto los aceptaba.
 Ya Camucha no está con nosotros, según sus propias palabras partiría a acompañar al Comandante Eterno para ayudarlo a adelantar el proceso allá en el cielo. No puedo asegurar que así lo haya dicho porque no estuve allí, pero conociéndola como la conocí, no me extrañaría que hayan sido sus últimas palabras antes de sucumbir a la terrible enfermedad que padeció, gracias a Dios, por breve tiempo. Me dicen que a su entierro solo asistieron sus vecinos y ningún dirigente de la revolución. A nadie le extrañó.
 No tengo idea de cuantas Camuchas seguirán entre nosotros. De vez en cuando la rememoro cuando observo a través de los medios a viejitas desdentadas, vestidas de miliciano y gritando desaforadamente loas a la revolución. También su imagen me viene a la mente cuando veo a ancianitas en las marchas organizadas por el gobierno, recargadas ridículamente con motivos alusivos a Chávez y al PSUV. Sin embargo, pienso que cada vez son menos. Las que quedan han pasado a ser curiosidades que inspiran más lástima que burla, sobre todo porque conocemos el estilo dispendioso y de grosero lujo en el que viven los que las inducen a vestir de esa manera. Camucha también creyó ingenuamente en ellos. Adiós comadre, descanse en paz.

lunes, 23 de enero de 2017

Antropología del venezolano del socialismo del siglo XXI

Mercal

Este nuevo estilo de gobernar ha permeado el comportamiento de muchos venezolanos. Son cada vez más quienes, gracias a ese modelaje, se han convertido en personas mal encaradas, guapetonas
La antropología cultural es una disciplina que ha servido para conocer de manera sistemática las costumbres e idiosincrasia de los pueblos. No soy muy ducho en el área, pero como curioso de nacimiento he hecho intentos por comprender la cotidianidad del venezolano en los últimos años.
Desde mi mirada poco experta he encontrado señales que indican que nuestra manera de ser como sociedad ha adquirido variados matices y características particulares según sean los modos y formas que irradian los sectores que circunstancialmente han ejercido el poder gracias al voto de las mayorías. Estaba muy pequeño pero recuerdo que en tiempos de la naciente democracia, fueron los adecos quienes impusieron una forma de comportamiento que fue rápidamente modelada por buena parte de la población. Si bien no tengo elementos para esbozar una “Teoría del Reflejo”, si pareciera haber pistas que informan sobre cierto modelaje irradiado desde el poder.

Con los adecos de los 60 se impuso el meneíto del whisky con el dedo índice, los festejos de bodas y quince años con la Billo’s y Los Melódicos en el Circulo Militar, jugar Bolas Criollas con el smoking puesto y los tequeños, chagüis y bolitas de carne como pasapalos obligados. Durante la Gran Venezuela con el primer gobierno del Pérez, las costumbres cambiaron un poco. La clase media seguía celebrando con Billo’s, pero el Círculo Militar ya no era el lugar preferido de encuentro. Ahora era El Tamanaco, el Macuto Sheraton o algún Club de Campo de esos que proliferaron gracias al alza de los precios petroleros. Las damas caraqueñas cambiaron el Mercado de El Cementerio por Miami o Nueva York y un motorhome había que adquirir para evitar ser tratado como un zoquete recién llegado.

Con los copeyanos el meneíto no fue muy diferente hasta que llegó el viernes negro. Sin embargo una cosa fue la época de la primera presidencia de Caldera y otra con la de Herrera Campíns. En su primera presidencia Caldera impuso la sobriedad en el poder. Fue la época de la convivencia con la izquierda gracias a la pacificación. El venezolano se preocupó más por las formas que por el relajito campechano de los adecos.

El prototipo de un gobernante culto, siempre encorbatado y seriecito, hizo ver que tenía sentido ir a la universidad y graduarse. Venezuela vio a Caldera dando un discurso en la ONU, no recuerdo si fue en inglés, y eso hizo que nuestra percepción como país en desarrollo se ubicara en otro nivel. En las casas se hablaba más de estudiar que de ir al Partido a ver si “te tiraban alguito”. Luís Herrera, por el contrario le dio algo de continuidad a la imagen populachera de Pérez. Impuso los refranes y el traje Safari. Adoptamos el refranero venezolano como un arma de defensa ante la adversidad, por supuesto, combinado con el chiste oportuno, infaltable desde los tiempos del General Páez.

Los gobiernos de Lusinchi, Caldera II y Pérez II hicieron cambiar al venezolano. Ese bonachón, solidario, trabajador y amigo de los amigos, se transformó de repente. La voracidad de la corrupción, el enriquecimiento rápido y sin causa, la ley del menor esfuerzo con la máxima ganancia y el “ponme donde haiga” que caracterizó a los colaboradores, impregnó la forma de ser del venezolano. El estudio y el trabajo dejaron de ser percibidos como los naturales mecanismos para lograr la superación personal y colectiva. Se torció el camino y todos nos dimos cuenta.

Cuando se presentó la ocasión la gente apostó por un militar que propuso volver al redil de la Venezuela honesta y bonachona. El discurso que prometía  eliminar a las “cúpulas podridas” de los partidos hizo sucumbir a más de uno. Un montón de gente le regaló el voto con la ilusión de volver a un pasado  que extrañaba. 

Con Chávez en el poder, para desengaño de muchos compatriotas las cosas siguieron de mal en peor. Desde muy temprano entrenó al país en el arte de la mendicidad y el del halago al líder a cambio de una bequita o “una ayudita pa’ los pobres”. Con un barril a 100 dólares regaló pescado y no enseño a pescar a nadie. Mareaba con un discurso redentor, simpaticón y llano, pero paralelamente abusaba, para provecho propio y de sus adláteres, del poder y la riqueza petrolera de todos los venezolanos.

Mientras la gente se empobrecía aceleradamente, sus colaboradores andaban en gigantescas Hummer de 250.000 dólares, seguidos por un batallón de escoltas. Los pobres quisieron participar del festín, pero solo les llegaba lo que rebozaba de las manos llenas de los nuevos aristócratas. Se fue instalando la cultura del “aquí es”, grito no siempre escuchado por los conductores de la carroza del Estado. 

Con Maduro esta demostración de poder y riqueza se ha elevado a su máxima expresión, con el agregado de exhibir una patanería propia de quienes se creen serán eternos en el ejercicio del poder. La majestuosidad presidencial con su dosis de prudencia y respeto quedó en nuestro pasado remoto, así como la bohonomía que siempre nos caracterizó como pueblo. Ahora el modelo que se irradia desde la más alta magistratura está asociado a  la ofensa al adversario, la mentira como recurso político, la amenaza permanente, el uso abusivo del poder, la bravuconería y el desprecio a la inteligencia.

Este nuevo estilo de gobernar ha permeado el comportamiento de muchos venezolanos. Son cada vez más  quienes, gracias a ese modelaje, se han convertido en personas mal encaradas, guapetonas, respondones, que se orinan en la calle a la vista de todos, que roban a los heridos en vez de auxiliarlos, que arrebatan carteras a viejitas más pobres que ellos, que ostentan armas por las redes sociales, que insultan a los ancianos, que no ceden su puesto en el autobús y que ignoran las leyes como sus gobernantes lo hacen. Mi tesis es que el socialismo del siglo XXI está cambiando para mal, la forma de ser del venezolano.

lunes, 9 de enero de 2017

Las predicciones de Bonifacia para 2017

astrología

Los presos escapados en 2016 solicitarán a Amnistía Internacional que interceda ante el gobierno para que los regresen a sus calabozos
Su fama traspasó la frontera. Se ha convertido en una Bruja 2.0. Por correo electrónico y Skype consulta a famosos personajes de la política, la farándula y gente común de los 4 continentes. Es capaz de leer el tabaco, el cipo, el Tarot y hasta las líneas de la mano a cambio de un pago por transferencia en dólares a su cuenta en Miami. Posee página Web e Instagram y su cuenta en twitter ya rebasa los 160 mil seguidores. Bonifacia, La Bruja de Casalta, saltó a la palestra pública en enero de 2016, cuando sus predicciones para ese año generaron polémica por temerarias y antilógicas. El tiempo le dio la razón lo que trajo como consecuencia que hoy día su clientela haya aumentado al mismo ritmo que el valor del dólar paralelo.   

Bonifacia comenzó en el mundo de brujería desde muy temprana edad. Su consultorio en Casalta ha sido visitado tanto por personajes de la alta sociedad, políticos insignes, gente de la farándula, así como por humildes coterráneos que han visto en ella parte de la solución a sus problemas. Bonifacia fue la única clarividente que vaticinó que en el 2016, el Comandante Fidel Castro, ahora sí y de verdaíta, iba a batuquear la gorra contra el suelo. Nadie le creyó. Todos los pitonisos conocidos se habían equivocado año a año por lo menos desde 2010 y ninguno se atrevió a pronosticar ese fallecimiento. El temor a hacer el ridículo nuevamente era más que suficiente para no arriesgarse. Bonifacia lo hizo y atinó contra todos los pronósticos. Otra de sus predicciones fue aquella que señaló que “El Pelucón” ganaría la Presidencia. Todo el mundo asumió que estaba chiflada por tanto fumar tabaco. Lo que estaba en el tapete era el revocatorio y no unas presidenciales, así que era imposible tal pronóstico. Pero Bonifacia atinó ya que se refería al pelucón  Trump y no al de aquí.

Hoy Bonifacia revela sus predicciones para 2017, no sin antes comunicar a su distinguida clientela que muy pronto abrirá franquicias de su Consultorio Health and Wealth with Bonifacia (Salud y Riqueza con Bonifacia), en Ciudad de Panamá, Miami (Weston específicamente), Quito, Ciudad de México, Santiago de Chile, Buenos Aires y Cúcuta. Donde quiera que esté un venezolano pasando roncha allí estará Bonifacia para ayudar a recuperar la pareja, conseguir trabajo aún siendo inmigrante ilegal, combatir el mal de ojo, curar la culebrilla, espantar la pava siríaca y ganar la lotería. Muy pronto abrirá oficinas en Europa, Asia y Oceanía. Más de un millón de compatriotas que salieron espantados del chavismomadurismo, piden a gritos su presencia esperanzadora. Bueno, basta de promoción y entremos en materia. En rueda de prensa recientemente transmitida por un canal de Yo Tube, Bonifacia predijo que para el 2017 en Venezuela no habrá ni basura que comer porque no se conseguirán desperdicios.

El gobierno revolucionario batirá todos los records impuestos en 2016 en materia de corrupción, impunidad, nepotismo, inflación y asesinatos. Alto funcionario gubernamental saldrá del closet y revelará que se le moja la canoa aun estando el río seco. Todos en el gobierno dirán: “siempre lo sospeché camarada”. Una líder de la oposición mantendrá un tórrido romance con un reconocido líder de la MUD, esta relación durará hasta cuando la esposa de éste se entere. La impopularidad del gobierno subirá de un 80% a un 95%. El 5% restante está representado por los enchufados objeto de la impopularidad. Un gordito que gusta del lacito y de la buena mesa, que se pasó para el gobierno después de llamar al pueblo a rebelarse contra Chávez, intentará regresar alegando que los babalaos de Miraflores le habían echado una brujería.  Luego de una breve pausa para promocionar el Spa para baños despojadores que recientemente inauguró en Guarenas, Bonifacia continuó con sus predicciones. En Colombia harán el remake de Betty La Fea, cambiando el nombre por el de una alta funcionaria venezolana.

Los presos escapados en 2016 solicitarán a Amnistía Internacional que interceda ante el gobierno para que los regresen a sus calabozos, la razón que esgrimen es que “la vaina en la calle está muy peligrosa”. El Gobierno recibirá reconocimiento por parte de Raúl Castro, Kim Jong-un y Mugabe por la implementación de la metodología PA’CA-PA’LLÁ para el nombramiento de ministros: “Tu que estabas allá ahora vas PA’CA y tú que estabas acá, ahora vas PA’LLÁ”. Culminó la rueda de prensa afirmando que el pueblo venezolano se dejará de vainas, saldrá a la calle y no habrá quien lo contenga. Un acucioso periodista preguntó a la afamada Bruja sobre las consecuencias de esta rebelión, Bonifacia muy profesionalmente respondió: “ese pronóstico, me lo reservo”. ¡Feliz 2017!.      

lunes, 26 de diciembre de 2016

Las 12 uvas

Contra el imperialismo-Chavista en EEUU

Las consignas contra el imperialismo norteamericano se siguen vociferando, es cierto, pero eso sí, en privado y en voz baja. Con propiedades en Orlando y con cuentas en dólares en el extranjero, ciertas condiciones aplican para ejercer la lucha “por los pobres del mundo”
Recuerdo que previo a los días de asueto navideño y de fin de año, los camaradas más radicales de la ultraizquierda universitaria después de hacer su respectivo “Trabajo de Barrio”, se instalaban en los bares cercanos a la Universidad Central de Venezuela a tomarse las cervecitas y planificar el viaje al terruño para celebrar con la familia las fiestas decembrinas. En esas tertulias despotricaban de las fiestas capitalistas y su consumismo desenfrenado. Cerrado el Comedor de la UCV, no había otra opción, la revolución se iba de asueto. Ya en su tierra, olvidaban los pregones comunistas y disfrutaban de la parranda con sus vecinos adecos y copeyanos. Eran los días de la Venezuela en la que un abrazo de año nuevo con el “faltan 5 pa’ las 12“, como música de fondo, reconciliaba a los más enconados adversarios de la política venezolana.

Buena parte de esos muchachos humildes, contestatarios y llenos de ideales de los 70 y 80, hoy en día son los flamantes “doctores” graduados en las mejores universidades del mundo gracias a ese invento cuartorepublicano y burgués, llamado Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho. Qué ironía, el odiado puntofijismo les dio la oportunidad de educarse y la revolución chavista la de convertirse en oligarcas sin pedigre. Ya no recuerdan que sobrevivieron gracias a la bequita de 600 bolívares mensuales que le asignaba la universidad, al siempre efectivo “martillo” solidario que les garantizaba los 2 bolívares del almuerzo y al pedazo de cartulina que servía de “pasaje estudiantil” para lograr un aventón a Caricuao, El Valle, Los Teques, o donde estuviere la residencia o pensión que pagaban los padres a duras penas.

Consignas como “las calles son del pueblo, no de la policía”, “este gobierno es hambre, miseria y represión” o “liberen a los presos políticos”, pasaron al total olvido. Hoy aplauden cuando la policía arremete contra la gente por el solo hecho de pedir comida y medicinas, cantan vítores cuando alguien como Franklin Brito se inmola en una lucha desigual contra un gobierno arrogante y abusivo, o justifican la existencia de presos de conciencia esgrimiendo ese pueril argumento que reza “aquel que obra contra la revolución es traidor a la Patria”. Las consignas contra el imperialismo norteamericano se siguen vociferando, es cierto, pero eso sí, en privado y en voz baja. Con propiedades en Orlando y con cuentas en dólares en el extranjero, ciertas condiciones aplican para ejercer la lucha “por los pobres del mundo”.

Para este fin de año, al igual que sucedió en las navidades, la mesa estará servida de manera desigual. Los enchufados y antiguos adalides de las luchas del pueblo cenarán opíparamente con productos importados y bebiendo el mejor whisky escocés, mientras otros, la inmensa mayoría, cenarán lo que consigan después de largas y agotadoras colas. Más sin embargo, allí no estará la principal diferencia. Estará al comer las tradicionales 12 uvas al escuchar las tradicionales campanadas por Radio Continente. Los antiguos revolucionarios que juraron dar su vida por lograr una mejor sociedad, las comerán deseando con mucha fuerza y nerviosismo que para el 2017 no caiga el gobierno, porque perderán sus riquezas y quizás hasta mucho más. El resto de los venezolanos, las comerá con la esperanza de que el próximo año Venezuela se enrumbará hacia un camino distinto, donde impere la democracia, la justicia y la libertad. ¡Feliz año nuevo Venezuela!.

lunes, 12 de diciembre de 2016

¡Perdona Gabo, no es un plagio, es Venezuela!

Maduro y el pajarito

Si Gabriel García Márquez estuviera vivo, hace rato nos hubiera demandado por plagio ante tribunales imparciales (internacionales, por supuesto). Habría sido todo un espectáculo ver a un Juez evaluando las primeras páginas de los periódicos nacionales, consignadas por los abogados del Nobel de Literatura, como evidencia incontrovertible de plagio.

En Venezuela perdimos la capacidad de asombro. Todos estamos curados de espantos y ya nada nos descoloca. Cuando parecía que lo habíamos visto todo, nos levantamos con una noticia tan o más inverosímil que la de la noche anterior. Si Gabriel García Márquez estuviera vivo, hace rato nos hubiera demandado por plagio ante tribunales imparciales (internacionales, por supuesto). Habría sido todo un espectáculo ver a un Juez evaluando las primeras páginas de los periódicos nacionales, consignadas por los abogados del Nobel de Literatura, como evidencia incontrovertible de plagio. Seguramente al final del día este Juez entonaría para sus adentros ese famoso estribillo que hace recordar a Macondo, “epopeya de un pueblo olvidado, forjado en cien años de amores e historia”.

Aclaremos, no solo hablamos de los saintees de llamado socialismo del siglo XXI. En la IV no era que la vida transcurría normalmente. Por el contrario, cada cierto tiempo los venezolanos fuimos testigos de acontecimientos surrealistas que parecía sacados de un guión de Quentin Tarantino. Recuerdo el caso de aquél famoso “Jeque árabe” que estafó a media aristocracia caraqueña con la falsa promesa de asegurar jugosos contratos con ficticias empresas de “su propiedad”. En los archivos de los principales diarios del país se pueden encontrar las crónicas sociales con las innumerables fotos del avivato estafador con lo más granado del jet set capitalino. También es inolvidable aquél episodio en el que un eximio y muy querido Presidente (Ramón J. Velásquez para más señas), liberó a uno de los capos del narcotráfico más buscado de la época. El honesto y campechano mandatario firmó el indulto bajo engaño, debido a que su secretaria lo había colado entre el cúmulo de papeles que diariamente firmaba. Cómo podrá observar amigo lector, no solo en Colombia las mariposas amarillas persiguen a Mauricio Babilonia. 

La diferencia con la IV es que en revolución las cosas más insólitas se asumen como cultura alternativa, es decir, hay que tragárselas. Han pasado cosas tan inverosímiles que para un interlocutor serio costaría mucho asumirlas como ciertas. Cómo hacer entender a un circunspecto caballero inglés que nuestro Presidente habla con muertos transmutados en pájaros. Cómo explicar que mientras miles mueren de hambre, falta de medicinas o en manos del hampa, nuestro máximo representante internacional baila el trencito en Palacio en vez de estar devanándose los sesos para sacar al país en el atolladero en que lo metió. Cómo explicar que en Venezuela secuestran a un Tigre perteneciente a un circo y piden rescate por él. Cómo hacer entender a una persona con cinco dedos de frente que quien dirige el máximo organismo de justicia del país es un ex convicto o que los sobrinos de la pareja presidencial hayan confesado que para sus tropelías de narcotráfico utilizaban recursos del Estado y el gobierno voltea a un lado haciéndose el musiú.

Vivir en el socialismo bolivariano supone desarrollar algunas competencias que solo tienen utilidad en Venezuela y quizás en Macondo. Cuando salimos al exterior por una temporada larga, nos colocamos en modo “adaptación express” para evitar las secuelas que deja vivir en países donde la noticia de la semana es la pérdida del gatito de la vecina. Imaginemos a un paisano caminando por las calles de Delft en Holanda con las antenas activadas contra los atracadores y que nunca le pase absolutamente nada. Eso es un desgaste evidente. O peor, tener que detenerse en un cruce peatonal en Finlandia sin poder lanzarse a esquivar los carros porque va preso. Eso no lo aguanta nadie. Estas circunstancias tienen que afectar a quien ha sobrevivido de sobresalto en sobresalto y de funeraria en funeraria despidiendo a  amigos que no lograron cumplir su ciclo natural de vida.  Si Hitler auguraba un Reich de mil años, en Venezuela de seguir como vamos, auguramos cien años, pero de soledad, porque ya no está quedando nadie. Los que no morirán de hambre, de enfermedades curables o a manos del hampa, se habrán ido. Los que quedemos cantaremos “epopeya de un pueblo olvidado, forjado en cien años de amores e historia”.

¿Ahorro o corriente?

Venezuela

El socialismo del siglo XXI nos ha convertido en una suerte de MacGyver colectivo. Aquí la gente se inventa una para alimentarse, mantenerse sano o simplemente amanecer vivo al día siguiente
No me canso de repetir que el socialismo potencia la creatividad como mecanismo de sobrevivencia. Mientras que en el capitalismo el ser humano despliega parte de su esfuerzo en la búsqueda de confort y bienestar; en el socialismo toda la actividad humana está dirigida a sobrevivir en condiciones de extrema precariedad. La idea, de acuerdo a los exegetas del marxismo europeo y tropical, es formar generaciones curtidas en la eterna batalla contra el imperio, capaces de afrontar guerras económicas y amenazas de invasiones nunca concretadas. “Así se Templó el Acero” es el título que se me ocurre, mejor ejemplifica ese largometraje en blanco y negro y sin final feliz que es el socialismo.

El contraste es la mejor prueba de la afirmación anterior. Una familia clase media en EUA tiene como norte de vida poseer mínimo un automóvil, una casa, una nevera, una cocina, una lavadora, un televisor a colores, una suscripción por cable, una cortadora de césped, un teléfono celular, un trabajo estable y un hijo en la universidad. Lo demás viene por añadidura y esfuerzo: un viaje de vacaciones al año, una caña de pescar y una aspiradora. En el socialismo la cosa es más exigente. La aspiración de una familia es tener un amigo en la nomenclatura que te ponga “donde haiga”, hacerse panita de un dependiente de supermercado que te indique cuando llegue el aceite y el arroz y, sobre todo, tener mucha FE, léase Familia en el Exterior que mande dólares de vez en cuando.

Recuerdo que en uno de mis viajes a Cuba presencie esos destellos de ingenio ante la adversidad. Impagable observar como unos ingenieros mecánicos de profesión y taxistas por necesidad, se dedicaron a instalar antenas parabólicas utilizando las tazas que adornan los rines de los automóviles. A esos artefactos les soldaban en el centro un cucharon sopero apuntando hacia el cielo; al final el canal HBO se veía cochicorneto pero se veía. Lo mismo sucedía con aquella pareja habanera, ambos médicos, que se redondeaban el sueldo ofreciendo en alquiler y a domicilio la lavadora adquirida a cambio de un vestido de novia sin estrenar, que obtuvieron de manos de una prima que no llegó a usarlo porque se fugó en balsa a Miami en vísperas de la boda. Así es la vida en socialismo, hay que agudizar la sesera para sobrevivir.

El caso venezolano no es muy diferente. El socialismo del siglo XXI nos ha convertido en una suerte de MacGyver colectivo. Aquí la gente se inventa una para alimentarse, mantenerse sano o simplemente amanecer vivo al día siguiente. Pero no solo se ha incentivado la creatividad en la gente de bien, también los delincuentes han hecho alarde de su inventiva. Me he enterado que la última moda para asaltar en las busetas no es esgrimiendo la tradición al pistola y amenazado con “quebrar” al renuente que no quiera entregar la quincenita. El nuevo mudus operandi pasó a otros niveles. Ahora el caco obliga a los pasajeros a introducir su Tarjeta de Débito en un punto de venta que lleva consigo en su mochila y procede a rasparle la pensión recién depositada. Amigo lector cuando usted esté en un transporte público y escuche que en el asiento de atrás alguien pregunta “¿ahorro o corriente?”, póngase las pilas y grítele al chofer para que lo deje en la próxima parada. ¡Patria o Muerte, Venceremos!.