lunes, 27 de junio de 2016

Montando ollas no hay quien les gane

exmagistrado Aponte Aponte

No me ocupare de las malandrerías recientes para obstaculizar y hacer imposible el proceso de validación de firmas. Total, Venezuela ya no se sorprende por tanta bellaquería, abuso, burla y desconocimiento de la voluntad de ese pueblo al que tanto mientan para justificarse en el poder. El descaro del CNE es tan groseramente escandaloso que cuando uno le cuenta a amistades en el exterior, no hacen otra cosa que mofarse por ser dizque “exagerado, radical, ofuscado, intolerante y malcriado”. Si el interlocutor no es tan amigo, la calificación es de “oposicionista enfermizo”. Ante tanta duda sobre mis denuncias, no me ha quedado otra que responderles como dicen los maracuchos “veníte y viví con él, pa’ que veaís”. 

Ahora me ha dado por hacer memoria y recordar los episodios que han desnudado al gobierno revolucionario y humanista como un mentiroso, farsante, tramposo, truculento, tahúr y experto en construir acusaciones contra venezolanos honestos con pruebas falsas y la complicidad de los llamados a impartir justicia en el país. Han sido muchas las situaciones en las que se ha encarcelado a ciudadanos con supuestas evidencias, que luego con el tiempo se descubren como fabricadas, bien por la confesión de quienes participaron en el montaje o por pruebas incontrastables de su falsedad. Sin embargo, el Gobierno que salvará a la humanidad, haciendo caso omiso al descubrimiento de sus vagabunderías, ha mantenido tras las rejas a las víctimas de sus montajes. Aunque siempre hay una excepción. 

En el 2004 detuvieron a Carlos Melo, para ese entonces dirigente opositor. Resulta que lo “pescan” en una Bomba de Gasolina en El Rosal con un arsenal de fusiles FAL como para armar un ejército. Al momento quedé sorprendido. Asumí que Melo estaba decidido a organizar la resistencia guerrillera al régimen de Chávez. Conociendo su trayectoria de irreverente consumado, me lo creí. Pero resulta que fue liberado a los pocos días sin juicio alguno. Por supuesto la mentira se cayó por sí sola. Tenían al hombre, tenían las armas, tenían el motivo, pero los muy torpes no pudieron “probar” la vinculación de las tres cosas. Imagino que como el régimen estaba comenzando no tenían la destreza que tienen ahora para montar parapetos incriminatorios. 

La chapucería más escandalosa fue con el “Testigo Estrella” del caso Danilo Anderson, Giovanny Vásquez, el “psiquiatra” de los “ojos sinceros” como solía decir el poeta de la revolución y exFiscal  Isaías Rodríguez. Con la declaración de este “testigo” el Gobierno encarceló a media humanidad y obligó al exilio a otro tanto. Desde el primer momento se le veían las costuras. Ese señor tenía el don de la ubicuidad, al mismo tiempo que escuchaba la planificación del asesinato de Anderson en las tupidas selvas del Darién en Panamá, participaba en una fiesta en un lujoso hotel de Caracas donde se hacían los pagos a los sicarios. Al final se descubrió que era una inmensa coba, pero allí siguen los presos y los exilados. 

La lista es imposible detallarla. El caso de los Paracachitos es emblemático por lo poco convincente. Nadie se creyó que unos carajitos campesinos que venían de Pamplona desarmados y desorientados, iban a tomar por asalto a Miraflores y asesinar al Presidente. La historia era tan fantástica que terminaron despachándolos a su tierra natal con lunchera y todo. Pero las ollas se montan desde los niveles más altos.

El ex -Juez Aponte Aponte decía en una entrevista desde Miami al referirse a quien le daba las órdenes para joder opositores, “de Luisa Estella Morales (Presidenta del TSJ) recibí infinidad de llamadas sobre casos en curso para que buscara jueces idóneos y manipular más de un caso”. Sobre la acusación al Comisario Mazuco  por ser supuesto autor intelectual de un homicidio manifestó; “ese caso fue más o menos  así, buscaron un preso, lo encapucharon y lo pusieron como testigo para que dijeran que este señor le dijo que mataran a otro”. 

La empresa Apple determinó que los supuestos correos electrónicos esgrimidos por Jorge Rodríguez para acusar por conspiración a Pedro María Burelli, eran falsos. Sin embargo, el Gobierno sigue acusándolo de golpista sustentado en los mismos correos. Ni hablar del caso Leopoldo López. Ni el juicio les salió bien, su testigo estrella les tiró la cabra pa’l monte y ni bolas le pararon, mucho menos al fiscal arrepentido y autoexilado. Todavía Leopoldo sigue preso. Situaciones como las descritas han sido posibles porque se han prestado funcionarios, fiscales, jueces, policías y ciudadanos inescrupulosos que han actuado, bien como protagonistas o actores de reparto. Definitivamente, al gobierno del socialismo del Siglo XXI, montando ollas, no hay quien le gane.

lunes, 13 de junio de 2016

Cambio peine sacapiojos por harina de maíz

Escasez

El destino nos alcanzó. La revolución humanista, bolivariana, participativa, protagónica, salvadora de la especie humana y de los osos frontinos hizo que pasaremos del modo incrédulo (no vale, no creo) al modo premonitorio (yo sabía que esta vaina venía, siempre lo supe), sin pasar por Go, ni cobrando los 200 de Ley. De la noche a la mañana nos vimos pagando el kilo de carne al mismo precio con el que una semana antes pagábamos unas cervecitas con los panas, y quedaba para llevarle una arepa con reina pepeada a la propia. Ahora no hay que comprar, y si algo se encuentra, no hay con que pagar. Hasta nuestro vocabulario cambió. Ya la gente no se refiere a su sueldo como “la quincena”, sino como “la miseria esa que gano”.

Chávez nos lo advirtió en su momento y no le paramos ni media bola. Vaticinó que íbamos rumbo al trueque como forma de intercambio. Recuerdo que en un Aló Presidente de junio de 2006, el para entonces Presidente (el título de Galáctico lo obtendría después), planteó que un agricultor de Barlovento podía intercambiar plátanos por cachamas con un pescador del estado Bolívar. Hoy, exactamente 10 años después, se cumple su deseo. El trueque pasó a suplantar las relaciones comerciales capitalistas. Ya ni se compra ni se vende como decía aquel pasodoble que popularizó Billo.  Se impuso la permuta como contrato sinalagmático, translativo de dominio, oneroso, commutativo, instantáneo o de tracto sucesivo, según la voluntad de las partes, y por lo tanto consensual. Tal como dirían los abogados, alumnos de ese portento y pesado del Derecho nacional, de cuyo nombre no me quiero acordar. 

Ya es usual que en la oficina la del Departamento de Contabilidad cambie café por aceite con la ascensorista; o que el Jefe de Personal se trance por dos jabones de olor y una pasta dental a cambio de un paquete de arroz y una cajita de Eutirox vencida. Ayer observé un trueque generacional, Maurita la de Atención al Cliente, intercambio con Raquel, la de Archivo, un paquete de pañales para bebe por uno similar, pero para adultos. Una criaturita recién llegada a este mundo se vio beneficiada al igual que una ancianita que ya tiene acomodados sus macundales para irse.  Pero se han visto cosas más pintorescas.

Lean este caso y me darán la razón. Mi vecina Eulalia tiene una nieta que cumple en un mes sus 15 añitos, en la cuadra de arriba vive mi comadre Camucha a la que un bajón de luz le quemo el radiecito con el que escuchaba todas las tardes a Los Cabilleros Daniel Lara y Nehomar Hernández, por mi parte tengo el carro parado por falta de un caucho rin 14 que no consigo ni para remedio. Bueno, resulta que mi vecina Eulalia se enteró de las penurias que estamos pasando Camucha y yo por la falta del caucho y del radio y procedió, cual Donald Trump criolla, a diseñar una triangulación de negocios a través del Trueque que ni les cuento.

No sé de dónde Eulalia consiguió un caucho usado pero en buenas condiciones, tenía la medida del que necesitaba para el carro. Me lo ofreció a cambio del radio Phillips que, no sé cómo se enteró, tenía guardado desde la última mudanza en una caja en el maletero. No le importaba lo viejo sino que funcionara. Al comprobar que estaba en buenas condiciones, procedimos al intercambio. Luego fue donde mi comadre Camucha a ofrecerle el transistor por el vestidito que había usado su sobrina el año pasado en el matrimonio de la hermana. Con el vestido en la mano fue donde la costurera a ofrecerle una lectura de cartas del Tarot por un arreglo a la medida. Al final, yo tenía el caucho que necesitaba, Camucha su radio, la costurera su futuro adivinado y la nieta de Eulalia su vestido para los 15. La vaina funciona. Es por esa razón que ofrezco peine para piojos con poco uso por un paquete de harina de maíz precocida.

lunes, 30 de mayo de 2016

Oliver

Oliver Sánchez

Lo que no sabía Oliver, quizás por su corta edad, es que su petitorio no iba a ser escuchado. Que los dólares que hacían falta para salvarle la vida fueron gastados en un ejercicio militar inútil por chambón y carnavalesco
Hoy pensaba escribir sobre otra cosa. En esta Venezuela revolucionaria, hay más temas que arroz. Contamos con un gobierno que hace que sea imposible que el síndrome de la página en blanco afecte hasta a un columnista como el que esto escribe. Y dejo constancia que me cuesta una y parte de la otra inventarme el tema para el artículo que he de mandar al periódico cada quince días.
Muchas veces me ha pasado que llegado el día 14, no tengo ni la más remota idea sobre qué cosa escribir. Pero cuando ya estoy a punto de resignarme y ceder mi espacio a algunos de esos columnistas espontáneos o cazadores de güire, ¡zúas!, el gobierno mete la pata por algún lado y me salva el día. Al final, Habemus Artículus gracias a las torpezas, payasadas, dislates, incongruencias, disparates, incoherencias, abusos, errores y truculencias a los que nos tiene acostumbrado la revolución bonita.
Para esta semana había pensado en tres temas. Uno de ellos tiene que ver con las desnudeces de las rectoras del CNE. Cada declaración que dan esas distinguidas damas, las colocan a un nivel de Cara e’ Tablismo, que a veces he pensado que no puede ser consciente sino producto de algún hechizo hecho desde MiraFlores. Otro tema nada despreciable, es el constante remedo, en las Cadenas Presidenciales, de aquél programa animado por Amador Bendayán, llamado Sábado Sensacional. Lo único que le falta a Nicolás es el gritico de “yaaaa regresaaamooos” que popularizó el muy querido animador. Ahora las transmisiones presidenciales se utilizan, al igual que lo hacían en el sabatino de marras, para transformar a una humilde mujer en reina de belleza por una tarde, gracias al maquillaje y vestuario prestado por la producción del programa.

Siguiendo el guión de Sábado Sensacional, Nicolás presenta a humildes mujeres del pueblo “para empoderarlas”, repartiéndoles créditos para hacer compotas artesanales de tamarindo, ocumo blanco o de yuca amarga, para lograr de esa manera “la soberanía alimentaria”. Al fondo de ese magazine presidencial siempre se escuchaban consignas políticas, dirigidas por algún militante de esas organizaciones que en el medio llevan el nombre de Bolivariana. Ese militante “asistente de producción” asoma de vez en cuando su infaltable cartel-chuleta con lo que ha de vocear el público de galería. Me viene a la memoria los cartelitos  de “Aplausos” con el que despertaban al público cada vez que el Pollo Simonatto daba la orden de rigor. Al igual que la joven que hizo realidad su sueño de ser reina de belleza por un día, nuestra humilde mujer se verá “empoderada” por un día, porque muchas veces esos ofrecimientos de créditos son pura paja o se agotan con la producción de las primeras 10 compotas.

El tercer tema, estaba de mango bajito: los ejercicios militares. Díganme ustedes si ese boche era para pelarlo. Cuando vi las imágenes de unos señores en una playa retrocediendo y cayéndose solos, ante un supuesto ataque de los “invasores”, no pude aguantar la risa.  No menos risible fue ver a esos altos oficiales con esas panzas inmensas aguantando la respiración para evitar que se dispararan los botones de la camisa ante la presión de tan prominente circunferencia abdominal. Otra escena, más patética que risible, fue ver a unos milicianos desnutridos, con palos de escoba en vez de fusiles y entraditos en años, escuchando embelesados a su Comandante en Jefe arengándolos con esa insensatez monumental de catalogarlos como “la fuerza con la cual contamos para repeler cualquier invasión”. Por la expresión de la comisura de los labios, creo que por dentro se los estaba vacilando de lo lindo.

Cuando estaba dispuesto a decidirme por alguno de esos tres flaicitos al pitcher, me entero de la muerte del niño Oliver Sánchez. Para los que no estan enterados, Oliver fue el niño que padeciendo de un Linfoma no Hodgkin, presidió una protesta solicitando al gobierno el abastecimiento de los Hospitales y los medicamentos requeridos para tratar su terrible enfermedad. En mi memoria tengo su imagen con el tapaboca y un pedazo de papel arrugado que decía “Quiero curarme, Paz y Salud”. En la foto que circula por las redes anunciando la triste noticia, aparece Oliver, el día de esa protesta, con un piquete de la Policía Nacional Bolivariano al lado. Había que resguardar la integridad física del Presidente Maduro ante tan peligroso acto terrorista.

Se fue Oliver, su valentía me conmovió. El sabía que sin sus medicamentos moriría y batalló hasta el final por conseguirlos. Lo que no sabía Oliver, quizás por su corta edad, es que su petitorio no iba a ser escuchado. Que los dólares que hacían falta para salvarle la vida fueron gastados en un ejercicio militar inútil por chambón y carnavalesco, o distribuidos graciosamente entre “las panas del Partido” para que hicieran compotas de ocumo chino, y si al final no las hacen y se cogen los reales, pues no importa, porque son un voto seguro. 

Hoy escribo sobre ti, Oliver, y  también sobre todos los Oliver que todavía agonizan a la espera del milagro que todos los venezolanos pedimos y que con luchadores como tú, con toda seguridad lo lograremos: un gobierno decente y humano.

domingo, 15 de mayo de 2016

Malandrear el revocatorio, pero con clase

MUD

Si el Partido y el gobierno me hicieran caso no tendrían que recurrir a estrategias tan chimbas como caerle a palos a la gente cuando va al CNE, o exponer a una rectora como una supina ignorante al confundir lapso con término
Hace quince días expuse en estas páginas algunos consejos para retrasar el proceso de validación de las firmas con las que pretenden sacar del poder a nuestro malquerido hijo de Chávez. Es cierto que él no se ha ganado las simpatías de las mayorías pero, parafraseando a Roosevelt cuando se refería a otro mandatario, “puede ser que sea un hijo de Chávez, pero es nuestro hijo de Chávez”. Pero vayamos al grano, sospecho que los compatriotas le hicieron caso omiso a mis recomendaciones. Me fundamento en que el camarada Jorge anda alegando lo de las firmas planas y la detección de rúbricas de menores de edad y difuntos, cuestión que a estas alturas difícilmente alguien lo pueda creer, sobre todo si para el momento de esas declaraciones ni siquiera se habían abierto las cajas para la revisión de las planillas. Bueno, su misión es evitar el referéndum y trata de hacer lo mejor posible.
Hoy insistiré con otros consejos. Si el Partido y el gobierno me hicieran caso no tendrían que recurrir a estrategias tan chimbas como caerle a palos a la gente cuando va al CNE, o exponer a una rectora como una supina ignorante al confundir lapso con término, (esperemos que esa barrabasada sea solo para confundir a los demás y no sea ella la confundida), o hacer una operación morrocoy para validar 200.000 firmas cuando hace menos de un año validaron 10 millones en tres cuartos de hora, o cambiar las reglas de juego a mitad del partido aduciendo que por cada firma defectuosa se invalidarán 100 mil de las buenas. Todas son estrategias muy balurdas y nos dejan al descubierto como unos vulgares rufianes de esos que engañan a la gente con el jueguito de encontrar la piedrita escondida en una de las tres vasijitas.

Tenemos que ser mucho más inteligentes que los escuálidos (por cierto ahora nos llaman los Esmirriados, y acusé el golpe).  Hay algo en lo cual debemos pensar al momento de hacer el trabajo sucio: nos están viendo. No podemos ser tan banderúos y evidentes porque la comunidad internacional nos respira en la nuca. Aunque entiendo que lo de la Carta Democrática lo asumimos a mamadera de gallo y que nos importa un carajo, hay algo cierto, cada vez son menos los aliados que en esta crisis nos puedan eventualmente echar una mano, aunque sea de cambures. Los que nos pueden dar auxilio humanitario en un futuro, son precisamente los que nos tienen la vista puesta, así es que mosca y hagamos las cosas bien. Todo con maña se puede, decía ese ilustre y cultísimo mandatario que ya recordaré como se llamaba.

Tengo muchas propuestas pero para aprovechar el espacio que me obsequia este periódico de la oligarquía de Bobures, expondré solo una. En todo caso, si el Partido quiere que le informe detalladamente cada estrategia, saben bien dónde encontrarme. Aunque por estos días va a ser un poco más difícil porque Joao cerró el bar por falta de mercancía. Ahora bebo tres cuadras más arriba, frente a la licorería de Pepe, la que queda subiendo por la calle donde tiene su consultorio Bonifacia, La Bruja de Casalta. Si se pierden, pregunten por ella. Todos saben dónde ubicarla. Por cierto, estoy allí a la orden en horas de oficina, de noche es muy peligroso.

A lo que vinimos, como dice el Gran Combo de Puerto Rico. Propongo que Nicolás haga un Decreto Presidencial con Rango y Fuerza de Ley (avalado como constitucional por la Sala idem del TSJ), ordenando que de ahora en adelante (por lo menos hasta enero de 2017) se midan los tiempos burocráticos no por días hábiles sino por horas hábiles. Así, si un lapso originalmente estaba previsto por 5 días hábiles, éste se traducirá en 40 horas hábiles, a razón de 8 horas diarias multiplicado por los 5 días de la semana. Ahora bien, si se trabaja de 8 a 1, cada día sumara solo 5 horas hábiles, y si se trabajan solo dos días a la semana por la crisis energética, en cada semana se contabilizarán solo 10 horas hábiles. Por supuesto, además de los días no laborables por el Decreto de Emergencia Económica,  no se contarían los sábados, domingos, feriados, ni los días que coincidan con el cumpleaños de alguna de las camaradas rectoras. Al final las 40 horas hábiles se cumplirían en 4 semanas. Por el arte de las matemáticas y los Decretos Presidenciales convertimos un lapso de 5 días en un mes, sin que al CNE se le acuse de tramposo ya que lo que haría es cumplir los Decretos Presidenciales.

Con esta propuesta el CNE podría prometer a la MUD, y con el Papa como testigo si es preciso, el cumplimiento cabal y estricto de cada uno de los lapsos descritos en el reglamento del revocatorio, con la variante de que no serían por días sino por horas hábiles. Si se acoge esta idea, el gobierno no tendría que recurrir a las tanquetas para reprimir a los opositores; ni activar colectivos que le caigan a pescozones a pacíficos marchitas; ni tendría Jorge que inventar excusas inverosímiles para sabotear un proceso que tiene el respaldo de tanta gente; y, mucho menos, amenazar con cárcel a honestos ciudadanos bajo la acusación de llevar adelante una conspiración que solo existe en los discursos presidenciales y en las páginas de los panfletos que regalan en la salida del Metro. Está claro que si se vendieran, nadie los compraría. Por supuesto que podemos malandrear el revocatorio, pero eso sí, con clase.

lunes, 2 de mayo de 2016

¡Esta firma no va, y esta,… tampoco!

Rectoras CNE

Ese es un mensaje claro y contundente. A buen entendedor, y las Rectoras entienden, pocas palabras. Pero no nos confiaremos y utilizaremos otras estrategias. Por cierto, y hablando de otra cosa, por allí escuché que en la UCV unos encapuchados armados se robaron unas planillas firmadas
Bueno camarada, Tibi no pudo aguantar más, al final tuvo que entregar las planillas. La amenaza de marchar hasta las puertas del CNE, pudo más que la corajuda resistencia de nuestra compañera revolucionaria. La cosa no estaba fácil. Nuestros leales seguidores días atrás pudieron detener, a punta de pescozones y peinillazos, la pretensión de un grupete de diputados, diputadas, periodistas y periodistos, de hacerse de las planillas. Pero para el día de la gran marcha difícilmente se podía contar con ellos. La inflación desatada ha hecho que nuestros más resteados militantes no arriesguen el pellejo por las 4 lochas que le abonamos a su cuenta por cada contramarcha o acción violenta que les encomendamos. Ni modo, había que entregar las planillas.

Pero no importa camarada. Apelaremos a una de las más sesudas tácticas creadas por nuestro Comandante Eterno, “los agarraremos en la bajaíta” decía cual General Patton en la Guerra de los Sexos, cuando se veía contra la pared. Ya nuestro querido Capitán lo anunció, “no nos calaremos firmas planas”. Ese es un mensaje claro y contundente. A buen entendedor, y las Rectoras entienden, pocas palabras. Pero no nos confiaremos y utilizaremos otras estrategias. Por cierto, y hablando de otra cosa, por allí escuché que en la UCV unos encapuchados armados se robaron unas planillas firmadas. Bueno ese es el peligro de recoger firmas en lugares tan peligrosos como esa universidad. Si te llegaran a preguntar, la respuesta es sencilla, esa es la oposición que se auto roba para después echarnos la culpa.

¿Que la situación esta complicada?, no te puedo decir no, si, si. Nuestro Líder Obrero la ha embarrado como dicen en su tierra natal. Pero qué le vamos a hacer, es lo que hay. Ahora toca arriar para que no lo revoquen. Pero lo que dices es verdad, él tampoco ayuda. Ya lo de la guerra económica nadie lo cree, y cuidado si nosotros tampoco. Pero nada, el que duda pierde y lo nuestro es llevar adelante esta revolución que convertirá a nuestra patria en una potencia que superara a Japón. Claro, con tantos días sin trabajar no entiendo como lo vamos a hacer.

Como buen militante he decidido poner a la disposición de la revolución mi sapiencia en materia de firmas. Tengo vasta experiencia en esos asuntos. Mis primeros pininos fue imitando la de mi mamá en los Boletines del Liceo, años después perfeccioné ese arte con sus cheques. En materia de invalidación no soy menos. Las primeras que invalide fueron las que se recolectaron en mi edificio con el propósito de declararme persona no grata por las parrandas de los fines de semana. Me percate que fueron recolectadas en horas laborales, por lo que quienes firmaron fueron los abuelitos. Además lo hicieron de pie y sin apoyo alguno. Ante la seguridad de que esas firmas estaban chuecas, solicite que se contrastarán con las de las cédulas de identidad. Se invalidaron el 60 % El resultado: sigo viviendo allí.

En este caso, dada la importancia del asunto, consignare en la Oficina para Asuntos Electorales del Gobierno algunas recomendaciones para cuestionar las firmas de los apátridas. Se debe comenzar por invalidar las que tienen sobre ellas rayonsitos que impiden leer con claridad el nombre del firmante, se puede alegar intento de ocultamiento de la identidad. Las firmas que terminan con piquitos o sombreritos deben ser invalidadas por sospechosas de falsedad ya que una persona seria no firma de esa manera. También se pueden desechar las que ocupan más espacio que el indicado, se debe alegar apropiación indebida de espacio ajeno. Si el que firma es mayor de 80 años hay que citarlo para que lo vuelva a hacer, si la segunda firma no es idéntica a la primera se debe asumir que la primera es falsa, esa es la que vale. Si alguien colocó el nombre y apellido en letra de molde, hay que invalidarlo, porque eso no es una firma.

Podría dar más recomendaciones pero no quiero enredar a los encargados de enredar la validación de firmas. Solo espero que me hagan caso, pues de eso se trata la democracia participativa y protagónica. Todos tenemos derecho a joder y fastidiar a la oposición. Ese es un derecho constitucional de acuerdo a la jurisprudencia que se está instaurando en el país. Si me hicieran caso estoy seguro que en el proceso de validación de firmas se repetirá con mucha frecuencia el siguiente estribillo: “esta firma no va, y esta,…. tampoco”.

lunes, 18 de abril de 2016

¡Lo aprendieron en otra parte!

UCV

En 1976 andaba por los pasillos de la Universidad Central de Venezuela con el orgullo a flor de piel. En un segundo intento había conseguido que la OPSU finalmente me asignara a la carrera que anhelaba estudiar. Recuerdo que en el primero me asignaron a una que no me gustaba y en una institución que estaba muy lejos de mis preferencias. Luego de cursar durante un semestre con el desánimo que “un matrimonio obligado” genera, me preinscribí nuevamente en la UCV y, ¡oh sorpresa!, me vi en el listado de asignados a Sociología. Allí comenzó una de las etapas más hermosas de mi vida.

Eran años de politización de la juventud universitaria. El surgimiento de un mensaje fresco sobre el socialismo con rostro humano, nos cautivo a todos. Yo era un joven de clase media baja, andaba en autobús y almorzaba con una chicha, cuando el comedor estaba cerrado. Ser de izquierda era la regla y no la excepción. El ambiente era mágico. La utopía le daba sentido a nuestras vidas. Había dos mundos, el de la entrada Tamanaco hacia la Plaza Venezuela y el nuestro, la Ciudad Universitaria. El campus era un espacio de libertad y tolerancia donde hacíamos vida política, cultural y académica sin mayores preocupaciones. No olvido un detallazo, muchos de nosotros conocimos el amor, pintando pancartas, repartiendo volantes o en algún acto a favor de la libertad de los presos políticos bajo la sombra protectora de las nubes de Calder.

 Eran los tiempos de la solidaridad con Cuba. Nos dedicábamos al “Trabajo de Barrio”, organizando campañas para alfabetizar a gente que no lo necesitaba. Defendíamos a los pobres aunque, la verdad sea dicha, no nos hacían mucho caso, pero no importaba. Ese contacto con “la realidad” nos daba la autoridad moral para exigir a nuestros compañeros, “la necesidad de vincular la teoría con la práctica”. Nuestros iconos, veteranos de la lucha armada convertidos en ideólogos de la revolución venezolana, estaban allí al alcance de todos. Era un lujo de verlos caminar, como Dioses en El Olimpo, por el pasillo techado de Humanidades o Ingeniería, con sus libros de marxismo bajo el brazo y abrigados con derruidos sacos de gamuza comprados en algunos de sus viajes a la Meca del socialismo.
La palabra “pueblo” era sagrada en nuestro vocabulario. Aunque en la práctica era muy poco nuestro impacto en la vida de la gente, intentábamos, en su nombre, lograr un país más justo, sin pobreza y con valores cónsonos con el socialismo humanista que pretendíamos implantar. Con una mezcla de prepotencia académica e ingenuidad política asumimos que nuestro papel era llevar la palabra esclarecedora para crear conciencia y ayudar a conducir al proletariado a estadios superiores de vida, donde el término “pobreza” fuese recordado como parte de un pasado remoto.

Hoy, a más de 30 años de esa época, consigo que muchos de esos “camaradas”, antiguos adalides de la honestidad y la moral revolucionaria, están apoyando a un régimen donde impera la corrupción y la violación de los derechos humanos. Muchos de mis antiguos compañeros han ido más allá del apoyo político y han participado en el festín, dándose la gran vida que tanto criticaron cuando eran impolutos contestatarios. Pero estas debilidades “pequeño burguesas”, utilizando sus antiguas etiquetas, no son lo peor, total, el erario público no es tentación exclusiva de los odiados “corruptos de la IV”. Para mí lo más indignante es el apoyo, por acción u omisión, a prácticas ruines y crueles que degradan al ser humano. Valerse de la miseria y la necesidad de ese pueblo que dicen defender, utilizando el chantaje, el engaño y la amenaza, es propio de fascistas y no de honestos luchadores sociales.

Chantajear con una bolsa de comida para obtener la firma contra la Ley de Amnistía es totalmente humillante. Hacer que en Notarías y Registros firmen ese documento bajo engaño es definitivamente violatorio de la dignidad humana. Amenazar a empleados públicos con despidos en caso de no firmar, atropella los derechos políticos. Todos estos comportamientos estan muy alejados de la conducta que nosotros, e inclusive los más radicales, desplegábamos en nuestros tiempos de Quijotes con bluyines y camisas de kaki. Esa falta de respeto por la gente, esa pretensión de doblegar a los pobres jugando con su hambre y su miseria no fue aprendida en la UCV, lo juro. Lo aprendieron en otra parte.

lunes, 4 de abril de 2016

¿Quién se robó mi vaca y mi queso?

Diputados MUD-La Constitución

Lo que realmente necesitamos es la Constitución, una dirigencia decidida y bolas para evitar que le sigan robando la vaca y el queso al pueblo de Venezuela
Estoy seguro que al leer el título de esta entrega les vino a la memoria aquél popular libro de Jaime Lopera y Martha Bernal titulado “La culpa es de la vaca”. En esta obra los autores y esposos colombianos, narran anécdotas, fábulas y parábolas que giran en torno a la necesidad de asumir los cambios y la inevitable adaptación que debemos emprender para sobrevivir y sentirnos felices (la otra enseñanza es que se pueden hacer cosas en conjunto a pesar de estar casados). También estoy seguro que también recordaron a otro que fue de cabecera para muchos. Me refiero a ¿Quién se ha llevado mi queso? de Spencer Johnson. Ambos bets sellers se vendieron como desodorante de bolita en tiempos de revolución.

Toda dama que iba de viaje a Miami o Margarita, llevaba su librito para leerlo mientras esperaba el llamado para abordar el avión. Eran los años donde la única preocupación era la existencial. El petróleo estaba a 8 dólares y rendía para hacer obras públicas, al abrir la regadera había agua, y tanto el jabón como el champú, se podían comprar hasta en las bodeguitas más humildes. Recuerdo que la electricidad no fallaba, un dólar costaba 517 bolívares (menos de un bolívar de los de hoy), y los 15 de la niña se podían celebrar en un salón de fiestas, con miniteca incluida. Hoy suena inverosímil pero en cualquier bar de Caracas servía pasapalos ¡gratis! Ah!, Disneyworld era una opción, entre muchas, para salir de vacaciones familiares en agosto. Eran otros tiempos

Libros como los comentados se compraban porque eran más baratos que asistir al psicólogo. Los niveles de angustia y depresión eran consecuencia de males que no eran de morirse. Los libros de autoyuda nos permitían superar los fracasos matrimoniales, o la desazón por no haber sido nombrado para ocupar la vacante de Jefe de Archivo. También nos daban herramientas para asimilar con dignidad los cachos notorios y públicos, la vergüenza de habernos propasado (por culpa de la bebedera) con la esposa del Jefe en la fiesta de fin de año de la oficina, o el “trágame tierra” de haber sido capturado in fraganti orinando en un vestidor de una tienda en Cúcuta, en ese viaje hecho con los suegros, la esposa, los hijos y esos vecinos tan chismosos. Esos ratones morales, si bien incomodaban, no ameritaban el pago de 1.500 Bs. (de los viejos) para una consulta psicológica.

Hoy esos libros no nos servirían de mucho. La revolución bolivariana ha introducido cambios en nuestras vidas, pero para peor. Un libro que nos diga que debemos adaptarnos a ese calamidad, no podría ser catalogado como de autoayuda sino from fuckmyself  (“para autojodernos” en su acepción castellana). Solamente al gobierno se le podría ocurrir hacer una edición gratuita de uno de estos anestesiantes para ser repartida en el Metro por los funcionarios del Viceministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo. Por supuesto, no me sorprendería que tal obra estuviese escrita por el brasileño y publicista Joao Santana, creador del guión de esa propaganda gobiernera que pasan por radio y TV, donde una señora dice algo más o menos así: “en la revolución la cosa está difícil, es cierto, pero hoy yo me siento feliz porque en la IV estaba peor”, ¡vaya pa’ la auyama!.

Como habrá observado el lector, este artículo no era para hacer alegoría alguna sobre los famosos libros y mucho menos recomendarlos para apaciguar la calentera que a diario pasamos en esta patria socialista, desabastecida y disparatada. Aquí estamos muy claritos. No le echamos la culpa a la vaca, sino a los barbarazos que se comieron el queso que había en la mesa y se quedaron con todo. Estoy seguro que esto cambiará porque no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista (frase que acabo de acuñar). La resistencia no es fácil y a veces pensamos que todo está perdido, pero debemos recuperarnos. Para evitar caer en depresiones o en la desesperanza inducida, no necesitamos recostarnos a libros de autoayuda, ni tampoco pedir cita para recibir el milagroso despojo que hace esa reconocida terapeuta del alma llamada Bonifacia, La Bruja de Casalta. Lo que realmente necesitamos es la Constitución, una dirigencia decidida y bolas para evitar que le sigan robando la vaca y el queso al pueblo de Venezuela.