lunes, 4 de septiembre de 2017

En mi país, mear no es un delito

Mear en la calle

La analogía es pertinente. En Venezuela la revolución bolivariana no solamente ha roto las ventanas de la convivencia y la solidaridad que siempre nos caracterizó como pueblo, sino que no ha hecho nada por repararlas
Hace unos días apareció en las redes sociales una información que pasó desapercibida para la mayoría de los usuarios de esos medios de comunicación. Se trataba de un venezolano que fue capturado por las autoridades en el aeropuerto de Tucumán, en Buenos Aires, orinando en plena vía pública. Al parecer el paisano de marras no aguantó las ganas y procedió a dar media vuelta y con la destreza propia de quien lo hace con frecuencia, hizo la forma del túnel con su mano derecha, apuntó el meñique hacia el lado izquierdo y dio rienda suelta a un presuroso y potente chorro. Y así de lo más natural, no estaba ni siquiera pendiente si alguien lo estaba viendo.

La verdad nunca me enteré si estaba llegando a Argentina o regresando a su tierra natal. Lo cierto es que fue avistado por la guardia civil de ese transitado terminal aéreo, e inmediatamente detenido sin miramiento alguno. Especulando un poco, imagino que, en caso de estar llegando al país austral, nuestro pasajero incontinente fue el primer sorprendido ante tal aprehensión. “Usted no sabe con quién está hablando señor agente, ¿cómo es posible que en este país se violenten de tal manera los derechos humanos y no se permita que un cristiano desaloje la vejiga para evitar males mayores?”, supongo fue el alegato altanero de alguien acostumbrado a chapear en su país natal. Pero no me detendré sobre lo anecdótico de la noticia, más bien mi reflexión es sobre cómo ha cambiado nuestra manera de ser en tiempos de revolución “socialista”.

En los aciagos años de la tan vilipendiada IV República, orinar en la calle era una acción de borrachitos o de adolescentes amanecidos que, como diría el poeta Armando Manzanero, procuraban el momento más oscuro para desahogarse y poder continuar el camino a casa o al Bar más cercano. Pero eran otros tiempos. La revolución “Bonita” ha alterado la conducta del venezolano. Se podría explicar tal trastoque conductual a través de la Teoría de las Ventanas Rotas, es decir aquella Teoría que partiendo de un experimento diseñado por James Wilson y George Kelling: asume que, si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos.

La analogía es pertinente. En Venezuela la revolución bolivariana no solamente ha roto las ventanas de la convivencia y la solidaridad que siempre nos caracterizó como pueblo, sino que no ha hecho nada por repararlas. Por el contrario, ha estimulado las conductas vandálicas gracias a una política de impunidad que protege los desafueros de sectores sociales que considera sus aliados, porque ayudan a amedrentar a la mayoría que no comulga con sus extraños ideales de “redención social”. Como plantea esta Teoría, las conductas inmorales e incívicas se contagian hasta llegar a ser el modelaje de conducta dominante.

Afortunadamente todavía la mayoría de nuestros compatriotas se resisten a contagiarse de este tipo de conductas, pero cada vez son más los que terminan destrozando las pocas ventanas que quedan incólumes. Basta observar en nuestras calles ciertos procederes para percatarnos de ello. Ahora es totalmente natural ver a taxistas y motorizados parados en plena autopista orinando al aire libre. Inclusive lo hacen a pocos metros de las Alcabalas de policías sin que pase absolutamente nada. Pero esta conducta no es exclusiva de gente humilde o trabajadores del volante, también se observa con frecuencia a personas con costosos automóviles y atuendos de marca, hacer exactamente lo mismo a pleno día en vías públicas, sin el menor pudor o cuidado para no ser vistos. Esto indica que se está convirtiendo en una conducta “normal”, lo que en otros tiempos menos revolucionarios, era una conducta anómica y socialmente reprochable.

Así entonces, nuestro anónimo paisano, debe estar sufriendo un shock de adaptación en el país del tango. Tendrá que reaprender a usar los baños públicos, las papeleras, los ceniceros y todos aquellos instrumentos que facilitan mantener un ambiento físico limpio y un ambiente social de respeto y convivencia. Por lo pronto, muy poco le servirá el socorrido argumento que, en casos similares, algunos de nuestros paisanos esgrimen ante las autoridades en países extranjeros, a saber, “Señor Agente discúlpeme, pero en mi país mear no es un delito”.

lunes, 7 de agosto de 2017

Triste, pero orgulloso

Despedida

Los jóvenes no deberíamos sentir día a día como la muerte nos respira en la nuca. Bueno, de todas formas, esto ya no es vida, ya da igual morirse, aunque quisiera morirme después de que Venezuela mejore, quiero saber cómo es un país normal
Estoy consciente de que mi deber como escribidor de crónicas, es llevar a mis pocos, pero estimados lectores, una interpretación (confieso que muy sesgada), de los aconteceres de esta Venezuela marcada por la impronta del socialismo chavista del siglo XXI. Por ejemplo, hoy me tocaría hablar de los intestinos flojos en Miraflores y el CNE, por culpa de la declaración del director de Smartmatic. Otro buen tema es el de las sanciones sobre Maduro y casi todo el tren ejecutivo, y su reacción a lo Noriega, blandiendo, como machete liniero, la réplica de la espada de Bolívar. Dicen algunos jodedores que hicieron un pedido de 3000 réplicas de plástico a China, por si hay más sancionados. Pero hoy no escribiré sobre ninguna de estas suculentas bombitas que el gobierno revolucionario siempre me pone para hacerle swing. Hoy le cederé el espacio a mi hija Mariana. Me explico.

Mariana tiene 14 años y acaba de culminar el 2do. Año de bachillerato en el Colegio para los hijos de los profesores de la UCV. Desde hace un tiempo, cada vez que culmina un año escolar, Mariana asiste a las consabidas fiestas de fin de curso. Bueno, eso creía yo, pues resulta que la última, hace un par de días, no fue para celebrar haber pasado de curso, sino para despedir a uno de sus compañeros. Otro más que se iba a vivir al exterior. Ahora le tocó el turno a Sebastián, antes fue Débora, antes de Débora a Gloria, antes de Gloria a Luis y así sucesivamente. Como buen padre descuidado, pendiente solo en ubicar temas para los artículos quincenales que debo enviar a TalCual, no me había percatado del motivo de “las fiestas”.

Pues bien, ayer hurgando por las redes sociales me conseguí accidentalmente el escrito que hoy comparto con ustedes. Es una reflexión de Mariana que me conmovió mucho, ya que dibuja con precisión el sentir de muchos de los adolescentes que se quedan viviendo la terrible experiencia que representa esta revolución. Tal reflexión la escribió a unos amigos de Facebook que nacieron y viven en otros países. Ese es el milagro de las redes sociales. Mariana les comentaba sobre la tristeza que sentía ante tanta anormalidad en su entorno social. Sus interlocutores, todos adolescentes como ella, no tenían mucho conocimiento de nuestras vicisitudes como país y quizás no comprendían mucho las palabras de una jovencita que, en vez de exteriorizar alegría, reflejaba en sus palabras una profunda tristeza. Bien, como no es mi estilo esquilmar autorías ajenas, con la debida autorización de Mariana doy a conocer esta misiva y perdonen el atrevimiento. Tituló su escrito así: Aquí ya no hay juventud.

“Desde mis 2 años de edad he estudiado en el mismo colegio, lo que significa que llevo viendo a mis compañeros desde bebé. Son casi mis hermanos. Cuando era pequeña vivía muy cerca del colegio y cuando veíamos casas para mudarnos siempre preguntaba si quedaban lejos del colegio. El solo pensar alejarme de mis compañeros era lo peor que me pudiesen hacer. Ahora no es por la mudanza, yo no soy la que se va, ahora se van uno a uno mis compañeros a distintos países. Esto no es por capricho de los padres, esto es por culpa de la inmoralidad, de la crueldad, del gobierno, de la dictadura, de las necesidades básicas no satisfechas".

Mi sufrimiento no es por mí, por ahora vivo bien, tengo con que alimentarme gracias a mis padres que trabajan casi todos los días para mantenerme, es por mis amigos, no los que se van, ellos estarán mejor donde se vayan, cualquier parte es mejor, esto es por los que se quedan, siento su desesperación, algunos comen una sola vez al día y algunos pasan días sin bañarse porque no hay agua en sus casas. Siento su frustración. Somos muy jóvenes e incapaces de hacer algo para cambiarlo, ver como tus padres se sobre esfuerzan para cuidarte, para alimentarte, para que sobrevivas, y no poder ayudarlos es una tortura. Solo nos queda seguir estudiando para luego graduarnos de lo que sea e intentar encontrar trabajo para que te paguen lo mínimo. Las posibilidades de trabajo son casi inexistentes. Nacimos condenados a un pecado que no cometimos.

Aquí los jóvenes ya no estamos para la gracia. Aquí los adolescentes no pensamos como nuestros iguales en otros países: "no soy linda, no le gusto, no tengo maquillaje, no hay para beber, hace tiempo que no hay fiestas...". Aquí en Venezuela, nuestro pensamiento es: "¿mañana hay para comer?, todo está muy caro, tendré que dejar de estudiar para trabajar, ¿me podré bañar hoy?, ¿dónde se conseguirán las medicinas?, ¿a cuántos mataron hoy? ¿Hay tranca?, ¿hay protesta?, ¿queda alguna esperanza?, ¿mañana seguiré viva?. A veces me pregunto, ¿fui malvada en mí vida anterior?

Los jóvenes no deberíamos sentir día a día como la muerte nos respira en la nuca. Bueno, de todas formas, esto ya no es vida, ya da igual morirse, aunque quisiera morirme después de que Venezuela mejore, quiero saber cómo es un país normal. Qué lástima que mi juventud no durará hasta ese momento.

Mis amigos ya no tienen esperanza, ya están cansados, ya estamos cansados, aunque yo no he hecho nada... no tengo la posibilidad, mis padres no me dejan protestar por miedo a mi muerte, ¿ustedes saben cuántos muertos ya hay en protesta?, aproximadamente 100. ¿Saben cuántos días llevamos con las protestas?, aproximadamente 100. No quiero quedarme sola, ya se ha ido tanta gente. Una de mis hermanas se fue hace bastante del país.

Lista de gente que conozco que se ha ido del país o que se va pronto: 1 familiar; 16 compañeros y amigos del colegio, 1 vecina. Aún no me acostumbro a que se vayan, no me acostumbro a las lágrimas, no quiero acostumbrarme, pero ya me he acostumbrado a esa respiración en mi nuca. Recuerden amigos, aquí no se vive, aquí se sobrevive”. Mariana, 14 años.

¡Me siento triste, es cierto, pero también orgulloso! Les prometo que para la quincena que viene publicaré otro de mis malos artículos.

lunes, 24 de julio de 2017

La Delpiniada del socialismo del siglo XXI

La Delpinada de Guzmán Blanco

Exponer a la burla pública a unos humildes venezolanos, balbuceando parlamentos disparatados e incoherentes, prometiendo cosas absurdas como elevar a categoría constitucional el fiao para adquirir las Bolsas Clap, nos retrotrae a la emboscada que le hicieron a Don Francisco Delpino y Lamas
Por allá por el año 1885, en la caraqueñísima esquina de Capuchinos, estaba una sombrerería regentada por un curioso personaje llamado Don Francisco Delpino y Lamas. Este hombre de mediana edad y cultor del arte de la palabra, se asumía como poeta florido, aunque sin mucho garbo ni atinada rima. Era la Venezuela del Ilustre Americano, General Antonio Guzmán Blanco, un refinado déspota cuyo control férreo sobre un país rural y aturdido por la cruenta Guerra Federal, asfixiaba las libertades que reclamaba la juventud universitaria. Nuestro personaje de marras, Don Francisco Delpino y Lamas, publicaba sus defectuosos y cochicornetos versos en La Opinión Nacional, un periódico que le abrió sus páginas, bajo riesgo de perder lectores por dar espacio a tan impresentables versos.

Sin embargo, el efecto fue contrario a toda lógica. Los poemas de Don Francisco Delpino gustaban al escaso público lector de la Caracas de los techos rojos, pero no precisamente por su belleza y buena técnica, sino por lo disparatada y alocada inspiración y escritura. Su lectura generaba risa y burla entre los pocos caraqueños que sabían leer y escribir. Un experto en comunicación de los de hoy, pensaría que se trataba de una estrategia publicitaria para aumentar el tiraje. Si me permiten la extravagante analogía, imagino que para los usuarios de la época fue algo así como El Gallo Pelón o el semanario El Camaleón, dos publicaciones de corte político-humorístico que entretuvieron a los venezolanos durante los años 60 del siglo XX y los de comienzos del siglo XXI.

Pero como siempre ha sucedido en nuestro país, el ingenio de los estudiantes universitarios de esa Caracas rural se activó. En un alarde de retruécano político, vincularon la locura del poeta sombrerero con las glorias del Ilustre Americano. Así, armaron lo que en nuestra Historia se conoce como “La Delpiniada”. Organizaron en el Teatro Caracas la tarde del 9 de marzo de 1885, un homenaje a Don Francisco Delpino y Lamas a quien presentaron como “el mejor poeta de todos los tiempos”. Los discursos de los estudiantes sobredimensionaban las capacidades de su orgulloso homenajeado, haciéndose evidente ante los asistentes la burla solapada al presidente afrancesado que se vendía como un intelectual de pensamiento profundo y fina pluma. El objetivo fue hacer reír a los caraqueños de los delirios Delpinianos del dictador, haciendo ver que no existía ninguna diferencia entre el Ilustre Americano y el vendedor de sombreros y fallido poeta de la esquina de Capuchinos.

¿A razón de qué viene este cuento? Pues resulta que el gobierno de Maduro está organizando su propia Delpiniada. Pero esta vez el objeto de burla no es el adversario político sino el pueblo de Venezuela, ese pueblo llano y noble que ha creído en las ofertas demagógicas de esta revolución de la miseria. Cuando observamos y escuchamos las cuñas de los candidatos oficialistas a esa fraudulenta convocatoria, experimentamos simultáneamente dos tipos de reacción: lástima y risa.

Exponer a la burla pública a unos humildes venezolanos, balbuceando parlamentos disparatados e incoherentes, prometiendo cosas absurdas como elevar a categoría constitucional el fiao para adquirir las Bolsas Clap, nos retrotrae a la emboscada que le hicieron a Don Francisco Delpino y Lamas. Si bien es cierto que los estudiantes antiguzmancistas, valiéndose dolosamente de la candidez e inocencia del desangelado poeta, lo usaron cruelmente como espejo burlesco del presidente Guzmán Blanco, hoy la crueldad debe ser endosada a Maduro y sus publicistas. Nunca en nuestra querida Radio Rochela, donde tanto se parodiaba con humor el acontecer político venezolano, se usó a los humildes de manera tan humillante y desconsiderada, para exponerlos con sus precariedades, limitaciones y miserias ante el gran público televidente. Pero ni modo, así es el socialismo del siglo XXI.

lunes, 10 de julio de 2017

¿Nos dejaremos quitar el país mansamente?

Marcha

Si este es el concepto oficial de pueblo, se explica que se agreda brutal y salvajemente a los Diputados opositores de la AN. Total, al fin y al cabo, ellos no representan al pueblo, porque los 14 millones de venezolanos que los eligieron no pueden llamarse pueblo ya que no son leales a Maduro
En mis años de estudiante comecandela de Sociología en la UCV, la palabra pueblo era utilizada como comodín para justificar cualquier acción revolucionaria planificada en el cafetín. Bajo consignas como “Abajo la democracia burguesa”, “Todo el poder para el pueblo” o, “Desechar las ilusiones y preparase para la lucha”, demonizábamos al sistema de gobierno que había alfabetizado a los campesinos, otorgado créditos a los pequeños empresarios, sembrado escuelas en los sitios más remotos del país, que había devuelto el voto a los venezolanos, construido viviendas, hospitales y un sistema de seguridad social que acogió eficientemente en su seno a los trabajadores más humildes y sus familias por más de 30 años.
No dábamos concesiones. La misión era tomar el cielo por asalto. Pero en nuestro empeño por “alcanzar el poder para el pueblo”, no nos percatamos que ese nicho de formación ideológica y organización revolucionaria como lo era la UUUCV, existía gracias a la democracia que tanto detestábamos. Estudiar gratis, disfrutar 3 comidas en el Comedor Universitario, transporte, acceso a la cultura en los espacios del Aula Magna o la Sala de Conciertos, hacer deportes organizadamente con Beca incluida, lo asumimos como algo natural, propio de una institución contestaria y libertaria que se debía a sus estudiantes. Nunca se nos pasó por esa mente afiebrada por las lecturas (no muchas veces comprendidas) de Marx, Lenin, Mao, Luckacs, Gramsci, Kosik, Althusser, Poulantzas y Lefevre, que ese espacio creador y disidente era imposible que existiera en Cuba, Albania, la URSS, China, Corea del Norte o en la RDA, nuestras referencias del paraíso socialista. ¿Recuerdan la película Fresa y Chocolate?

Asumimos como un deber liberar al pueblo del yugo del capitalismo, en eso invertíamos todos nuestros esfuerzos, menos en carnaval, semana santa, puentes varios, cumpleaños, agosto por vacaciones o entre el 15 de diciembre al 7 de enero, día en el que había que reintegrase a los estudios y a la lucha. No nos cuestionábamos sobre el porqué ese pueblo al que tanto defendíamos, no nos paraba bolas. Si alguien nos hacia esa pregunta, respondíamos en tono de catedrático trasnochado: “es que están alienados por la ideología capitalista”. En honor a la verdad, nunca supimos explicar bien como se comía eso, pero si lo decían nuestros profesores debía ser cierto. Esa palabreja marxista era suficiente para explicar porque los pobres de la tierra no atendían a nuestro llamado a integrarse en la lucha por la liberación de ellos mismos.

Lo anterior lo comento, porque las cosas al parecer no han cambiado mucho. El gobierno chavista desde que se apoderó de Miraflores ha justificado cada una de sus insensateces, malas políticas, metidas de pata, abusos, persecuciones, expropiaciones, regalos a países “hermanos”, destrucción de programas sociales, desmantelamiento de la industria petrolera, la agricultura y el aparato productivo, incluido el del sistema educativo, bajo el argumento que han sido medidas tomadas para “defender al pueblo”. Lo que resulta paradójico es que al final el gran perjudicado ha sido el mismo a quien dicen proteger. Para muestra un botón, las medidas que se tomaron para defender al pueblo contra la fulana “Guerra Económica” han profundizado la escasez, la falta de medicamentos, el desempleo y la delincuencia. “No me defienda compadre” le escuche decir a un obrero de la construcción cuando se decretó el último aumento de sueldo.

El gobierno “revolucionario”, en su extraña manera de entender la palabra pueblo, pareciera circunscribir su significado “al sector de la sociedad que está resteado y sumiso al gobierno de Maduro”. Así las cosas, los que no comulguen con el ideario chavista pierden automáticamente la condición de pueblo. Este sector pasaría a ser otra cosa, quizás oligarquía, pero pueblo, lo que se llama pueblo, nunca. Este significado restrictivo es lo que ha servido para justificar lo que en condiciones normales nadie en su sano juicio puede. Si este es el concepto oficial de pueblo, se explica que se agreda brutal y salvajemente a los Diputados opositores de la AN. Total, al fin y al cabo, ellos no representan al pueblo, porque los 14 millones de venezolanos que los eligieron no pueden llamarse pueblo ya que no son leales a Maduro.

Sobre la base del argumento anterior se podría entender que vociferen orgullosos que “las Bolsas CLAP son solo para el pueblo”. ¿No comprende apreciado lector?, pues venga y le explico. Bernal confesó que solo se reparten (venden) estas Bolsas al 10% de la población. Vamos a ver, según las encuestas ese es el porcentaje de venezolanos que votaría por la propuesta de la constituyente comunal, o sea los fieles simpatizantes de Maduro. Entonces, por asociación lógica, este pequeño sector de la población vendría a ser “el pueblo”. Con esta explicación debemos entender que cuando gritan a todo pulmón que la Asamblea Nacional Constituyente es para “empoderar al pueblo”, se refieren a que ese escaso 10% de la población adquirirá el poder para someter al 90% restante. La gran pregunta: ¿ese 90% se va a dejar quitar el país mansamente?

lunes, 26 de junio de 2017

Las palabras sirven para todo

 I Foro Internacional de Psicología

Este es un claro ejemplo de la teoría del espejo aplicada por los nazis, atribuir al otro los desmanes propios. Definitivamente las palabras sirven para todo
La palabra es mágica. Los grandes escritores que ha parido la humanidad así lo afirman. Juan, en su santo evangelio, nos recuerda que “en el principio fue el verbo y el verbo estaba con Dios”, lo que vale decir que el verbo era Dios hecho palabra. Sin ser un exegeta de las sagradas escrituras, se deduce entonces que al afirmar que el universo fue creado por Dios, estamos afirmando a su vez, que fue creado por la palabra. Así pues, la palabra crea realidades. Por la palabra conocemos lo que nos rodea, tan es así que algo nos es desconocido cuando no encontramos la palabra para identificarlo. Los límites de nuestro mundo están determinados por nuestras palabras. Por la palabra nos comunicamos y nos entendemos. Con ella es posible lograr la paz por permitir la comunicación entre los hombres. Pero también es cierto que la usamos para engañar, ofender, jurar en vano, blasfemar, maltratar, humillar, acusar y para declarar la guerra.

Las palabras han servido para transmitir la verdad pero también para crear ilusiones. Los malabaristas las usan para embaucar a ilusos que terminan comprando la luna porque está en rebaja. Desde la buena fe nos movemos según los giros que emanan de las palabras usadas por el otro. Dice la sabiduría popular que más vale tener un enemigo sincero y franco que un amigo que solo te dice lo que quieres escuchar. Del primero siempre sabremos a qué atenernos, del segundo solo lo sabremos cuando nos aseste la puñalada artera. Esto es lo que le ha pasado a muchísimos venezolanos. Hemos seguido a flautistas y nos hemos dejado seducir como lo hace con las Cobras, los encantadores de serpientes. ¿Qué es muy difícil engañar al venezolano ya que es zamarro y vivaracho?. Quizás sea cierto, pero siempre aparece alguien alardeando haber comprado el Panteón Nacional a precio de gallina flaca. Además pagando solo la mitad de lo convenido por la urgencia del vendedor. ¡Tremendo negocio, siemprevivo!

Si analizáramos el discurso de la revolución chavomadurista durante los últimos 18 años, comprenderíamos por qué les costó tanto a los líderes y mandatarios del mundo entender las denuncias de la disidencia criolla. Esta retórica ha ocultado de manera deliberada la realidad de la destrucción económica, política, social, moral e institucional, de un país cuyo pueblo hoy pide se le respete su derecho a ser libre. Es el uso de la palabra para el engaño. Mientras caen asesinados más de 70 jóvenes por resistirse a una constituyente que acabará con la república, mientras asaltan de una manera feroz a residencias privadas, mientras arrestan a miles de hombres que no han cometido delito, el gobierno empalaga al país con una verborrea hippie, pacifista, rosadita y comeflor, que hasta los inocentes cervatillos que actúan como actores de reparto en Bambi, la protestarían por excesivamente edulcorada e hipócrita.

Pero no solo se trata del discurso presidencial. Un autodenominado Colectivo de Psicólogos y Psicólogas Bolivarianos organizó entre el 11 y el 14 de junio de 2017, el I Foro Internacional de Psicología “Violencia y operaciones psicológicas en Venezuela”. Además de la representación criolla, vinieron 11 invitados internacionales (supongo que con los gastos pagos) para discutir “objetivamente” sobre el tema. En la declaración final se coloca como primera conclusión que en nuestro país se evidencian “operaciones psicológicas destinadas a alterar la psiquis individual y colectiva con el fin de generar condiciones propicias para la desestabilización”. ¡Vaya pa’ la auyama!. Según estos expertos no es por la escasez de alimentos, medicinas y por lo que representa la constituyente comunal, que los venezolanos han estado protestando en las calles por más de 80 días, exponiéndose a ser asesinados y encarcelados. La verdadera razón, según estos investigadores de la psiquis humana, es porque fuimos lobotizados por el twitter, el Instagram y el Facebook y, cual zombis de mala película mexicana, nos hemos metido entre ceja y ceja que hay que desestabilizar al inocente e incomprendido gobierno. No me jodan.

Pero esto no es todo. En el documento final se utilizan expresiones como “la paz”, “la tolerancia”, “el reconocimiento del otro”, “la promoción y estimulación de la reflexión crítica” además de “la necesidad de generar espacios de discusión, debate y dialogo que estimulen el intercambio dentro de las reglas éticas de convivencia para la sana confrontación de ideas”. Parole, parole, parole como dirían los italianos Mina y Alberto Lupo. Puras palabras. La realidad está muy lejos de esas “sesudas conclusiones”. La acción cotidiana del gobierno de Maduro está muy lejos de esas expresiones lingüísticas. Lo real es que el gobierno es intolerante, no reconoce al otro, no debate, no confronta ideas, descalifica y discrimina a quien no le es leal, reprime, persigue, apresa, viola la constitución y las leyes, estigmatiza, insulta, controla a otros poderes, allana, cierra medios e incomunica. Pero, en fin, nada diferente se podía esperar de un Foro que, de acuerdo a la nota de prensa de AVN del 14 de junio, asumió como uno de sus objetivos “analizar el fenómeno de la violencia opositora promovida desde abril pasado en Venezuela”. Este es un claro ejemplo de la teoría del espejo aplicada por los nazis, atribuir al otro los desmanes propios. Definitivamente las palabras sirven para todo.

lunes, 12 de junio de 2017

Ya basta amigo

Represión policial

Te entiendo amigo, te metieron en una vorágine de la cual te cuesta salir. Esos niveles de represión bestializan al mejor ser humano. Lo peor es que mañana, los mismos que hoy atropellas con tanta saña, serán los que seguramente solicitarás para que te resuelvan un problema
Correteábamos por el barrio desde muy pequeños. Éramos 11 y no nos llevábamos un año de diferencia. Tú fuiste el más tremendo. Recuerdo aquella vez que te jubilaste del Liceo y nadie sabía de ti. Tu madre desesperada visitó cada una de nuestras casas y no sabíamos nada de tu paradero. Al caer la tarde fue al Hospital, a la Policía y hasta a los bares cercanos, no vaya a ser. La búsqueda fue infructuosa y al caer la noche, la angustia comenzó a adueñarse de los vecinos. Pasada la medianoche apareciste sucio, sin los libros y con el rostro lleno de felicidad. La escapada a la playa con la muchacha de servicio de Doña Carmen bien valía el regaño y el castigo. Eso fue lo que nos dijiste no sin antes vanagloriarte de los morados causados por los azotes que, con el cable de la máquina de coser, te propinó tu padre aquel glorioso día. Así creciste, siempre eludiendo la escuela y la rutina. Mientras tus amigos se enfocaban en los estudios, tú lo hacías en la aventura. El placer de las victorias rápidas te seducía. Eso te apartó de la escuela, más no del buen camino.

Con el tiempo nos fuimos dispersando. Juan, Ramón y Andrés se casaron muy temprano y se dedicaron al trabajo, Luís, Edgar y yo proseguimos los estudios y hoy somos profesionales. Orlando y Raúl se entregaron a la vida loca del dinero fácil y los vicios riesgosos, lamentablemente ya no están en este mundo. Marlon y Carlos están en la cárcel, lo que es casi decir que están demasiado cerca del otro mundo. Tu caso fue distinto. Si bien no estudiaste, no caíste en la tentación del delito ni del mal vivir. A pesar de que eras entrador y bien parecido, no embarazaste a ninguna de las chicas del sector, ni estafaste a ningún desprevenido, mucho menos incursionaste en el peligroso mundo de las drogas o el alcohol. Sí tenías un problemita y no lo puedes negar, la disciplina del trabajo te era huidiza. Eso hizo que tu padre, un viejo sargento jubilado de la Guardia Nacional, te llevara casi a rastras a su antiguo Destacamento, donde rogó que te admitieran. El temor a que te hicieras viejo bajo su techo y la posibilidad de verse obligado a trabajar para mantenerte, lo hizo tomar esa drástica determinación.

Al principio fue muy dura tu vida militar, te escuche comentar en una de esos sábados de cervecitas en la bodega del portu Felipe. Los entrenamientos agotadores, las levantadas al alba, los baños con agua fría, las interminables guardias, la comida insufrible, calarse los caprichos de los superiores, pintar cada 3 meses la casa de playa del General, escoltar las amantes de los oficiales a sus casas a altas horas de la madrugada y luego cargar las bolsas de las esposas cuando van de compras, eran parte de las actividades que te hicieron pensar en la deserción en más de una ocasión. Sin embargo te aguantaste. La ilusión de que en cualquier momento te trasladaran a alguna Aduana te mantenía firme. Los cuentos sobre compras de apartamentos y carros por parte de los afortunados transferidos a esos puestos de frontera, eran la comidilla en el comando. Incluso, llegaste a comentar que te darías por bien servido si te destacaran en la Alcabala de Peracal en el estado Táchira. Sin embargo, tanto esperar y mira lo que te pusieron a hacer: agredir a la gente por protestar.

Con razón ya no te dejas ver por el Barrio. Pedro José, tu padre, nunca da razón de ti y Rosaura, tu madre, a veces deja soltar que estas muy malhumorado y que por eso no sales. Te entiendo amigo, te metieron en una vorágine de la cual te cuesta salir. Esos niveles de represión bestializan al mejor ser humano. Lo peor es que mañana, los mismos que hoy atropellas con tanta saña, serán los que seguramente solicitarás para que te resuelvan un problema de salud, legal, laboral, espiritual o simplemente para que te tiendan una mano en un momento de apremio. Son tus compatriotas hermano. Son los venezolanos de siempre, los mismos a los que alude el Himno Nacional y por los que te has sentido orgulloso cuando ponen en alto el nombre de Venezuela por sus hazañas deportivas, científicas, artísticas o simplemente por ser buenos ciudadanos. En fin, son los mismos que lloran igual que tú al escuchar el Alma Llanera o esa bella canción compuesta por los españoles Herrero y Armenteros, llamada Venezuela. Ya basta, te lo pido de corazón, no te sigas manchando las manos de sangre. Mira que esa vida que mañana posiblemente apagues con un tiro certero, puede ser la mía, la de tu amigo del alma. Piénsalo. Saludos.

martes, 30 de mayo de 2017

Centauros alados

Centauros

Estoy seguro que cuando esta pesadilla termine, aquéllos que cayeron bajo las balas asesinas de Policías, Guardias Nacionales o Colectivos armados, estarán desde el cielo, cual centauros alados, con escudo y lanza en ristre, vigilantes para que en Venezuela nunca más se repita esta desgracia
Los he observado en las marchas opositoras. Andan en grupos de 6 a 8 jóvenes. Sus edades oscilan entre los 14 a 24 años aproximadamente. Se entremezclan muchachos y muchachas y es posible distinguirlos por la delicadeza con el cual las féminas lucen sus atuendos de guerreras espartanas. Definitivamente las venezolanas, hasta en los trances más enconados, no pierden la prestancia que da cuidar la armonía de sus encantos. Todos transmiten energía, entusiasmo, convicción de que están en el lado correcto de la historia y sobretodo la sensación de que este país es de ellos y que es su deber defenderlo.

Con un andar ligero atraviesan en fila india la multitud ante el aplauso y los vítores de los marchistas. ¡Valientes!, ¡valientes!, es lo que se escucha a su paso. La vestimenta los hace distinguir del resto. Desde lo lejos se ven llegar con el rostro cubierto con una pañoleta colorida o una franela hábilmente enrollada cual turbante de beduino del desierto. Llevan un casco de motorizado o de ciclista para amortiguar la lluvia de bombas lacrimógenas, y sobre el cuello, la máscara antigás para evitar la asfixia. Sobre este aditamento es curioso observar que usan de variados modelos, desde las más sofisticadas disponibles en el mercado, hasta las de factura artesanal hecha con botellas plásticas de refresco, con rellenos de algodón y tapas ahuecadas para poder respirar. Esto sin dejar de mencionar el aditamento más importante: el escudo.

El escudo se ha convertido en un símbolo de lucha y de creatividad artística. Los he visto de diferentes formas y materiales, los hay de madera gruesa, de cartón piedra y de metal. Los pintan con el tricolor nacional o con el emblema usado por los cruzados del siglo XI, a algunos les colocan mensajes políticos, a otros alguna figura escatológica y hasta se pueden divisar unos pocos con mensajes tiernos, como aquél que vi en uno con el que se cubría una jovencita en Altamira: “Amor es, no tener que pedir permiso para ser libre”. El uso de estos artefactos de defensa los ha llevado a las páginas de los diarios más famosos del mundo y a tener presencia permanente en las redes. Queda para la Historia la foto donde cual guerreros comandados por Leónidas en la guerra contra los persas de Jerjés en el paso de las Termópilas, se guarecen bajo sus escudos ante las bombas lacrimógenas lanzadas por la Guardia Nacional.

Los llaman Guerreros de Franela, no estoy seguro del origen de ese distintivo, quizás se halla escogido por ser este el atuendo preferido para taparse el rostro. Sin embargo, el gobierno los llama de otros modos. Los califican de “violentos”, “infiltrados”, “alzados en armas”, “vendepatria”, “conspiradores”, “vendidos al imperio”, “terroristas” o cualquier otro calificativo que los coloque en la esfera del delito para justificar el ensañamiento con el que han sido reprimidos. Igual los llamó Morales en la Batalla de La Victoria en 1814, igual los llamó Gómez en 1926, igual los llamó Pérez Jiménez en 1957. Al parecer el Presiente Maduro no aprende de la Historia. Valdría la pena recordarle una de las sentencias más famosas del Ilustre Americano Antonio Guzmán Blanco “el que se mete con muchachos está irremediablemente perdido”.

Hoy día en Venezuela decir que esos muchachos son el futuro del país está definitivamente fuera de contexto. La fuerza de las circunstancias los ha convertido en el mejor presente que tiene Venezuela. Sobre sus hombros ha descansado la resistencia en la calle contra el régimen bananero de Nicolás Maduro y la cúpula militar que lo sostiene. A su temprana edad han asumido la responsabilidad de liberar a su país a pesar de los sacrificios que tal tarea ha implicado. Muchos de estos valientes han sido sometidos a torturas, vejámenes, juicios ilegales y violaciones de sus derechos humanos. Otros han ofrendado sus vidas en la lucha por la libertad, es el precio más alto que han tenido que pagar. Pero cada vez que cae uno, salen cientos a ocupar su lugar. Venezuela puede sentirse orgullosa de estos guerreros. Su gesta quedará en la memoria de la nuestra y de las próximas generaciones. Estoy seguro que cuando esta pesadilla termine, aquéllos que cayeron bajo las balas asesinas de Policías, Guardias Nacionales o Colectivos armados, estarán desde el cielo, cual centauros alados, con escudo y lanza en ristre, vigilantes para que en Venezuela nunca más se repita esta desgracia.