lunes, 12 de diciembre de 2016

¿Ahorro o corriente?

Venezuela

El socialismo del siglo XXI nos ha convertido en una suerte de MacGyver colectivo. Aquí la gente se inventa una para alimentarse, mantenerse sano o simplemente amanecer vivo al día siguiente
No me canso de repetir que el socialismo potencia la creatividad como mecanismo de sobrevivencia. Mientras que en el capitalismo el ser humano despliega parte de su esfuerzo en la búsqueda de confort y bienestar; en el socialismo toda la actividad humana está dirigida a sobrevivir en condiciones de extrema precariedad. La idea, de acuerdo a los exegetas del marxismo europeo y tropical, es formar generaciones curtidas en la eterna batalla contra el imperio, capaces de afrontar guerras económicas y amenazas de invasiones nunca concretadas. “Así se Templó el Acero” es el título que se me ocurre, mejor ejemplifica ese largometraje en blanco y negro y sin final feliz que es el socialismo.

El contraste es la mejor prueba de la afirmación anterior. Una familia clase media en EUA tiene como norte de vida poseer mínimo un automóvil, una casa, una nevera, una cocina, una lavadora, un televisor a colores, una suscripción por cable, una cortadora de césped, un teléfono celular, un trabajo estable y un hijo en la universidad. Lo demás viene por añadidura y esfuerzo: un viaje de vacaciones al año, una caña de pescar y una aspiradora. En el socialismo la cosa es más exigente. La aspiración de una familia es tener un amigo en la nomenclatura que te ponga “donde haiga”, hacerse panita de un dependiente de supermercado que te indique cuando llegue el aceite y el arroz y, sobre todo, tener mucha FE, léase Familia en el Exterior que mande dólares de vez en cuando.

Recuerdo que en uno de mis viajes a Cuba presencie esos destellos de ingenio ante la adversidad. Impagable observar como unos ingenieros mecánicos de profesión y taxistas por necesidad, se dedicaron a instalar antenas parabólicas utilizando las tazas que adornan los rines de los automóviles. A esos artefactos les soldaban en el centro un cucharon sopero apuntando hacia el cielo; al final el canal HBO se veía cochicorneto pero se veía. Lo mismo sucedía con aquella pareja habanera, ambos médicos, que se redondeaban el sueldo ofreciendo en alquiler y a domicilio la lavadora adquirida a cambio de un vestido de novia sin estrenar, que obtuvieron de manos de una prima que no llegó a usarlo porque se fugó en balsa a Miami en vísperas de la boda. Así es la vida en socialismo, hay que agudizar la sesera para sobrevivir.

El caso venezolano no es muy diferente. El socialismo del siglo XXI nos ha convertido en una suerte de MacGyver colectivo. Aquí la gente se inventa una para alimentarse, mantenerse sano o simplemente amanecer vivo al día siguiente. Pero no solo se ha incentivado la creatividad en la gente de bien, también los delincuentes han hecho alarde de su inventiva. Me he enterado que la última moda para asaltar en las busetas no es esgrimiendo la tradición al pistola y amenazado con “quebrar” al renuente que no quiera entregar la quincenita. El nuevo mudus operandi pasó a otros niveles. Ahora el caco obliga a los pasajeros a introducir su Tarjeta de Débito en un punto de venta que lleva consigo en su mochila y procede a rasparle la pensión recién depositada. Amigo lector cuando usted esté en un transporte público y escuche que en el asiento de atrás alguien pregunta “¿ahorro o corriente?”, póngase las pilas y grítele al chofer para que lo deje en la próxima parada. ¡Patria o Muerte, Venceremos!.

viernes, 18 de noviembre de 2016

¡Ni inocentes ni culpables, solo estúpidos!

Asamblea Nacional

La verdad que uno no termina de asombrarse de las cosas que pasan en la Venezuela revolucionaria y del novísimo socialismo del siglo XXI, el cual por cierto nació viejo, desdentado y con olor a naftalina. Si eso le pasa a quien debería estar curado de espantos después de 17 años de tantos desatinos y loqueteras, imagínense lo que le sucede a un extranjero, independientemente de que posea o no la condición de admirador de la revolución bonita más fea que ha tenido la región. Un inciso antes de pasar al siguiente párrafo: con respecto a esta última afirmación estoy seguro que los cubanos de fuera y de dentro de la isla la refutaran de manera airada. El hecho de que les quiten el sitial de honor mantenido con esfuerzo y trabajo por tanto años no es fácilmente asimilable.

Pónganse en mi lugar. Me ha tocado explicarle a un visitante nacido en otras tierras que en Venezuela las sentencias judiciales deben tener el visto bueno del Ejecutivo si pena de la destitución o la cárcel para el juez que pretenda ser imparcial. En otra oportunidad me tocó explicar por qué en Venezuela los altos mandos militares pueden gritar consignas partidistas en actos institucionales sin que pase absolutamente nada. Luego tuve que responder un correo explicando cómo es posible que la institución llamada a velar por el resguardo de los derechos humanos, haya perdido su vocería en las Naciones Unidas por la indiferencia recurrente ante la violación de estos derechos fundamentales. Indiferencia que, por cierto, se potencia cuando los violentados son los opositores al gobierno “humanista”.
 
Cuando estas explicaciones hay que darlas vía redes sociales es aún más complicado. Un colega sociólogo del cono sur me escribía comentando que le parecía bien que la gente manifestara alrededor del despacho del Presidente de la República. Recordaba que eso era moneda corriente en su país. Señalaba que la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, ha sido,desde siempre, espacio compartido entre opositores y oficialistas para expresar rechazos o apoyos a los gobiernos de turno. Saquen cuenta, había que explicarle que esas carpas que veía por los noticiero de TV rodeando al Palacio de Miraflores, fueron instaladas, financiadas y abastecidas por el gobierno y que tal peregrinación estaba vedada a los opositores por la prohibición expresa del alcalde de la ciudad, bajo el peregrino y discriminatorio argumento que señala a esa zona es “territorio chavista”.

Otra prueba fue explicar a amigos en el exterior la razón por la cual un conjunto de ciudadanos se oponían airadamente a recibir los títulos de propiedad de unas viviendas adjudicadas por el gobierno. Nos dimos a la tarea de convencer a nuestros curiosos colegas que no se trataba de potentados oligarcas renuentes a asumir la responsabilidad de nuevas propiedades con la carga de impuestos que eso supone, sino de gente que en su vida ha tenido siquiera un techo donde dormir. Fue una tarea como de locos. Nadie en su sano juicio entiende ninguna explicación, porque lograr un mínimo de coherencia argumentativa para justificar esa conducta es prácticamente imposible.

La última misión fue convencer a unos inteligentes e informados colegas extranjeros de que no fue en Venezuela donde se patentó la estupidez como un delito imperfecto. Es cierto que los magistrados revolucionarios de nuestro Tribunal Supremo han sido creativos en extremo al momento de interpretar nuestra Carta Magna, pero en honor a la estricta verdad no fueron ellos a los que se les ocurrió la genial idea de convertir la estupidez en una suerte de delito atenuado. Fueron los defensores de los innombrables que están en pleno juicio por conspiración para traficar drogas a los Estados Unidos, los que echaron manos de esa novedosa y creativa figura jurídica por falta de mejores argumentos. “No son culpables, solo son unos estúpidos”, le dijeron al Juez. Parecen cosas de un juicio en la Venezuela revolucionaria. Es natural que cualquiera se confunda.

lunes, 31 de octubre de 2016

Alegres si, cobardes nunca
Jóvenes en marcha 1s



Definitivamente no somos viudas plañideras que se lamentan permanentemente de su desgracia, pero tampoco arlequines de feria que viven en un mundo de fantasía construido con la intención de apartarse del que es real

Solo en un país tropical donde el sol no quema sino que acaricia, la lluvia no moja sino que bautiza y los mangos se pierden porque abundan, se pueden dar situaciones que en otros países provocarían una hecatombe política o por lo menos un sacudón social producto de la indignación colectiva. Pero estamos en Venezuela, cuna de libertadores, pero también de jodedores capaces de hacerle soltar una carcajada a una viuda en pleno velorio de su marido.
 
El venezolano es mundialmente famoso porque ante las peores tempestades suelta un chiste capaz de aliviar cualquier tensión. De la peor circunstancia improvisa una guasa, haciendo alarde de una creatividad y espontaneidad que sacaría de lugar al más circunspecto gentleman inglés. Algunos etnometodólogos y no pocos psicólogos sociales han explicado que esta es una forma de ser del venezolano, cultivada desde los tiempos de la conquista española y refinada a fuerza de tanta leña que ha recibido a lo largo de su historia. No ha sido perita en dulce atravesar el Sinaí de la gesta independentista, la Guerra Federal, la dictadura gomecista, la represión perezjimenista, y la revolución chavista, sin matarnos unos a otros en una guerra civil cruenta y prolongada.
 
Para muchos analistas esta actitud ante la vida es lo que explica los altos umbrales de tolerancia ante los desmanes del poder. A propósito de esto, me comentaba un profesor ecuatoriano que en su país por mucho menos de lo que ha hecho Maduro (o dejado de hacer), el pueblo ha sacado del poder a más de un Presidente. Otro colega argentino me refiere que en ese lado del mundo la gente se toma muy en serio el asunto de los abusos de poder y procede a cobrar cuando hay elecciones. Ni decir de un profesor brasileño que me escribe alegando que si bien ellos son un pueblo muy alegre a la hora de pasar factura a los políticos no andan con vainas. Todos coincidieron en señalar, palabras más, palabras menos, que somos culpables de nuestra propia desgracia por andar siempre con la joda por delante y rehuir el combate contra la tiranía.
 
Quizás tengan algo de razón estos eminentes académicos. Sin embargo no puedo coincidir totalmente con las conclusiones de sus tesis. Si bien es cierto que nuestra antropología política está mediatizada por el gen de la jodedera (cuentan que desde los tiempos de la guerra de independencia Páez se destacaba por sus salidas jocosas ante la adversidad), esto no nos ha apartado de nuestro deber ciudadano de defender hasta con la vida, la justicia, la libertad y la democracia.
 
Definitivamente no somos viudas plañideras que se lamentan permanentemente de su desgracia, pero tampoco arlequines de feria que viven en un mundo de fantasía construido con la intención de apartarse del que es real. Ni una cosa ni la otra. Somos capaces de reírnos de las burradas presidenciales y ministeriales y, acto seguido, cubrir nuestras espaldas con una bandera tricolor para enfrentar sin miedo al poder autoritario. Muchos asesinados y heridos por las fuerzas policiales y paramilitares del gobierno, dan testimonio de ello.
 
En ese intercambio epistolar con mis colegas latinoamericanos preocupados por nuestra supuesta quietud ante el poder dictatorial, les manifesté que en el caso venezolano, el espíritu alegre que nos caracteriza no debe ser leído como mecanismo de evasión y menos de banalización de la gravedad de las circunstancias.
 
Si bien el terrorismo de Estado y las agresiones de los paramilitares financiados y armados desde el gobierno han infundido temores justificados en la población opositora, a la hora del té nos hemos sabido sobreponer a ese miedo y actuado en consecuencia. Eso es lo que explica que no hayan podido implantar el totalitarismo desde hace mucho tiempo atrás. Finalmente les manifesté de manera muy cordial pero categórica que si bien somos un pueblo alegre y risueño, no se nos puede acusar de indiferentes y mucho menos, de cobardes.

lunes, 17 de octubre de 2016

"Me fui con 0 hit, 0 error, 0 carreras y limpio e’ bola”

Beisbol Caracas, Venezuela

No solamente a Maduro le conviene que haya comenzado una nueva temporada de beisbol profesional, al venezolano común también
No solamente a Maduro le conviene que haya comenzado una nueva temporada de beisbol profesional, al venezolano común también. Para el primero, es la oportunidad de que los segundos lo dejen en paz un rato, aunque en los estadios nadie podrá parar el “y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”.  Para los segundos es el espacio para salir de la rutina de las colas, las marchas, los empujones en el Metro, los atracos en plena parada de las busetas y las sempiternas cadenas del sucesor del Príncipe de Sabaneta.

Mi compadre Rosendo López, alías “siemprevivo”, era uno de los más contentos con esta nueva temporada. Es tan apasionado al beisbol que a sus hijos varones los bautizó con los nombres de Chico López (por Carrasquelito); Luísaparicio López (por nuestro Hall de la Fama); y Vidal (el que salió mejor parado) López, por El Muchachote de Barlovento. A la hembra le puso Dámasa (por el Blanco de Curiepe).

Rosendo es un asiduo visitante del Universitario y un impenitente caraquista. Dicen que alguna vez se ofreció de Bat Boy cuando se enteró que el titular del equipo, el popular Leigmer Morales, estaba en cama por una fuerte gripe. Nunca me lo ha confirmado, ni negado. Pero lo que sí es cierto es que desde que comienza cada temporada, Rosendo manda a la tintorería sus 6 camisas del equipo y solo hasta después de la Serie del Caribe lo volveremos a ver vestido de paisano.

Por casualidad ayer lo vi, usaba la camisa en cuya espalda se ve el número 32 en honor a Bob Abreu. Me comentó que había ido al estadio la noche anterior y me juró que no volvería. No le pregunté qué le había sucedido para tomar tal determinación, mi interrogante fue más bien sobre lo que haría con el abono. Pregunta con piquete al revés aspirando que su respuesta fuera obsequiármelo. Me soltó que este año no tuvo para pagar los 350.000 Bs. que costaba. Volví a la realidad.

Con cara de indignación fue soltando su historia: “Me fui con Carmencita al estadio, si esa misma, la que es secretaria de Presidencia, la que tengo más de un año atacando y nada. Me aceptó la invitación pero se apareció con dos tarajallos más grandes que yo, diciendo que eran sus sobrinos y que también les gustaba el beisbol. Bueno, ni modo, a lo hecho pecho, nos fuimos al estadio en Taxi, mi carro está parado por una pinche goma que no se consigue y me la quieren vender por un ojo de la cara. La carrerita me salió por 5.000 Bs.”. En este punto su expresión era la misma del gato con botas en la película aquélla.

Continuó sin pausa: “Las entradas me salieron a 1.050 cada una (4.200 Bs. por los 4). Al llegar dijeron que se les antojaba una hamburguesa porque no habían comido. Pagué por cada una 4.500 Bs más 1.000 bolos por el refresquito. En esa sentada se me fueron 22.000 Bolívares. Viendo el juego nos tomamos las cervecitas, es inevitable. Pero los tarajallos también le jalaban a la cebada. Total 21 cervezas a 600 Bs., sumaron 12.600 Bolívares. Ni te cuento que a mitad de juego se antojaron de perros calientes, no sé donde les cabe tanta comida. Compré 3 a 1.500 Bs. cada uno, pague 4.500 Bolos.”.

Sin pausa agregó, “concluido el juego, lo que me temía. Salieron con hambre y además de las cervezas del estribo, pidieron dos parrillas, sude frío ya que vi el precio y eran 7.000 Bs. por cada una. El antojito me salió por 15.900 Bolívares. Menos mal que hasta los que venden chucherías tienen punto de venta, porque si no preso iba a ir. Al final, los mande para su casa en Taxi (8.000 Bs. más porque era para Los Teques) y me fui a la casa a pie porque no me quedó ni para tomar un autobús. La nochecita me salió en 72.200 Bs. Resultados de la jornada: El equipo perdió, me fui con 0 hit, 0 error, 0 carreras y limpio e’ bola”.

Cuando creí que todo estaba dicho, Rosendo soltó esta perla: “cuando llegué a la casa, mi mujer estaba que echaba chispas porque habían cortado la luz, el gas y el teléfono por falta de pago y cuando le dije que no tenía plata, se puso más endemoniada que manager viendo poncharse a Galarraga con 3 en base”. ¿Cómo arreglaste todo?, increpé, “¿Arreglar?, venía a hablar contigo para ver si me alojabas en tu casa”. Me pregunto, qué será mejor, ir al estadio o quedarse en casa escuchando a Maduro.

lunes, 3 de octubre de 2016

Cuando lo cotidiano es lo absurdo

Buscan comida en basureros

Observar a gente que sale de su trabajo para ir directo a los basurales cercanos a restaurantes a rescatar alimentos en buen estado o a punto de descomposición, es algo que trastoca cualquier rasgo de la normalidad
Recuerdo mis tiempos de estudiante universitario. Para ese entonces, mediados de los 70, a uno se le removía el alma de la emoción cuando escuchaba aquella hermosa frase que nunca supe si llegó de Cuba, vía Revista Bohemia o de alguna estrofa de una de las canciones de Silvio Rodríguez.
También es posible que haya llegado de Francia, como una de las genialidades de las muchas que adornaron aquel mayo del 68 y se anclaron como frases inmortales en el corazón de todo joven contestatario. Me refiero a aquel lema que decía algo así como: “Cuando lo extraordinario se hace cotidiano, entonces estamos en revolución”.

Tal hermosura nunca fue una consigna de esas que se repiten hasta el cansancio en las marchas de protesta. Tampoco ha cerrado los manifiestos políticos de la izquierda como aquel ¡Patria o Muerte, Venceremos!, impuesto por Fidel desde la Segunda Declaración de La Habana en febrero de 1962. Confieso que en más de una oportunidad se la he achacado a Quino ya que parece una de las típicas salidas de su alter ego, Mafalda. Lo cierto es que la mayoría se la ha endosa al polémico Che Guevara. Es posible que sea así, aunque buscando en internet no conseguí ni cuándo ni en qué momento la dijo. A lo mejor es como las frases atribuidas a Einstein y que nunca fueron expresadas por el genio de la Teoría de la Relatividad.

Pero, más allá de quién la haya dicho, esta afirmación tiene una inmensa fuerza emocional. De solo escucharla cualquiera con algo de sensibilidad puede abrir la puerta de su imaginación y trasladarse, cual la Alicia de Lewis Carrol, al país donde las maravillas se hacen presentes a cada instante y en cada rincón.

Su carga poética y esperanzadora la ha convertido en una de las frases más utilizadas en los últimos 30 años por haberse sedimentado en el imaginario de todo revolucionario que se respete. Sin embargo esa máquina trituradora que llaman revolución bolivariana se ha encargado de desvirtuarla, gracias a su infinita incapacidad para gobernar y al enorme poder de destrucción de lo bueno que quedaba en el país.

A diferencia de lo que sugiere la frase de marras, en la revolución chavista lo extraordinario no está asociado con la idea de avance o felicidad para el pueblo. ¿Que suceden cosas fuera de lo común?, es innegable. La diferencia es que ningún país serio haría lo que en Venezuela el gobierno hace cotidianamente. Solo mencionaré algunos casos que corroboran nuestra afirmación. Comenzare por el más reciente. Díganme en cual país de esta bolita azul suspendida en el universo, un gobierno prohíbe que ingresen medicinas a un Hospital público donde cientos de niños esperan por ellas para tratar sus dolencias. Si esto no es algo extraordinario, ¿cómo podría calificarse?

Hacer que un poder como el electoral invente de manera descarada miles de trabas para evitar el derecho constitucional a revocar al Presidente de la República, es algo que excede los parámetros normales de una sociedad que se autodefine como democrática. El país no sale de su asombro al observar como en cada día que pasa, surgen nuevos y más ridículos obstáculos para hacer imposible el ejercicio de tal derecho. Esa extraordinaria insensatez e inmoralidad, es de las cosas fuera de lo común que suceden en Venezuela.

Por último y para no alargar este artículo, me referiré a lo más extraordinario que ha hecho la revolución bolivariana. En apenas 17 años ha convertido a Venezuela de ser uno de los países más ricos del continente, en uno donde recoger alimentos de la basura se ha hecho cotidiano.

Observar a gente que sale de su trabajo para ir directo a los basurales cercanos a restaurantes a rescatar alimentos en buen estado o a punto de descomposición, es algo que trastoca cualquier rasgo de la normalidad. Esta revolución de lo absurdo definitivamente está inspirada en Marx, pero no en el pensador alemán, sino en el humorista norteamericano Groucho Marx, experto en convertir lo absurdo en un rasgo de cotidianidad.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Plebiscito allá y Revocatorio aquí

Acuerdo de paz en Colombia

En Colombia el asunto se está dirimiendo de manera democrática, amén de la absoluta confianza en ambos bandos de que las opiniones podrán ser emitidas sin amenazas por parte del gobierno, mientras tanto en nuestro país el gobierno y los poderes públicos traban grosera y descaradamente el derecho a que el venezolano se exprese libremente
Acabo de regresar de la ciudad de Pereira en Colombia, una de las ciudades más importantes del llamado Eje Cafetero. Fui gentilmente invitado por la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), para participar como expositor en la Conferencia Regional para América Latina de la “International Association for Research on Textbooks and Educational Media” (IARTEM). Allí se dieron cita investigadores reconocidos por sus trabajos en el área de los textos escolares y medios educacionales. Fue un honor compartir con tan calificados académicos. Solo para hacer referencia a algunos, destaco la presencia de Graciela Carbone de Argentina, Tania Braga de Brasil, Francisco Rivero de Chile, Jesús Rodríguez de España y por Colombia, Martha Elizabeth Varón, de la Universidad de Tolima y a los anfitriones María Victoria Alzate, Karolaim Gutiérrez, María y Miguel Ángel Gómez de la UTP, entre muchos otros.

No entrare en detalles sobre lo bien organizado que estuvo el evento y la elevadísima calidad de las ponencias presentadas. Nuestra disertación fue sobre los textos escolares de la Colección Bicentenario y sus contenidos sesgados y adoctrinadores, muchas veces denunciados por nosotros en múltiples eventos nacionales. Cómo era de esperarse, entre los más de 300 asistentes hubo expresiones de asombro ante el texto de ciencias sociales para 6to Grado, llamado Venezuela y su Gente, dónde se narran los hechos del 11A omitiendo el episodio en el cual el General Lucas Rincón, para la época Jefe del Estado Mayor Conjunto, anunció en cadena nacional, la renuncia de Chávez. Hago referencia a esta narrativa, solo para mostrar parte de las múltiples omisiones y tergiversaciones de un texto que más parece un panfleto partidista que un libro para trabajar en clase.

Más allá de la Conferencia, pude constatar la preocupación de los hermanos colombianos por el posible resultado del plebiscito que se llevará a cabo en octubre para respaldar o no los acuerdos de paz firmados entre las FARC y el gobierno del Presidente Santos. Escuché muchos argumentos en favor y en contra, como es lo natural. Pero algo que me llamó mucho la atención es que entre los “bandos”, existe una absoluta comprensión de los argumentos esgrimidos por el otro. La señora que regenta una de las tantas ventas de empanadas en la universidad, nos afirmaba “respeto a los que quieren apoyar el acuerdo porque es verdad que necesitamos paz, pero no quiero estar como están en Venezuela, con unos comunistas que llegaron a gobernar, arruinaron al país y ahora no quieren soltar el poder por nada del mundo”. Más claro, imposible.
Por otro lado los simpatizantes del “Si”, apuestan por el cese del conflicto, aún estando conscientes que es una decisión riesgosa porque consideran que la guerrilla puede traicionar los acuerdos cuando se recupere del mal momento político y militar que vive en la actualidad. Nos afirmaba una profesora que votará por el Sí, “entiendo a los que van a votar No, aquí hay demasiadas víctimas de la guerrilla y perdonar no es fácil para quien perdió un hijo, un padre, un esposo. Aún así votaré por el Sí, sabiendo que seguramente no van a entregar todas las armas, ni todo el dinero, ni toda la droga, pero que le vamos a hacer, estamos cansados de este conflicto. Los colombianos merecemos vivir sin miedos ni sobresaltos”. Razonamiento impecable y realista.

Lo que encontramos en común entre ambas posiciones frente al plebiscito de octubre, es que hay una profunda desconfianza sobre la sinceridad de las FARC. Aún recuerdan la burla de las conversaciones de paz en El Caguán, cuando la aprovecharon para ganar tiempo, reagruparse y luego reiniciar los atentados, secuestros, reclutamiento forzoso de niños, vacunas y asesinatos en nombre de una revolución de la cual, por cierto, los colombianos la ven hoy día como uno de los negocios más lucrativos del mundo, a pesar de que todavía hay algunos ingenuos que confían en la retórica libertaria de sus panfletos y consignas.

De retorno a Venezuela pensaba sobre el Referendo Revocatorio a Nicolás Maduro y las posibles analogías con el plebiscito colombiano. Pues no encontré ningún parecido. Por el contrario, en el hermano país el asunto se está dirimiendo de manera democrática, amén de la absoluta confianza en ambos bandos de que las opiniones podrán ser emitidas sin temor a presiones ni amenazas por parte del gobierno, ni sus votos serán manipulados por el Consejo Electoral, mientras tanto en nuestro país, a pesar de que casi el 90% piensa que el inicio de la solución de los graves problemas que nos atosigan pasa por revocar a quienes los generaron, el gobierno y los poderes públicos controlados por el Ejecutivo traban grosera y descaradamente el derecho a que el venezolano se exprese libremente y en paz. ¿Una pequeña diferencia, no?

lunes, 5 de septiembre de 2016

Bitácora de una Marcha

Referendo

9:00 de la mañana, estamos prestos a incorporarnos a la marcha convocada por la MUD para solicitar la fecha del Referendo Revocatorio. El Distribuidor de Santa Fe estaba desbordado en los canales de ida y venida de la Autopista hacia Prados del Este. Confieso que como marchista reiterativo nunca había salido de ese sitio. En todas las convocatorias anteriores mi punto de partida fue Santa Mónica, lugar siempre escogido por mis colegas profesores de la Universidad Central de Venezuela. Esta vez cambie mi rutina.

La cantidad de gente era apabullante. La autopista de Prados del Este estaba repleta de jóvenes, adultos contemporáneos y abuelos. Un dato que no puedo dejar de mencionar, es que había mucha gente humilde, de esas que uno estaba acostumbrado a ver en las marchas convocadas por el gobierno. Esto corrobora que la situación ha cambiado. Que lo del 80% de rechazo al gobierno de Maduro no es una ficción fabricada por compañías encuestadoras, sino una realidad de carne y hueso. Parte de esa realidad caminaba junto a mí con el mismo entusiasmo y la misma esperanza por lograr un cambio en Venezuela.

Mientras avanzaba con la multitud, imaginaba los reportes de los servicios de inteligencia que le llegaban a Maduro: “Señor Presidente ya no sabemos qué hacer, no hemos podido detener la marcha, lo único que nos queda es que llueva. Estamos trabajando en eso”. A las 10:30 am llegamos a la avenida Rio de Janeiro. Estaba de bote en bote. Un poco más atrás un mar de gente se desvió y siguió la ruta de la autopista Francisco Fajardo hacia Chacaíto. Era impresionante ver dos ríos de gente, y entre ellos, el río Guaire como testigo de excepción de ese tsunami humano. Para ese momento ya recibíamos reportes de las otras concentraciones opositoras, las de las avenidas Libertador y Francisco de Miranda. La situación pintaba similar o mejor. Ante esas noticias, imaginaba el segundo reporte de inteligencia: “Señor Presidente, con todo respeto, le dijeron que eran como 30000 personas, esos reportes están errados, son como 2 millones y sigue llegando gente”.

Casi al mediodía, ya despejada la autopista, vimos pasar una caravana de motorizados con franelas rojas y autobuses oficiales que se dirigían a la concentración convocada por el gobierno. Estaban escoltados por motorizados de la Policía Nacional Bolivariana. Por supuesto no se hicieron de rogar los gestos obscenos hacia los opositores concentrados a la altura de Las Mercedes. Lo curioso es que en el sentido hacia el Este, la Guardia Nacional obstaculizaba el tránsito de vehículos y motos que querían dirigirse hacia la concentración opositora. Cosas del uso abusivo del Poder. Mientras observaba ese espectáculo bizarro, pensaba en un posible 3er. reporte de los cuerpos de seguridad: “Señor Presidente, nuestros infiltrados informan que pareciera que no vienen a tumbarlo como usted nos advirtió. Esperamos instrucciones porque el sol está muy bravo y aquí no estamos haciendo mucho”.

A la 1:30 pm los dirigentes de la MUD estaban leyendo el comunicado previsto para el cierre de la jornada. La gente no estaba muy atenta porque había mucha deficiencia en el audio, pero allí se mantenían incólumes. Se entendía que la sola presencia era una contribución importante para el éxito de la cita. Al rato y sin proponérmelo, pude observar por breves minutos la alocución del Presidente en la Av. Bolívar en un televisor de un restaurant de la zona. Era imposible precisar las dimensiones de esa concentración por la toma cerrada que hacen los camarógrafos de los canales progubernamentales. Con la duda comenzamos el camino de retorno. No hubo ningún altercado.

Ya en casa, reviso las redes sociales y observo que Diosdado Cabello cuelga en su Timeline una fotografía de una enorme concentración rojita en la Av. Bolívar. Me dije “bueno, también tienen su gente”. Al rato tuiteros acuciosos habían descubierto que esa fotografía no era de 2016. Con esa información imaginé el último reporte del día por parte de los cuerpos de inteligencia: “Señor Presidente, por favor mande a quitar esa foto que montó Diosdado. Somos el hazmerreir del mundo, ya los escuálidos descubrieron que es de 2012”. Hay muchas razones por las que queremos revocar a este gobierno, una de ellas es el uso de mentiras como esta.