lunes, 8 de enero de 2018


Buena suerte Felipe






Felipe llegó de Portugal cuando tenía 14 años huyendo de la posibilidad de ir a la guerra, huyendo de la violencia, 40 años después se va de Venezuela para escapar de la violencia

Crónicas mundanas. Autor Tulio Ramírez

Éramos unos muchachos cuando Felipe llegó al Barrio, corría el año 1971, año en el que con un real merendábamos luego de salir de clases. A las 11:30 salíamos en tropel a almorzar, ya que en esos tiempos había dos turnos. Camino a casa la parada obligada era el abasto del Barrio.  Un medio costaba una Susy y un medio costaba un refresco.  Para los lectores muy jóvenes, un medio era la cuarta parte de un bolívar (sin ceros a la derecha) y la mitad de un real. Dos reales hacían un bolívar y en esa época quien tenía esa moneda, tenía una pequeña fortuna. En nuestro grupo no era muy común que alguno tuviese un bolívar. A lo sumo, nuestros humildes padres nos daban un real cada dos días y eso era suficiente. Pero la crónica de hoy no se refiere precisamente a nuestra feliz vida de los 70, sino a Felipe, el portugués que, con 15 años de edad, fue traído de su tierra natal a trabajar en el abasto donde, si teníamos dinero, hacíamos parada obligatoria.

La primera vez que lo vimos, era un mozalbete flaco, pelirrojo y algo desaliñado. No hablaba nada de español y se encargaba de mantener limpio el local. Al poco tiempo ya mencionaba con cierta facilidad algunas de las groserías más comunes de la época, las cuales aprendió de tanto escucharnos. Un día descubrimos que no sabía leer. Para nosotros fue una sorpresa, no concebíamos que un joven de esa edad no haya ido nunca a la escuela. Con el tiempo nos contó que sus padres en Portugal eran agricultores analfabetos, y que lo mandaron a Venezuela para evitar que el gobierno lo reclutara y lo alistara como soldado para pelear en una de las colonias africanas. Su tío Francisco, a la sazón el dueño de la Panadería, lo recibió y lo puso inmediatamente a trabajar en el negocio de lunes a domingo sin perspectiva alguna de facilitarle educación.

Con el paso del tiempo Felipe pasó de coletear el local, a carnicero.  Aprendió el oficio a fuerza de madrugar y observar a su otro tío, el señor Manuel, quién cortaba con maestría y precisión los bistecs y molía la pulpa negra sin perder ni un gramo. Poco a poco logró hablar con mayor fluidez el español. De manera autodidacta aprendió a leer y a realizar cálculos aritméticos sencillos, eso le valió trabajar en la caja, por lo cual sus ingresos aumentaron considerablemente. Prácticamente se integró a nuestro grupo. Los domingos en la tarde, luego de hacer caja, nos acompañaba a jugar pelota.  Se convirtió en un furibundo magallanero, a pesar de que fue mucho después que entendió las reglas del beisbol. Para diciembre de 1975 ya formaba parte del conjunto de gaitas del barrio. Era impresionante ver la habilidad con la que tocaba el furruco. Tenía la cadencia de cualquier maracucho del sur del Lago.

Felipe vivió un proceso de venezolanización acelerado. Bebía ron, jugaba truco y se casó con una barloventeña que le enseñó a preparar sancocho y a cantar fulía. De esa relación nacieron 4 muchachos a quienes les facilitó todas las oportunidades para que estudiaran. Hoy son exitosos profesionales, aunque todos fuera del país. A los 40 años ya era socio del abasto y a los 50, dueño absoluto. “Eu sou cacareño”, solía decir cuando le preguntaban en que parte de Portugal había nacido. Su amor por Caracas era contagioso. “A portugale, ni de visita”, nos aseveraba cuando a alguien se le ocurría mandarlo al carajo.

El lector se preguntará cual es el sentido de esta crónica, cuando padecemos problemas que son un lomito para cualquier escribidor. El asunto es que en la mañana del 2 de enero llame por teléfono a Felipe para darle el feliz año, y después de los saludos de rigor me soltó: “Compadritu, hasta aquí llego eu. Nu abro mais el abastu. Con ese aumento de salarios me reventaron el negocio. Ya mis hijos están afuera. A mis 60 años no necesitu tanta angustia. Voy a agarrare mis macundales, mi mujer y me voy pa’ portugale. Eiste país no lo conozco, eiste ya nu es mi país, el mío me lo rubaron”. Mientras lo escuchaba me vino a la mente la imagen de aquel Felipe analfabeta que vino a Venezuela hace 46 años huyendo de la pobreza, la ignorancia y la violencia, lo paradójico es que ahora vuelve a su patria para alejarse de las mismas circunstancias que lo trajeron. Al final me quedó claro a qué se refería cuando hablaba de un país que le habían robado. Solo atiné a decirle, “buena suerte Felipe, te deseo lo mejor”.

lunes, 25 de diciembre de 2017





Carta del Niño a Nicolás

25 de diciembre de 2017

 

Tulio Ramírez




Estimado Nicolás,

Un gusto saludarte. No creas que me ha sido fácil enviarte esta carta. Los ángeles que siempre me acompañan, no estuvieron muy de acuerdo con esta iniciativa celestial. Tuve que recurrir al Viejo para que, con su bondad infinita, los convenciera de que, para algunas cosas, lo cortés no quita lo valiente. No pretendo iniciar un dialogo contigo, ya que sería infinito e inútil. Asume esta misiva como un debut y despedida, como aquél ministro de economía que nombraste y duró solo horas en el cargo porque dijo que la inflación era solo una ilusión óptica de burgueses y escuálidos. Así pues, con la venia del Viejo y el escepticismo de mis fieles ángeles de la guarda, procedo a comentarte lo siguiente.

Es duro echártelo en cara, y sobre todo si esto que te voy a decir sale de quien por miles de años se ha encargado de alegrar a los más pequeños cada diciembre. Por tu torpeza y mal gobierno has logrado que los niños de tu país no necesiten juguetes en navidad sino comida. Como sabes, ese no es mi departamento. Los encargados de crear las condiciones para que un país genere riquezas y alimentos son sus gobernantes y ciudadanos a través de acertadas políticas, estímulos, inversión, educación y cultura del trabajo. Eso es lo que hace felices a los pueblos, y en compensación el Viejo y yo los retribuimos llevándole alegría a los chamos cada vez que celebran mi nacimiento. Fíjate que no por casualidad se presenta esta especie de ecuación histórica: Gobiernos Comunistas + Control total por parte del Estado + Anulación de Libertades = Proscripción de las Navidades.

Tal ecuación no es como la de la Teoría General de la Relatividad, que todavía genera dudas en algunos. Esta, por el contrario, no ha sido refutada nunca. Cada vez que hay un experimento social como el que implementas en Venezuela, se requeteconfirma. Recuerda lo que fue la extinta Unión Soviética y los países del Este, o voltea y mira hacia Cuba y Corea del Norte, donde obligan a los niños a alabar a los líderes desde que están en los primeros grados de la escuela, creyendo que con eso los hacen felices. En esos países proscribieron la navidad por el temor a que los más pequeños se confundan y celebren el nacimiento, no de su líder, sino el de un niño humilde que nació en Belén y creció sin odios ni resentimientos hacia el otro.

Estoy muy molesto contigo. Se que poco te importa. Total, ni siquiera represento un voto por ser menor de edad. Mi molestia ni siquiera es porque has convertido a las fiestas navideñas en un suplicio para los venezolanos que no tienen como celebrarla. Ya vendrán mejores tiempos, no hay mal que dure cien años ni país que lo resista. Lo que me acojona, y perdona tan prosaica expresión, es lo que le hiciste a esos más de 120 niños que querían pasar las navidades con sus padres en el exilio. Se los impediste de la manera más cruel, anulando sus pasaportes y haciendo caso omiso a sus permisos de viaje. Mataste la alegría de esas criaturas y eso no te lo perdono.

No quiero ni imaginar los delitos que se le inventaran a esos niños, para justificar tan vil acción. No te pediré una explicación. Además, se bien que ni el Viejo ni yo somos santos de tu devoción, así que tampoco tienes porqué dárnosla. Anda y celebra con tus amigotes, sé que no te remorderá la conciencia. Pero recuerda, el poder no es para siempre y gobiernos como el que presides han durado menos que vomito de borrachito desnutrido. Bueno Nicolás, que el Viejo te bendiga, porque dudo que tus compatriotas lo hagan. No te molestes en contestar. Con mi más profundo deseo de que rectifiques, me despido con aprecio, Jesús.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El Carnet de la Humillación

Carnet de la patria

La práctica “del carnet” no es nueva en Venezuela. Sin embargo, lo que vemos hoy día, dista mucho de lo que vimos y criticamos en los gobiernos adeco-copeyanos
Lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer. Durante la tan denostada IV República, o democracia civil como prefiero llamarla, los camaradas de entonces y boliburgueses de hoy, vociferaban indignados que era una humillación para los venezolanos la exigencia del “carnet del partido”, como condición para ser beneficiado con un puesto de trabajo en un ministerio. La verdad, y no lo niego, me uní a esas voces en ese momento. Siempre me indignó  el chantaje para acceder a un derecho como el del trabajo. Lo cierto es que los adecos aseguraban algunas prebendas a parte de su militancia,  si este demostraba con su carnet haber sido un fiel militante de la causa partidista. Los copeyanos por su parte, si bien no estilaban lo del fulano carnet, cuando les tocaba el turno de gobernar, y sin botar a los adecos, también premiaban a su militancia con algún puestico en el gobierno. Total que la práctica “del carnet” no es nueva en Venezuela. Sin embargo, lo que vemos hoy día, dista mucho de lo que vimos y criticamos en los gobiernos adeco-copeyanos.

Para ese entonces, no se obligaba a nadie a sacar el carnet del partido, de hecho ni siquiera todos los militantes lo tenían. Era un acto voluntario que mostraba más el compromiso y orgullo de pertenecer al partido que el deseo de acceder a algunas ventajas. Ni siquiera recuerdo a algún líder de AD o Copei, hacer alarde público del número de militantes por el número de carnetizados. Tampoco era un elemento de exclusión o apartheid. Más de un revolucionario mascaclavos y comecandela de la época, una vez graduado de su carrera universitaria, accedió a puestos de trabajo en el gobierno o a una beca de Fundayacucho para estudiar postgrado en el exterior, sin habérsele exigido el aborrecible “carnet del partido” o haberle puesto como condición la inscripción en la seccional de la parroquia donde habitaba. Los tiempos han cambiado.

Ahora, en tiempos de revolución, los adalides del humanismo, la democracia protagónica y de los poderes creadores del pueblo, chantajean a ese mismo pueblo que dicen defender y amar, con la exigencia de una credencial partidista para acceder al más mínimo servicio o derecho consagrado en la Constitución como de libre acceso a todos los ciudadanos sin distinción alguna. Jugando cruelmente con la situación de hambre y de extrema necesidad de los venezolanos, obligan a la gente más humilde a sacar el Carnet de la Patria ya que lo convirtieron en requisito para poder comprar las Cajas y Bolsas CLAP, las medicinas y recibir atención médica en los CDI y los pocos Módulos de Barrio Adentro que todavía existen. Quien no tenga esa credencial, pues no tendrán oportunidad alguna de acceder a las migajas que el gobierno lanza a los más humildes.

Estando de compras en una ferretería, una mujer claramente enchufada en el Gobierno adquirió casi 3 millones de bolívares en bombillos fluorescentes, amén de otras menudencias. Atrás en la cola para pagar, se encontraba una señora a todas luces proveniente de los sectores populares, cargaba dos bombillitos normalitos en sus manos que pagaría a un costo de 16 mil Bolívares cada uno. En la conversación que siempre se entabla en esas circunstancias, la humilde señora preguntó dónde podía conseguir algunos antibióticos que estaba buscando y no podía conseguir por ninguna parte. Nuestra enchufada le contestó con cierto dejo de superioridad, de quien se sabe está cómoda en la vida, que antibióticos si había y suficientes. Le aconsejó que fuera con el Carnet de la Patria a una determinada farmacia del Gobierno ya que allí los encontraría, caros, pero los encontraría.  A todas estas, después de pagar y salir del negocio nuestra enchufada, la viejita dijo a viva voz, “yo quisiera el Carnet de la Patria Platinum que tiene esa señora y no el que me dieron a mí, que para nada me ha servido, qué humillación mijito”.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Bolivarian Revolution Awards 2017

Wiston Vallenilla

A falta del Guaicaipuro o Mara de Oro con sus criterios burgueses y sifrinos para premiar a los artistas, proponemos la creación del Bolivarian Revolution Awards, el cual será entregado a quien destaque en el medio televisivo. Como esta es una revolución “tramparente”, los ganadores de este premio serán escogidos por la Secretaría de Propaganda y Asuntos Ideológicos del PSUV, bajo la coordinación general del Papá de los Helados, quien desde Miraflores vetará o no la decisión tomada
Los años 70 se caracterizaron por la premiación anual a personas ligadas al mundo del espectáculo. Los sesentones y cincuentones de hoy recordamos con cierta nostalgia aquel mundo de fiesta farandulera que una vez al año ocupaba la atención de buena parte de los venezolanos. Estas premiaciones eran muy significativas para la carrera de muchos artistas. Eran, guardando las distancias, los equivalentes a los Latín Grammy, o por qué no, a los Oscar Hollywoodenses que han catapultado al estrellato a tanto talento gringo. La noche de la entrega del Guaicaipuro de Oro o del Mara de Oro era tan esperada como el Miss Venezuela. Escuchar a Gilberto Correa o al Musiu La Cavalerie anunciando a Tomás Henrique como el actor de reparto del año o a América Alonso como la actriz de comedia del año, llenaba de regocijo al más indiferente.

Hoy no tenemos estos premios. La mayoría de nuestros talentos están fuera del país, unos actuando y otros haciendo quien sabe qué cosa, pero sobreviviendo todos. Muchos están tratando de obtener el reconocimiento y cariño que dejaron atrás. De primeros actores, algunos pasaron a ser actores de reparto esperando una oportunidad que los vuelva a colocar en el pináculo de la gloria. Otros quizás estén conduciendo taxis o repartiendo pizzas. Los menos afortunados estarán pernoctando a las puertas de algún teatro de baja factura esperando ser contratados, aunque sea de luminito o carga cables. Lejos está el aplauso que les dio satisfacciones y medios para vivir dignamente. Ya no firman autógrafos en la calle ni nadie les pide posar para tomar un selfie. Así es la vida de quienes, hasta hace poco, fueron objeto de adoración y admiración de los venezolanos.

La farándula en Venezuela se ha visto menguada por esta diáspora. Son muy pocos los canales que pasan programas con talento venezolano. Las novelas, nuestra marca en el mundo junto con el Miss Venezuela, prácticamente han desaparecido. Las pocas que se televisan fueron grabadas en los 80 y los 90. Tampoco hay programas musicales con voces de reconocida calidad y pedigrí en el ambiente. Más bien abundan los programas de imitación a los famosos como una suerte de nostalgia inconsciente por los que hoy tomaron otros rumbos para entretener con su arte. Nuestros otrora canales de variedades, se han convertido en vidrieras de enlatados o en canales darwinianos donde solo nos enseñan como los Koalas de Madagascar procrean en épocas de invierno. Estoy hablando de 2 o 3 canales que no están (totalmente) en manos del gobierno. El resto, los rojitos, son un mundo aparte, no por mejores a los comerciales, sino por todo lo contrario.

Estos canales oficialistas y gobierneros tienen muchos programas con talento (?) vivo, por lo que es justo crear un premio que reconozca su participación en ese difícil mundo. A falta del Guaicaipuro o Mara de Oro con sus criterios burgueses y sifrinos para premiar a los artistas, proponemos la creación del Bolivarian Revolution Awards, el cual será entregado a quien destaque en el medio televisivo. Como esta es una revolución “tramparente”, los ganadores de este premio serán escogidos por la Secretaría de Propaganda y Asuntos Ideológicos del PSUV, bajo la coordinación general del Papá de los Helados, quien desde Miraflores vetará o no la decisión tomada. 

Algunos de los renglones que propongo para ser premiados este año 2017 son: El Bostezo del Año para aquél conductor o animador que acumule el ranking más bajo (sabemos que este premio será muy reñido); El Escatológico del Año, también un premio muy competido, aunque algunos aseguran que por muchos tiempo lo monopolizará aquel que echó al pajón a medio mundo de su propio partido; El Sapo de Oro, se reconocerá con este galardón a quien más presos acumule gracias a acusaciones infundadas a través del medio televisivo; El Regreso del Año, destinado a quien en tiempos difíciles para la revolución se pasó a la oposición y en tiempos difíciles para la oposición se paso de nuevo al chavismo.

Finalmente, El Cara e’ Tabla del Año. Este premio estoy considerando no proponerlo por la polémica que pueda surgir entre quienes tengan mérito para merecerlo. Es mejor sincerar la cosa y dárselo de una vez a quien lo merece. Además, si no sale premiado es capaz de vetar la decisión. ¡Qué viva nuestra farándula revolucionaria!

lunes, 13 de noviembre de 2017

Yo a ti, sí te jodo

Jaime Lusinchi y Luis Guillermo García

Eran los tiempos de la IV República, o de la democracia civil como prefiero llamarla. Se hacía periodismo mordaz, crítico y nada complaciente con los gobiernos de turno
Los diferentes medios de comunicación estaban dispuestos para reseñar la noticia, la cual por cierto no recuerdo, pero el asunto ha debido ser de cierta trascendencia por la presencia del presidente Lusinchi. El lugar, alguna de las oficinas del Palacio de Miraflores. La transmisión era en vivo y directo. Yo sintonizaba, como todas las noches, el noticiero de Radio Caracas Televisión. Luís Guillermo García era el periodista que por ese canal estaba cubriendo la noticia. Luís Guillermo, junto a otros periodistas como Samuel Belilty, Sergio Novelli y la para entonces muy joven Laura Castellanos, conformaban un staff que se caracterizó por el sentido crítico y de denuncia que le imprimían a sus reportes. Lo cierto es que en ese episodio que estoy rememorando la verdadera noticia no fue el asunto del cual ni me acuerdo, sino la respuesta que le dio el para entonces presidente al periodista de marras. Se le acercó como una tromba. Con los cachetes temblorosos y con el dedo índice amenazante le espetó: “Tú a mí no me jodes”. Luís Guillermo, con cara de desconcierto, se limitó a mirar a la cámara como preguntándole al televidente, ¿y qué carajo le pasa a este señor?

Eran los tiempos de la IV República, o de la democracia civil como prefiero llamarla. Se hacía periodismo mordaz, crítico y nada complaciente con los gobiernos de turno. Salvo una paliza que algunos inadaptados le dieron al periodista Alfredo Tarre Murzi y una que otra demanda por difamación a algún periodista o editor que se pasó de la raya, había una relación tensa pero tolerante entre el gremio de cazadores de noticias y la clase política en el país. Tanto la prensa escrita como las revistas de corte político, colocaban a la disposición de sus lectores, crudos reportajes, columnas polémicas, así como entrevistas incisivas y provocadoras. Ese periodismo valiente y punzante no recibía como respuesta el allanamiento de la casa de algún periodista, por parte de la policía política del régimen. Hasta los humoristas no desaprovechaban la oportunidad de despellejar a los políticos de oficio. Inolvidables los sketches de la Radio Rochela, donde prácticamente todos los líderes importantes de la época fueron parodiados, magnificando sus desaciertos y metidas de pata.

Pues si mi apreciado lector, en esa república civilista, hoy tan criticada por un régimen que calza botas militares, un presidente amenazó a un periodista frente a toda Venezuela, y no le pasó absolutamente nada. El reportero siguió con sus reportajes cargados de denuncias y críticas sin que fuese despedido u obligado a renunciar “por órdenes de Miraflores”. Por el contrario, el presidente Lusinchi fue el que recibió una andanada de rechiflas provenientes no solo del gremio de comunicadores sociales como era de esperarse, sino de sectores no ligados a este oficio. Definitivamente era otra Venezuela.

Añoramos aquellos tiempos por miles de razones que no vienen al caso nombrar. Todos las conocemos y padecemos a diario. Sin embargo, quiero referirme a los embates en contra de la prensa y los periodistas. Cierre de medios, agresiones físicas y verbales, veto a algunos conductores de programas de radio, enjuiciamiento a editores, ha sido la constante de un gobierno alérgico a cualquier posición que disienta de sus políticas. En los gobiernos dictatoriales la primera víctima es la prensa libre, acostumbran a decir quienes tienen la responsabilidad de informar. Pero hablar de prensa es hablar de periodistas. El caso de Jesús Medina Ezaine debe alertar al gremio, a los venezolanos y al mundo. No quiero que se me aplique la novedosísima y creativísima Ley contra el Odio, pero díganme ustedes amigos lectores, este periodista fue secuestrado, brutalmente golpeado y amenazado de muerte, pero no le robaron nada, ni pidieron rescate. “Yo a ti, si te jodo”, al parecer fue el mensaje que le mandaron de alguna parte.

lunes, 30 de octubre de 2017

Y si nos va bien, pues, nos dividimos

MUD fracturada

Ahora bien, bastó que se diera ese triunfo para que la, hasta ese momento, alianza triunfadora comenzara a desvariar sobre las fórmulas para desalojar del poder a Maduro junto a su combo de sancionados
Cuentan los analistas de cafetín que cuando se implantó la política de pacificación por parte del presidente Caldera en su primer gobierno, se generó una diatriba en los mandos guerrilleros sobre la conveniencia o no de dejar la montaña e incorporarse a la lucha política abierta. Esta discusión trajo como consecuencia que se crearan facciones que asumían que acogerse a la pacificación era traicionar los ideales revolucionarios, mientras que otros sectores prefirieron incorporarse a la legalidad como una opción real de poder.

Al final del día un archipiélago de grupos y grupitos alzados en armas se quedaron en la lucha clandestina, mientras que otro grupo de partidos y partiditos de inspiración marxista, escogieron la vía democrática para vender la idea de construir una sociedad sin clases sin recurrir al exterminio del que piensa distinto. Esta es quizás la primera experiencia de fraccionamiento, división y trompadas ideológicas que conoció nuestro acontecer político vernáculo en la era moderna. Luego vendría la división del AD que dio nacimiento al MEP, aunque no por razones ideológicas sino por la lucha entre grupos internos por el dominio del poder partidista.

No hay que ser un sabiondo de la política para entender que el Big Bang de la izquierda venezolana fue producto de la derrota de la lucha armada. De fraternos camaradas pasaron a acusarse de renegados, dogmáticos, stalinistas, pequeños burgueses, revisionistas, anárquicos, ultraizquierdistas y reformistas. No hubo epíteto que no se utilizara para enjuiciar al otro. Hoy en día estamos observando la misma situación entre los llamados factores o partidos de oposición al gobierno impresentable de Nicolás Maduro. La derrota en unas elecciones regionales de dudosa transparencia, ha destapado los demonios en ese sector de la política venezolana.

A diferencia de los soñadores de izquierda de los 60, cuya derrota siempre estuvo cantada por nunca haber tenido el apoyo del pueblo, la oposición agrupada en la MUD logró, por lo menos desde 2013 al 2015, conectar con el deseo general de cambio que transpiraba la mayoría de los venezolanos. El resultado de esa conexión fue la paliza propinada al régimen chavista en las elecciones parlamentarias. Ahora bien, bastó que se diera ese triunfo para que la, hasta ese momento, alianza triunfadora comenzara a desvariar sobre las fórmulas para desalojar del poder a Maduro junto a su combo de sancionados.

Qué en 6 meses el mandado está hecho, dijo Ramos Allup, sin especificar cómo se comía eso; que, si mejor y más rápido es con una constituyente, dijeron algunos juristas; que no, que el cobre se bate en la calle, dijeron Leopoldo y María Corina; que no vale, que el revocatorio es lo más expedito, dijeron los justicieros. En eso se nos fueron los primeros meses del 2016 y las doñas del CNE aprovecharon esa indecisión para alargar la convocatoria, colocar todas las trabas y hacer ilusorio ese derecho establecido en la constitución. Al final no se logró, y quedo la facturita pendiente. Ramón Guillermo Aveledo fue el chivo expiatorio y pagó los platos rotos. Nombraron a Chuo Torrealba, quien con mucho decoro asumió la responsabilidad de tratar de dominar las pasiones de todos los sectores y ser el vocero de la MUD.

En 2017 Maduro nos madruga con una convocatoria inconstitucional a una Asamblea Constituyente y no faltó quien dijera que se debía participar en esas elecciones. Finalmente se impuso la postura de no hacerlo, pero quedaron algunos resentimientos. La guinda de la torta fueron las elecciones regionales. Fue imposible una sola estrategia para afrontar con la misma fuerza de las parlamentarias, a esta nueva contienda electoral. Hubo un sector que entendió que con la abstención se ganaba más que participando. Otro sector entendió que si no participaba se perdía más de lo que se ganaba. La guerra de posiciones fue feroz. Por otra parte, costó un mundo llegar a acuerdos sobre los candidatos, hubo que ir a primarias en la mayoría de los estados, y en la campaña electoral se dijeron de todo. Otra facturita pendiente.  Ahora, después de ganar 5 gobernaciones (una sexta, pendiente), tampoco hay acuerdo sobre presentarse o no ante la ANC para poder ejercer el cargo de gobernador. Unos dicen que lo hacen por solicitud del pueblo y el otro dice que no lo hace por solicitud del pueblo. Y sobre el megafraude, unos dicen que no hubo y otros que sí. Vaya usted a saber.

Total, que más allá de las consideraciones sobre quien o quienes tuvieron la razón, podría aplicarse aquella frase que la leyenda urbana de la política venezolana atribuye a un connotado líder de la izquierda decimonónica de los años 60. Este legendario comandante, después de logrado el acuerdo de unión entre varios partidos de izquierda para ir en comandita a una campaña electoral por la presidencia de la República, dijo: “y si nos va bien, pues, nos dividimos”.

lunes, 16 de octubre de 2017




Trauma post electoral






Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral

Estoy escribiendo este artículo el jueves 12 de octubre y saldrá publicado el lunes 16, es decir, lo escribo antes de las elecciones regionales y lo leerán mis valientes y desocupados seguidores, después de conocidos los resultados (bueno, esto último nadie en este país lo puede garantizar). El asunto es que en esas condiciones escribir un artículo llamando a votar sería extemporáneo y celebrar por adelantado sería muy riesgoso. ¿Sobre qué escribo entonces?. Si toco un tema no electoral, corro el riesgo de que nadie lo leerá por descontextualizado. ¿Qué pasará si no envío mi contribución al periódico?. Lo más seguro es que, después de 7 años ininterrumpidos publicando los lunes cada quince días en TalCual, nadie extrañará mi artículo. Esa es la buena o mala suerte de los articulistas desconocidos.

Pero cómo dice Chuito Marcano, el mascalacachimba de Marigüitar, ¿quién dijo miedo?. Dedicaré estas líneas a hacer un ejercicio de caracterización de las conductas postelectorales de ambos bandos después de conocidos los resultados. Pero no escribiré de euforias, sino de traumas producidos por un resultado adverso. Aclaro desde ya, que no lo haré sobre los abstencionistas “opositores”, ya que la verdad no sabría cuál es el resultado que los deprimiría. Para estos amigos la mayor alegría sería ver a la MUD derrotada, pero si contra sus apuestas la oposición gana las elecciones, se alegrarían si el gobierno destituye a los gobernadores opositores electos por no reconocer a la ANC. Pero vayamos a lo que vinimos.

Si el PSUV, contra todos los pronósticos y el sentido común, obtiene una victoria, esta sería la conducta de los opositores alineados a la MUD. Primera reacción: desconcierto, sorpresa, tristeza y arrechera. Segunda reacción: culpar al CNE por haber impedido las sustituciones, haber trasladado los centros electorales a horas del evento electoral, y por supuesto culpar a los abstencionistas por su ceguera política. Tercera reacción: culpar a Ramos Allup, Borges y hasta a Leopoldo López por su ingenuidad al ir a unas elecciones amañadas y trampeadas. Cuarta reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos. Si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Quinta reacción: Darse cuenta que la pelea es peleando, sacudirse la depresión y echarle bolas para lo que viene, no sin dejar de caerle encima y verle el hueso blanco a los líderes de oposición (esto último sería opcional).

Si es la MUD la que gana la mayoría de las gobernaciones, la reacción de los camaradas variará según su nivel de enchufamiento al poder. Los socialistas millonarios a costa del erario público son los que sufrirán el trauma más severo. Estar en las listas de sancionados y el peligro de perder la teta principal, seria agobiante para un ser humano que el único riesgo que ha asumido en la vida es no lavarse las manos después de contar como propio, el dinero ajeno. El solo pensar que tendrán que huir a Irán Cuba o Corea del Norte, los descompone. Luego están los funcionarios medios de las gobernaciones rojitas, que no han robado, sino que viven del sueldo y de las Bolsas CLAPS. Tendrán una depre distinta a los primeros. Ver derrumbarse un proyecto político que inexplicablemente apoyan de corazón, supondrá un duelo muy doloroso. Por último, están los líderes partidistas de esa tolda quienes tienen real y poder. Veamos sus posibles reacciones.

Primera reacción: La calentera con Tibisay porque las trampas y marramucias no funcionaron. Segunda reacción: La calentera con los dedocrátas del partido porque los lanzaron como candidatos a una derrota anunciada. Tercera reacción: meterse en las páginas de las empresas de viaje a ver dónde carajos irse, ponerle precio a la casa, llamar a ver quién quiere quedarse con el perro y comenzar a publicar en Facebook saludos a los amigos en el exterior con el fin de restablecer contactos, si hay suerte alguien echará una mano para ayudarlos a salir. Cuarta reacción: Reclamar al gobierno un puesto “donde haiga”, como pago por el sacrificio. Quinta reacción: Comenzar a declarar en los medios públicos que se adhieren a las filas del “chavismo disidente”, como medida precautelativa ante la debacle de las presidenciales de 2018. Así mis estimados lectores cada quien vivirá de manera diferente su trauma postelectoral.