lunes, 19 de septiembre de 2016

Plebiscito allá y Revocatorio aquí

Acuerdo de paz en Colombia

En Colombia el asunto se está dirimiendo de manera democrática, amén de la absoluta confianza en ambos bandos de que las opiniones podrán ser emitidas sin amenazas por parte del gobierno, mientras tanto en nuestro país el gobierno y los poderes públicos traban grosera y descaradamente el derecho a que el venezolano se exprese libremente
Acabo de regresar de la ciudad de Pereira en Colombia, una de las ciudades más importantes del llamado Eje Cafetero. Fui gentilmente invitado por la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), para participar como expositor en la Conferencia Regional para América Latina de la “International Association for Research on Textbooks and Educational Media” (IARTEM). Allí se dieron cita investigadores reconocidos por sus trabajos en el área de los textos escolares y medios educacionales. Fue un honor compartir con tan calificados académicos. Solo para hacer referencia a algunos, destaco la presencia de Graciela Carbone de Argentina, Tania Braga de Brasil, Francisco Rivero de Chile, Jesús Rodríguez de España y por Colombia, Martha Elizabeth Varón, de la Universidad de Tolima y a los anfitriones María Victoria Alzate, Karolaim Gutiérrez, María y Miguel Ángel Gómez de la UTP, entre muchos otros.

No entrare en detalles sobre lo bien organizado que estuvo el evento y la elevadísima calidad de las ponencias presentadas. Nuestra disertación fue sobre los textos escolares de la Colección Bicentenario y sus contenidos sesgados y adoctrinadores, muchas veces denunciados por nosotros en múltiples eventos nacionales. Cómo era de esperarse, entre los más de 300 asistentes hubo expresiones de asombro ante el texto de ciencias sociales para 6to Grado, llamado Venezuela y su Gente, dónde se narran los hechos del 11A omitiendo el episodio en el cual el General Lucas Rincón, para la época Jefe del Estado Mayor Conjunto, anunció en cadena nacional, la renuncia de Chávez. Hago referencia a esta narrativa, solo para mostrar parte de las múltiples omisiones y tergiversaciones de un texto que más parece un panfleto partidista que un libro para trabajar en clase.

Más allá de la Conferencia, pude constatar la preocupación de los hermanos colombianos por el posible resultado del plebiscito que se llevará a cabo en octubre para respaldar o no los acuerdos de paz firmados entre las FARC y el gobierno del Presidente Santos. Escuché muchos argumentos en favor y en contra, como es lo natural. Pero algo que me llamó mucho la atención es que entre los “bandos”, existe una absoluta comprensión de los argumentos esgrimidos por el otro. La señora que regenta una de las tantas ventas de empanadas en la universidad, nos afirmaba “respeto a los que quieren apoyar el acuerdo porque es verdad que necesitamos paz, pero no quiero estar como están en Venezuela, con unos comunistas que llegaron a gobernar, arruinaron al país y ahora no quieren soltar el poder por nada del mundo”. Más claro, imposible.
Por otro lado los simpatizantes del “Si”, apuestan por el cese del conflicto, aún estando conscientes que es una decisión riesgosa porque consideran que la guerrilla puede traicionar los acuerdos cuando se recupere del mal momento político y militar que vive en la actualidad. Nos afirmaba una profesora que votará por el Sí, “entiendo a los que van a votar No, aquí hay demasiadas víctimas de la guerrilla y perdonar no es fácil para quien perdió un hijo, un padre, un esposo. Aún así votaré por el Sí, sabiendo que seguramente no van a entregar todas las armas, ni todo el dinero, ni toda la droga, pero que le vamos a hacer, estamos cansados de este conflicto. Los colombianos merecemos vivir sin miedos ni sobresaltos”. Razonamiento impecable y realista.

Lo que encontramos en común entre ambas posiciones frente al plebiscito de octubre, es que hay una profunda desconfianza sobre la sinceridad de las FARC. Aún recuerdan la burla de las conversaciones de paz en El Caguán, cuando la aprovecharon para ganar tiempo, reagruparse y luego reiniciar los atentados, secuestros, reclutamiento forzoso de niños, vacunas y asesinatos en nombre de una revolución de la cual, por cierto, los colombianos la ven hoy día como uno de los negocios más lucrativos del mundo, a pesar de que todavía hay algunos ingenuos que confían en la retórica libertaria de sus panfletos y consignas.

De retorno a Venezuela pensaba sobre el Referendo Revocatorio a Nicolás Maduro y las posibles analogías con el plebiscito colombiano. Pues no encontré ningún parecido. Por el contrario, en el hermano país el asunto se está dirimiendo de manera democrática, amén de la absoluta confianza en ambos bandos de que las opiniones podrán ser emitidas sin temor a presiones ni amenazas por parte del gobierno, ni sus votos serán manipulados por el Consejo Electoral, mientras tanto en nuestro país, a pesar de que casi el 90% piensa que el inicio de la solución de los graves problemas que nos atosigan pasa por revocar a quienes los generaron, el gobierno y los poderes públicos controlados por el Ejecutivo traban grosera y descaradamente el derecho a que el venezolano se exprese libremente y en paz. ¿Una pequeña diferencia, no?

lunes, 5 de septiembre de 2016

Bitácora de una Marcha

Referendo

9:00 de la mañana, estamos prestos a incorporarnos a la marcha convocada por la MUD para solicitar la fecha del Referendo Revocatorio. El Distribuidor de Santa Fe estaba desbordado en los canales de ida y venida de la Autopista hacia Prados del Este. Confieso que como marchista reiterativo nunca había salido de ese sitio. En todas las convocatorias anteriores mi punto de partida fue Santa Mónica, lugar siempre escogido por mis colegas profesores de la Universidad Central de Venezuela. Esta vez cambie mi rutina.

La cantidad de gente era apabullante. La autopista de Prados del Este estaba repleta de jóvenes, adultos contemporáneos y abuelos. Un dato que no puedo dejar de mencionar, es que había mucha gente humilde, de esas que uno estaba acostumbrado a ver en las marchas convocadas por el gobierno. Esto corrobora que la situación ha cambiado. Que lo del 80% de rechazo al gobierno de Maduro no es una ficción fabricada por compañías encuestadoras, sino una realidad de carne y hueso. Parte de esa realidad caminaba junto a mí con el mismo entusiasmo y la misma esperanza por lograr un cambio en Venezuela.

Mientras avanzaba con la multitud, imaginaba los reportes de los servicios de inteligencia que le llegaban a Maduro: “Señor Presidente ya no sabemos qué hacer, no hemos podido detener la marcha, lo único que nos queda es que llueva. Estamos trabajando en eso”. A las 10:30 am llegamos a la avenida Rio de Janeiro. Estaba de bote en bote. Un poco más atrás un mar de gente se desvió y siguió la ruta de la autopista Francisco Fajardo hacia Chacaíto. Era impresionante ver dos ríos de gente, y entre ellos, el río Guaire como testigo de excepción de ese tsunami humano. Para ese momento ya recibíamos reportes de las otras concentraciones opositoras, las de las avenidas Libertador y Francisco de Miranda. La situación pintaba similar o mejor. Ante esas noticias, imaginaba el segundo reporte de inteligencia: “Señor Presidente, con todo respeto, le dijeron que eran como 30000 personas, esos reportes están errados, son como 2 millones y sigue llegando gente”.

Casi al mediodía, ya despejada la autopista, vimos pasar una caravana de motorizados con franelas rojas y autobuses oficiales que se dirigían a la concentración convocada por el gobierno. Estaban escoltados por motorizados de la Policía Nacional Bolivariana. Por supuesto no se hicieron de rogar los gestos obscenos hacia los opositores concentrados a la altura de Las Mercedes. Lo curioso es que en el sentido hacia el Este, la Guardia Nacional obstaculizaba el tránsito de vehículos y motos que querían dirigirse hacia la concentración opositora. Cosas del uso abusivo del Poder. Mientras observaba ese espectáculo bizarro, pensaba en un posible 3er. reporte de los cuerpos de seguridad: “Señor Presidente, nuestros infiltrados informan que pareciera que no vienen a tumbarlo como usted nos advirtió. Esperamos instrucciones porque el sol está muy bravo y aquí no estamos haciendo mucho”.

A la 1:30 pm los dirigentes de la MUD estaban leyendo el comunicado previsto para el cierre de la jornada. La gente no estaba muy atenta porque había mucha deficiencia en el audio, pero allí se mantenían incólumes. Se entendía que la sola presencia era una contribución importante para el éxito de la cita. Al rato y sin proponérmelo, pude observar por breves minutos la alocución del Presidente en la Av. Bolívar en un televisor de un restaurant de la zona. Era imposible precisar las dimensiones de esa concentración por la toma cerrada que hacen los camarógrafos de los canales progubernamentales. Con la duda comenzamos el camino de retorno. No hubo ningún altercado.

Ya en casa, reviso las redes sociales y observo que Diosdado Cabello cuelga en su Timeline una fotografía de una enorme concentración rojita en la Av. Bolívar. Me dije “bueno, también tienen su gente”. Al rato tuiteros acuciosos habían descubierto que esa fotografía no era de 2016. Con esa información imaginé el último reporte del día por parte de los cuerpos de inteligencia: “Señor Presidente, por favor mande a quitar esa foto que montó Diosdado. Somos el hazmerreir del mundo, ya los escuálidos descubrieron que es de 2012”. Hay muchas razones por las que queremos revocar a este gobierno, una de ellas es el uso de mentiras como esta.

lunes, 22 de agosto de 2016

Por qué iré a la Marcha del 1S

Protestas en Venezuela

La gente se cansó de tanta corrupción, impunidad, escasez, inseguridad, improvisación, mentiras, promesas incumplidas, negligencia, prepotencia, injusticia, torpeza, abuso de poder, nepotismo, mediocridad, falta de probidad, irresponsabilidad y, sobre todo, de que lo creyeran pendejo
Todas las encuestas evidencian que el pueblo le quito al gobierno la escalera y lo dejó sosteniéndose solo de una brocha institucional secuestrada por un grupo de adláteres uniformados y civiles. La gente se cansó de tanta corrupción, impunidad, escasez, inseguridad, improvisación, mentiras, promesas incumplidas, negligencia, prepotencia, injusticia, torpeza, abuso de poder, nepotismo, mediocridad, falta de probidad, irresponsabilidad y, sobre todo, de que lo creyeran pendejo.

“Está bueno el cilantro, pero no tanto”, comentó una joven señora en la cola que hicimos para ver si nos vendían algo. Yolimar, como dijo llamarse, llegó a las 12:30 de la madrugada a hacer la fila en una conocida cadena de venta de víveres ubicada en la urbanización Santa Fe. Venía de El Tanque, uno de los tantos Barrios ubicados en los cerros de Petare. Me aclaró que no era Bachaquera, cuestión que constaté al verle una criaturita de menos de un año en brazos. Atravesó la ciudad corriendo todos los riesgos, porque le dijeron que hoy “sacarían” leche y pañales en ese establecimiento. “Toda mi familia era chavista. Hace 5 años nos prometieron una vivienda. Pagamos unos reales y nos engañaron. Estamos peor cada día”.

Rafael, un amigo de la infancia, después de una larga odisea fue hospitalizado en el Hospital Clínico Universitario. Le fue descubierta una terrible enfermedad. Lo visitaba a diario. Pude constatar el estado de abandono de ese centro de salud dominado por los Colectivos del Gobierno. Más allá de la voluntad incansable del personal médico y paramédico, la falta de mantenimiento, insumos médicos y materiales de limpieza lo convirtieron en un depósito de enfermos. En una de mis visitas observo que la cama de José Luís estaba vacía. Me informan que fue dado de alta. Llamo a su teléfono y me aclara, “no, no estoy curado, me enviaron para la casa porque no tienen como darme comida ni tienen los medicamentos para la quimioterapia”. José Luís es vigilante en una escuela oficial.

Berta, caraqueña de mediana edad, jubilada de la Alcaldía, tiene una carpeta llena de papeles y en uno de sus bolsos, varios de esos familiares tubos negros donde se resguardan los Títulos universitarios. Espera su turno para legalizar los documentos. Le pregunto si va a realizar estudios en el exterior. “Yo no, pero estoy haciendo un enorme esfuerzo por mandar a dos hijos a estudiar fuera”. Le pido me indique que tan complejos son los trámites. “Me los conozco de memoria”, dijo mirando fijamente a ninguna parte, “hace exactamente 6 meses hice esta misma diligencia para mi hijo mayor y no alcanzó a irse porque me lo mataron en un asalto. A los que me quedan les quiero salvar la vida”.

Estoy en la farmacia buscando mi medicina para la diabetes. Como es de esperarse en estos tiempos de revolución socialista, no las consigo. A mi lado una señora tiene un récipe muy arrugado en la mano. Busca su medicamento para la tensión. Le comento que no sé como hace la gente que trabaja para buscar medicinas y alimentos. “Por eso no tengo problemas”, me responde, “después de 25 años y 5 meses de servicio en la administración pública y estando de reposo médico, fui botada por haber firmado para el revocatorio. Había entregado mis papeles solicitando la jubilación apenas una semana antes, y lo peor es que a mi esposo lo cesantearon por cierre de la empresa donde trabajaba. No sé qué va a ser de nosotros”. Ana, así se llama, se despide secándose una lágrima provocada por la indignación y la tristeza.

No hay que ser un etnógrafo para entender porqué el pueblo le volteó el santo al gobierno. La dura realidad ha sido la mejor arma para contrarrestar la propaganda y la ideología. La gente ya no soporta. Son muy pocos los que todavía creen. No pasan de 20% y cada día se reducen más. Al gobierno no le queda otro recurso que infundir miedo y represión. Por eso el Presidente amenaza con sorpresas para el 1 de septiembre, día de la marcha para exigir el revocatorio para el 2016. Confía en que esta amenaza paralizará a los descontentos. Quizás esto surta efecto para algunos, pero por casos como los de Yolimar, Rafael, Berta y Ana superaré todos esos miedos e iré a la marcha del 01S.

lunes, 8 de agosto de 2016

La Batería

Duncan

Tuve que comprar una Batería usada, me la vendieron inservible al mismo precio que la nueva. Estaba tan mala que ni siquiera prendía auxiliada
Un cronista serio, responsable y con sentido de oportunidad no pelaría el boche del referendo revocatorio, las trampas del CNE o el juicio a los sobrinos de Su Excelencia para escribir su entrega semanal al periódico. Son temas de bombita que todo lector inteligente y preocupado por lo que queda de país, esperaría encontrar en la columna de su opinador favorito. Pero como no tengo tantos lectores, podré darme el lujo de hacerme el paisa y escribir sobre uno de los dramas que ha afectado a conductores sin distingo de ideologías ni colores: la compra de una Batería en tiempos de revolución.

Les haré el cuento corto. Madrugada del domingo, alegre y zarataco, monto en mi vehículo para dirigirme a casa, el cumpleaños del compadre Próculo estuvo espectacular, hasta hubo whisky. Paso el suiche y nada. Me robaron la Batería. Era cuestión de estadística, me tocaba. Me dieron las 11:30 am del domingo esperando respuesta del seguro, finalmente termine pagando una grúa porque la del seguro nunca llegó. Después de la consabida cantaleta en casa, “eso te pasa por….”, me fui a la policía a poner la denuncia. No amigo lector, no para que investigaran el robo, no soy tan ingenuo, el trámite es necesario para que me puedan vender una nueva Batería.

El funcionario que tomó la denuncia gritó hacia el fondo, “epa Julián, otro Bachaquero con el cuento del robo de la Batería”. Que indignación. Mientras más explicaba, más me vacilaban. Que si no les constaba lo del robo, que tenía que llevar el carro a la estación, que seguramente había vendido mi Batería para comprar aguardiente, que cuántas Baterías había comprado con ese cuentico para después revenderlas. La verdad no soporte tanta humillación y me largue sin la denuncia en la mano. Comenzaba otro vía crucis.

Me fui al mercado informal. Los precios eran tan exagerados que tendría que vender el carro para poder comprar la bendita Batería. Fui al mercado formal. Me eche el primer madrugonazo (el del novato). Me prestaron un acumulador más grande que el espacio destinado para calzarla. Iba por la autopista con el capó semi abierto y medio cuerpo fuera para poder observar el camino. Por poco un camión me despescueza. Después de 5 horas de espera se acerca el empleado y me suelta sin anestesia que para mi carro no hay Batería. Para atrás con las manos vacías y con el compromiso de entregar la que me prestaron.

Cinco semanas después, traqueteado por el Metro y asaltado dos veces en la Buseta, me informan que llegaron las Baterías para mi tipo de vehículo. Otro madrugonazo. Como en el ínterin se me venció el seguro del carro tuve que pagar una grúa. Me costó un ojo de la cara. Luego de 6 horas de espera me dice el empleado que debo dejarle una Batería ya que no tenía la denuncia de la policía. Me puse frío. Rogué, pedí clemencia, casi lloré. La respuesta con sonrisita de Mona Lisa fue: “lo siento, esas son las reglas”. Me recordó tanto a Tibisay Lucena. Qué vaina, para atrás otra vez pagando otra grúa, otro ojo de la cara. Estoy pensando seriamente en tirar el carro por un desfiladero. Me contengo. Hay que seguir adelante, estamos en revolución.

Juré que a la Comisaría no volvía, tengo dignidad. Tuve que comprar una Batería usada, me la vendieron inservible al mismo precio que la nueva. Estaba tan mala que ni siquiera prendía auxiliada. Pagué otra grúa y me lancé otro madrugonazo. Ya van tres. Los empleados me saludan con cariño, los indigentes me tratan familiarmente, creen que tengo un negocio de “aguantapuesto” en la cola. Después de 7 horas me dejan pasar. Me pareció un milagro.

Casualmente en ese momento estaba escuchando I heard the Voice of Jesus say. Fue premonitorio. ¡Gloria a Dios!. Finalmente y para terminar el cuento, había la Batería, tenía una inservible para dejar y tenía los reales completos. Voy a pagar y me dicen que no puedo comprarla porque estoy suspendido por 8 meses. Hace 2 meses había comprado una Batería a mi nombre para el compadre Próculo. Ahora lo que quiero es comprar una soga. 

lunes, 25 de julio de 2016


Del Palito Mantequillero al Pokémon Go

Pokemon Venezuela



Propongo crear un Pokémon Go adaptado a la Venezuela socialista. En vez de Pokémones podríamos utilizar productos de la Canasta Básica

Un videojuego está recorriendo al mundo, se trata de Pokémon Go. Una empresa llamada Niantic ha desarrollado este videojuego de aventura y de realidad aumentada para los dispositivos iOS y Android. Consiste en que el usuario de un teléfono inteligente, una Tablet o cualquier otro de esos sorprendentes corotos de alta tecnología, puede buscar y capturar a Pokémones escondidos en el mundo real. Las redes sociales informan que se calculan alrededor de 54 millones de personas que en el planeta salen diariamente a caminar las calles con sus dispositivos encendidos para avistar y capturar algún Pokémon. No creo que haya llegado a Venezuela porque no se han reportado todavía arrebatones masivos de celulares.

La fiebre ha sido tan alta y expansiva que día a día se suman más cazadores de Pokémones. Me comentan que en el Central Park de Nueva York hubo tal concentración de personas hurgando en los recovecos de este oasis verde en búsqueda de Pokémones, que la policía alarmada se presentó preguntando si tal movilización era para rescatar a algún niño perdido. Aclarado el tema, no les quedó más remedio que retornar a los negocios donde habían dejado las Donas a medio comer.

Mi compañera de cubículo en la universidad, chavista hasta los tuétanos, criticó de manera rabiosa tal novedad. La calificó como un intento del imperio para idiotizarnos y abrir el camino para expoliar nuestros recursos naturales mientras estamos embobados buscando cosas que no existen en la realidad. Luego, poniéndose en modo “Defensora de la Cultura Popular”, aseveró que en Venezuela la revolución había rescatado de nuestras costumbres más autóctonas, un juego similar llamado “Palito Mantequillero”. Hasta amenazó con incoar una demanda al imperio por plagio.

No soy tan radical como mi colega, pero sí recuerdo que a finales de los 60, en el programa televisivo “Si Resbala Pierde” dirigido por los hermanos Hernández (José y Richard), y transmitido por Venezolana de Televisión (no siempre fue un pésimo canal), había una sección que animaba Don Pedro Henríquez, titulada “Busque la Perolita Branca”. Don Pedro le anunciaba al país que una perola de 250 ml de Aceite Branca se encontraba escondida en algún lugar de Caracas. Inmediatamente se agolpaban en el sector indicado cientos de personas tratando de encontrar la bendita perola para llevarla al canal y ganar los premios prometidos por los patrocinantes.

Por supuesto muy lejos de mi afirmar que el “Palito Mantequillero” o “Busque la Perolita Branca” fueron copiados por los creadores de Pokémon Go. Mi paranoia no llega a tanto. Además hay una variante importante que diferencia a nuestro juego de la infancia y al concurso de televisión con respecto a la novedad creada por Satoru Iwata de Nintendo y Tsunekazu Ishihara de The Pokémon Company. Esa variante es la realidad virtual. Tanto “la Perolita” como “el Palito” eran cosas reales y no de mentira, o como diría mi pequeña hija, “eran de carne y hueso”, aunque no tuvieran carne ni hueso.
Pero podemos inventar algo similar o mejor, ¿por qué no? Nuestra capacidad creadora se ha potenciado por la revolución. Hemos sido capaces de reinventarnos para poder sobrevivir en medio de tanto caos y escasez. Las arepas de yuca, las empanadas de plátano, la mayonesa de mamón y las antenas de Directv hechas con las tazas de las llantas o con las tapas de los ventiladores, son el mejor ejemplo de ello. “Nos inventamos una o morimos como pendejos”, fue una frase acuñada por un famoso maestro de Los Magallanes de Catia, pues lo suscribo totalmente.

En ese orden de ideas, propongo crear un Pokémon Go adaptado a la Venezuela socialista. Podríamos denominarlo “Rebúskemon Go” para diferenciarnos de la semántica imperial. En vez de Pokémones podríamos utilizar productos de la Canasta Básica. Así, ya no perseguiríamos a Pikachú, sino a un Champú; en vez de capturar a May, le echamos mano al Aceite de Maíz; el interés por Taillow, lo direccionaríamos hacia los Tallarines y así sucesivamente. Son 395 Pokémones en el juego original y los podríamos sustituir por igual número de productos. Como en el juego japonés, todos son virtuales porque no se consiguen en ninguna parte. Claro siempre habrá que tener cuidado con los Bachaqueros que, al igual que el Equipo Rocket, se quieren quedar con todos los Pokémones para revenderlos.

lunes, 11 de julio de 2016


Untermensch 

 


La expresión “escuálido” no es más que una manera de subhumanizar al adversario al tratarlo como “poca cosa”. Para el discurso del liderazgo chavista los escuálidos siempre son prescindibles
La expresión alemana untermensch significa “subhumano” u “hombre inferior”. En la doctrina nazi fue el término usado para catalogar a los oriundos de la Europa del este. Polacos, serbios, húngaros, rusos y grupos sociales como judíos y gitanos, eran considerados más cercanos a los animales que a la raza humana. En el mejor de los casos podían ser vistos como el escalón más bajo de la especie. Ligarse con ellos representaba un real peligro para el mundo civilizado. Una raza superior, vale decir, la Aria, no podía permitirse el lujo de contaminarse con unos genes que a todas luces no habían logrado el grado de evolución biológica alcanzada por los descendientes directos de los pueblos germanos.

Durante la 2da Guerra Mundial, Hitler y su aparato de propaganda dirigido por Goebbels, embobaron al pueblo alemán con el cuento mil veces repetido de estar predestinados a dominar Europa por ser la raza superior en el continente. Un alemán valía 10 o 20 veces más de lo que podía valer un untermensch, sin importar que hubiese sido su vecino, su médico de cabecera, su compadre, su tendero de confianza o hasta su yerno. El verbo cautivador del Führer y la creatividad propagandística, llevaron a un pueblo que se preciaba como uno de los más cultos de Europa, si no a justificar, por lo menos a ser indiferentes ante la cacería de humanos más despiadada del siglo XX.

Enseñoreados por el control absoluto del poder, con tribunales complacientes y unos medios de comunicación al servicio del régimen, los nazis anclaron en el subconsciente del pueblo alemán el asumir como natural la creación de ghettos, campos de concentración y hasta la llamada Solución Final, para deshacerse de quienes representaban un peligro para la generación de jóvenes que se estaba levantando bajo la conducción de un Reich que duraría mil años. Bajo esas premisas racistas, los nazis torturaron, humillaron y mataron a millones de personas marcadas como untermensch,

Caído el Tercer Reich, la ideología nazi no desapareció sino que adquirió matices diferentes. La envoltura se presentaba ahora con otros colores pero el contenido siguió siendo el mismo. Ya no se argumentaban cuestiones de raza para justificar la barbarie, ahora el gran justificativo eran las cuestiones ideológicas. Ya no eran los arios como raza superior, sino los camaradas como dueños absolutos de la verdad, la moral y la justicia. Los gulags o campos de exterminio, los pogroms o linchamientos masivos, los juicios amañados, se crearon para estigmatizar, humillar y hasta exterminar a los nuevos untermensch, los disidentes contrarevolucionarios.

En América Latina a muchos nos pasó lo mismo que a los alemanes con la propaganda nazi. Nos tragamos el cuento de una revolución cubana que llegaba para hacer justicia a los “pobres de la tierra”, “inspirada por grandes sentimientos de amor”. Los cantos de Silvio, Pablo y Carlos Puebla nos dibujaron una gesta heroica e idílica. La propaganda nos hizo venerar a los barbudos como nuevos Robin Hood con botas de campaña y uniforme verde oliva, quienes enfrentaron al “poderoso imperialismo yanqui” para lograr la “definitiva independencia”.

Lo cierto es que ese entusiasmo que llevó a muchos jóvenes idealistas a ofrecer su vida para lograr en sus países el “paraíso socialista”, no nos permitió ver los fusilamientos luego de juicios sumarísimos, ni el encarcelamiento de homosexuales “para curarlos de una vez por todas”, ni los actos de repudio a familias enteras por no comulgar con la revolución, ni el apartheid que impide que los cubanos puedan disfrutar de los productos y servicios que los turistas se gozan gracias a las divisas. Para no ser menos la revolución creó su propio sector de untermensch, los llamados “gusanos” de Miami. Más deshumanización imposible.

 La revolución bolivariana no podía ser diferente. Su fuente de inspiración ideológica y política le ha brindado también asesoramiento en eso de calificar de untermensch a una parte de la población. La expresión “escuálido” no es más que una manera de subhumanizar al adversario al tratarlo como “poca cosa”. Para el discurso del liderazgo chavista los escuálidos siempre son prescindibles. Por ello poco importa despedirlos por solicitar el referendo revocatorio, o negarles el acceso a las bolsas de comida que el Gobierno solo destina a sus afectos. Como “pocas cosas” pueden ser objeto de prácticas ruines y humillantes, como golpearlos y desnudarlos en público. Lo hicieron contra jóvenes estudiantes en la UCV en abril de 2014 y recientemente contra menores de edad, estudiantes del Seminario Menor San Buenaventura de Mérida. En estos como en los otros casos de la Historia, habría que ver quien al final es el untermensch, si el agredido o el agresor.