lunes, 26 de junio de 2023

 

2da Vuelta, por Tulio Ramírez

UCV voto
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Los ucevistas se autoconvocan para asistir masivamente a la 2da vuelta de las elecciones. El viernes 30 de junio en los campus de Caracas y Maracay, así como en los Centros Regionales de los Estudios Universitarios Supervisados; los Centros de Votación estarán dispuestos para recibir a profesores, estudiantes, egresados, empleados y obreros para que expresen su opinión a través del voto.

En esta oportunidad se elegirán, entre aquéllos que clasificaron en la primera vuelta, a las autoridades rectorales, así como algunos candidatos a decanos que no obtuvieron la mayoría absoluta en los comicios del pasado 9 de junio. 

La comunidad escogerá libremente a sus autoridades, dando un ejemplo de participación democrática al país. La jornada se llevará a cabo, a pesar de las acostumbradas voces agoreras que apuestan por el fracaso de estos comicios. Aunque ustedes no lo crean, todavía existen y gozan de buena salud.

No es un cuento de camino. Recordemos que, a contracorriente de lo que sucede en el odiado mundo libre, en los socialismos bananeros la frase «elección democrática» es traducida como conspiración, golpismo, traición a la patria, guarimba o cualquier otra expresión que ayude a aplicar la muy oportuna Ley del Odio. El miedo es libre.

Compiten por el favoritismo de los universitarios, académicos de alta valía e inocultables valores ucevistas. Las campañas de descrédito a los diferentes candidatos, lamentable práctica no del todo erradicada en nuestra cultura electoral, afortunadamente no han tenido la receptividad que sus impulsores anhelaban. 

Los ucevistas apuestan por un proceso mejor organizado, con conteos oportunos, boletines no sujetos a enmiendas o tachaduras, ni sospechas que empañen la fiesta electoral. No se pueden dar excusas para que los enemigos de la UCV, descalifiquen el proceso o hasta intenten invalidarlo.

Pero es inevitable, nunca dejará de estar presente el temor por acciones sobrevenidas para  enturbiar las elecciones. Quienes quieren apoderarse de la UCV «por las buenas o por las malas», no descansan ni tienen paz con la miseria. Están en permanente acecho.

Pero seamos optimistas y confiemos en que esta vez fluirá este evento con total normalidad y sin contratiempos. Cómo decía el compadre Güicho cada vez que alguien le nombraba a la comadre Camucha, mientras estaba de parranda por los lados de Casanay: «Cuidado compay, no llamemos la tormenta porque puede llover de verdad». Ok, por ahora dejemos los cuentos y centrémonos en las elecciones.

Los profesores Humberto Rojas y Víctor Rago son los candidatos a ocupar la Silla de Vargas. Cómo dije más arriba, son ucevistas intachables y reconocidos nacional e internacionalmente como investigadores de primera línea en sus respectivas disciplinas. Son el tipo de profesores que uno desearía para los hijos. Recibirían una formación de altísima calidad académica. 

No es secreto que en la primera vuelta apoyé a Víctor Rago. Para la segunda vuelta no hay sorpresas, también lo apoyaré con mi voto. Su experiencia, capacidad de diálogo, claridad sobre los retos que ha de enfrentar la universidad venezolana en estos períodos de incertidumbre generalizada, aunado a su capacidad de diálogo y el mil veces demostrado coraje moral para defender de manera firme sus principios y valores, son para mí, suficiente argumento para confiarle las riendas de la UCV por los próximos cuatro años.

El resto de los candidatos a autoridades rectorales y decanatos, al igual que Humberto Rojas, gozan de mi respeto, aprecio y confianza, por lo que pienso que la UCV quedará en buenas manos, cualquiera sea la decisión que tome el electorado.

Finalmente, espero que el resto de las universidades hermanas asuman con decisión y entusiasmo la convocatoria a elecciones y las organicen para este mismo año 2023. Solo faltaría voluntad política para llevarlas a cabo, porque entusiasmo en sus respectivas comunidades hay. Sería un gran ejemplo de civismo para el pueblo venezolano y, eso es precisamente lo que la sociedad democrática espera de sus universidades. ¡Nos vemos en la 2da vuelta!

lunes, 12 de junio de 2023

 

Después de las elecciones en la UCV, ¿qué?, por Tulio Ramírez

Después de las elecciones en la UCV
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Al momento de escribir este artículo, se están desarrollando las elecciones en nuestra querida Universidad Central de Venezuela (UCV). Como en este país lo más seguro es que quién sabe, es muy aventurado predecir qué hora será dentro de 60 minutos. Sin embargo, confío en que los ucevistas culminarán en sana paz el evento electoral.

Los retos que tendrán las nuevas autoridades electas en la UCV son inconmensurables. Desde lo más nimio como es abrir por fin la entrada de la Plaza las Tres Gracias, regar y podar las matas de los jardines y hacer que el reloj universitario no se atrase ni se adelante, hasta cosas más complejas como es hacer que el gobierno que la acosa y asfixia, entienda que sin universidad ningún país podrá progresar. 

Convencer a quien te quiere destruir de algo tan de Perogrullo como que con la corrupción sólo benefician unos pocos y que, con la educación, ciencia, las humanidades y el desarrollo tecnológico se logra el bienestar de muchos, no es una tarea fácil de llevar a cabo.

Otro tanto, es sanar la herida profunda que se ha infringido contra el alma de la universidad y los universitarios. Herida que la ha mantenida prostrada por ya demasiado tiempo. No me refiero solo a la falta de presupuesto, lo cual por sí solo, constituye una herida de muerte lenta. Me refiero al desdibujamiento de la misión principal de la universidad. La de servir de voz orientadora a la sociedad venezolana.

La fuerza de las circunstancias han reducido las funciones de la universidad. El arrinconamiento por la falta de recursos ha hecho que actualmente la preocupación principal sea garantizar que cada período académico se cumpla, o sea que no se pierdan clases. 

Al no existir financiamiento a las investigaciones, ni abastecimiento a los laboratorios, ni formación del talento profesoral, lo que queda es hacer que, por lo menos las clases se dicten lo más honrosamente posible. Cuestión que tampoco ha sido fácil.

A esta situación han llevado a la universidad venezolana. Le han coartado su potencial como productora de conocimientos y generadora de innovaciones tecnológica de factura nacional. La diáspora de los profesores en búsqueda de mejores horizontes debido a los impresentables sueldos, así como la chichiguaza aportada para la investigación, ha impedido que la universidad aporte al país, lo que por ley debe aportar, a saber, su doctrina y conocimientos para resolver los grandes problemas.

De tal manera que las nuevas autoridades tienen el gran reto de recuperar el ímpetu de la institución. No será sencillo, pero deben apelar a la reserva moral y ética que caracteriza a los ucevistas. Invitar a no bajar los brazos, sin prometer demagógicamente alguna contraprestación adicional que vaya más allá del reconocimiento silencioso de un país distraído por lo urgente, es una tarea que solo un liderazgo fortalecido por la legitimidad del voto puede llevar a cabo. 

Parafraseando, mutatis mutandi, a Laureano Márquez, creo en los poderes creadores de los universitarios y en particular de los ucevistas, por ser esa la casa donde aprendí que era más importante el nosotros que el yo. Por ese aprendizaje de vida, aportare todo mi humilde esfuerzo y acompañare a las nuevas autoridades ha reanimar la voz de una institución que podrá tener eventuales recaídas, pero que nunca podrán amordazar.

lunes, 29 de mayo de 2023

 

Misterios del socialismo, por Tulio Ramírez

Socialismo del siglo XXI
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Todas las experiencias socialistas tienen sus dosis de misterio. La falta de transparencia, el secretismo, el engaño, la simulación, la manipulación y la desinformación son características inherentes a estos, ya desangelados, experimentos sociales.

Bajo el argumento de “llevar la verdad de verdaíta al pueblo”, confiscan los medios de comunicación para monopolizar la información y crear en el inconsciente colectivo, mundos paralelos que nada tiene que ver con la miserable realidad que viven los ciudadanos. Narnia, pues, como diría el otro. 

El primer objeto de secretismo es siempre el líder. A Stalin le atribuyeron poderes sanadores; y a Mao, el poder de la ubicuidad. Fidel, por su parte, fue objeto de una mitología que lo ubicaba por encima del resto de los cubanos. Nadie sabía dónde vivía, cuando viajaba o cuando iba al baño. Sus apariciones en público eran sorpresivas, lo que lo convertía en una suerte de San Gabriel de la revolución. Sus visitas eran esperadas con veneración y, estrechar su mano, era una suerte de gracia divina. 

El caso más patético es el del Rey hereditario de Corea del Norte, Kim Jong Um. No solamente es obligatorio adorarlo, reírse de sus malos chistes, hacer una reverencia a su estatua, o llorar a moco suelto si así lo ordena, so pena de ir a parar con los famélicos huesos a las cárceles del “Amado Líder”. 

En democracia esto es impensable. Si bien es cierto que siempre habrá aduladores por convicción perruna o por interés crematístico, la libertad de expresión no hace inmune a ningún presidente de la crítica o la joda de su pueblo. La lección democrática del general Soublette sigue vigente “Venezuela no se ha perdido ni se perderá, porque un ciudadano se burle de un gobernante; se perderá porque un gobernante se burle de sus ciudadanos”. 

En las democracias sanas los niveles de secretismo y oscuridad tienden a minimizarse (no a desaparecer totalmente), por la división de poderes, la institucionalidad contralora y por la libertad de prensa. Sin embargo, nunca dejará de aparecer algún gobernante con iniciativas malsanas para burlar la confianza de su pueblo. La carne es débil y la ambición seductora.

A diferencia de los socialismos realmente existentes, en las sociedades abiertas los ciudadanos pueden exigir, cuentas y explicaciones a sus gobernantes sin temor a ser acusados de “incitación al odio” o “traición a la patria”. Debo aclarar que cuando hablo de los fracasados países socialistas, excluyo a las socialdemocracias escandinavas. Estas han servido de justificación a los ideólogos del comunismo para insistir en que “el socialismo funciona, el problema es que no ha sido bien aplicado en algunos otros países”. 

El experimento socialista en Venezuela no ha sido la excepción. La revolución bonita tiene también sus puntos oscuros. Por ejemplo, nadie sabe, por qué razón se construyó la pirámide rosada en la Valle-Coche. Hay hipótesis que van desde motivaciones esotéricas, un antojo del burgomaestre de la época o hasta un vulgar guiso donde “todos comieron”. 

Otro caso es el de la firma de los Decretos fechados de enero a marzo de 2013, por un Chávez “que gozaba de buena salud y hasta trotaba por los pasillos del Hospital Militar”. El asunto misterioso es que según han informado fuentes muy confiables, para esa fecha ya no estaba por estos lados terrenales. Quizás era como Mao, pero repotenciado. Estaba en la tierra y en el cielo al mismo tiempo. Ni Sai Baba.

Hay otros misterios, pero el más reciente y que tiene a los caraqueños de cabeza buscando una explicación lógica, es el absurdo cierre de los canales en la bifurcación de la autopista Francisco Fajardo a la altura de Bello Monte, sentido Este-Oeste. Allí una vía conduce a la UCV-El Paraíso-Caricuao y la otra, a El Valle. 

Los funcionarios, a golpe de las 4 de la tarde de los días viernes, cierran 2 de los 3 canales que conducen al suroeste de la ciudad, es decir, hacia El Paraíso-Caricuao. La infernal cola se extiende a lo largo de la autopista hasta Los Ruices. Lo curioso es que nadie observa un choque, una reparación de vía, un operativo de solicitud de documentos o a 25 de la Chamba Juvenil, barriendo un pedacito de 3 mts cuadrados.

Nuestro ingenioso pueblo se ha planteado tres hipótesis: 1) Alguno de los funcionarios sospecha que los viernes, su consorte se escapa con el entrenador del gimnasio y esa es la vía que toman para recalar finalmente en El Junquito; 2) Es un experimento social para medir el nivel de aguante de los conductores caraqueños; 3) Lo hacen solo por joder. 

Yo me inclino por esta última.

lunes, 15 de mayo de 2023

 

Además de nuevo rector, queremos una nueva universidad, por Tulio Ramírez

La universidad de las luces
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Al observar el ambiente en la UCV, a propósito de las elecciones que se efectuarán el próximo 26 de mayo, no puedo sentir más que orgullo y alegría. Después de 11 años de mora obligada, la comunidad universitaria retoma la senda democrática, arrebatada por un TSJ que impidió cualquier evento electoral desarrollado de manera autónoma y en concordancia a lo previsto en la Constitución Nacional y en la Ley de Universidades vigente.

En el limitado espacio del que dispongo, no invertiré mucha tinta en echar el cuento, harto conocido, sobre cómo se insertó una cabra en la Ley Orgánica de Educación aprobada en 2010, para alterar el claustro universitario, con la pretensión de rasguñar votos aquí y allá, para obtener lo que no han podido por las buenas (aunque tampoco por las malas), a saber, la rectoría de la primera universidad del país.

De aquellas tempestades vinieron los lodos que impidieron por 11 años, la organización de las elecciones en la casa que ha vencido, una y otra vez, a la sombra que insiste en acabarla.

Durante todos esos 11 años hubo cordiales comunicaciones entre la UCV y la Sala Electoral del TSJ. Imagino algo así como «Estimados Magistrados, les participamos que organizaremos las elecciones de acuerdo a nuestro reglamento autónomo»; «¿Apreciada Rectora, así es que es la cosa?, pues les participamos que, si las organizan, los multamos y van presos», «Señores Magistrados, ta’ bien no las organizamos, pero nos quedamos».

En ese estira y encoje, ha transcurrido el tiempo. Hoy finalmente, pareciera que se realizarán las elecciones bajo el esquema del «ni pa’ ti, ni pa’ mi». Vale decir, votarán todos (te lo concedo), pero no con el mismo peso (me lo reservo en virtud de mi autonomía).

¿Este aparente acuerdo (el cual, por cierto, no me consta), debe ser lo que los sesudos pensadores llaman «Actuar en función de la Real Politik»? Es decir, todos ceden en algo, porque, así como estaban, ni el gobierno ocupaba más terreno, ni la UCV dejaba el camino libre. Como diría el compadre Güicho, retorciendo el consabido “amanecerá y veremos”; «veremos si amanece». 

No voy a seguir invirtiendo tiempo y espacio en punticas e intrigas políticas. Prefiero asumir que todo transcurrirá en sana paz, por lo que ni antes, ni durante, ni después del evento electoral, habrá sorpresitas de última hora, tal como nos han tenido acostumbrados los últimos 23 años. Dada esta declaración de fe, me permitiré hacer algunas reflexiones sobre estas próximas elecciones (ojo, las universitarias, no se me desvíen). Veamos.

Son otros tiempos. Ya los partidos políticos no deciden en sus direcciones nacionales, quienes son los rectores. No es tiempo para negociar cargos a cambio de apoyos ya que no hay tantos interesados, hay que perseguirlos. Tampoco es época de caudillos académicos como los que otrora presumían tener control de grupos y votos, ya los «ismos» desaparecieron. No es tiempo para promesas irrealizables, porque la gente sabe que en política no caben los milagros. También se acabó el tiempo de los cheques en blanco, el electorado universitario no se deja seducir tan fácilmente. Esos tiempos quedaron atrás. 

Es claro que los candidatos tendrán que informar como enfrentarán los temas de la sobrevivencia cotidiana tanto de la universidad como de los universitarios. Todos deben hacer propuestas claras, creativas y creíbles, en esta materia, sobre todo porque la época de las vacas flacas no se avizora que concluya pronto. Todos tendrán que hablar de esto, es inevitable. Sin embargo, atender lo urgente no puede obviar lo importante. La universidad es mucho más que la recuperación material de instalaciones y salarios.

La universidad también es autonomía, es ambiente democrático, es producción de ciencia y tecnología, es pensamiento crítico, es reflexión rigurosa, es formación con responsabilidad y calidad, es debate creativo, es autocrítica; en fin, es todo lo que la hace universidad

Esa savia que le da vida a la universidad y nutre a los universitarios, debe reproducirse, expandirse y oxigenarse aun en las peores condiciones. Para lograr esta atmosfera académica se requiere de un liderazgo rectoral que, con su pensamiento y acción, contagie a los universitarios para emprender juntos esa tarea. Un liderazgo que promueva tanta discusión como sea necesaria y tanto consenso como sea posible, para dibujar la universidad que Venezuela necesita para las próximas décadas. 

Nos corresponde elegir nuevas autoridades, es cierto, pero también es importante elegir cuál universidad queremos para los tiempos turbios que, con toda seguridad, serán los venideros. Sin restar méritos a los colegas aspirantes, creo que el profesor Víctor Rago reúne el perfil para liderar esa trascendente discusión.

lunes, 1 de mayo de 2023

 

Poeta, el pueblo sí lo felicita, por Tulio Ramírez

Rafael Cadenas
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Recuerdo que en la escuela municipal donde estudié la primaria, se realizaban muchos actos culturales durante el año escolar. Todavía hoy, no estoy seguro de si se debía a una política de preservación de los valores nacionales, regionales y locales o a una inteligente artimaña para organizar festejos y eludir la dura tarea de dar clases a muchachitos resabiados y tremendos durante seis horas diarias por cinco días a la semana, desde octubre hasta julio del año siguiente.

Adicional a las fechas oficiales indicadas en el calendario escolar de un Ministerio de Educación, por cierto, más  popular que el de ahora, se celebraban otras efemérides. Nunca descubrí si eran inventadas o rescatadas de la memoria colectiva debido al olvido oficial. Un dato bien curioso es que la mayoría de estos eventos siempre caían en viernes al igual que las reuniones del Consejo de Maestros. En este último caso, si bien es cierto que no había clases, tampoco había puente. Los Consejos se hacían.

Todos los años celebrábamos el Día del Árbol, el de La Alimentación, del Panamericanismo, las fechas ligadas a la Independencia (19 de abril, 5 de julio y 24 de julio), el nacimiento del Libertador, el Día de la Raza, entre otras festividades. Pero también se celebraba el aniversario de la fundación del municipio, un año más del primer choque de automóviles en el estado, el día del aguacate pintón, el onomástico del primer director del plantel y otros que no me vienen a la memoria, pero que, con toda seguridad, no estaban reseñados en el calendario oficial.

Así, entre fecha y fecha, se iba construyendo un ambiente festivo y culturoso todo el año. ¿Que por qué puedo dar fe de ello?, porque fui testigo de excepción.  Siempre me las arreglé para estar en la Comisión de Cartelera. Esa condición GARANTIZABA ciertos privilegios como no hacer cola en la cantina. «El joven está colaborando con la organización del acto cultural, tiene prioridad». 

Algunos podrían argumentar que tantos eventos eran innecesarios por la pérdida de clases. Sin embargo, no recuerdo que por esa causa se haya incumplido el contenido de los programas de estudio. Prueba de ello es que los exámenes finales se hacían con jurados de otras escuelas quienes, con programa en mano, preguntaban sobre cualquier temática por insignificante y poco trascedente que pareciera. El consabido argumento «pero eso no lo vimos», nunca se esgrimió como defensa o excusa y no se regalaban notas, como sospecho que se hace ahora. 

Muchos de esos estudiantes que iban en alpargatas a la escuela pública del barrio y recibían de las monjas «ayuda humanitaria» en forma de paquetes de manteca Los Tres Cochinitos para paliar la situación económica del hogar, son hoy ingenieros, científicos, médicos, economistas, artistas o empresarios exitosos que, gracias a la educación, escaparon del seguro destino para quien no estudiaba: la pobreza.

Las cosas han cambiado. Ya casi no hay celebraciones en las escuelas. No hay material para hacer carteleras ni ánimo para organizarlas. Los «actos culturales» que se llevan a cabo «por orden ministerial» son para conmemorar fechas emblemáticas de la llamada revolución bonita. Estos se hacen por obligación y no por convicción. Por ello el desgano y el desinterés cuando llegan a efectuarse. Sin embargo, tal como sucede en Corea del Norte, en esos «actos culturales» hay que simular entusiasmo aunque sea para la foto. No vaya a ser… 

Me atrevo a apostar fuertes contra lochas a que el Ministerio de Educación no dio la orden de celebrar el Premio Cervantes otorgado al poeta Rafael Cadenas. El silencio ante tan importante e histórico acontecimiento ha sido de indignación. La pregunta que todos se hacen: ¿por qué no se instruyó a las escuelas a unirse a la celebración nacional? La respuesta se cae de m… 

Para el gobierno, nuestro Rafael Cadenas no tiene méritos para tal reconocimiento porque se trata de un venezolano con pensamiento propio y con el agravante de no haber escrito nunca una línea alabando a Hugo Chávez y su revolución socialista.

¿Que estoy exagerando? No lo creo. Recordemos que desde que el chavismo es gobierno, los premios nacionales otorgados por los «imparciales» jurados cuidadosamente designados, siempre han estado reservados para los aliados al régimen. Tener pensamiento diferente descalifica a cualquier candidato, aunque tenga méritos de sobra para ganarlos. 

Así entonces, no haber visto ninguna nota, ningún comunicado, ninguna alocución ministerial o cadena nacional, donde se felicite al poeta barquisimetano, no causa ninguna extrañeza. Pero no se preocupe, poeta Cadenas, el pueblo, su pueblo, sí se siente orgulloso de usted, por ello lo felicita y celebra su premiación.

lunes, 17 de abril de 2023

 

Inteligencia artificial vs la romana vieja, por Tulio Ramírez

Inteligencia artificial
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En el mundo se están debatiendo las consecuencias del avance vertiginoso de la llamada inteligencia artificial (IA). Según lo que he leído, la cosa va más allá de predecir con exactitud nuestros gustos y hábitos de consumo según el patrón de nuestras compras por internet, las películas que vemos por el cable o los delivery que hacemos una vez al mes.

Al parecer, ya no solo se trata de atosigarte con propagandas de zapatos deportivos por los dos pares de guachicones que compraste por Amazon, o de meterte por los ojos cuanta película japonesa exista, porque un día se te ocurrió acompañar a tu nieto para ver por la ventana de  Netflix que tienes alquilada por tres dólares al mes, una serie de cuatro capítulos llamada La venganza de Yosikomo Ayakita.

Lo cierto es que, por lo que se lee, la cosa va más allá de una estrategia de marketing. Por algo la inversión en esa área supera con creces a la que se realiza en los países del tercer mundo para el desarrollo de la inteligencia natural. En nuestros países, los presupuestos para escuelas, alimentación y transporte escolar, formación de buenos docentes y salarios dignos para los maestros, no supera ni en una cuarta parte lo que las grandes empresas de la robótica, la mecatrónica y la biotecnología invierten en sus investigaciones.

Por estos días se hizo pública una carta firmada por más de mil expertos, pidiendo, por caridad, la suspensión por seis meses de las investigaciones en inteligencia artificial. Aún no entiendo lo de la carta. Deben explicarme si parando por seis meses se va a evitar que dentro de otros seis se emparejen, e inclusive superen, lo que se tenía previsto producir durante los meses del paro. Es como pedirle a mi compadre Güicho que deje de beber una semana con la esperanza de que con ese descanso comenzará a tomar más conciencia que ron.

Para otro sector, más dado a la teoría de la conspiración, hay que detener la investigación en inteligencia artificial porque acabará desarrollándose una suerte de transhúmanos (mitad humanos y mitad robots) que gobernarán al mundo, sometiendo a los mortales a una servidumbre generalizada por tiempo indefinido. Socialismo del siglo XXI a nivel mundial, pues.

Ni hablar de las consecuencias para el mundo del trabajo. Se prevé que más de 300 millones de trabajadores perderán sus puestos ya que serán sustituidos por tecnologías capaces de hacer el mismo trabajo sin exigir mejoras salariales ni faltar el lunes después de Semana Santa.

Por otro lado, el debate llegó a las universidades. Ahora el problema no es el caduco «copia y pega»; lo que está dando la hora es el Chat GTP. Los estudiantes pueden darle la orden a su computadora para que haga una monografía sobre «la influencia del chivirico en la producción de ondas betas en colimodios de alto espectro» y ¡zuas!, el trabajo de 15 páginas listo en cinco minutos; además, inédito y resistente a los antiplagios.

El profesor español Rafael Luque, de la universidad de Córdoba, suspendido de su cargo por jugar doble play produciendo artículos científicos por encargo y cobrando por ello en más de cinco universidades —a pesar de ser a dedicación exclusiva en la suya—, acaba de confesar que buena parte de los 150 artículos que producía por año eran hechos a través de Chat GTP, o sea.

El asunto, entonces, además de las consecuencias que tiene en la inducción del consumo o en la conformación de un nuevo orden mundial dominado por máquinas, también tiene un trasfondo ético que debe llamar a la reflexión, sobre todo en el ámbito académico. ¿Cómo estar seguro de que el libro, el artículo, la monografía o el ensayo elaborado por algún profesor o estudiante son de su autoría y no sacados del sombrero de Chat GTP?

De continuar las cosas como van, se tendrán que sustituir a los profesores por prototipos parecidos a Terminator (pero con toga y birrete), diseñados para perseguir humanos que pretendan hacer fraude académico.

Por otra parte, imagino que los trabajos de ascenso y tesis de postgrado serán evaluados por máquinas tipo Smarmatic (pero un poco más inteligentes) para saber si en los lugares más recónditos de la red se esconde una combinación de algoritmos con el contenido de dichos trabajos.

Conversando sobre este tema con un apreciado profesor ya jubilado, pero todavía dando clases, me comentaba: «Por lo pronto, y antes de que me alcance el futuro, creo que recurriré a la vieja estrategia. Diré a mis estudiantes que los ensayos los harán en clase. Deben llevar una maquinita de escribir Olympia u Olivetti. Les permitiré traer Tipex líquido o en cintas para corregir, fichas con sus apuntes y hasta papel carbón por si quieren imprimir más de una copia». Sólo atiné a responderle: «Que la fuerza le acompañe, querido profesor, lo más seguro es que ninguno de sus estudiantes entienda esas instrucciones».