lunes, 28 de noviembre de 2022

 

En una noche tan linda como esta, por Tulio Ramírez

Miss Venezuela Diana Silva
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Muchos venezolanos recuerdan con nostalgia las parodias hechas por el elenco de la Radio Rochela sobre el certamen Miss Venezuela. Año tras año, esperábamos con expectativa al lunes siguiente del concurso. Era para coger palco. Ese día, a las 8:00 pm en punto, toda la familia se reunía frente al televisor para disfrutar del esperado sketch.

Las imitaciones eran magistrales. Bárbara Palacios (Tártara Palacios) y Maite Delgado (Maite Delado), eran caricaturizadas con gracia y maestría por Martha Piñango y Nora Suárez. De igual manera, las imitaciones de Gilberto Correa y Daniel Sarcos (ambas atinadamente realizadas por Félix Granados), eran tan buenas que tanto Gilberto como el mismo Daniel manifestaron más de una vez, que se apoltronaban para disfrutar a sus dobles rocheleros. 

Otros animadores del concurso, así como cantantes e invitados especiales, fueron imitados por el aventajado elenco del programa más longevo de la televisión venezolana. Hasta se llegó a pensar que había una suerte de acuerdo tácito entre la organización del concurso y el programa humorístico, ya que ambos se favorecían por los altos niveles de popularidad. Un dato curioso: en más de una oportunidad la parodia obtuvo un rating mayor que el original. 

En el Miss Chocozuela no quedaba títere con cabeza. Se aprovechaba la parodia para criticar duramente a los gobierno de turno sin que esto tuviera consecuencia alguna ni para el canal ni para los rocheleros. Esa tolerancia llegó hasta el 2010, cuando el gobierno del “supremoygalácticocomandanteenjefe” tomó la decisión de sacar al incómodo RCTV de las cableras. 

Sin embargo, el destino es impredecible y más en tiempo de revolución. Quién se iba a imaginar que el Miss Chocozuela de 2022 se iba a transmitir bajo el camuflaje del Miss Venezuela. Ese es el comentario colectivo. En lo personal no vi el concurso, pero la gente en la calle está segurísima de ello. Mis vecinos aseguran que fue una jugada magistral de Marcel Granier y Eladio Lárez en complicidad con el elenco del programa humorístico y los organizadores del concurso. 

La verdad, me parecía un argumento tirado por los cabellos. Repito, no vi el certamen, por lo que no podía corroborar tan extravagante hipótesis. Sin embargo, al enterarme de los pormenores del concurso, ver algunos videos, escuchar las declaraciones de algunos de los jurados, así como las réplicas y comunicados de los organizadores, no me queda más que dar el beneficio de la duda a quienes sostienen que la Radio Rochela una vez más se la comió.

Quedaba solo un cachito no suficientemente aclarado. Las personas que vi en el video del certamen no eran los actores de la Rochela, aquellos son inconfundibles. La respuesta la encontré en uno de los tuits alusivos al evento. Los animadores, los jurados, las participantes eran efectivamente los anunciados, pero el desarrollo del evento, los parlamentos, el desenlace y las declaraciones posteriores, fueron escritos por los guionistas del programa cómico. El resultado: una de las mejores parodias vistas en la televisión venezolana en los últimos años. 

En estos tiempos tan bizarros, no me extrañaría que la estrategia comercial haya invertido el orden y secuencia al que estábamos acostumbrados. No es temerario pensar que en una semana nos sorprendan con el verdadero certamen, ahora sí, en serio. En todo caso, se agradece el momento de humor.

lunes, 14 de noviembre de 2022

 

Trámites en un Registro Inmobiliario o los cuentos de la cripta, por Tulio Ramírez

Reforma ley de registros y notarías
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Todos hemos tenido experiencias terribles. Desde que tenemos uso de razón transitamos por esos momentos espeluznantes. Cuando sucede, rogamos despertar pronto cual si fueran pesadillas a lo Freddy Krueger. Lo peor es que esas experiencias se anclan en nuestra memoria como una maldición, y no hay manera de que se desvanezcan con el tiempo. Son nuestros cuentos de la cripta personales.

Por ejemplo, cómo olvidar cuando, a los 9 años y estudiando 2do grado, la maestra Beatriz me sorprendió in fraganti husmeando debajo de las escaleras de la escuela para ver las piernas de mis condiscípulas. Fue de terror. Me llevaron a la Dirección y citaron a mi madre. Trágame tierra, que pena.

Igual sucedió aquella vez que mi profesor de física de tercer año de bachillerato, me sorprendió copiando unas fórmulas de un pañuelo que usaba como consecuencia de un «resfriado». El muy insensible me llamó la atención frente a todos y me sacó del examen. Qué pena con mis compañeros. Nuevamente, trágame tierra. 

Otras situaciones espeluznantes fueron vividas en mi juventud. Recuerdo haber sido detenido por los cuerpos de seguridad del Estado junto a mis panas Martín, Horacio y Alexander, bajo la acusación de conspirar para hacer caer el gobierno. Me amenazaban con detener a toda mi familia si no delataba el plan conspirativo. Como ese plan no existía sino solo en la imaginación de los policías, no había información que dar.

Por mi silencio asumieron que era un guerrillero irreductible. Esto hizo que las amenazas fueran cada vez más serias. Les juro que no pude dormir durante los siete días con sus noches que estuve detenido. Mi compañera de celda, Teodorica, una cucaracha que aparecía siempre a la misma hora de la madrugada, hacía más tensa la situación. 

Y así transcurre la vida, entre situaciones de terror vamos creciendo y templándonos. Puedo contar muchas anécdotas desagradables, pero creo que ninguna ha sido tan horrible como la que viví recientemente en un registro inmobiliario de Caracas. Fue como atravesar la puerta del closet que conduce a Narnia, pero en esta oportunidad entraba al infierno de Dante.

Lo primero que te encuentras es que no hay información visible por ninguna parte sobre los requisitos que debes consignar para cada trámite. Todo es por tradición oral. Un funcionario te dice lo que debes traer y cuando por fin reúnes los recaudos, otro funcionario te dice que falta uno. Cuando te dedicas a buscarlo se te vencen las solvencias que ya habías sacado y comienza nuevamente el proceso. 

Regresas al registro y pierdes la mañana, porque «ay mi amol, lo siento, hoy no hay sistema». Regresas al día siguiente, pierdes la mañana por «ay mi amol, la que te recibe esos papeles no viene hoy. Llamó y dijo que le había llegado el agua y va a aprovechar para lavar. Tú sabes cómo es». Van dos días perdidos.

En la tercera oportunidad logras que te reciban los papeles y cuando vas a pagar los aranceles de registro, sorpresa, «mi corazón, no hay punto, tienes que pagar en el banco y traerme el bouche». Cuando lo haces y regresas te dicen «¿no me trajiste tres copias?, tendrás que venir mañana porque ya la taquilla cierra». Uff. 

Eres fuerte y quieres salir de eso. Regresas al día siguiente, te reciben la copia, te devuelven las otras dos copias, «esto es suyo, no lo necesito» (grrrr). Mientras estas en el registro esperando una eternidad para entregar las benditas copias, te remolcan el carro con la carpeta que contiene las solvencias. Recuperas el carro pagando 40 dólares y una multa de 2 bolívares.

Al día siguiente logras llegar al registro a mediodía. Crees que con el favor de Dios, lo vas a lograr. Pues no. Después de esperar tres horas la chica te dice, «mi rey, pero aquí faltan los impuestos de la gobernación», tu respondes, «eso no me lo dijeron, me aseguraron que todos los papeles están completos». «Pues no mi amol, tienes que ir al banco, pagarlos y venir después». No hay tiempo, el banco está cerrado. 

Ya al borde de la desesperación y después de ocho días perdidos, logras pagar todo e introducir los documentos. Te asignan el día de la firma. Vas contento con los vendedores a finiquitar todo. Amaneces, llegas a las 8:00 am, pero te atienden a las 2:30 pm, porque primero pasan los «gestores».

Por fin te llaman. Horror, no hay firma. Ya sin fuerzas pregunto, «¿Ahora qué pasa?, ese documento ha sido revisado por todos los funcionarios y todas las oficinas, ¿pero qué falta ahora?». La chica me extiende la carpeta y desviando la mirada hacia un «gestor» que le hace señas, me informa: «Mi amol, en la última línea hay tres espacios vacíos, no está completa. Debes colocar tres puntitos, eso no puede quedar vacío. Llévaselo al abogado para que se los ponga y vente mañana». Lo peor es que para el día siguiente se vencen tres de las solvencias. A le fecha de aparecer este artículo, la firma no se ha logrado. Así estamos.

lunes, 31 de octubre de 2022

 Joseíto

lunes, 17 de octubre de 2022

 

¡No estorben!, por Tulio Ramírez

No estorben
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Esta es una expresión que se escuchaba con frecuencia en las escuelas de mi época, por allá por los años 60. Eran tiempos en los que no se cuestionaba la autoridad de los maestros y órdenes como las de no estorbar, nunca provocaron una denuncia por maltrato infantil ante la Zona Educativa.

Por esos días uno se sentía en la escuela como en casa, es decir, expuesto a regaños, castigos, jalones de oreja sin desprendimiento del lóbulo y hasta coscorrones sin orificio de salida. Quizás la única diferencia con el ambiente hogareño eran los cholazos voladores. Estos no se veían en la escuela, pero estoy absolutamente seguro de que no faltaban las ganas de asestarle un misil de esos al desordenado de la clase. Menos mal, porque las maestras iban a clases con tacones.

Definitivamente eran otros tiempos. Los padres confiaban en el criterio de los maestros y procedían en consecuencia. «Tulio, la maestra me ha dicho que te entretienes mucho en clase y no prestas atención, pues ahora te vas a entretener fregando la loza toda esta semana, y no verás El Zorro por un mes». Esa complicidad maestra-madre dejó de existir con el tiempo. La verdad, no estoy seguro si para bien o para mal.

Ahora, la madre es amiga de la maestra hasta el momento en que el pupilo obtenga bajas calificaciones. A partir de esa infausta boleta, las relaciones se enfrían, quedando el docente bajo sospecha hasta que se le salga alguna expresión como la que titula este artículo.

Si llegare a «maltratar» a «ese muchacho que es un pan de Dios», tenga por seguro que la desafortunada maestra será denunciada por maltrato infantil y violación de los derechos humanos ante la Dirección de la Escuela, la LOPNA, la OEA, la ONU y cuidado si hasta en la Corte Penal Internacional.

No me atrevería a decir que en esta materia los tiempos de antes eran mejores que los de ahora. Fui «víctima» de expresiones como «no seas burro, chico, 8 por 4 no es 43, es 32. Para mañana te aprendes de memoria la tabla del 8, que me la vas a recitar como el Padre Nuestro» o, «Tulio, aterriza que estás en la luna, quién te dijo que Colón navegaba sobre unos esqueletos. Esos barcos eran carabelas no calaveras».

Cómo olvidar aquel gancho al hígado que me hizo sonrojar ante mi condiscípula Norma Díaz, mi amor platónico de 4to grado «A» en la Escuela Municipal Leoncio Martínez del Barrio Las Brisas de Petare. La maestra Gladys alzó la voz como un trueno que retumbó en todo el salón: «Tulio, qué broma contigo, apártate de Norma que está tranquila haciendo su tarea, no la estorbes». Qué pena con Normita, mi intención no era esa.

Esos «no estorbes» que escuchábamos en aquellos ambientes escolares, signados por la pedagogía de estricta manu y no por la ternura del mollis manus, si bien me incomodaron, también me enseñaron a medir cuando uno ayuda de manera eficiente o se convierte en  obstáculo.

Esos duros y aleccionadores «no estorbes» de mi infancia —los cuales tenían como objetivo, quizás de manera un poco brusca, enseñarnos a no perturbar el trabajo de otro—  nada tienen que ver con el ¡no estorben! utilizado en Las Tejerías para evitar que los periodistas independientes  realicen el trabajo para garantizar el derecho de la población  a estar informada. 

Habrá que ver, entonces, quién es el que realmente estorba: quien intenta cumplir con su trabajo o quien lo evita.

lunes, 3 de octubre de 2022

 

¡El que anda con cojo…!, por Tulio Ramírez

¿Por qué no pasa nada pese a los horrores comprobados?
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De las expresiones populares, la que titula este artículo ha sido la que he utilizado con más frecuencia. Es una suerte de comodín que se ajusta para describir o predecir acciones llevadas a cabo por alguien, cuando estas se perciben como no atribuibles a la libre determinación del que la ejecuta, sino a la imitación consciente o inconsciente de quien le ha servido como referencia inmediata, bien sea por amistad, subordinación, admiración o las tres juntas.

Muchos hemos utilizado esa expresión para describir conductas poco usuales o que alteran un patrón de comportamiento sostenido en el tiempo. Ejemplo de ello es cuando un tímido empedernido se convierte de pronto en el locuaz y ocurrente de la fiesta, imitando la conducta de quien, con las mismas artes, ha obtenido éxito social.

«Míralo cómo se ha transformado, pero claro, el que anda con cojo, al año cojea», es la expresión que mejor retrata la situación. Por supuesto, en este caso no se trata de una crítica por falta de originalidad, sino de llamar la atención sobre cómo el modelaje surte efectos en algunos.

También la he utilizado como predictor confiable. La probabilidad de que una persona muy apegada a otra por lazos de diverso tipo, desarrolle la misma conducta ante iguales circunstancias, es muy alta. «Fuertes a lochas a que fulano hará lo mismo que su amigo zutano. Mira que el que anda con cojo, al año cojea». Por supuesto, he perdido algunas apuestas, pero otras las he ganado.

Como se puede observar es una expresión multiuso y polisémica. Adquiere distintos significados dependiendo del contexto y la intención de quien lo dice. Pero no siempre alude a un interés descriptivo o predictivo en positivo. 

También se usa para hacer referencia a aquellas situaciones en las que no se imita lo mejor de un tercero, sino «lo peorcito», como dijera mi comadre Camucha, tantas veces nombrada en este espacio. Sí, esa misma, la que lleva por la calle de la amargura a mi compadre Güicho.

Cada vez que mi compadre pone la torta, sea saliendo o entrando, Camucha trata de excusarlo ante sus amistades usando como argumento algo así como «él no es mala gente, él no suele comportarse así, pero que le vamos a hacer, con esas joyitas con las que anda para arriba y para abajo, algo malo tenía que salir, recuerden que el que anda con cojo en cualquier momento también cojea y Güicho no es la excepción».

Esta expresión tan del argot popular también ha sido utilizada en el mundo de la diplomacia. Por supuesto, con mejores formas y sin mostrar una intención expresa de pisar callos delicados, los embajadores suelen usar expresiones análogas para caracterizar ciertas conductas de gobiernos poco originales.

Quizás mi imaginación vuele un poco, pero se me ocurre que los representantes de los más de 20 países que se pronunciaron duramente en la ONU contra el gobierno de la revolución bonita, a propósito del Informe de la Misión Internacional sobre Derechos Humanos, con la discreción del caso, dirían entre ellos algo así como, «pero qué se podía esperar de quienes han tomado como paradigma de buen gobierno a las administraciones más impresentables del mundo».

También imagino al representante del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, muy circunspecto él, con paltó levita, corbata impecablemente anudada, el brazo levantado a 3/4 de la cintura a nivel de la respingada nariz, con el dedo índice ligeramente curveado y apuntando a los miembros de la Asamblea General, exclamando con voz aterciopelada y en perfecta dicción: Remember distinguished gentlemen, that the one who walks with a lame, after a year limps, lo que traducido al español castizo sería: «Recuerden distinguidos caballeros, el que anda con cojo, al año cojea».