lunes, 25 de mayo de 2020




Se nos fue Directv, por Tulio Ramírez


Se nos fue DIRECTV. Es una verdadera tragedia. Son aproximadamente 2,5 millones de usuarios que quedaron sin servicio, amén de más de 700 trabajadores echados a la calle, en un país donde conseguir trabajo es un milagro tan difícil, que nadie se le ocurre pedirlo a José Gregorio Hernández para no complicarle su ruta a la beatificación. 
Mi empeño por establecer clasificaciones para ordenar realidades de por sí desordenadas, me llevó a intentar hacer una taxonomía no exhaustiva de los usuarios de DIRECTV e identificar sus posibles reacciones ante el intempestivo cierre.
Quizás este ejercicio podría ser útil para entender los sentimientos disímiles que rodean la salida del aire de un servicio que hacía más llevadera la cuarentena y la vida de los venezolanos.
En primer lugar, tendríamos a los Directvtantes o militantes de Directv. Son los que más han sentido la pérdida. Su vida giraba totalmente en torno a Gray Anatomy, La Ley y el Orden, Unidad de Víctimas Especiales, Master Chef, Aquí no hay quien viva y las películas de HBO. Son los que se conocen la programación de memoria. Nunca sintonizaban los canales nacionales y menos los del gobierno. Perdonen la redundancia.
Luego, tenemos los Directvtuales. Son los que con inquietudes más intelectuales que de entretenimiento no se pierden Nat Geo, Deutch Welle, CNN (cuando se veía), Equipo de Investigación, Alerta Aeropuerto, Films and Arts, History Channel, Vladimir a la 1 y La Hora Clave con Macky Arenas. Muy de vez en cuando sintonizan algún canal del gobierno «porque hay que enterarse». La sensación que hoy sufren es como si les hubieran apagado la luz en plena lectura de un buen libro.
Otra categoría es la que reúne a los Directvnautas. Son los que se sumergen en la programación haciendo zapping de manera compulsiva, escudriñando todos los rincones de la oferta diaria hasta altas horas de la noche. Es esperable que presenten síntomas de síndrome de abstinencia en breve tiempo. 
Otro grupo son los Directvivientes. Son los sobrevivientes de los malos servicios que les prestaron compañías de televisión por cable y migraron a la TV satelital en búsqueda de un servicio con calidad y no tan costoso. Hoy sienten que les suben los niveles de angustia solo de pensar en la posibilidad de volver a esas empresas que les causaron tantos disgustos. 
Por último, están los Directvflagiados. Son los chavistas que no se pierden la programación internacional. Prefieren ver Los Simpsons, The Good Doctor, Criminal Minds o The Big Bang Theory en vez de Con el Mazo Dando o La Hojilla. Lo único que les impide disfrutar del servicio es cuando van obligados a las marchas del PSUV o cuando se va la luz en la zona. 
Estos últimos, son usuarios muy curiosos. Vociferan en público pestes contra las grandes «cadenas televisivas imperialistas», pero al día siguiente van a hacer la cola en las oficinas de DIRECTV para pagar sus deudas y evitar el corte de la señal. 
Por supuesto, se presentan sin franelas rojas ni uniformes de Miliciano, es decir, van camuflagiados como gente normal, de allí el nombre de este segmento de usuarios. Para ellos, la procesión va por dentro. Sufren más que los otros porque no pueden expresar a viva voz su duelo. Saben que el gobierno es el gran culpable, pero lo callan.

lunes, 11 de mayo de 2020

PNB Petare Jose Felix Ribas Wilexis



¿Quién entiende?, por Tulio Ramírez


Imagínense ustedes, si siendo testigos de los acontecimientos que pasan en el país, nos volvemos un ocho para tratar de explicarlos y comprenderlos, ¿qué quedará para los futuros sociólogos, historiadores y politólogos que se atrevan a estudiar este disparatdo período chavista?
Venezuela se ha convertido en un enorme rompecabezas. Nos estamos rebanando los sesos para armarlo, sin percatarnos que hay varias piezas perdidas que nos impiden tener una visión de conjunto organizada y armónica. No me da la página para contar toda la zambunbia de hechos incomprensibles que acontecen en este extraño país. Solo me referiré a algunos recientes.
El primero es el caso de la pandemia, la cuarentena y la actuación del gobierno. En la tarde Maduro se vanagloria de haber contenido el contagio, gracias a su llamado temprano al confinamiento, pero a la mañana siguiente a sus ministros no se les ocurre otra cosa que llamar a miles de empleados públicos a que se concentren en las afueras de los ministerios y demás dependencias del gobierno, para que retiren las Cajas Clap.
Da pavor ver a aquellos humildes empleados debajo de semejante pepa de sol y todos apretujados en la fila, esperando por la entrega de las fulanas cajas de alimento. No menos de 5 a 6 horas dura la espera. El asunto es que estos adalides del confinamiento no organizan ningún operativo adicional de reparto de mascarillas o aseguramiento de la distancia para evitar el contacto físico. Pareciera que la orden fue “acomódense como puedan, esperen sus migajas y olvídense de la pandemia”. ¿Quién entiende?
Otro caso es el de la cárcel de Los Llanos y la masacre allá ocurrida. Primero se dijo que se trataba de un plan de fuga, cosa comprensible porque nuestras cárceles son peores que el mismo infierno. Pero no, al parecer fue motivado por una protesta debido a  la mala calidad de la comida y al retardo en repartirla. Esto tampoco nos extraña. Si los que estamos fuera tenemos que comer lo que traen esas cajas CLAP, no me quiero imaginar lo que reparten a los reos. En un país serio este hecho hubiese ameritado, como mínimo, la destitución del ministro del ramo, del director de la cárcel y una disculpa presidencial. Aquí no pasó nada. ¿Quién entiende?
Luego lo del Barrio José Félix Rivas en Petare. Una plomazón de 5 días continuos. No se sabe si entre bandas enemigas, si entre la policía y las bandas o un todos contra todos.
Las redes sociales mostraron videos de criaturitas disparando armas que pesan más que ellos. Toda Caracas estuvo rezando por la vida de los inocentes habitantes del sector. Lo cumbre es que esos mismos inocentes habitantes salieron a la calle para proteger al Wilexis, líder indiscutible del malandraje de José Félix. Gallinas cuidando Rabipelados. ¿Quién entiende?
Casi en paralelo tenemos el tema de la fulana invasión. Hubo pérdida de vidas y detenciones de oficiales militares, supuestamente involucrados en este hecho. Muchas dudas generaron las explicaciones del gobierno. Uno de los voceros oficiales manifestó que sabían previamente del caso porque los habían infiltrado. La duda que queda es que si sabían de la invasión por qué en Chuao los atrapa un pescador con una pistola oxidada y no un Cuerpo de Elite de la Armada. ¿Quién entiende?

Por último tenemos una denuncia pública que hace una periodista de oposición. La denuncia es contra el presidente interino que respalda la oposición. Esta opositora lo acusa de haber firmado un supuesto contrato para adquirir armas y logística, para derrocar al gobierno del cual ella es opositora. Además, gracias a esa denuncia, la periodista opositora sirve en bandeja de plata al gobierno al cual se opone, la cabeza del presidente opositor que ella debe respaldar por ser opositora. ¿Quién entiende?

lunes, 27 de abril de 2020

¿Hablamos con la verdad o seguimos conversando?, por Tulio Ramírez


Estoy seguro que en todas las sociedades pasa lo mismo. Es muy natural que se anclen en el imaginario colectivo, mitos, leyendas, épicas, héroes, frases hechas, atributos culturales y autopercepciones sobredimensionadas que sirven de fulcro para levantar la autoestima general y calificar los errores, negligencias e impericias cometidos, como meros accidentes históricos que no alteran la esencia idiosincrática de la nación.
Son formas de resiliencia que las sociedades adoptan inconscientemente como mecanismo de supervivencia ante las adversidades que ponen en cuestionamiento “la marca y sus atributos”. En Venezuela esa marca con sus atributos la hemos llamado “la venezolanidad” o el “ser venezolano”. Esas construcciones simbólicas se erigen en una suerte de muralla ante la presencia de realidades que pudieran poner en entredicho “la marca” que nos distingue. 
Con esas palabras domingueras y hasta pretenciosas, lo que pretendo decir es que pasamos parte de nuestra vida cayéndonos a coba para mantener a flote ese fulano “orgullo de ser venezolano”.
Seamos claros, nos autoengañamos y tratamos de engañar al mundo, justificando los errores que hemos cometido como pueblo. Cada metida de pata se la atribuimos a la mala racha, al engaño de terceros, a Trump, a Fidel, a Guaidó, a Páez, al chichero de la esquina, menos a nosotros, porque “somos un pueblo echao pa’lante, trabajador, honesto, solidario, y que siempre está en todas”.
Nunca nos atribuimos la culpa de nada, ni asumimos la responsabilidad de nuestros errores. Por ejemplo, cómo cuesta conseguir a alguien que diga que “la puso completica” cuando votó por Chávez. Ahora nadie fue. Cuando alguien menciona que no fueron extraterrestres sino nosotros los venezolanos, la gente voltea y dice “habrás sido tú, porque yo nunca fui chavista mijito”. Como si uno no recordara quienes iban a esos mítines en la Avenida Bolívar. Pero esto es solo una muestra. 
Nos retorcemos la boca afirmando que “Venezuela es un pueblo con una educación de primera”. De que la tuvimos, la tuvimos, es cierto. Allí están los empleadores en todo el mundo que lo pueden corroborar. Pero ya eso hoy no es tan cierto y nadie lo quiere asumir.
Lo que hemos visto por VTV no es un hecho aislado. Esas maestras y sus errores inexcusables son la punta del iceberg de la piratería y la negligencia ministerial. Son ellas un reflejo de lo que está pasando en las aulas de la mayoría de las escuelas, aunque no en todas, afortunadamente. Al final del año escolar, cuando “los pasen a todos”, estaremos orgullosos de nuestros hijos, barriendo la basurita de la mediocridad por debajo de la alfombra.
Nos enorgullecemos diciendo al mundo que “el venezolano es alegre, solidario y se ríe ante la adversidad”. Esta afirmación es insostenible hoy día. Solo hay que salir a la calle para ver caras llenas de tristeza y angustia. Son los rostros típicos de quienes vive en socialismo.
No es mera casualidad que el número de suicidios haya aumentado en los últimos años. Estoy seguro que los motivos más recurrentes no estuvieron ligados a cachos y traiciones. Reto a quien anda sin un cobre en la cartera o con un miserable sueldo que lo batuqueó del estrato B al D o al E, a que me diga que es un venezolano feliz y antiparabólico. 
Creo que debemos sacudirnos y comenzar a hablar con la verdad, aunque nos tilden de aguafiestas. Nombrar las cosas por su nombre puede ser el comienzo de la solución. Insisto, porque lo he mencionado en otro artículo, me niego a ser como “el Comenabos”, ese personaje de la Radio Rochela quien, en el hueso y con cara de hambre, le decía a su interlocutor con voz apagada “Yo, me siento bien, yo me siento saludable”. Claro, siempre podemos optar por esconder la verdad, seguir conversandito y aquí no ha pasado nada.

lunes, 13 de abril de 2020

El Nazareno


Nazareno, háganos el milagrito, por Tulio Ramírez


Dicen algunos historiadores que el Nazareno de San Pablo llegó a la ciudad de Caracas en 1674 y fue ubicado en la Capilla de San Pablo El Ermitaño, la cual se construyó en el lugar que hoy ocupa el Teatro Municipal. Por cierto, este Teatro lo construyó el presidente Guzmán Blanco y no Chávez, como pudiera imaginarse alguno de esos chupasuelas que asume que, gracias al Galáctico de Sabaneta, Venezuela se independizó del imperio español, obtuvo luz eléctrica, se fundó el equipo Navegantes del Magallanes, se descubrió el petróleo, y se ganaron las 7 coronas del Miss Universo.
Ha sido tanta la devoción de los caraqueños a esta imagen sagrada que no imaginé nunca una semana santa sin la multitudinaria procesión de miércoles de cenizas con sus miles de feligreses y cientos de pagadores de promesas, rindiéndole tributo a este emblemático ícono de la fe y la religiosidad de nuestro pueblo.
Pero este miércoles santo fue diferente. El Nazareno de San Pablo salió en procesión, pero no sobre los hombros de sus creyentes ni rodeado de multitudes dando gracias por los milagros recibidos y por recibir.
La Cuarentena por el Virus Chino obliga a sacarlo en el papamóvil y escoltado seguramente por algunos no tan fieles a la iglesia, pero si a otros que han hecho también sus milagritos, uno de ellos, empobrecer en 20 años un país inmensamente rico.
Convencido de que sería inútil intentar mostrar mi devoción al Nazareno debido a la falta de gasolina y por un par de votos negativos en casa. No pude peregrinar en esa motorizada procesión. Decidí entonces echar un camaroncito para desestresarme de tanto descanso obligado.
Ya entrada la tarde y preparándome para una sesión de relajamiento postsiesta, me entero que El Nazareno hizo su primer milagrito, pero esta vez no para favorecer a las grandes mayorías en calamidad, como lo hizo en 1696 cuando la fiebre negra o escorbuto o en el siglo XIX cuando la peste azotó a Caracas.
No, esta vez fue para el mismo. Solo a través de su inmenso poder fue posible que el Papamóvil no se quedara definitivamente varado en El Valle por falta de mantenimiento.
La avería se pudo reparar gracias a su intermediación, porque si lo dejaba solo a la iniciativa terrenal ese famoso auto iba a terminar sin batería, sin radio y montado en cuatro bloques y por supuesto, sin Nazareno. Recordemos que era un miércoles de ceniza y en cuarentena. Sin cuarentena el gruero y los mecánicos hubiesen marcado la milla para la playa y por la pandemia tendrían más que justificado no salir de casa. La otra era conseguir los repuestos. Solo su mano poderosa pudo vencer esos obstáculos.
Después de esa demostración de su inmenso poder, los venezolanos solo esperamos que nos cumpla un par de milagritos más. Uno, acabar con esta pandemia que tiene al mundo entero sufriendo lo indecible por la pérdida de cientos de miles de seres humanos infectados por un virus más resistente que los destornilladores hechos en el país de donde salió.
El segundo milagrito, es muy peligroso hacerlo público pero él sabe cuál es. Se lo hemos pedido muchas veces. Recuerdo que lo hemos pedido en las semanas santas, en los diciembres como regalo de navidad, en los carnavales como para salir de Judas, el día de la independencia, por razones obvias. Pero no solo nos acordamos de eso cuando son días festivos, también lo pedimos con la misma fuerza en los días laborables, los fines de semana y hasta el día 29 de febrero cuando el año es bisiesto. Nazareno, por favor, este año háganos el milagrito.

lunes, 30 de marzo de 2020

Cuarentena


Anécdotas de cuarentena, por Tulio Ramírez


El asunto del Corona Virus es muy serio. Tan serio que ya no se le puede mencionar su origen porque puedes ir preso. Menos informar cifras porque te encierran en “La Transparente”, un calabozo que dicen, está en El Helicoide. Bueno, a lo que vinimos. Al igual que ustedes, he seguido con estricto cumplimiento las recomendaciones de los cientos de miles de expertos, cadenas, manager de tribuna e inclusive, militares devenidos de la noche a la mañana en expertos epidemiólogos. He acatado todas las instrucciones para no contagiarme, lo único que me falta es no respirar.
Les cuento que no todos se la han pasado tan bien como yo en mi resguardo hogareño. Hace dos días me llamo Rosendo, colega profesor de la universidad cuyo nombre por razones obvias he cambiado. El tono de voz era de total desesperación. Transcribiré su conversación ya que es posible que algún lector se sienta identificado.
“Mi pana, por favor no cuelgues, necesito que me escuches”, fue lo primero que soltó, “necesito hablar con alguien, porque estoy que me como la cochina con todo y las otras 27 piedras del dominó. Ha diario leo unos 7.580 whatsApp, 52.542 twiters, 11.326 cadenas por Facebook, toda la publicidad de Instagram y los 800 Messenger sobre como lavarme las manos y lo importante de la Cuarentena. Además, he escuchado los sopotocientos consejos, advertencias y clases magistrales de mi mujer, suegra e hijos sobre la bendita pandemia”.
Sin pausa alguna continua, “me han obligado a ver películas como Virus, Epidemia, Pandemia, Ébola y la Guerra Z. También me han puesto a leer Casas Muertas y a reconstruir la historia de la Peste Española a través de Wikipedia. Para colmo no me dejan salir de casa dizque porque es muy peligroso para los viejitos. Abrase visto mayor insulto”. 
Ante mi silencio, continua su retahíla, “dicen que no están nerviosos, pero cualquier tosecita provocada por un grano de arroz que se me va por el camino viejo, huyen despavoridos cada uno a su cuarto, dejándome solo en la mesa. A veces creo que es una artimaña para que friegue los platos”. Lo oigo tragar saliva y prosigue, “si me asomo a la ventana, me obligan a bañarme en alcohol, si atiendo una llamada, debo hacerlo como los secuestradores de las películas, con un pañuelo en la boca. 
Mi casa parece un quirófano, todos con tapabocas, guantes de latex y gorros de baño. También parecemos japoneses con la diferencia que ellos no se colocan bolsas plásticas de supermercado en los pies para caminar por la casa”.
Ya desahogado y con voz mejor modulada, me señala “no es que no soporte estar en la casa a merced de sus moradores habituales (no entiendo por qué no dijo seres queridos), podría hacerlo con gusto, pero además de que solo me hablan para aconsejarme, también me ponen a lavar, planchar, limpiar los baños, fregar, barrer y pasear al perro todos los días de la sala a la cocina, con el cuento de ser un buen antídoto para el aburrimiento y la claustrofobia. Chamo eso es como demasiado”.
La conversación (¿?¿¿) termina con esta perla, “oye Tulio, mi pana, gracias por escuchar, te juro que lo que más deseo es que acabe esta pandemia antes de que comience a caminar por las paredes. No me gustaría verme limpiando no solo la que ensucie, sino las de todo el apartamento, incluyendo la de la vecina del 4to piso que, estoy seguro, es la que tiene a todos aquí paranoicos”. Colgué el teléfono y me dije, “apenas vamos por mitad de la cuarentena. Dios guarde a Rosendo no solo del Corona Virus”.