lunes, 23 de septiembre de 2024

 

Nunca faltará alguien así, pero…., por Tulio Ramírez

Venezuela: Preguntas sin respuesta fácil

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En estos tiempos convulsos es común conseguir en cada esquina, en cada barra, en cada reunión familiar, que el tema sobre el que se habla gira en torno a la política del país. Y no es para menos. Estamos viviendo en total incertidumbre. Todos estamos ávidos de información para poder comprender lo que pasó y hacernos una idea más o menos clara de lo que podría pasar.

No hemos dejado de hablar de los resultados de las elecciones, de las Actas que no aparecen, de la sentencia de la Sala Electoral, de las acciones de MCM y de las futuras sanciones. Por supuesto, también estamos atentos a los pronunciamientos de los parlamentos de América Latina y del resto del mundo y ni se diga de los documentos nacionales suscritos por “los abajo firmantes”.

Es muy difícil esquivar estos temas. Casi se han convertido en el único asunto de conversación, y esto no es criticable. Por el contrario, indica que no hay indiferencia por parte de la población. Son señales inequívocas de la existencia de una legítima preocupación colectiva.

Aunque pudiera ser psicológicamente desgastante, es mejor eso a que la gente ocupe su tiempo discutiendo sobre los favoritos de las carreras del domingo, o sobre los propietarios que están morosos con el condominio o los cachos que le están montando al Palomino Vergara del edificio.

Es cierto, también es muy probable que corramos el riesgo de saturar nuestra mente por el exceso de información. Aunque los terapeutas recomiendan tomar pausa y alejarse de X y Tik Tok, es muy difícil taparse los oídos para no escuchar lo que se dice en ese mundo paralelo conocido por los cibernautas como la vida real.

He participado en muchas de estas conversaciones. He compartido con vecinos, amigos, colegas, compañeros de trabajo, familiares y con grupos espontáneamente constituidos. Todos tienen algo que decir, todos tienen sus opiniones e hipótesis. Creo que nunca antes ha habido tanto consenso sobre un mismo tema. Claro, todos saben que fue lo que pasó y esto ha disminuido considerablemente la diatriba polarizante que caracterizaba las reuniones hace unos años atrás.

Sin embargo, a pesar del consenso ante lo obvio, a veces nos toca que soportar a algunos personajes que, si bien son contestes con lo que todo el mundo sabe, en nada contribuyen a aclarar las cosas. Son los que aportan información distorsionada, ideas sin fundamento o conclusiones alocadas. Son los que confunden y enredan, a veces por el ánimo de protagonismo o a veces por su inclinación patológica a la coba. Son “expertos analistas” que solo hablan y no escuchan. Los que pretenden dictar cátedra al resto de los contertulios. Describiré a algunos de esos personajillos.

Están aquéllos que, alzando el dedo índice a nivel de la sien derecha, comienzan su intervención con algo así como “considerando la geopolítica y los factores antropolíticos de los factores de las élites inclinada al ejercicio del poder, un análisis socio histórico y dialéctico me lleva a concluir……. (ahora una pausa larga), que la vaina está realmente jodida…”. Estos “sabelotodo”, tienden a ser pedantes, hablan de manera engolada y usan conceptos cuyos significados desconocen. Se les identifica como “los analistas de barbería”.

Peor y más patéticos son los que comienzan con “mira caballo, el asunto es que Biden le dijo a Putin que le daba menos armas a Ucrania, si renunciaba a apoyar a la revolución chavista. Entonces el Putin le contestó que……. (sigue el bla bla)”. Estos “analistas” son los que seguro estaban detrás del sofá o escondidos entre las cortinas en el lugar donde se dio esa supuesta conversación. Son insoportables y mitómanos. Su lema es “si me brindas otra, te cuento que fue lo que pasó”.

Nunca faltan los pesimistas que dan todo por consumado. “No te desgastes tanto, aquí no va a pasar más nada. Entre ellos ya llegaron a un acuerdo desde hace rato. Aquí nadie da puntada sin dedal. Toda esta pelea es un show para distraernos”. Esos personajes son peores que los adversarios. No arriman una pa´l mingo. Son a los que nadie invita, pero llegan solos y se retiran después que se acaba la bebida y la comida.

No pueden faltar los conspirólogos. Son aguafiestas por naturaleza. “No pierdas tu tiempo, en este país no se decide nada. Apenas somos un peón en el tablero mundial. Son 5 o 6 multimillonarios en el mundo los que deciden todo y nosotros de tontos creemos que nuestro esfuerzo servirá de algo”. Estos son los que no ponen para la cerveza argumentando que están limpios, pero se engullen el whisky 18 años que trajo el compañero. Les dicen, “codo engatillado”

Esta clasificación no es exclusiva ni excluyente. Seguramente se pueden identificar otras especies de estos pintorescos interlocutores. A pesar de que con ellos haya que convivir, no hay que perder el foco. El tema seguirá en cada casa, en cada calle, en cada reunión. Pueda que llegue el momento en el que se tendrá que hablar en voz baja, a escondidas y calándose a algunos de los personajes descritos, pero seguiremos hablando sobre lo mismo. Aquí pasó algo y eso no debe olvidarse.

lunes, 9 de septiembre de 2024

 

“Jalisco nunca pierde”, por Tulio Ramírez

“Jalisco nunca pierde” / Pedro Armendáriz
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X: @tulioramirezc

Confieso que buena parte de mi infancia la pasé viendo películas mexicanas. Mi padre, hombre nacido en los años 30 era un furibundo admirador del cine azteca. Pedro Infante, Jorge Negrete, Luís Aguilar, El Indio Fernández, Miguel Aceves Mejías, Dolores del Río, Marga López, Arturo de Córdova y la argentina Libertad Lamarque eran habituales invitados a nuestra casa.

Nuestro pequeño televisor, un Admiral en blanco y negro comprado a crédito en la tienda Van de Los Ruices, se convertía en el centro de nuestra atención los domingos a las 8 de la noche. Era el horario de Cine Mexicano, programa transmitido por el canal 8 (CVTV), para ese momento un canal muy popular en Venezuela.

Toda la familia se agolpaba alrededor del televisor. La cena era servida a las 7:00 pm, cosa que diera tiempo de hacer los ajustes necesarios ya que éramos 4 hijos, más papá y mamá, y solo había un sofá donde cabían 2 personas, una mecedora vieja (que nunca la vi nueva) y un banquito de madera. Papá, mamá y mi hermanita menor tenían asegurado el sofá, el resto tenía que rifarse la mecedora y el banquito. El perdedor no solo tenía que ver la película desde el suelo sino que también fregaba.

Recuerdo que la mayoría de las películas que pasaban eran dramáticas, las protagonizadas por Cantinflas, Tin Tan, Viruta y Capulina o el Santo, estaban reservadas para el Cine. En las películas que veíamos, el protagonista siempre terminaba empatado con Lupita o como quiera que se llamase la protagonista. Por supuesto, después de pasar un mar de humillaciones, malos entendidos o discriminaciones por culpa de la pobreza, bien sea la de ella o la de él. Quizás por ello nos sentíamos tan identificados.

Éramos unos niños, el mayor no llegaba a los 9 años. Vivíamos en una casa de vecindad en el Barrio Las Brisas en Petare. Nuestro espacio vital estaba conformado por una cocina, un dormitorio, una salita y un baño compartido con el resto de los vecinos, unas 5 familias.El patio de la vecindad era el lugar de encuentro para colgar la ropa e intercambiar con los vecinos. Nos sentíamos viviendo en el set de una película mexicana.

Para pasar el rato nos dedicábamos a identificar a los vecinos con algunos personajes de las películas mexicanas. Por ejemplo, el señor Gustavo del 1-C era «Pepe El Toro». Su franelita a rayas ceñida a sus fuertes brazos y su gorra de pintor lo ajustaban al personaje de Pedro Infante. La señora Guillermina, la abuelita de Carlos y Raúl, era nuestra Luisa García, personaje interpretado por la inolvidable Sara García en «Vuelven los García». Era muy fuerte de carácter y masticaba chimó. Tenía pintado el personaje en la frente.

Ni que decir de Rosita la del 3-B. Su belleza, juventud y bondad (cada vez que cobraba nos regalaba cilindros de chicles Fiesta), nos recordaba a Claudia la humilde mucama de «Nosotras las sirvientas», interpretada por Alma Rosa Aguirre. Rosita era mujer de servicio en una urbanización clase media cercana. Decían los vecinos que estuvo embarazada del hijo de sus patronos y por vergüenza había abortado. Nunca supimos la verdadera historia.

No podía faltar el señor Ramiro, el dueño de la vecindad. Era tan implacable con el cobro de los alquileres que la vecindad temblaba cuando anunciaba que iba a pasar a cobrar la renta. Se aseguraba que sin ayuda había desalojado por la fuerza a una familia entera cuyos hijos mayores eran boxeadores profesionales.

Era tan temible como aquel personaje llamado Don Clemente, el huraño y avaro dueño de la casa de vecindad del film del mismo nombre. Ese papel fue interpretado magistralmente por el gran actor Andrés Soler.

Se preguntarán mis apreciados lectores ¿cómo es posible que en una situación tan delicada este bate quebrao se le ocurra escribir sobre el cine mexicano?. Trataré de responder a esa válida inquietud.

Los últimos acontecimientos me han traído a la memoria una de las películas mexicanas más emblemáticas. Me refiero a «Jalisco nunca pierde». Protagonizada por Pedro Armendáriz y filmada en 1933, este film exalta como un rasgo del temperamento de los jaliscienses, el empeño de lograr lo que se proponen a costa de lo que sea. La sabiduría popular le ha añadido a esa frase la siguiente coletilla, «y cuando pierde, arrebata». ¿Me explico?