lunes, 19 de mayo de 2025

 

Camucha y el “FONDOPAMI”, por Tulio Ramírez

Camucha y el “FONDOPAMI”

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El Día de las Madres recibí una llamada de la Comadre Camucha. La verdad no me extrañó. En fechas como esas, acostumbra llamar, no importa si es Día del Sociólogo, del Abogado, cumpleaños o Día del Santo Patrono. Lo hace para felicitar y aprovechar de quejarse por alguna de las andanzas del compadre Güicho.

Recuerdo que el año pasado, a propósito del cumpleaños de Kaiser, (mi perro), llamó para desearle lo mejor y, a renglón seguido, contarme que había botado de la casa al compadre. La razón, había perdido en un juego de Truco, los ahorritos que ella con tanto sacrificio había acumulado para hacerse un lifting de cejas y pestañas en Caracas.

En esta oportunidad esperaba el guion de siempre, preguntarme como estaba pasando el día y qué le había regalado a la madre de mis hijos. Es la excusa introductoria para llegar a la verdadera intención, quejarse del compadre. Pero esta vez sucedió algo diferente. Fue directo al grano.

«Compadre lo llamo para informarle que Güicho tuvo un grave accidente. Se montó borracho en una mata de mango y se vino abajo de una altura como de ocho metros. Se rompió 4 costillas. Pero eso no fue lo peor, se le atravesó una rama en un costado y hay que operarlo de emergencia porque al parecer se le empotró en una tripa». Alarmado, la interrumpo para preguntarle si Güicho estaba en el hospital.

«Ay compadre ese es el asunto. En el hospital de aquí desde hace rato que no funcionan los quirófanos. Estamos en una clínica y me dicen que la operación vale un ojo de la cara y yo no tengo plata para eso». Vuelvo a interrumpir, le pregunto sobre el monto de la intervención y por lo que escuché, casi que me llevan a mí a la clínica.

«Compadre no se asuste, no le estoy pidiendo plata. Entiendo que con lo que gana como profesor universitario, no es mucho lo que puede arrimar. Lo llamo para pedirle que me ayude. El médico me dijo que activara con urgencia algo así como un «FONDOPAMI» para recoger plata y poder hacer la operación». Aquí llegamos al punto de no entender nada de lo que me decía. ¿Un FONDOPAMÍ?, ¿qué diablos será eso?

«Si compadre, el médico me dijo que es la solución más rápida. Güicho será todo lo que sabemos, hasta me dijeron que estaba encaramado en la mata para meterle el ojo a la vecina nueva. La verdad, me da mucha rabia compadre, pero no quiero que se me muera. Compadrito, ayúdeme a organizar ese FONDOPAMÍ. Me dijo el doctor que había que tener una persona amiga viviendo en Estados Unidos, con número de seguro social y una cuenta en dólares. ¿Usted tendrá a alguien de confianza por allá que me eche una mano?».

Entre el hablar rápido, propio de su tierra, el natural nerviosismo por la condición de Güicho y el carúpanglish, no había caído en cuenta que lo que pedía Camucha no era un FONDOPAMÍ, sino un GoFundMe. La tranquilicé diciéndole que inmediatamente me pondría en eso con un familiar que tengo en Estados Unidos.

Afortunadamente, el dinero se pudo recoger en 3 días y Güicho fue operado con éxito. Ahora está en su casa descansando. No sé si corra con la misma suerte, después que se recupere y Camucha lo agarre en la bajaíta.

Traigo el caso a colación, no con el ánimo de exponer al público la vida privada de los compadres. Más bien quiero llamar la atención sobre la grave situación que viven los venezolanos en materia de salud. Hemos tenido que recurrir a mecanismos de caridad pública para enfrentar los elevados costos del servicio de atención hospitalaria público y privado.

No soy un empedernido nostálgico del pasado, pero extraño los tiempos en los que los médicos del Seguro Social atendían pacientes en sus casas. Bastante que madrugué siendo muchacho, para pedir números para la visita domiciliaria del médico. El jeep del IVSS llegaba al Barrio donde vivíamos a media mañana para hacer la consulta in situ a quien la había solicitado, por su imposibilidad de asistir al consultorio. Luego, con el récipe en la mano, me iba hasta la farmacia del Seguro a solicitar gratuitamente las medicinas. Todo estaba cubierto por el descuento que hacía el patrón a los trabajadores, y que posteriormente enteraba al IVSS. ¡Maldito capitalismo!

En esa época, para la clase trabajadora y para muchos sectores de la clase media, el Hospital Público dependiente del Ministerio de Sanidad o del Seguro Social, eran alternativas eficientes para atender cualquier problema de salud, quirúrgico o no.

Camucha no ha llamado más. Presiento que Güicho está mejorando y portándose bien. No le queda más remedio, está en cama. Espero que esta vez agarre escarmiento, aunque, sinceramente, lo dudo. Por lo pronto, estaré atento a la llamada por el Día del Padre.

 

lunes, 5 de mayo de 2025

 

Aquél primero de mayo, por Tulio Ramírez

Aquél primero de mayo
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Tendría unos 12 años cuando participé por primera vez en mi vida en una marcha por motivo del Día del Trabajador. Eran finales de los años 60 y comienzos de los 70. Mi padre, quién era un dirigente sindical del área de la salud en la Administración Pública, solía pedirme que lo acompañara a muchas de sus actividades sindicales.

Recuerdo haber participado en asambleas de trabajadores. La mayoría de las veces estaba atento, pero confieso que a veces me dormía. Sin embargo, alzaba la mano al momento de la votación, sin tener mucha idea sobre lo que se votaba. La verdad, nunca me enteré si mi voto lo contaban o no.

También acompañaba al viejo a las giras que hacía, junto al resto de los dirigentes sindicales, a los centros de trabajo en todo el país. Eran imperdibles las reuniones en la Casa Sindical de El Paraíso, era la oportunidad de disfrutar de la piscina sin costo alguno. Por supuesto, no me pelaba ir a las fiestas y tenidas que se realizaban por motivo del Día del Trabajador. Después de la marcha, muchos sindicatos celebraban una fiesta en sus sedes.

Nunca olvidaré esos primeros de mayo. Los trabajadores, que venían de todo el país, se concentraban en la Plaza Venezuela, Parque Carabobo o en la sede de la Confederación de Trabajadores de Venezuela en Quebrada Honda. Cualquiera fuera el punto de salida, partía la multitud en marcha pacífica, pero con pancartas y consignas reivindicativas muy claras, recorriendo la ruta de la Avenida Urdaneta hasta llegar a la Plaza Diego Ibarra de El Silencio, donde el presidente de la CTV daba un discurso de cierre a la multitud. 

Tengo muy vívido el momento cuando la marcha llegaba a la altura de la esquina de Veroes y el Presidente de la República del momento, saludaba desde la mezzanina de un edificio cercano. Inolvidable el 1ro de mayo de 1967, ese día la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetrasalud), con sus sindicatos afiliados (entre ellos el de mi papá), marchaba delante de los trabajadores agrupados en la Avade (Asociación Venezolana de Artistas de la Escena). El sindicato de mi padre (Nutrición) ocupaba el último lugar del bloque de Fetrasalud, por lo que detrás de nosotros marchaban los artistas de la Avade. 

En medio del bullicio, escucho que alguien canta el Gloria al Bravo Pueblo. Era tan nítida esa voz que sobresalía del ensordecedor voceo de consignas reivindicativas dirigidas al Presidente. Fije mi atención para identificar al cantante, y vi la imagen inconfundible de Cayito Aponte, quien encabezaba el grupo de la Avade, seguido del no menos famoso rochelero Roberto Hernández.

La imagen que me quedó en la mente era la de un héroe de guerra, caminando entre los escombros con una bandera victoriosa, seguido por un ejército triunfante.

Fue un momento inolvidable. Cuando se comenzaron a escuchar las primeras estrofas del Himno, la marcha se encontraba justo frente al palco donde estaba el Presidente Leoni y su comitiva. La multitud se detuvo, y las miles de gargantas se fueron acoplando haciendo un gigantesco coro, al canto de Cayito. El Presidente, en señal de respeto, al igual que su comitiva, se mantuvieron firmes y con la mano en el corazón hasta escuchar la última nota del Himno.

Para un muchacho de 12 años era una escena épica y conmovedora a la vez. Pero todo no culminó allí. Reanudada la marcha, y a pocos metros de comenzar el giro en la esquina de Carmelitas, para tomar rumbo a la Avenida Baralt y seguir hasta la Plaza Diego Ibarra (punto final de la marcha), todos aceleraron el paso, lo que ocasionó que se perdiera el orden y fuésemos alcanzados por los artistas de la Avade. 

Caminar junto a los famosos era alucinante. Pensaba en la reacción de mis amigos cuando contara lo que estaba viviendo. Interrumpió ese pensamiento otra escena mágica que recordaré de por vida. Volteo a mi derecha y observo que alzan en hombros a una persona que, en las primeras de cambio, no reconocí. En plena marcha y llevado en vilo como un Rock Star, esa persona comienza a cantar algo que ocasionó regocijo en la multitud. Logro escuchar la primera estrofa, ¡Cuenta la leyenda que en un árbol se encontraba encaramado un indiecito guaraní! Era Néstor Zavarce, un consentido de la teleaudiencia. Sudado, agotado emocionado y con la camisa semiabierta, cantaba con las energías que le quedaban. El espectáculo tomo su clímax cuando fue seguido por mil voces que coreaban ¡Chogüi, Chogüi, Chogüi!

En ese momento no comprendía toda la simbología que rodeaba la atmosfera de lo que estaba viviendo. Hoy, después de tantas décadas y tantas marchas, logro comprender que se trataba de una celebración del Día del Trabajador propio de una democracia que, aunque imperfecta, era finalmente una democracia. 

Los trabajadores podían marchar, pedir reivindicaciones, reclamar al Presidente sin temor a persecuciones políticas, retaliaciones laborales ni a despidos por protestar. 

Otro aspecto interesante y distintivo es que esas marchas no eran unicolores. Las diferentes centrales sindicales, con ideologías políticas diversas, tenían cabida en esa celebración-protesta. Con los sindicatos afiliados a la CTV de corriente socialdemócrata, asistían los sindicatos de ideología comunista organizados en la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV), los de ideología socialcristiana bajo la bandera de la Confederación de Sindicatos Autónomos de Venezuela (Codesa ), así como su homónima ideológica, la Confederación General de Trabajadores (CGT).

Eran manifestaciones unitarias e inclusivas. No eran manifestaciones complacientes, aclamacionistas ni excluyentes. ¡Qué tiempos aquéllos!

 


lunes, 21 de abril de 2025

 

La creatividad de un profesor universitario en Venezuela, por Tulio Ramírez

Escuela de Idiomas de la UCV
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Maravillas de envergadura: pájaros en vuelo sincronizado
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Culminó la Semana Santa con cero hits, cero errores y cero carreras. Es decir, no viajé (no hay cómo), no comí pescado (no hay cómo) ni visité los 7 templos (no hay para el pasaje). Me quede en casa viendo por cuadragésima vez, las películas sobre la pasión y muerte de nuestro Señor. Ya llevo varios años en eso, pero ni modo, es el destino de un profesor universitario por estos tiempos.

Estoy consciente que no soy el único, hay miles de colegas que están pasando por lo mismo. Ya no lloramos, pero tampoco facturamos. La Tabla ONAPRE, cuál Tablas de Moisés, nos la lanzaron encima, pero no para castigarnos por nuestros pecados, sino para castigarnos por nuestros reclamos.

Decidí llamar a un colega cuyo nombre no voy a mencionar, para preguntarle como la había pasado durante los días santos. Era algo así como el encuentro de dos mochos para rascarse. Pensé que, cómo siempre, nos quejaríamos de la situación, pero conversación me dejó totalmente descolocado. Al principio me preocupé, sentí que se le había corrido una teja, pero llevaba el hilo de sus argumentos de manera coherente. Les reproduciré lo que decía a través de la línea.

“Hola mi querido profesor, ¿que qué hice en Semana Santa? Pues, me dediqué a lo que siempre me dedico cuando son días de asueto. Es una costumbre que he adquirido en los últimos 11 o 12 años. Mi familia también se ha acostumbrado. Aunque al principio lo hacían a regañadientes, finalmente comprendieron que era lo mejor para mantener la armonía. Le explico, mi querido colega.

He diseñado una exitosa estrategia para pasar días libres. Hasta he pensado en patentarla. Conozco de gente que se ha hecho millonaria con inventos que no han supuesto mayor inversión en su creación, pero si mucha imaginación. Por ejemplo, el que inventó el Clip no se imaginó que ese artefacto iba a tener tal demanda gracias a su versatilidad y utilidad. No solo sirve para organizar papeles en la oficina, también es útil para sacarse la cera de los oídos e inclusive sirve como económico proyectil de alta precisión. Solo requiere una liguita como disparador.

Por supuesto, no tengo tanta genialidad, pero la estrategia que he diseñado la he mantenido en secreto no vaya a ser que me hagan lo que le hicieron al pobre Antonio Meucci, quien en 1850, desarrolló un dispositivo con el que podía realizar la transmisión de sonidos a través de cables eléctricos. Pues resulta que por la peladera no pudo renovar su patente, y en 1876, el vivo de Graham Bell se lo ganó de mano y obtuvo la patente de lo que luego mundialmente sería conocido como el teléfono. Por eso mi cautela, no me vayan a fregar también. 

No voy a alardear. Mi protocolo no es tan genial como la dieta de los puntos, tampoco tan inútil como diseñar un destapador de cervezas para zurdos o cepillos para el aseo bucal de los caimanes del Orinoco. Tampoco es tan peligroso como el invento de la malla invisible para saltos mortales triples desde la azotea de un edificio.

Bueno, al grano. He decidido rebelar al mundo la estrategia que he diseñado para pasar los días de asueto en tiempos de crisis. Perdona lo largo y tedioso de mi conversa, pero ten la seguridad que no te estoy quitando el tiempo por mero gusto. Estas recibiendo una primicia.

Te digo que pronto haré pública mi estrategia, porque siento que debo retribuir a la humanidad algo de lo que he recibido a lo largo de la vida. Es mejor darla a conocer masivamente antes de que algún camarada chino saque provecho económico reproduciéndola por millones, en varios idiomas y diferentes presentaciones.

El protocolo es el siguiente: a) despertarse tarde para evitar el desayuno; b) almorzar a las 6 pm para evitar la cena; c) leer libros entre comidas para evitar usar el celular y gastar los datos; d) salir a caminar y por nada del mundo entrar al supermercado; e) si presientes que te van a visitar, jugar al escondido con la familia y permanecer en el escondite hasta que dejen de tocar el timbre; y, f) repetir esta rutina hasta que acaben los días libres.

Cómo puedes ver colega, no es nada del otro mundo, pero afinar el protocolo no fue nada fácil, tuvieron que pasar años de ensayo y error. No faltarán detractores. A ellos solo les diré, con un salario de 8 dólares mensuales como Profesor Titular a Dedicación Exclusiva de una Universidad Autónoma y una Canasta Básica de más de 650 dólares, ¿que esperaban que inventara?”. Colgué y me dije, “definitivamente la pobreza es cruel”.