lunes, 3 de abril de 2023

 

El Dragón Chino y las elecciones en la UCV, por Tulio Ramírez

¿La casa que se dejó vencer por la sombra?
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La decisión política de ir a elecciones en la UCV se ha mantenido, pese a las voces extremadamente cautelosas que han advertido que «el gobierno chavista las impedirá o las trampeará, para que al final la universidad quede peor con respecto a la situación que tenemos hoy».

Afortunadamente, este pregón no ha tenido la audiencia suficiente y la UCV se prepara con entusiasmo para renovar sus autoridades después de más de 11 años de mora obligada. Por supuesto, no soy cogido a lazo. La posibilidad de marramuncias para torcer la voluntad de los electores o impugnaciones de última hora por demasiado sol o demasiada lluvia que «impidió el derecho al voto a un camarada», siempre estarán en el ambiente. 

Estamos acostumbrados a que cada vez que hay elecciones, bien sea para escoger a la reina del salón o al presidente de la Junta de Condominio, el oficialismo se comporte de manera similar a aquel luchador «rudo» que participaba en la hoy poco recordada Lucha Libre o Catch As Catch Can.

Me refiero a El Dragón Chino. Un luchador odiado por las multitudes y objeto de los insultos y carterazos de la popular Paulita, una barloventeña que vivía en El Guarataro que no se pelaba el espectáculo desde la primera fila del viejo Palacio de los Deportes de la avenida San Martín.

Debido a la clara supremacía de los rivales «técnicos» o «limpios» como El Doctor Nelson, El Tigrito del Ring, Bernardino La Marca, El Gran Lotario o Bassil Battah; El Dragón Chino acudía a artimañas como el uso de «la sustancia venenosa» para enceguecer a sus rivales, así como al irrespeto de las normas que regían la lucha. Atacaba de manera inmisericorde a su contrincante cuando estaba amparado por «el conteo de protección» o cuando «estaba a salvo» tras el contacto con las cuerdas. 

Por si este ventajismo no fuera suficiente, contaba con la ayuda antirreglamentaria de su acompañante, La Dama de las Cadenas, quién junto a su fiel second «Cara e´muerto» y a un arbitraje vendido, impedían que los «técnicos» lucharan en igualdad de condiciones.

Al igual que en los actos electorales, todos sabíamos de antemano que El Dragón Chino utilizaría sus malas artes para derrotar al adversario, pero eso no impedía que «los buenos», siempre apoyados por el público, hicieran gala de sus habilidades y técnicas pancraciastas para salir victoriosos a pesar de los obstáculos y el ventajismo de su tramposo contrincante. 

No dudo que algún apreciado colega profesor argumente que esta analogía es poco científica y hasta impertinente. Puede ser cierto, o mejor aún, hasta le daría toda la razón. Pero una cosa es confiar en nuestras propias fortalezas ante eventuales situaciones adversas y otra, achicopalarse sobreestimando a un adversario que no ha podido ganar una elección estudiantil ni profesoral en los últimos 21 años. 

La demostración dada en las recientes elecciones para elegir representantes de los egresados a los cuerpos colegiados, fue más que elocuente. Una apabullante mayoría envío un mensaje claro: «No queremos la intromisión abusiva y antiautonómica del gobierno chavista en los asuntos universitarios».

El chavismo no solo no ha ganado en la UCV, tampoco en ninguna elección organizada en universidades públicas o privadas. De hecho, la única fórmula que han conseguido para no morder el polvo de la derrota, ha sido prohibiéndolas. ¿Tomarán esa impresentable decisión a pocos meses de unas elecciones nacionales? Lo dudo, pero como siempre digo, en este país lo más seguro es que quien sabe. 

Por cierto, al Dragón Chino nunca le quitaron la máscara a pesar de que tuvo muchos combates donde lo que estaba en juego era el despojo de la careta. En una oportunidad apostó públicamente que si perdía frente a Jorge Battah se quitaría la careta. Finalmente, salió derrotado, pero engañó a todo el mundo. Se quitó la máscara y debajo tenía otra puesta. Nunca se conoció su verdadero rostro.

En nuestro caso no hay analogía posible ya que desde hace muchos años el chavismo se quitó solito la máscara, dejando ver su intención con respecto a nuestras universidades autónomas. El próximo 26 de mayo iremos a apoyar con nuestro voto a aquellos candidatos que no solo tengan credenciales para desempeñar el cargo para los cuales optan, sino también que hayan demostrado durante los años de asedio chavista a la UCV, una decidida, firme, y sincera defensa de la autonomía universitaria.

lunes, 20 de marzo de 2023

 

 

Una ley para tutelar estudiantes, por Tulio Ramírez

Jorge Rodríguez sobre la ley de participación estudiantil
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Se ha armado un pequeño alboroto por la recién aprobada Ley de Participación Estudiantil en el Subsistema de Educación Básica (Lpeseb). Una de las primeras críticas, y quizás la que  más se publicitó por las redes, fue la de sostener que en la mencionada ley se facultaba a los estudiantes a sustituir, en caso de ausencia, a los docentes para garantizar la continuidad del derecho a la educación. Sin embargo, una vez revisado de manera detallada el instrumento legal in comento no advertimos que, de manera taxativa, se haya incorporado tal facultad. 

Lo qué si es cierto es que quien lea la Ley y no conozca la historia reciente de Venezuela, concluirá que nunca existió la posibilidad de que los estudiantes de los niveles preuniversitarios se organizaran para la defensa de sus derechos como estudiantes. Esto puede interpretarse erróneamente que es a partir de esta ley cuando por fin, se garantiza tal derecho. 

Si hubo un país en América Latina donde los estudiantes de educación secundaria tuvieron una intensa actividad a través de los llamados Centros de Estudiantes, fue precisamente en Venezuela. Luego de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, los estudiantes de educación secundaria o bachillerato, multiplicaron los Centros de Estudiantes a todo lo largo y ancho del país. Tales organizaciones hicieron vida con participación abierta, democrática y consustanciada con la dinámica de los planteles.

A pesar de que la convulsionada vida política del país, hizo de las organizaciones estudiantiles bastiones de las protestas contra los gobiernos de turno, en lo esencial sus integrantes ayudaban a consolidar la institucionalidad de los liceos a través de los delegados de cursos, participación en los Consejos Académicos de los departamentos y en la organización, junto con los profesores, de actividades extracurriculares o eventos de distinta naturaleza. Estas organizaciones estudiantiles tenían elecciones periódicas y libérrimas, verificándose la alternabilidad en su conducción, por décadas.

De tal manera que esta ley, Lpeseb, se plantea garantizar lo que ya existía desde hace mucho tiempo. Quizás lo novedoso es extender el derecho a la organización estudiantil, a los estudiantes de la llamada educación primaria e inicial, ya que ambas forman parte del subsector de la Educación Básica. Habrá que ver como se hacen operativas estas disposiciones legales en la educación primaria y en la inicial, cuando existen otras herramientas legales que les garantizan el derecho a la educación y a la protección de los derechos de los infantes como la propia Constitución Nacional, Ley Orgánica de Educación y la Lopna. 

Otra curiosidad a destacar es que la Lpeseb en su artículo 5  garantiza la participación estudiantil en “condiciones de igualdad, sin discriminaciones fundadas en la raza, color, sexo, credo, condición social, pensamiento, conciencia, opinión política, cultura, idioma, origen étnico, social o nacional, orientación sexual, identidad de género, expresión de género, edad, discapacidad, condición de salud…”, repitiéndose tal disposición en los artículos 6 y 7, los cuales tratan sobre la participación de los indígenas y personas con discapacidad como sujetos con derecho a participar activamente en la organización estudiantil.

Una lectura ingenua de la estos artículos llevaría erróneamente a concluir que con esas disposiciones se  rompen supuestas prácticas discriminatorias existentes en el país. Es una redacción que sugiere que  Venezuela,  antes de la revolución, fue escenario de una odiosa discriminación que limitaba la participación. Esto es absolutamente falso.

Sin embargo, no deja de ser interesante dar rango legal a los derechos que ya se ejercían por la vía de pacífica costumbre en materia de participación estudiantil. Pienso que incentivar la la organización y la responsabilidad compartida bien como ejecutor o como contralor de las actividades institucionales en los planteles, coadyuva a la conformación de la civilidad y la ciudadanía. Quizás, para los niveles de primaria y educación inicial, razonablemente se aupará esta participación de una manera acorde con la edad y madurez de los niños. Eso esperamos. 

Ahora bien, hay en la ley algo que nos preocupa mucho. Son los artículos que tienen que ver con la autonomía de las organizaciones estudiantiles. Los artículos 13, 17, 18, 19 y 20 presentan aspectos que enracen el concepto de autonomía. Veamos.

Afirmábamos en párrafos anteriores que la LPESEB otorga derechos ya existentes, sin embargo debemos advertir que morigera la autonomía que siempre ha caracterizado a las organizaciones estudiantiles. A pesar de que en el artículo 18 se afirma que las organizaciones estudiantiles “gozarán de plena autonomía (…), tanto para su conformación, como para el desarrollo de sus actividades…”, se deja de manera taxativa una cortapisa que la limita cuando se expone que “contará con el apoyo y acompañamiento de las instancias con competencia en materia de educación a nivel nacional, estadal y municipal de forma coordinada….”.

Por si fuese poco, en el artículo 19 se lee textualmente que el Ministerio del Poder Popular con competencia en materia de educación “tendrá en su estructura organizativa una instancia para la articulación y atención permanente con los Consejos Estudiantiles y demás formas de organización estudiantil, a fin de promover y acompañar todos los procesos organizativos y de participación mediante consultas, encuentros y diálogos”. Lo mismo se reitera en el artículo 20 cuando se señala que las elecciones en estas organizaciones serán coordinadas por el organismo competente en materia educativa. 

Pasaríamos de un movimiento estudiantil tradicionalmente autónomo a un movimiento estudiantil tutelado y dependiente del gobierno nacional. Esto ya se venía fraguando desde la tristemente célebre Resolución 058 y sus mecanismos para el control de las escuelas, liceos, profesores y estudiantes a través de entes extraños a los planteles como los Consejos Comunales órganos adscritos al Ministerio del Poder Popular para las Comunas.