lunes, 23 de enero de 2023

 

Cosas inútiles en Venezuela, por Tulio Ramírez

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Cuando se viaja a un país serio, es decir, esos donde la gente se preocupa más por crear y producir que por hacer enormes colas para echar gasolina, agarrar una bolsa CLAP, sacar el pasaporte o hacer trámites en un registro público, nos damos cuenta de que las cosas si pueden funcionar normalmente sin estar mojándole la mano a alguien.

Pareciera que, en esos países, no hubiera gobierno a quien mentarle la madre. El día a día transcurre tan normalmente que si nos descuidamos nos puede dar un ataque de depresión por falta de experiencias límites que alboroten nuestra adrenalina. Por ejemplo, hacer una cola para asistir a un espectáculo sin que nadie se colee es frustrante o ir a una oficina pública sin que el pana del escritorio 6 te intente convencer sobre cómo hacer que salga más rápido tu solicitud, realmente es escalofriante. 

Cuando tenemos un paisano cerca, así no lo conozcamos, utilizamos expresiones como estas, “igualito que en Venezuela ¿verdad compadre?, allá no te ponen multa, sino que te matraquean directo”, o “igualito que en Venezuela paisano, allá si dejan un paquete en la puerta de tu casa, dura lo que dura una cerveza fría en un campo de softball”. 

Lo cierto es que cuando estamos fuera, buena parte del tiempo nos la pasamos comparando. Es como una suerte de catarsis con flagelación. Nos desahogamos, cosa que según los psicólogos es buena, pero recordando siempre lo mal que estamos. Del “Ta’ barato dame dos”, pasamos al “qué te parece, igualito que allá”, seguido de lo malo que estamos en la comparación.

En esos viajes también nos damos cuenta de tantas cosas que son útiles y valiosas en esos países, pero que en Venezuela son totalmente inútiles a pesar de que existen desde hace muchos años. Veamos.

Las tarjetas de crédito. No hay venezolano de más de 50 años que no conserve en su cartera 3 o 4 tarjetas de crédito. Ocupan un buen espacio en la billetera y no son sacadas desde hace aproximadamente 15 años. Pero allí están, inclusive vencidas, nos da miedo deshacernos de ellas. ¿Por qué?, es un misterio.

El Seguro de Responsabilidad Civil de Vehículos. Para lo único que sirve es para que los policías no te matraqueen por no tenerlo. Esas pólizas no cubren ni un rayoncito de uña de gato, mucho menos un incidente mayor. Desde hace rato tampoco el servicio de grúa, que es lo menos que deberían ofrecer.

Los Seguros de Hospitalización Cirugía y Maternidad de los funcionarios públicos. Si te apareces en la clínica con una espina de pescado atragantada, tendrás que tragártela. La clave para la admisión nunca llegará.

Las garantías. Cuando compras te dicen que tu equipo o artefacto tiene una garantía por 10 años. Cuando a la semana regresas con el aparato dañado, te dicen: “la garantía por la tienda es de 12 horas, después de eso corre por cuenta de la fábrica que está en Xuzhou, Shanghái, comuníquese con ellos”. Nada, agarras tu aparato y te lo llevas. Hay que pagarle a un técnico.

El Derecho de Propiedad. Un pilar sobre el que se construyeron los países desarrollados, en el nuestro es más débil que una platabanda de cazabe. El inquilino moroso que se niega a abandonar el inmueble, está más protegido que Putin presidiendo un desfile en Ucrania. No hay manera de sacarlo a menos que se aplique el aforismo jurídico “Bajatum mulatum est”, y hay que bajarse duro.

Los semáforos. Si no están dañados, igual nadie les para. “Comerse la luz” es un deporte nacional y los campeones indiscutibles son las autoridades y lo enchufados. Perdonen la redundancia. 

Las pensiones. En un país serio un pensionado tiene asegurada su vejez. Lo que recibe alcanza hasta para mantener al vago del nieto. En nuestro país, lo que asegura es la desnutrición.

Por último, sin que la lista se agote, debemos referirnos a quienes dirigen la economía en Venezuela, pero sobre eso hablo después, no vaya a ser.

lunes, 9 de enero de 2023

 

De filósofo de Punta ‘e Piedras a cobero mayor de La Restinga, por Tulio Ramírez

La Restinga
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Mi gran amigo Toñito Marcano —quien no ha viajado a ninguna parte del mundo, salvo a la isla de Coche para visitar a una querida—, comentaba la noche del 31 de diciembre, junto a su peña de pescadores de La Restinga, que el concepto «coba salvadora» tiene su origen en este punto del globo terráqueo. Pero, antes de seguir adelante, debo aclarar que la acumulación de millas náuticas a la isla de Coche llegó a su fin una vez que Críspula, su mujer, se enteró de su affair tropical.

Toñito, con la seguridad que otorga la ignorancia sobre la materia, afirmaba a sus compañeros de farra que esta teoría no admite prueba en contrario ya que está fundamentada en numerosos datos empíricos recogidos por más de 40 años tratando con turistas de todas las nacionalidades. Ser pescador y guía turístico en La Restinga le ha permitido ese contacto cercano con los visitantes. 

Cual si fuese un avezado etnógrafo, señala que se ha dedicado a estudiar la idiosincrasia de «los musiús», detectando patrones de conducta que en lo absoluto tienen que ver con la picardía criolla. Afirma Toñito que «los musiús siempre parten de la buena fe y por eso los engañan tan fácilmente», concluye con aire de intelectual que nunca ha leído un libro.

Motivado por los sopores de la bebida, elucubra sobre los orígenes de nuestra conducta vivaracha. Según su teoría, el origen de «la coba salvadora» se remonta a la conquista. «Todo comenzó con la llegada de los españoles. Para sacárselos de encima y evitar tantas agresiones, los indios procedieron a marearlos con El Dorado. Los muy bolsas se dedicaron a buscarlo haciendo una pausa en la matazón».

Toñito también ilustra sobre las artimañas usadas por los negros traídos de África para preservar sus tradiciones. «No los dejaban hacer sus rituales y los muy vivos vistieron de santo a sus deidades y les colocaron nombres cristianos». Dando una bocanada de humo a su tabaco cumanés, remata: «Con esa coba pusieron a bailar tambor a los tontos amos de las haciendas».

Después del cuarto trago fondo blanco, se inspira para llegar al tuétano de la personalidad del venezolano. «Es muy nuestra la coba como recurso de vida, nos ha servido para el justificar irresponsabilidades, negligencias y para sacar ventajas». Como si fuese un intelectual parisino se coloca el dedo índice en la frente y acota: «Son habilidades blandas de sobrevivencia que están en nuestro ADN como parte de nuestra herencia cultural».

«¡Caray, mi compai, ¿no tenía más sencillo?!», exclamó Chuíto, el hijo de Vallita la acomodadora del cine de Pampatar. «¿Y por qué si somos tan pícaros, no ganamos una con los que nos gobiernan?».

Riposta Toñito: «El asunto, mi pequeño e ignaro amigo, es que la metástasis de la coba se ha expandido en todos los niveles de la sociedad. Ha cubierto las organizaciones, las relaciones internacionales, las instituciones, la política y los políticos. Lo paradójico es que el venezolano sabe que lo están cobeando y somos tan nobles que le hacemos creer al cobero que le creemos el cuento y le seguimos el juego. Luego, la decepción confirma nuestra intuición. Es una suerte de dialéctica de la interacción local, cobeamos y nos cobean, son relaciones sociales basadas en el engaño mutuo. Ya lo decía el colega Maquiavelo, cobea y vencerás». 

Licho, pescador de Juan Griego y su fiel pareja en el juego de truco, se levantó del chinchorro como pudo y dejó caer: «Ese ron es una maravilla, mi querido Toñito, lo pone a hablar de seguido y bonito».

«Sí, mi querido Licho», respondió Toñito al momento de servirse otro trago. «Las sospechas de engaño son mutuas y así convivimos. El que ha sido exitoso utilizando esas artes, espera seguir siéndolo. Pero el abuso lo puede inducir a error y ser descubierto. Puedes engañar una vez, quizás dos veces, pero no siempre».

Doña Pepa González, la sempiterna vendedora de empanadas en La Caracola, embelesada por la disertación, intervino. «¿Será por eso que nos tienen en un solo engaño? Nos cobearon con el socialismo, con los resultados electorales, con el embajador que no es embajador, con las sanciones como excusa para justificar nuestra pelazón, y ahora nos dicen que Guaidó es malo, cuando ayer nos decían que había que apoyarlo. ¿Todo es una coba?, ¿es que no hay ética?».

Cuando Toñito se animaba a responder, hizo acto de presencia Críspula. «Mira, desgraciado, tal como lo imagine aquí estás bebiendo. Dijiste que no podías ayudarme a limpiar la casa porque estabas reparando la red. Tan deshonesto y cobero». Haciendo giros en el aire con la paleta de remover el sancocho, de manera amenazante, lo conminó: «Me haces el favor y te vas inmediatamente pa’ la casa que ya va a sonar el cañonazo». 

Pobre Toñito Marcano, luego del abrazo de feliz año pasó de ser «el filósofo de Punta ‘e Piedras» para convertirse, apenas comenzando el 2023, en «el cobero mayor de La Restinga».

Moraleja: hasta al cobero más experimentado se le puede ir una liebre, incluidos nuestros amigos del gobierno y de la oposición. ¡Feliz año 2023!

lunes, 26 de diciembre de 2022

 

Esta navidad pedí algo diferente, por Tulio Ramírez

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Por fin lo entendí. El Niño Jesús no está para esas cosas. No le corresponde hacer lo que les toca a los hombres (aclaro, me refiero a hombres y mujeres, no quiero lío). Cada 24 de diciembre, su misión es hacer felices a los niños, no a los adultos. Estos deben contentarse con ver la cara de alegría de sus hijos al abrir los regalos al pie del arbolito o del pesebre.

Los adultos nos la debemos arreglar sin estar solicitando auxilios divinos. Por más que hagamos millones de cartas pidiendo cada año lo mismo, no nos concederá el milagrito. Lo imagino leyendo nuestras peticiones y negando con su cabecita. Con un leve chasquido producto del roce de la lengua con el paladar superior, diría algo así como «no han aprendido nada. Están empeñados en que yo les haga el trabajo, como si mantener felices a sus hijos no fuese suficiente». 

Después de 20 años pidiéndole que interviniera para sacarnos de ese infierno llamado Socialismo del Siglo XXI, al fin me cayó la locha. Estábamos haciendo el trámite en la taquilla equivocada.

Supongo que el ayudante del Divino Niño coloca el sello de “conocido y en cuenta” en cada carta donde se le solicita el milagrito de sacar al hombre aquél, para luego guardarla en el archivador con el rotulo «Destinatario equivocado». Eso explica el por qué, llegado inclusive el Día de Reyes, nunca no hubo señal alguna que indicara que el milagrito solicitado se hubiese concedido o estaba en trámite.

Fuertes a lochas a que este 24 fue igual. Por ello me abstuve de repetir la misma carta de los últimos 20 años. Pero tranquilo apreciado lector, esto no se trata de algún arranque de resignación y mucho menos de rendición. Por el contrario, más bien implicó entender que somos nosotros los que debemos redoblar esfuerzos para lograr la unidad y la fuerza necesaria para, hacer el cambio que con tanta urgencia necesitamos.

Ojo, tampoco significa que dejé de creer en Chuchito, por el contrario, más bien significa que debemos complementar su labor. En Isaías 41:13, se lee «Soy el Señor tu Dios, que sostiene tu diestra y que te dice: No temas, yo te ayudaré», lo que traducido al venezolano dice algo así como «ponle un mundo que yo te echaré una mano» o el consabido «ayúdate que yo te ayudaré». Ninguna traducción o interpretación sugiere que Dios te dirá «tranquilo mi pana, déjamelo a mí solito, que eso ta’ listo».

Por lo anterior Chuchito querido, este año 2022 no insistí en pedirte lo que nos toca hacer. Violando mi propia correspondencia, hago público el petitorio y perdona mi exceso de confianza. Te pedí encarecidamente algo que no es para mí sino para 13 padres y madres venezolanas que esperan aferrándose a la fe que profesan en ti, que sus hijos, de quienes no se sabe nada desde el 12 de octubre, aparezcan sanos y salvos. Desde hace más de 75 días, estos 13 jóvenes partieron en lancha desde la isla de San Andrés en Colombia, en búsqueda de un mejor futuro, y hasta el día de hoy no se tiene noticia alguna sobre su paradero. 

Te podrás imaginar la angustia y la asfixia se sus padres y seres queridos. Por favor chuchito, haz que Melody, María, Marisela, Carlos, William, Jaerlin, Wilmer, Noris, Joencer, Jairangel, Samuel, Rubén y Jancerlin (estos últimos, hijo y nuera de nuestro querido amigo, el profesor Rubén Quintero) vuelvan con bien a sus hogares. Dales a todos esa inmensa alegría. 

Queridísimo Niño Jesús, intercede con tu padre y concédeles ese milagrito. Del otro milagrito, el que te estamos solicitando desde hace más de 20 años, nos encargaremos nosotros para que ningún joven tenga necesidad de arriesgar su vida por escapar de este calvario. 

lunes, 12 de diciembre de 2022

 

Qué ovejas locas ni qué ocho cuartos, por Tulio Ramírez

Ética para funcionarios bancarios
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No soy supersticioso ni creo que los 12 jinetes del Apocalipsis estén cabeza a cabeza rematando en la última curva, próximos a llegar a la meta. Tampoco me tiemblan las piernas cuando se habla de la venida del Anticristo, más bien creo que llegó hace mucho tiempo y es jefe de compras de alguna empresa del Estado venezolano.

Hoy por hoy estoy más que convencido que de existir esos entes demoniacos no pueden ser más malucos que muchos gobernantes, sobran las pruebas. En todo caso, los fantasmas, de existir, solo asustan, pero algunos gobernantes han demostrado que pueden hacer algo peor que asustar. Es una diferencia considerable.

Si es cierto que creo menos en entes del más allá, también es cierto que estoy viendo cosas muy extrañas últimamente sobre las cuales no he conseguido una explicación lógica. Por ejemplo, una manada de ovejas caminando por horas en círculo sin aparente razón. Al verlas por las redes me pareció una curiosidad, por lo que no les presté mayor atención. 

La cosa quedaría allí, pero a los días observo otro video. Una turba de hormigas caminaba en círculo como hipnotizadas. Ya la cosa se estaba pasando de la raya. Como remate. Al día siguiente, una manada de peces estaba nadando en círculos, también sin razón aparente.

Definitivamente, se trataba de un patrón de comportamiento atípico. Casi inmediatamente comenzaron a correr por las redes explicaciones diversas. Algunos aseguraban que era el anuncio de una catástrofe mundial predicha por Nostradamus en un versículo que reza algo así como “Girarán sobre sí mismos sin encontrar la salida. No habrá escapatoria”. Beeerro, me espeluqué.

Otra interpretación atribuía a los extraterrestres este errático comportamiento. “Seres inteligentes anuncian su llegada por ondas que solo son percibidas por los animales”. Bueno, siempre he creído que no estamos solos en esta inmensidad de universo, pero de allí a creer que quienes habrán venido millones de veces, ahora lo anuncien de esa manera, es como un poco ridículo.

Lo que si me llamó la atención es que ninguno de estos comportamientos inexplicables, se desarrollaron en la Venezuela revolucionaria donde, según la propaganda chavista, “lo extraordinario se hace cotidiano”.

No es joda, lo digo porque por estos lados presenciamos cosas más inéditas que las comentadas. En esta Tierra de Gracia hemos observado comportamientos poco usuales, y no son precisamente llevados a cabo por nuestra fauna salvaje o doméstica.

Por ejemplo, más sorprendente que animales caminando en círculos es que los conductores orillen sus vehículos en cualquier autopista o avenida y hagan una de sus necesidades fisiológicas a la vista de todos y sin inmutarse. 

Se podrá afirmar que siempre ha habido borrachitos que lo hacen. Eso es cierto, pero es evidente que cada vez más se está generalizando esa conducta. Recorra la autopista Francisco Fajardo (sí, Francisco Fajardo) a cualquier hora del día y constátelo. Verá miccionando desde humildes taxistas hasta “caballeros encorbatados” con vehículos de alta gama y trajes costosos. Lo hacen a plena luz del día, a la vista de todos y a pocos metros del puesto policial. Esto es solo un ejemplo de la cultura que se ha venido instaurando en el país.

Bajo el irracional “Porquemedalagana”, “Yosilohagoyqué”, “Tunosabesconquientemetes”, se justifican conductas que en cualquier otra parte del mundo se considerarían dignas de estudios psiquiátricos y, por supuesto, de sanciones legales. Pero aquí, “lo extraordinario se hace cotidiano”. 

Hace unos días estaba en una oficina gubernamental, y observé cuando un funcionario le pidió a una ciudadana un “Acta de Nacimiento actualizada”. Al preguntar la usuaria sobre la lógica de pedir un documento nuevo cuando tenía la original en la mano. La respuesta fue contundente: “señora, me la trae y punto”. 

La señora insistió sobre el porqué de ese absurdo requisito ya que un Acta de Nacimiento se vence solo cuando la persona muere y ella estaba viva. El funcionario por primera vez la miró fijamente a los ojos y le dijo en tono autoritario: “la pido porque me da la gana y punto”. Como pueden observar esto se sale de todo pensamiento racional y hasta asusta. Qué ovejas locas ni que ocho cuartos.

lunes, 28 de noviembre de 2022

 

En una noche tan linda como esta, por Tulio Ramírez

Miss Venezuela Diana Silva
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Muchos venezolanos recuerdan con nostalgia las parodias hechas por el elenco de la Radio Rochela sobre el certamen Miss Venezuela. Año tras año, esperábamos con expectativa al lunes siguiente del concurso. Era para coger palco. Ese día, a las 8:00 pm en punto, toda la familia se reunía frente al televisor para disfrutar del esperado sketch.

Las imitaciones eran magistrales. Bárbara Palacios (Tártara Palacios) y Maite Delgado (Maite Delado), eran caricaturizadas con gracia y maestría por Martha Piñango y Nora Suárez. De igual manera, las imitaciones de Gilberto Correa y Daniel Sarcos (ambas atinadamente realizadas por Félix Granados), eran tan buenas que tanto Gilberto como el mismo Daniel manifestaron más de una vez, que se apoltronaban para disfrutar a sus dobles rocheleros. 

Otros animadores del concurso, así como cantantes e invitados especiales, fueron imitados por el aventajado elenco del programa más longevo de la televisión venezolana. Hasta se llegó a pensar que había una suerte de acuerdo tácito entre la organización del concurso y el programa humorístico, ya que ambos se favorecían por los altos niveles de popularidad. Un dato curioso: en más de una oportunidad la parodia obtuvo un rating mayor que el original. 

En el Miss Chocozuela no quedaba títere con cabeza. Se aprovechaba la parodia para criticar duramente a los gobierno de turno sin que esto tuviera consecuencia alguna ni para el canal ni para los rocheleros. Esa tolerancia llegó hasta el 2010, cuando el gobierno del “supremoygalácticocomandanteenjefe” tomó la decisión de sacar al incómodo RCTV de las cableras. 

Sin embargo, el destino es impredecible y más en tiempo de revolución. Quién se iba a imaginar que el Miss Chocozuela de 2022 se iba a transmitir bajo el camuflaje del Miss Venezuela. Ese es el comentario colectivo. En lo personal no vi el concurso, pero la gente en la calle está segurísima de ello. Mis vecinos aseguran que fue una jugada magistral de Marcel Granier y Eladio Lárez en complicidad con el elenco del programa humorístico y los organizadores del concurso. 

La verdad, me parecía un argumento tirado por los cabellos. Repito, no vi el certamen, por lo que no podía corroborar tan extravagante hipótesis. Sin embargo, al enterarme de los pormenores del concurso, ver algunos videos, escuchar las declaraciones de algunos de los jurados, así como las réplicas y comunicados de los organizadores, no me queda más que dar el beneficio de la duda a quienes sostienen que la Radio Rochela una vez más se la comió.

Quedaba solo un cachito no suficientemente aclarado. Las personas que vi en el video del certamen no eran los actores de la Rochela, aquellos son inconfundibles. La respuesta la encontré en uno de los tuits alusivos al evento. Los animadores, los jurados, las participantes eran efectivamente los anunciados, pero el desarrollo del evento, los parlamentos, el desenlace y las declaraciones posteriores, fueron escritos por los guionistas del programa cómico. El resultado: una de las mejores parodias vistas en la televisión venezolana en los últimos años. 

En estos tiempos tan bizarros, no me extrañaría que la estrategia comercial haya invertido el orden y secuencia al que estábamos acostumbrados. No es temerario pensar que en una semana nos sorprendan con el verdadero certamen, ahora sí, en serio. En todo caso, se agradece el momento de humor.

lunes, 14 de noviembre de 2022

 

Trámites en un Registro Inmobiliario o los cuentos de la cripta, por Tulio Ramírez

Reforma ley de registros y notarías
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Todos hemos tenido experiencias terribles. Desde que tenemos uso de razón transitamos por esos momentos espeluznantes. Cuando sucede, rogamos despertar pronto cual si fueran pesadillas a lo Freddy Krueger. Lo peor es que esas experiencias se anclan en nuestra memoria como una maldición, y no hay manera de que se desvanezcan con el tiempo. Son nuestros cuentos de la cripta personales.

Por ejemplo, cómo olvidar cuando, a los 9 años y estudiando 2do grado, la maestra Beatriz me sorprendió in fraganti husmeando debajo de las escaleras de la escuela para ver las piernas de mis condiscípulas. Fue de terror. Me llevaron a la Dirección y citaron a mi madre. Trágame tierra, que pena.

Igual sucedió aquella vez que mi profesor de física de tercer año de bachillerato, me sorprendió copiando unas fórmulas de un pañuelo que usaba como consecuencia de un «resfriado». El muy insensible me llamó la atención frente a todos y me sacó del examen. Qué pena con mis compañeros. Nuevamente, trágame tierra. 

Otras situaciones espeluznantes fueron vividas en mi juventud. Recuerdo haber sido detenido por los cuerpos de seguridad del Estado junto a mis panas Martín, Horacio y Alexander, bajo la acusación de conspirar para hacer caer el gobierno. Me amenazaban con detener a toda mi familia si no delataba el plan conspirativo. Como ese plan no existía sino solo en la imaginación de los policías, no había información que dar.

Por mi silencio asumieron que era un guerrillero irreductible. Esto hizo que las amenazas fueran cada vez más serias. Les juro que no pude dormir durante los siete días con sus noches que estuve detenido. Mi compañera de celda, Teodorica, una cucaracha que aparecía siempre a la misma hora de la madrugada, hacía más tensa la situación. 

Y así transcurre la vida, entre situaciones de terror vamos creciendo y templándonos. Puedo contar muchas anécdotas desagradables, pero creo que ninguna ha sido tan horrible como la que viví recientemente en un registro inmobiliario de Caracas. Fue como atravesar la puerta del closet que conduce a Narnia, pero en esta oportunidad entraba al infierno de Dante.

Lo primero que te encuentras es que no hay información visible por ninguna parte sobre los requisitos que debes consignar para cada trámite. Todo es por tradición oral. Un funcionario te dice lo que debes traer y cuando por fin reúnes los recaudos, otro funcionario te dice que falta uno. Cuando te dedicas a buscarlo se te vencen las solvencias que ya habías sacado y comienza nuevamente el proceso. 

Regresas al registro y pierdes la mañana, porque «ay mi amol, lo siento, hoy no hay sistema». Regresas al día siguiente, pierdes la mañana por «ay mi amol, la que te recibe esos papeles no viene hoy. Llamó y dijo que le había llegado el agua y va a aprovechar para lavar. Tú sabes cómo es». Van dos días perdidos.

En la tercera oportunidad logras que te reciban los papeles y cuando vas a pagar los aranceles de registro, sorpresa, «mi corazón, no hay punto, tienes que pagar en el banco y traerme el bouche». Cuando lo haces y regresas te dicen «¿no me trajiste tres copias?, tendrás que venir mañana porque ya la taquilla cierra». Uff. 

Eres fuerte y quieres salir de eso. Regresas al día siguiente, te reciben la copia, te devuelven las otras dos copias, «esto es suyo, no lo necesito» (grrrr). Mientras estas en el registro esperando una eternidad para entregar las benditas copias, te remolcan el carro con la carpeta que contiene las solvencias. Recuperas el carro pagando 40 dólares y una multa de 2 bolívares.

Al día siguiente logras llegar al registro a mediodía. Crees que con el favor de Dios, lo vas a lograr. Pues no. Después de esperar tres horas la chica te dice, «mi rey, pero aquí faltan los impuestos de la gobernación», tu respondes, «eso no me lo dijeron, me aseguraron que todos los papeles están completos». «Pues no mi amol, tienes que ir al banco, pagarlos y venir después». No hay tiempo, el banco está cerrado. 

Ya al borde de la desesperación y después de ocho días perdidos, logras pagar todo e introducir los documentos. Te asignan el día de la firma. Vas contento con los vendedores a finiquitar todo. Amaneces, llegas a las 8:00 am, pero te atienden a las 2:30 pm, porque primero pasan los «gestores».

Por fin te llaman. Horror, no hay firma. Ya sin fuerzas pregunto, «¿Ahora qué pasa?, ese documento ha sido revisado por todos los funcionarios y todas las oficinas, ¿pero qué falta ahora?». La chica me extiende la carpeta y desviando la mirada hacia un «gestor» que le hace señas, me informa: «Mi amol, en la última línea hay tres espacios vacíos, no está completa. Debes colocar tres puntitos, eso no puede quedar vacío. Llévaselo al abogado para que se los ponga y vente mañana». Lo peor es que para el día siguiente se vencen tres de las solvencias. A le fecha de aparecer este artículo, la firma no se ha logrado. Así estamos.