lunes, 6 de julio de 2020

UDO


¿Quién quiere ver a la UDO en llamas?, por Tulio Ramírez


Trato de imaginar lo que pasaba por la cabeza de los que quemaron la Biblioteca de la Universidad de Oriente (UDO). Intento buscar una explicación lógica. No creo que por una asignatura reprobada alguien vaya a hacer tamaña barbaridad. ¿Sería qué los agarraron copiándose en un examen y los ridiculizaron delante de todos sus compañeros?; ¿algún profesor embarazó la novia de alguno de ellos?; ¿la de Estadística III les tumbó el Summa Cum Laude y no podrán ganarse la Beca para hacer el Postgrado en Oxford, Cambridge o en la Universidad Ignacio Agramonte y Loynaz de Camagüey?
La verdad me esfuerzo y no consigo alguna razón lo suficientemente convincente como para justificar esa acción barbárica. Quemar la biblioteca de una universidad solo es comparable con actos genocidas como el holodomor impuesto por Stalin a los ucranianos, o el exterminio de todo no ario por parte de los nazis. Ambas acciones no pueden racionalmente justificarse aunque hayan sido impulsadas por taras sociopáticas o por elaboradas tesis políticas o ideológicas. 
Les confieso que entre las cavilaciones llegué a pensar sobre la posibilidad de que haya sido un accidente. Quizás un usuario desprevenido encendió un cigarrillo y por un acto inconsciente producto de un deseo reprimido, tiró la colilla encendida sobre el estante donde reposan los libros de marxismo. Por ser tan viejos y de tan poco uso, son los propensos a agarrar fuego más rápidamente. No me caigan encima, trataba de darle alguna estructura razonable al origen del fulano incendio.
Semanas después me entero de la destrucción del laboratorio de Biomedicina de la misma universidad. Se llevaron equipos muy valiosos para la investigación pero de nula demanda en la calle.
Es decir, continuando con la misma lógica de la quema de la Biblioteca, nos preguntamos ¿que ganan con este acto vandálico si no podrán sacar provecho de lo robado?
Indagando aún más, me entero que lo mismo sucedió con el Instituto de Oceanografía, el Centro Sismológico, el Laboratorio de Química y para no ser acusados de discriminación epistemológica también han saqueado y desvalijado los departamentos de Filosofía y Ciencias Sociales. Inclusive, saquearon la sede rectoral. La rectora Milena Sosa afortunadamente no se encontraba en el lugar, quién sabe lo que hubiese sucedido de haber estado presente.
Algunos amigos, profesores de esta universidad, me amplían el panorama. Me señalan que hay dos tipos de agresores.
Hay un grupo de vulgares delincuentes para los que la universidad se convirtió en la proveedora de piezas y aparatos útiles para el hogar y el mercadeo.
Extraen con total impunidad, puertas, inodoros, filtros de agua, aires acondicionados, computadoras, plafones. Teléfonos, cables, lámparas y cuanto artefacto sea útil o vendible. Estos son rateros que actúan bajo la seguridad que da la inexistente vigilancia interna y la nula colaboración de las autoridades policiales.
El otro grupo es el más peligroso por su fanatismo e irracionalidad. Son los guiados por el resentimiento y la ignorancia repotenciada por una ideología profundamente anticivilizatoria. Son los que actúan ante la cultura y la ciencia igual a los Talibanes que destruyeron, a punta de mandarriazos y cañonazos, monumentos milenarios y obras de arte, por “ser iconos que simbolizan la cultura de los infieles a Alá”. Parafraseando a esas joyitas, podríamos decir que estos grupos queman Bibliotecas y saquean universidades porque ellas simbolizan la cultura de los infieles al socialismo.

lunes, 22 de junio de 2020


Lo de AD no es una división, por Tulio Ramírez

AD vive


Acción Democrática (AD) es un partido que nace en el fragor de la lucha contra el oscurantismo y la barbarie. Su historia se reconoce como briosa y combativa desde sus primeros pininos con la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI) creada en Barranquilla en 1931, luego con el Movimiento de Organización Venezolana (ORVE) y el Partido Democrático Nacional (PDN), fundados ambos en 1936. En 1941, como producto de la fragua de esas experiencias previas, surge de la mano de Rómulo Betancourt, el llamado Partido del Pueblo. Desde entonces, AD ha sido tema de conversación, para bien o para mal, de cuanta tertulia, mojadita o no, se ha materializado en este paraíso caribeño.
Hombres como Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rómulo Gallegos, Luís Beltrán Prieto Figueroa, Mariano Picón Salas, Alberto Adriani, Andrés Eloy Blanco, Gonzalo Barrios, Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevalli, Antonio Pinto Salinas y tantos otros, esculpieron una organización con vocación de poder, pero también de justicia social y compromiso con la democracia. La trayectoria de ese partido no ha sido un camino de algodón, como alguna vez dijera el caudillo de Guatire y máximo líder de esa organización, Rómulo Betancourt.
Los adecos no solo se han tenido que enfrentar contra regímenes extremadamente crueles como la dictadura de Pérez Jiménez así como la más reciente. Cuando les ha tocado gobernar, han tenido que enfrentar insurrecciones armadas con ayuda extranjera e intentos de Golpes de Estado. Hasta hay que anotarles un intento de magnicidio (de los de verdad, no de los inventados) organizado por el dictador dominicano “Chapita” Trujillo.
Pero Acción Democrática ha tenido que luchar también contra sus propios demonios. El denominado Partido de Juan Bimba, fue tocado por la sombra de la corrupción y la conducta poco ética de algunos de sus dirigentes. Esto creó una costra que derivó en una mancha que todavía hoy, no ha podido sanar del todo.
Si lo anterior no es poca cosa, los adecos fueron testigos del parto de la abuela en varias oportunidades. Las divisiones le han obligado a reinventarse para mantener la ilusión de una militancia que ha sido puesta a prueba de manera reiterada.
Primero fue la división de los jóvenes bajo el liderazgo de Simón Sáez Mérida, Américo Martín, Moisés Moleiro, Gumersindo Rodríguez y otros brillantes muchachos que crearon el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Inspirados por la revolución cubana, terminaron acompañando al Partido Comunista en una aventura armada que enlutó cientos de familias venezolanas de lado y lado. Fue una división por motivos ideológicos, era inevitable contenerla.
Luego, en 1963, vino la segunda división encabezada por Raúl Ramos Jiménez. Se trataba de la generación intermedia que quería hacerse del partido desde los puestos de dirección. La idea era imponer la candidatura de Ramos Jiménez por sobre la de Raúl Leoni. La vieja guardia sometió la rebelión y expulsó del partido a los sublevados. Estos participaron en las elecciones bajo la tarjeta AD-Oposición concedida por el Consejo Supremo Electoral, obteniendo una pobre votación que no llego ni al 2,5%. Fue una división generacional por el control del partido. Era inevitable.
La tercera división se produjo en 1967. Luis Beltrán Prieto Figueroa asumió como derecho la postulación de la candidatura presidencial, Rómulo le dijo nai, nai, el hombre es Gonzalo. Las inclinaciones izquierdistas del maestro no le simpatizaban a su antiguo compañero de ruta. No le quedó más remedio que agarrar sus cachachás e irse a fundar el Movimiento Electoral del Pueblo junto a Jesús Ángel Paz Galarraga y Salom Meza Espinoza. Fue otra división indetenible. El nivel de tolerancia ideológica no daba para evitarla. 
Hoy somos testigos de otra arremetida, pero esta vez no se trata de una división por razones ideológicas, porque quien la encabeza no se le conoce pensamiento alguno. Tampoco se trata del control del partido ya que el personaje no tiene seguidores a quien liderar. Definitivamente no es una división como las vividas en el pasado. Solo se trata de la venta de unas siglas y unas sedes por 30 monedas de plata con lo cual el Judas alpargatado, solo podrá comprar poco más de un guacal de topochos. Qué vergüenza.
Final Feliz


¿Alguna vez tendremos un final feliz?, por Tulio Ramírez


En los últimos 20 años los venezolanos hemos estado ayunos de finales felices. Ha habido episodios cuyo final nos ha dejado una enorme desazón como sociedad. Siempre simpatizando con el más débil, confiamos en que la justicia triunfaría como en las películas de Hollywood. No importaba que en episodios precedentes el lado oscuro batuqueara a las fuerzas del bien, la seguridad de que en el último minuto llegaría la caballería salvadora, nos mantenía con expectativa de un final feliz. Pero hace rato que los finales son otros.
Primero fue con el caso de los cinco policías metropolitanos, acusados de asesinar a 2 de las 19 personas que cayeron por balas disparadas aquél fatídico 11 de abril de 2002. Tuvimos la esperanza de su liberación por la sencilla razón de que después de 7 años de juicio, 230 audiencias, 265 experticias, 5700 fotografías, más de 20 videos, 198 testigos y 48 expertos, los fiscales del gobierno no pudieron probar su participación en los hechos que se les imputaban. Fueron condenados y enterrados vivos en la cárcel. Un final infeliz.
Un año después un Tribunal ordenó desalojar a familias enteras de las viviendas ubicadas en la urbanización Los Semerucos en Paraguaná, estado Falcón. Estaban asignadas a los trabajadores de PDVSA que fueron despedidos por el árbitro de futbol de Miraflores. Teníamos la esperanza de que un tribunal de alzada apegado a la ley les devolviera las viviendas, mientras se decidiera la apelación interpuesta por los botados. Hicieron caso omiso a esta apelación y ratificaron el desalojo. Otro desconcertante final.
En el año 2005 Franklin Brito fue objeto de expropiación de sus tierras de manera arbitraria. Apeló a los organismos correspondientes. No le pararon bolas. La indignación y la impotencia lo llevaron a una huelga de hambre de 4 meses. Fue objeto de burlas. Nunca olvidaremos aquella expresión “Brito huele a formol”, mal chiste macabro expresado por un alto funcionario. Abrigamos la esperanza de que no se atreverían a dejarlo morir, pero lo hicieron. Un final triste.
Lo de la Juez María Lourdes Afiuni fue otro caso donde la caballería salvadora nunca llegó. Afiuni liberó a un empresario, cumpliendo todos los extremos de ley. Esto no gustó al poder. Fue acusada y condenada desde una cadena de radio y televisión, por el juez supremo de la revolución. Corría el año 2009. Fue destituida de su cargo, encarcelada, humillada, calumniada. Se le imputó el delito de “corrupción espiritual” (¿¿??). Asumimos que ante la falta de pruebas, se debía proceder a su liberación. Nos equivocamos. Final injusto.

lunes, 25 de mayo de 2020




Se nos fue Directv, por Tulio Ramírez


Se nos fue DIRECTV. Es una verdadera tragedia. Son aproximadamente 2,5 millones de usuarios que quedaron sin servicio, amén de más de 700 trabajadores echados a la calle, en un país donde conseguir trabajo es un milagro tan difícil, que nadie se le ocurre pedirlo a José Gregorio Hernández para no complicarle su ruta a la beatificación. 
Mi empeño por establecer clasificaciones para ordenar realidades de por sí desordenadas, me llevó a intentar hacer una taxonomía no exhaustiva de los usuarios de DIRECTV e identificar sus posibles reacciones ante el intempestivo cierre.
Quizás este ejercicio podría ser útil para entender los sentimientos disímiles que rodean la salida del aire de un servicio que hacía más llevadera la cuarentena y la vida de los venezolanos.
En primer lugar, tendríamos a los Directvtantes o militantes de Directv. Son los que más han sentido la pérdida. Su vida giraba totalmente en torno a Gray Anatomy, La Ley y el Orden, Unidad de Víctimas Especiales, Master Chef, Aquí no hay quien viva y las películas de HBO. Son los que se conocen la programación de memoria. Nunca sintonizaban los canales nacionales y menos los del gobierno. Perdonen la redundancia.
Luego, tenemos los Directvtuales. Son los que con inquietudes más intelectuales que de entretenimiento no se pierden Nat Geo, Deutch Welle, CNN (cuando se veía), Equipo de Investigación, Alerta Aeropuerto, Films and Arts, History Channel, Vladimir a la 1 y La Hora Clave con Macky Arenas. Muy de vez en cuando sintonizan algún canal del gobierno «porque hay que enterarse». La sensación que hoy sufren es como si les hubieran apagado la luz en plena lectura de un buen libro.
Otra categoría es la que reúne a los Directvnautas. Son los que se sumergen en la programación haciendo zapping de manera compulsiva, escudriñando todos los rincones de la oferta diaria hasta altas horas de la noche. Es esperable que presenten síntomas de síndrome de abstinencia en breve tiempo. 
Otro grupo son los Directvivientes. Son los sobrevivientes de los malos servicios que les prestaron compañías de televisión por cable y migraron a la TV satelital en búsqueda de un servicio con calidad y no tan costoso. Hoy sienten que les suben los niveles de angustia solo de pensar en la posibilidad de volver a esas empresas que les causaron tantos disgustos. 
Por último, están los Directvflagiados. Son los chavistas que no se pierden la programación internacional. Prefieren ver Los Simpsons, The Good Doctor, Criminal Minds o The Big Bang Theory en vez de Con el Mazo Dando o La Hojilla. Lo único que les impide disfrutar del servicio es cuando van obligados a las marchas del PSUV o cuando se va la luz en la zona. 
Estos últimos, son usuarios muy curiosos. Vociferan en público pestes contra las grandes «cadenas televisivas imperialistas», pero al día siguiente van a hacer la cola en las oficinas de DIRECTV para pagar sus deudas y evitar el corte de la señal. 
Por supuesto, se presentan sin franelas rojas ni uniformes de Miliciano, es decir, van camuflagiados como gente normal, de allí el nombre de este segmento de usuarios. Para ellos, la procesión va por dentro. Sufren más que los otros porque no pueden expresar a viva voz su duelo. Saben que el gobierno es el gran culpable, pero lo callan.

lunes, 11 de mayo de 2020

PNB Petare Jose Felix Ribas Wilexis



¿Quién entiende?, por Tulio Ramírez


Imagínense ustedes, si siendo testigos de los acontecimientos que pasan en el país, nos volvemos un ocho para tratar de explicarlos y comprenderlos, ¿qué quedará para los futuros sociólogos, historiadores y politólogos que se atrevan a estudiar este disparatdo período chavista?
Venezuela se ha convertido en un enorme rompecabezas. Nos estamos rebanando los sesos para armarlo, sin percatarnos que hay varias piezas perdidas que nos impiden tener una visión de conjunto organizada y armónica. No me da la página para contar toda la zambunbia de hechos incomprensibles que acontecen en este extraño país. Solo me referiré a algunos recientes.
El primero es el caso de la pandemia, la cuarentena y la actuación del gobierno. En la tarde Maduro se vanagloria de haber contenido el contagio, gracias a su llamado temprano al confinamiento, pero a la mañana siguiente a sus ministros no se les ocurre otra cosa que llamar a miles de empleados públicos a que se concentren en las afueras de los ministerios y demás dependencias del gobierno, para que retiren las Cajas Clap.
Da pavor ver a aquellos humildes empleados debajo de semejante pepa de sol y todos apretujados en la fila, esperando por la entrega de las fulanas cajas de alimento. No menos de 5 a 6 horas dura la espera. El asunto es que estos adalides del confinamiento no organizan ningún operativo adicional de reparto de mascarillas o aseguramiento de la distancia para evitar el contacto físico. Pareciera que la orden fue “acomódense como puedan, esperen sus migajas y olvídense de la pandemia”. ¿Quién entiende?
Otro caso es el de la cárcel de Los Llanos y la masacre allá ocurrida. Primero se dijo que se trataba de un plan de fuga, cosa comprensible porque nuestras cárceles son peores que el mismo infierno. Pero no, al parecer fue motivado por una protesta debido a  la mala calidad de la comida y al retardo en repartirla. Esto tampoco nos extraña. Si los que estamos fuera tenemos que comer lo que traen esas cajas CLAP, no me quiero imaginar lo que reparten a los reos. En un país serio este hecho hubiese ameritado, como mínimo, la destitución del ministro del ramo, del director de la cárcel y una disculpa presidencial. Aquí no pasó nada. ¿Quién entiende?
Luego lo del Barrio José Félix Rivas en Petare. Una plomazón de 5 días continuos. No se sabe si entre bandas enemigas, si entre la policía y las bandas o un todos contra todos.
Las redes sociales mostraron videos de criaturitas disparando armas que pesan más que ellos. Toda Caracas estuvo rezando por la vida de los inocentes habitantes del sector. Lo cumbre es que esos mismos inocentes habitantes salieron a la calle para proteger al Wilexis, líder indiscutible del malandraje de José Félix. Gallinas cuidando Rabipelados. ¿Quién entiende?
Casi en paralelo tenemos el tema de la fulana invasión. Hubo pérdida de vidas y detenciones de oficiales militares, supuestamente involucrados en este hecho. Muchas dudas generaron las explicaciones del gobierno. Uno de los voceros oficiales manifestó que sabían previamente del caso porque los habían infiltrado. La duda que queda es que si sabían de la invasión por qué en Chuao los atrapa un pescador con una pistola oxidada y no un Cuerpo de Elite de la Armada. ¿Quién entiende?

Por último tenemos una denuncia pública que hace una periodista de oposición. La denuncia es contra el presidente interino que respalda la oposición. Esta opositora lo acusa de haber firmado un supuesto contrato para adquirir armas y logística, para derrocar al gobierno del cual ella es opositora. Además, gracias a esa denuncia, la periodista opositora sirve en bandeja de plata al gobierno al cual se opone, la cabeza del presidente opositor que ella debe respaldar por ser opositora. ¿Quién entiende?