lunes, 4 de marzo de 2019



¿Victoria?, por Tulio Ramírez


“Otra Victoria como esta y volveré solo a casa”, fue lo que dijo Pirro, Rey de Epiro, al ver el campo de batalla sembrado de miles de sus compatriotas, cuyas vidas fueron arrebatadas por las armas romanas. Había triunfado militarmente, es cierto, pero a un costo incalculable en vidas. A partir de este episodio, a cada batalla ganada con un alto precio, se le ha conocido como “Victoria Pírrica”.
Cuando Chávez dijo aquel 7 de diciembre de 2007, a propósito de haber perdido el referéndum por la reforma constitucional, que la victoria (de mier….) de la oposición era una victoria pírrica, pues se equivocaba de cabo a rabo. De seguro había escuchado muchas veces la expresión y la asociaba a victorias logradas de “ñinguita” o “por un pelín”; o nunca se topó con algún libro que trajera la información correcta en la contratapa.
De cualquier manera, y no tengo idea si ya lo había dicho Tsun Zu en “El Arte de la Guerra”, la moraleja es que uno no debe cantar victoria antes de sacar las cuentas de las pérdidas. En eso las mujeres son más inteligentes que los hombres. Nosotros guiados por el arquetipo del macho machote, nos la pasamos obteniendo victorias pírricas. Nos damos cuenta de las pérdidas, mucho después de haber celebrado la victoria.La mujer por el contrario calcula muy bien para casar cualquier pelea. No conozco ningún divorcio donde la mujer obtenga victorias pírricas.
Una clásica situación de victoria pírrica fue la obtenida por Maduro al no dejar pasar la Ayuda Humanitaria. El hombre bailó, alzó los brazos como Rocky II y discurseó hasta el cansancio por la victoria militar obtenida ante un grupo de hombres y mujeres desarmados cuya acción terrorista era proteger las gandulas de alimentos y medicinas.
“No pasarán” gritó al final de una de sus varias alocuciones y hasta bailó salsabrava junto a Cilia, imitando las danzas victoriosas de los indios Sioux. Pero si a ver vamos, el costo ha sido muy alto.
Quedó desnudo ante el mundo. El absurdo de obstaculizar por la fuerza el ingreso de la ayuda lo colocó como inhumano; atacar con armas a gente desarmada, lo presentó como abusivo y cruel; anunciar que el convoy era de comida podrida y cancerígena, lo ubicó como mentiroso; armar a delincuentes y paramilitares, lo colocó como transgresor de leyes; decir que los camiones fueron quemados por quienes los escoltaban y acompañaban, lo hace rayar en el cinismo. En fin, el costo político de “tan heroica acción” es mucho más elevado que la supuesta victoria militar. Las consecuencias ya se están viendo. En mundo entero se multiplicó el respaldo y simpatía hacia Juan Guaidó.
¿Que lo que digo es exagerado?, es posible. Pero lo de Arreaza en la ONU es una señal de lo que digo. Fue a cantar la victoria de la revolución en ese foro mundial y cuando iba a comenzar su intervención, representantes de más de 60 países se levantaron y le hicieron el fo, dejándolo con la palabra en la boca. Lástima que el Comandante Eterno no está vivo, porque hubiese sido una bonita oportunidad para que aprendiera de una buena vez, lo que significa una victoria pírrica.

lunes, 18 de febrero de 2019

El grito de guerra, por Tulio Ramírez




Según el etnomusicólogo australiano Joseph Jordania, en las etapas tempranas de la evolución de los homínidos, cuando había que enfrentar a depredadores más grandes, corpulentos y rápidos que esos débiles y lentos hombres, surgió de manera espontánea un mecanismo de supervivencia colectiva para mantener cohesionado al grupo y enfrentar el peligro superando los miedos individuales. Se refiere al llamado grito de guerra.

Imagino esos primeros momentos. Van 4 peludos con sus macanas buscando algo de comer y de pronto aparece un tigre dientes de sable. Se miran frente a frente. La bestia, con ojos encendidos, hace gestos claros que indican que va por su almuerzo. Tres de los hombres piensan solo en correr, mientras el otro, con la adrenalina a millón, se enfrenta al animal pegando un grito gutural y amenazando con su rudimentaria arma. Los tres miedosos giran y al unísono acompañan el mismo sonido. El depredador gira y huye. Es muy probable que así haya nacido el primer grito de guerra.

Según los antropólogos, el grito de guerra hace que el grupo entre en un estado de alteración de la conciencia, experimentando un proceso donde no siente miedo ni dolor. En tal condición, puede estar dispuesto inclusive a sacrificar la vida por la causa, sea esta, salvar la aldea, proteger a un niño, un anciano, un familiar o al país. Cuando el grito de guerra es internalizado por el grupo, se entra en una suerte de valentía colectiva que es capaz de superar las condiciones más adversas para obtener el objetivo deseado.

Ha habido gritos de guerra muy famosos. Entre ellos: ¡Dieu le veut! (“Dios lo quiere”) usado por los cruzados franceses; el ¡Tierra y Libertad!, de los seguidores de Zapata durante la revolución mexicana; ¡Banzai!, utilizado por los kamizakes japoneses en la 2da Guerra Mundial; ¡Gerónimo!, de los paracaidistas norteamericanos en la misma guerra; ¡Za Stalina! (“Por Stalin”), arenga de avanzada de los comunistas rusos; ¡Allahu Akbar! (“Dios es grande”), utilizado por los guerreros musulmanes y yihadistas. ¡No pasarán!, de los republicanos españoles. En Venezuela el ¡Vuelvan Carajos!, del catire Páez ha sido quizás, el más emblemático de nuestra historia partía.

Sociológicamente los gritos de guerra, tienden a ser muy localizados, identifican un episodio eminentemente bélico, surgen del seno de milicias insurgentes o ejércitos regulares con el objetivo de levantar los ánimos y tener una actitud ganadora en el combate. Cuando se utiliza por los civiles, por lo general es para aupar equipos en situaciones de competencia (el rugido de los Leones del Caracas o la sirena del Magallanes). De Fama mundial son las consignas de las cherrleaders de los equipos de fútbol americano en los Estados Unidos.

Últimamente en nuestro país se ha dado un caso muy curioso. Ha surgido de manera espontánea un grito de guerra que no llama a la guerra, ni siquiera a una competencia por quítame esta pajita. Es un grito que está identificando a más del 83% de la población y se escucha en el mundo entero. Hasta la famosa pianista Gabriela Montero, concertista de fama mundial dio a conocer recientemente una versión en piano. Es un grito que desahoga, da fuerzas y además limpia y purifica el alma de quien lo emite. El 23 de enero pasado, durante la marcha opositora, lo escuché de boca de más de 3 millones de personas. Dicen que lo repitieron más 4 millones en el mundo. Ya ustedes saben cuál es, porque de seguro también lo han gritado. Es aquél que comienza con ¡Madurooo,…….!

lunes, 4 de febrero de 2019




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El túnel parece que se acorta, 
por Tulio Ramírez

Tulio RamírezPublicado febrero 4, 2019
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Twitter: @tulioramirezc

El diciembre de 2018 fue quizás el más apagado de los últimos 10 años. No necesito ser muy detallista para describir a nuestros lectores no capitalinos, el ambiente que imperó en las fechas navideñas y de fin de año en nuestra otrora ciudad de los techos rojos. Estoy seguro que en todo el país se vivió la misma tristeza y desazón que experimentamos los caraqueños.

Debo aclarar que no me refiero solamente al tristísimo ambiente medieval que viven nuestras ciudades por la falta de alumbrado público, la suciedad, los precarios servicios, la ruina de las construcciones, la escasez de alimentos y la pobreza deambulando por las calles en busca de botes de basura para saciar un hambre que nos tiene enflaquecidos. No, no me refiero a eso, aunque en honor a la verdad, sería suficiente para robarle la alegría a cualquier festividad del calendario.

Hablo del abatimiento del espíritu. Caminando por la ciudad en víspera de navidad, lo que veía eran sombras y no personas. Miradas pérdidas con pasos lentos y cansados. La desesperanza se había apoderado del venezolano. La gente se sentía aplastada y carajeada por la prepotencia y arrogancia de un poder prepotente y arrogante. La resignación, después de tantos golpes recibidos y fracasos acumulados, no nos permitían pensar en el futuro, porque asumimos que ese futuro iba a ser exactamente igual o peor que el desdichado presente.

Así se fue el año, sin un triquitraque que lo festejara. Llegó enero como cualquier lunes de cualquier semana. El año comenzó igual que como terminó el anterior. Como los presos, el venezolano estaba viviendo un día a la vez. Sin expectativas ni esperanzas y atendiendo las necesidades básicas, vale decir, alimento y resguardo. Lo imprescindible para sobrevivir en esta revolución que ha premiado solo a los que la comandan.

El 5 de enero fui invitado a una entrevista en un noticiero de canal por internet. Llegué, como es mi costumbre, media hora antes de la fijada por el productor. Cuando fui llamado a pasar al estudio, tropiezo con un joven alto y delgado. Era el primer entrevistado de esa mañana. Lo reconocí a los pocos segundos. Era Juan Guaidó, el mismísimo presidente de la Asamblea Nacional. Nos saludamos con aprecio y respeto, le expresé mi solidaridad y deseos de éxito porque sabía que podía ser presa fácil de la jauría que ocupa el poder en el resto de las instituciones del Estado.

Del canal salí a la universidad a terminar de leer una Tesis Doctoral de la cual había sido designado jurado. Abstraído por la lectura me aislé del mundo, hasta que “algo” me aparto de ella. Todavía ayuno de lo que estaba pasando en la AN, decidí salir al banco para buscar algunos escuálidos billetes en el cajero automático. Eran la 12:30 pm y la ciudad era otra. Algo pasaba, todo estaba diferente. La gente estaba de buen humor, había sonrisas, las miradas cobraron vida, los pasos eran más dinámicos y hasta el día, que temprano, amenazaba con lluvia, se puso radiante.

¿Qué había originado ese cambio en la ciudad? A estas alturas del artículo, ya usted lo sabe querido lector. La esperanza volvió al pueblo venezolano, después del discurso de ese muchacho que horas antes había visto en ese canal de televisión. Juan Guaidó le devolvió la esperanza a la gente ese día y los días subsiguientes.

De esa fecha a hoy, cada paso dado ha sido una transfusión de energía a los que hasta no hace mucho parecían tener la hemoglobina del espíritu en menos de 6. La política es así, mi apreciado lector. En un “tris” el panorama cambio en Venezuela. Se corroboró el 23 de enero y el 01 de febrero. Definitivamente ese muchacho y su firmeza, le ha devuelto la esperanza al pueblo venezolano. Se demuestra una vez más, parafraseando a Ortega y Gasset, que las circunstancias fabrican a los héroes, no las agencias de publicidad. El túnel parece que se acorta, vemos la tan ansiada luz, más cerca.

lunes, 21 de enero de 2019

¡Fuego en el 23!, por Tulio Ramírez




A menos de dos días de la célebre fecha, colocar un título como este podría ser muy riesgoso. Cualquier insensato escribidor de bolserías como yo, podría parar en La Tumba, El Helicoide, Ramo Verde, Puente Ayala o cualquiera de esos resorts 5 estrellas con los que se promueve el turismo en el país.

Es que la epidermis de los próceres de la revolución es tan delicada que cualquier expresión oral o escrita a través de los medios de comunicación que se considere “peligrosa”, inmediatamente es sancionada por el órgano encargado de olfatear a los disidentes que hacen vida en las catatumbas de las ondas hertzianas, cable o internet.

Como si fuésemos protagonistas de la saga de Therminator, todos los venezolanos que no siguen las enseñanzas del Comandante Galáctico, nos hemos convertido en una suerte de John Connors, que atenta contra la supervivencia de una sociedad dominada por una tendencia política encumbrada en el poder en 1998, gracias a los votos de los propios venezolanos. Después dicen que las películas no son premonitorias del futuro.

Con este título podrían fácilmente argumentar que estoy incitando a una revuelta para esa fecha emblemática. Me los imagino sacando sus cuentas en la Sala Situacional. Veo a un experto en análisis de contenido interpretando cada una de las palabras.“Fuego es sinónimo de candela, y la candela es sinónimo de que algo olerá a quemado, y algo que huele a quemado es algo que se está quemando y además se va a convertir en cenizas, y si se convierte en cenizas se acaba, o sea sabotaje”.

El otro, experto en politología, complementará el análisis con: “lo del 23 pareciera un código encriptado solo entendible por sus cómplices. Mi hipótesis es que se refiere a los Bloques del 23 de Enero”. “Muy atinado Doctor, ¿pero a cuál de los Bloques?”, pregunta el analista de contenido sacándose la pipa de la boca para poder masticar bien el chicle. “La verdad no lo sé, habrá que torturar al articulista para que lo diga”, le responde el politólogo con doctorado en la Aldea Universitaria de Guardatinajas.

¡Disculpen pero de anteojito se trata del día 23 de enero!, exclamó el que sirve los café mientras sin levantar la vista, coleteaba uno que se derramó. “Por supuesto, una vez más hemos dado en el clavo”, corearon los expertos, “avisemos a los que van a morir por la revolución para que nos defiendan”.

Para tranquilidad de ustedes mis queridos lectores, mi intención no es enviar mensajes subliminales a nadie, ni mucho menos alebrestar unos ánimos, que ya están suficientemente alebrestados. Lo que pretendía era escribir sobre la canción escrita por el cubano Arsenio Rodríguez. Mi único interés es hacer referencia a la historia de esa conocida composición para informar a las nuevas generaciones de salseros. Voy de cuento

Estando el compositor en Nueva York para hacerse una operación de la vista, hubo un incendio en su departamento ubicado en el quinto piso del edificio 23 Este, en la calle 110, entre Madison y la Quinta Avenida. Entre tanta gente alguien gritó ¡Hay fuego en el 23 de la calle 110! Fue entonces cuando nació este tema en ritmo de “Son” grabado en 1957 y posteriormente popularizado por La Sonora Ponceña. Je je

lunes, 7 de enero de 2019




Lo más seguro es que quien sabe, por Tulio Ramírez



En los países serios y de pantalones largos por esta época del año se comienzan a escuchar las predicciones para el ídem. Todos tienden a estar atentos a estos anuncios para poder tomar las mejores decisiones personales y familiares. En las Salas Situacionales de cada hogar se evalúan estos indicadores por formar parte de los riesgos y contingencias a considerar al momento de planificar viajes, inversiones, bodas, divorcios, mudanzas, cambios de empleo, apuestas, entre otras actividades propias de la vida cotidiana.

En esos países las probabilidades de acierto son siempre muy altas, por lo que hay confianza en la certeza de esas predicciones. Se confía en las encuestas, en los pronósticos meteorológicos, en las revistas hípicas, en los adivinos y nigrománticos. Solo recuerden las acertadas predicciones del pulpo Paul en el Mundial de Suráfrica de 2010. Los españoles siempre estuvieron confiados en que el crustáceo no se equivocaría. “Si un descerebrado animal lo hace, imagínense lo que no hará un adivino estudiado”, así decía mi abuelita fanática de la furia roja.

En la Venezuela chavista y revolucionaria estos adivinos de oficio siempre se caen de una mata de coco. Ni los videntes del gobierno ni de la oposición dan pie con bola. Y no me refiero solo a los brujos, babalaos, tarotistas, lectoras de tabaco, revoluciones astrales o borra del café que pululan o pululaban en los medios, también a encuestadores y analistas políticos que, con sesudos análisis, prescriben lo que sucederá en el país.

Es que no pegan una ni con cola. Se repetirá lo mismo del año anterior: que si Maduro saldrá en 6 meses; que si este año seremos potencia; que ahora sí habrá perniles para todos; que con el revocatorio el mandado está hecho; que aumentará la producción petrolera; que Ilan Chester se retira; que santificarán a José Gregorio; que la invasión si va; que La Guaira será campeón, que si esto, que si lo otro, y termina el año y nada.

Pero no crean que la falta de seriedad sea exclusiva de este período revolucionario. Recuerdo al profeta aquel que predijo que un presidente socialcristiano en ejercicio fallecería en determinada fecha del año. Pues ese presidente murió de viejo muchos años después y el astrólogo fue a parar a la cárcel por unos días. Hasta la policía sabía que no era alguna conspiración, sino una mamadera de gallo.

Así las cosas, el venezolano se acostumbró a no pararle ni medio milímetro a estos anuncios de comienzo de año. Se ha asumido que Venezuela no se deja adivinar y por eso han fallado desde profetas brasileros, santeros cubanos, adivinas devenidas en artistas de televisión, hasta la muy famosa y consultada, ahora en el exilio, Bonifacia la Bruja de Casalta. Esto explica por qué un pronosticador de fama internacional al ser interrogado en Maiquetía sobre lo que sucederá en Venezuela el 10 de enero, solo atinó a decir: “Lo único que les puedo anunciar con mucha certeza y confianza es que el 10 de enero, lo más seguro, es que quien sabe”.

lunes, 24 de diciembre de 2018






Mi amigo Jesús retenido en Maiquetía,
por Tulio Ramírez

Tulio RamírezPublicado diciembre 24, 2018
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@tulioramirezc

3:00 am del 24 de diciembre, o sea hoy en la madrugada, ring ring suena el telefonito. Atiendo pensando que era Madame Kalalú. Me confundo porque en mi sueño, esa canción de Rubén Blades era el fondo musical de una mega rumba en la cual el más cotizado por las mujeres era yo. Entre dormido y despierto escucho una voz con tono militar. ¿Es el Doctor Ramírez? Debe ser alguna emergencia médica, me dije. Alguien ha debido ver mi tarjeta de presentación y sin leer que soy Doctor en Educación asumiría erróneamente que soy de los doctores que operan y recetan. “Síp”, respondo, “ok, le pongo a alguien que le quiere hablar”.

Al otro lado del teléfono escucho una voz aniñada que dice, “aló Dr. Tulio, necesito que me ayude, estoy retenido en el aeropuerto de Maiquetía”. ¡¿Quién habla?!, pregunto. “Soy Jesús, un viejo amigo suyo”. Ahora si es verdad, me dije, tantos abogados pelando y éste carajo viene a llamarme precisamente a mí el día de navidad. Quién sabe en qué parranda habré conocido a este sujeto. De seguro en plena rasca le dije que era mi hermano y que contara conmigo para las que fuera.

Como pude me puse los pantalones y la camisa que la noche anterior había tirado en el pote de la ropa sucia. Salí presuroso y en la carrera me puse un saco de color quien sabe y me enrumbé para el aeropuerto. Me daba cosa dejarlo tirado allí.Pasar la noche de navidad encanado o desvalijado por unos funcionarios ávidos del aguinaldito reparador de libertades, no es cosa que le deseo a nadie. Ni siquiera a esa persona que me dice conocer.

Llegué y accedí al sitio de tránsito luego de convencer al guardia que se trataba de un camarada en problemas. Si no le digo así, ni por el carajo me deja pasar. Al presentarme me reciben unos funcionarios y me llevan a un cuartico. Supongo que es el que tienen todos los aeropuertos en el mundo, suerte de purgatorio desde donde regresan a su país de origen a los no deseados. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un carajito como de 6 años de edad esposado al apoyamanos de la silla donde está sentado.

Casi fuera de mí, amenacé con llamar a un fiscal de menores y hacer la denuncia por crueles maltratos a esta criaturita. Sorprendidos por mi reacción me toman del brazo y me llevan a un cuarto contiguo, supongo que era el cuarto para fumar por la hediondez a tabaco barato. “Mire Doctor, tenga cuidado y no se deje engañar, ese carajito es muy peligroso. A cometido una serie de delitos que lo catalogan casi como terrorista”. ¡Pero si es una criatura!, respondí con mucha alteración. “Cálmese doctor, ya le vamos a explicar”.

“Saque sus cuentas, siendo menor de edad llegó sin pasaporte y sin el permiso de los padres. Esto ya es suficientemente grave. ¡Pero qué locura es esa!, dije sorprendido. Obviando mis palabras, continuaron. “Se le incautaron un pocotón de juguetes sin facturas y no canceló los aranceles del Seniat. Esto puede ser tipificado como delito de contrabando”. ¡Pero pónganle una multa, decomísenle la mercancía y suéltenlo, yo me hago responsable!, insistí como último recurso.

“No, mi dóctor, no es tan fácil. El chamo dice que esos juguetes son para los niños venezolanos y usted muy bien sabe que está prohibido traer al país ayuda humanitaria. Por si fuera poco, al preguntarle si no sabía que los niños venezolanos recibirían sus juguetes en las Cajas CLAP que repartiría Nicolás, nos manifestó que el no reconocía a San Nicolás y que el Rey era él. Ahí si se embromó mi dóctor. Para colmo de males nos dijo haber nacido en Israel. Esto, como comprenderá, lo hace sospechoso de ser un espía del Mossad”.

Con un aire de autoridad recién ascendida, me remataron con esto: “mire caballo no pierda su tiempo defendiendo a ese carajito. Mínimo va a La Tumba por indocumentado, contrabandista, espía y contrarrevolucionario”. Retorné a mi casa preguntándome si los niños venezolanos encontrarán esta noche sus juguetes en el pesebre.

Manque sea de maestro, 

por Tulio Ramírez







Entre las muchas anécdotas sobre el General Juan Vicente Gómez, hay una que, aún sin darle mucho crédito, he escuchado en varias oportunidades. Aunque me he preocupado por conseguir alguna fuente que la corrobore, siempre me ha resultado cónsona con el pensamiento de una época en la que en Venezuela era más prestigioso tener un uniforme y una gorra militar que una tiza y un borrador.

Cuentan que en La Mulera, finca propiedad de la familia Gómez ubicada en el estado Táchira, el joven Juan Vicente tenía un amigo de correrías. El susodicho, de nombre Hermenegildo Chacón, había crecido con el que en unos años sería bautizado por la alta alcurnia caraqueña como El Benemérito. Este amigo de la infancia y futuro compadre lo habría acompañado en sus andanzas por la Cúcuta colombiana, cada vez que iba en busca de aventuras amorosas a bajo costo o a negociar café a buen precio.

Los avatares de la campaña militar que emprendió junto a su compadre, Cipriano Castro, líder de la llamada Revolución Restauradora, lo alejaron del entrañable amigo, no sin antes, según cuenta la leyenda, bautizarle un hijo producto de las aventuras idílicas de Don Hermenegildo con alguna vecina oriunda de la población de El Recreo, a 3 kilómetros de La Mulera. El nombre de este vástago nunca lo supe. Cada vez que escuchaba la misma anécdota, la constante siempre fue la ausencia del nombre de pila del supuesto ahijado del General.

Dicen los improvisados historiadores de botiquín que Gómez, ya entronizado en el poder, recibió una carta de su compadre Hermenegildo a quien había dejado de ver por más de 12 años. Según la memoria de alguno de los tantos a los que les he oído el cuento, la carta escrita con el lenguaje típico de la gente de las montañas andinas, decía más o menos así:

“Apreciado compadre y Presidente de la República, la distancia y los años nos han alejado físicamente pero no espiritualmente. Espero que busted y su amada Doña Dionisia se encuentren bien y disfrutando de las cálidas tierras aragüeñas. Le escribo compadre para decirle que su ahijado se me está convirtiendo en un vago. No quiere ni estudiar, ni pa´ qué trabajar. Busted sabe que los Chacón somos gente seria y hacendosa. Le suplico me ayude con el tarajallo ese. Ayer se lo mandé a Maracay para que le consiga un puesto de policía a ver si se endereza. Si no le sirve como policía por ser tan flojo, consígale un puesto manque sea de maestro. Con el muchacho le mando un poco del agua panela que tanto le gusta. Ojalá el sinvergüenza ese no se lo tome en el camino. Con aprecio, su amigo y compadre, Hermenegildo”.

Nunca he podido corroborar la existencia de la epístola y por tanto alguna supuesta respuesta del General. Se preguntará el lector para qué entonces hago referencia a un hecho que es posible que nunca haya sucedido. Solo a un desocupado sin tema para escribir se le pudo haber ocurrido semejante perorata sin evidencia alguna. Todo eso es cierto, pero es que la anécdota me vino a la mente después de leer en un periódico regional lo que a continuación expongo.

“UNEFA graduará de policías y maestros a reos de La Pica”. Con este título se encabeza una de las páginas centrales de un diario de Maturín con fecha 30 de noviembre de los corrientes. Sin querer ser discriminatorio ni pretender poner en duda la probada capacidad regeneratoria de las cárceles venezolanas, me llama la atención las alternativas educativas que les ofrecen a estos respetables ciudadanos. Como buen patriota cooperante le haré caso al gobierno y dudaré de la veracidad de esta noticia por aquello de la Guerra Mediática, que no es otra cosa que el frente comunicacional de la Guerra Económica que nos tiene Joao y tantos otros “portugués del abasto” que desde hace 30 años surte de alimentos al barrio.

De cualquier manera, sea cierta o no esa noticia, me permitiré comentarla, parafraseando al ficticio o real compadre del Benemérito. Ante una situación como esta me imagino al compadre del Benemérito afirmando: “Pues vea busted, si no sirven pa´policias no importa, gradúeles manque sea de maestros”.