martes, 27 de enero de 2026

 

¿Carnaval en enero?, por Tulio Ramírez

¿Carnaval en enero?
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail

X: @tulioramirezc


El carnaval es una de las festividades más complejas del mundo. Una de las razones es porque no está claro cuál es su punto de origen.

Ello es el resultado de la mezcla de tradiciones milenarias. Sin embargo, aunque no hay una fecha exacta, se pueden identificar tres etapas claves en su formación. Veamos.

Según historiadores y arqueólogos, las primeras evidencias de fiestas similares al carnaval aparecen hace unos 5000 años en Sumeria y el Antiguo Egipto. Al finalizar el invierno se celebraban banquetes y desfiles en honor a los dioses. Cuentan que eran algo así como unas bacanales modernas. No me consta.

Cuentan estos académicos que durante ese mes del año a todos se les soltaba el moño. Las rumbas duraban días, nadie trabajaba, se dedicaban a la comilona, la bebida y a los placeres mundanos.

La pachanga era colectiva, menos para los esclavos. Alguien tenía que esforzarse para terminar las pirámides.

Durante la época grecorromana (siglos VI a.C. al IV d.C.), las evidencias informan que en Grecia se celebraban las Dionisíacas en honor a Dionisio, dios del vino. En Roma, se celebraban las Saturnales (en honor a Saturno) y las Lupercales (en honor a la fertilidad).

Todas eran fiestas de descontrol donde se invertían los roles sociales. Por ejemplo, los esclavos eran servidos por sus amos. ¡Qué tiempos aquéllos!

Como cosa mía, me puse a investigar más a fondo para saber si ese cambio de roles suponía que los maridos se dedicaban a lavar, planchar, fregar y cocinar, mientras sus mujeres rumbeaban.

Por razones de seguridad no continué con la investigación. Las amenazas de caballeros anónimos eran constantes y creíbles. Me sentí como Tom Hanks en El Código Da Vinci¡Vacie!

Durante la Edad Media (siglo IV en adelante), con la expansión del cristianismo, la Iglesia no pudo eliminar estas fiestas paganas tan arraigadas, por lo que decidió «cristianizarlas».

Se fijó el carnaval como una celebración previa a la Cuaresma (los 40 días de ayuno y penitencia antes de la Pascua). En la Cuaresma estaba prohibido comer carne y llevar una vida de excesos.

Por ello, el carnaval era la última oportunidad para disfrutar de banquetes, alcohol y placeres. Su nombre proviene del latín carnelevarium, que significa «quitar la carne».

Como esa traducción no me suena por confusa, prefiero definirla como «tiempo de desatarse precuaresma». Durante el carnaval, se usaban máscaras y disfraces para ocultar la identidad.

Esto servía para que el pueblo pudiera burlarse de los nobles, los gobernantes o la Iglesia sin temor a represalias. Era un corto periodo de «libertad absoluta» donde las reglas normales no aplicaban.

Es decir, el sueño hecho realidad o algo como aquel eslogan «Rey por 15 días» de Tiendas Van de la avenida Andrés Bello. 

Ahora bien, como en Venezuela nos acostumbraron en los últimos años a adelantar las fiestas, por ejemplo, la Navidad comienza en octubre y no en diciembre, no me extrañaría que hayan adelantado el carnaval para enero y no me haya percatado.

¿Que por qué lo digo?, síganme y les explico. Recordemos que, al igual que hace más de mil años, en el carnaval la gente simulaba ser alguien diferente con la intención de confundir o burlarse del otro.

Aunque algunos psicólogos han dicho que el disfraz era para asumir una personalidad inconscientemente reprimida. En todo caso, cual sea la intención, el acto era la simulación.

Con ese razonamiento previo, expongo mi tesis. Si bien es cierto que en lo que va de enero no he visto caminando por las calles de Caracas a personas con disfraces de carnaval, también lo es que he notado comportamientos más cónsonos con las fiestas carnestolendas.

¿De qué va esto? He observado en las paradas de autobús, en las busetas, en los abastos y en el Metro, que las personas andan simulando una indiferencia que, a todas luces, es más falsa que platabanda de anime. Es como si estuviesen haciendo el papel del paisa, aquel personaje espalomado de los cuentos populares. Andan como si no estuvieran enterados de nada de lo que pasa en su entorno.

Esto me hace sospechar que están disimulando la alegría que, de manera encapillada, realmente sienten.

lunes, 12 de enero de 2026

 

¡Los Reyes me cumplieron!, por Tulio Ramírez

¡Los Reyes me cumplieron!
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail

X: @tulioramirezc


No suelo molestar a los Reyes pidiendo cosas materiales o favores especiales. Aunque, desde que los conozco, he observado cómo han atendido con diligencia oportuna las solicitudes que les hacen.

Me consta el trato especial que han tenido con los niños. Puedo asegurar que los de la zona donde vivo suelen recibir, por parte de ellos, regalos y chucherías, cosa que los hace muy felices.

Ese bonito gesto me ha parecido muy niceNo sé cómo lo hacen, pero siempre están dispuestos a brindar un poquito de felicidad a los chipilines

Entiendo que la bondad de los Reyes está marcada por su adoración al Niño Dios. Quizás por ello, con los chamos han mantenido un trato atento y cordial.

A veces pienso que los adultos se han valido de esa bondad para pedir favores de todo tipo. Es posible que, sin darnos cuenta, incomodemos a estos señores con peticiones que debería uno mismo llevar a cabo.

Por ello, mi filosofía ha sido molestarlos lo menos posible. Creo que a veces se les pide más de lo que pueden dar.

Ahora, hay una cosa cierta: me caen bien. Que yo sepa, nunca han exigido nada a cambio ni recuerdan los favores realizados a los beneficiarios, práctica muy desagradable, sobre todo si el recordatorio se hace ante terceros.

Es más, no les importa si después de concedido el favor, más nunca los vuelves a recordar o llamar. Son extremadamente indulgentes y, lo peor, es que siempre están allí para ti.

Una cosa extraña es que, siendo tan devotos del Divino Niño, nunca se les ve en la iglesia. Su vida ha sido tan discreta que, imagino, prefieren pasar desapercibidos a los ojos de los que les rodean. Ese nivel de privacidad no se los critico, porque también soy así.

Otra cosa curiosa es que trabajan en equipo y siempre han andado juntos. Eso es una gran enseñanza para aquellas familias donde cada uno anda por su lado. Ellos nos han enseñado que en equipo se puede llegar más lejos que actuando de manera individual. Son características que, pese a la poca relación que he tenido con ellos, admiro y sobrevaloro. 

No puedo dejar de mencionar otro de sus rasgos: la humildad. Entiendo que poseen grandes fortunas, pero eso no ha sido impedimento para mantener una relación de cordialidad y amabilidad con todos. Por eso, e insisto en ello, en mi zona los quieren y los respetan.

Para no hacer este cuento largo, les explico qué me obligó a pedirles una ayudita, rompiendo así con la tradición que por años había mantenido. Estaba seguro de que era un favor un poco incómodo y seguramente no me lo concederían. Estaba preparado para eso. Voy de cuento.

Tenía planeado regresar a casa el 3 de enero después de las fiestas decembrinas. Pero los sucesos conocidos por todos, más las secuelas de persecución gratuita a los ciudadanos inocentes, impidieron nuestro pronto retorno a Caracas.

En ese ambiente de caos e incertidumbre, la preocupación de mi familia, además de la irracional y salvaje represión, era el cuidado de nuestros perros. Ellos estaban solitos en casa; quien los cuidaba no podía trasladarse por las razones harto conocidas.

Esto era un problema: no teníamos quién los alimentara, limpiara sus excrementos y cuidara durante nuestra ausencia. En medio de ese estado de cosas, me comuniqué con la familia Reyes, mis vecinos de la vereda H, para pedirles que les echaran un vistazo y cuidaran mientras llegábamos.

Algo me decía que, por no haber sido tan cercano a ellos como el resto de los vecinos, los Reyes se negarían. Pero, ¡oh sorpresa!, accedieron gustosamente a cuidar a nuestras mascotas. 

Hasta consiguieron los alimentos para que no pasaran hambre. Esto último no sé cómo lo hicieron, ya que nos habían informado que los comercios estaban cerrados. Definitivamente, los Reyes son unos magos para conseguir lo necesario y cump    lir con su compromiso.

No me imagino lo que le habrán pedido los demás vecinos y si igual les cumplieron. En cuanto a mí, estoy más que satisfecho con lo concedido. Gracias, apreciada familia Reyes; siempre estaré en deuda con ustedes.