lunes, 23 de febrero de 2026

 

Parió la abuela, ahora tenemos a los Therians, por Tulio Ramírez

Parió la abuela, ahora tenemos a los Therians
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X: @tulioramirezc


La verdad, uno no deja de sorprenderse ante las cosas que están sucediendo. En mi época, y no soy tan viejo como la gente cree por la manera como escribo, las cosas eran aburridamente normalotas.

Por ejemplo, los inquilinos eran inquilinos, aunque luego intentaran quedarse con el inmueble; los extranjeros se adaptaban donde migraban sin presión alguna; los hombres eran hombres, las mujeres, mujeres, y los que hoy llaman otres, eran los otros y las otras, y listo, no pasaba nada.

Hoy todo es un enredo. Hay países donde los que se apropian de los inmuebles ajenos están protegidos por la ley. Si los legítimos propietarios reclaman su propiedad, van presos.

En otros países, los nacionales que se niegan a calarse costumbres que van contra las leyes son reprimidos por «conducta intolerante e irrespetuosa» contra quien huyó de la represión de su propio país por hacer lo mismo. Pero la locura y la sinrazón abarca también a los organismos internacionales.

El secretario general de la ONU acaba de felicitar a Irán por el 47 aniversario de la revolución islamista y nombrado su representante, como vicepresidente de la Comisión de Desarrollo Social. Sobre los más de 40 mil muertes por manifestar hastiados de ese régimen autoritario, simplemente «Chiiito». 

Igual sucedió con el representante de Cuba, quien fue designado miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. ¡Qué riñones!, es como premiar a «Hannibal Lecter» por incentivar a la población a comer proteínas.

Pero estos entuertos no se limitan a la aplicación un poco extraña de las leyes en algunos países ni a organismos internacionales que premian lo que debería combatir. El asunto alcanzó la cotidianidad. Les cuento.

Cuando era muchacho era muy común que los jodedores le pusieran sobrenombres a la gente. El apodo era acorde con las habilidades, parecido físico o defectos.

Así, llamaban «el Picure», «el Conejo», «Ratón» a quien era dientón y «Cara e´Caballo» a quien sufría de prognatismo mandibular. Eran sobrenombres impuestos por el grupo y aceptados por las víctimas, a veces con resignación y otras con disgusto, pero ni modo.

Hoy la cosa ha cambiado. Ya no hay necesidad de endilgarle a alguien un sobrenombre asociado a un animal. Ahora hay personas que creen ser un animal, y desean ser reconocidos como tales. ¿Qué tal? Ante la curiosidad, me puse a indagar sobre ese asunto y conseguí que a ese moderno trastorno lo llaman therian. El término proviene de theriantropy (del griego therion, bestia, y anthropos, humano). 

Se refiere a personas que sienten una identificación interna, espiritual o psicológica con un animal no humano (llamado theriotipo). Lo que faltaba. Resulta entonces que hay personas que se sienten perros y en vez de ir al médico van al veterinario cuando se sienten mal (pensé que lo hacían porque era más barato que la consulta con un internista).

Otros se creen gatos y maúllan (supongo que, en vez de cerveza, beben leche). Otros se creen lobos y hasta aúllan a media noche (las mentadas de madre de sus vecinos deben ser de película).

Otros más exóticos se creen águilas, caballos y tigres, pero no he sabido de alguno que se crea cucaracha, renacuajo o lombriz de tierra. Al parecer las escogencias son cuidadosas y obedecen a ciertos criterios estéticos.

Hasta ahora no he conocido casos como esos en mi entorno inmediato, pero no me atrevo a meter la mano en candela. Cada cabeza es un mundo y eso se respeta. El que quiera dormir en una madriguera, que lo haga.

*Lea también: Las cosas como que están cambiando, por Tulio Ramírez

Mientras no obligue a nadie a hacer lo mismo, ni se la pase atacando a la gente, porque se crea perro guardián, no pasa nada. Lo que sí he visto es que algunas personas públicas han tenido comportamientos que hacen sospechar que son unos therian de closet.

Dan demasiadas señales de padecer este trastorno. Actúan a diario como perros de presa, hienas, chacales o aves de rapiña, y no creo que sea con la intención artificial de vender una imagen intimidante y atemorizante, creo más bien que es por identificarse y sentirse como tales.

lunes, 9 de febrero de 2026

 

Las cosas como que están cambiando, por Tulio Ramírez

Las cosas como que están cambiando
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X: @tulioramirezc


Acompañé el pasado 2 de febrero a los decanos de las Facultades de Ciencias Políticas y Jurídicas de la UCV, la LUZ y ULA, así como al secretario de la Universidad de Carabobo, quienes se citaron en el TSJ para consignar ante ese máximo tribunal, una demanda contra el Ejecutivo nacional por incumplimiento del artículo 91 constitucional, referido a la obligación de revisar periódicamente los montos del salario de los trabajadores. 

Junto a estas autoridades universitarias, se encontraban personalidades del mundo gremial como la presidente de la Federación Venezolana de Maestros, la presidente del Colegio de Enfermeras del Distrito Capital, el presidente de la Asociación de Profesores de la UCV, así como otros representantes de diversos sindicatos y agrupaciones gremiales. Con ellos también asistieron una centena de profesores universitarios quienes se solidarizaron con tal petición.

Sobre la justeza de esta acción no quiero profundizar. Todos, y los incluyo a ellos, sufrimos las penurias asociadas a recibir un salario que no alcanza ni siquiera para sobrevivir.

Con los sueldos previstos en el instructivo Onapre, el cual, de acuerdo al mismo TSJ, es tan inexistente como los presos políticos o los guardaespaldas cubanos, nos convertimos de la noche a la mañana en uno de los países con los más altos niveles de pobreza en el mundo.

Quizás algún camarada diga que mi «sesgo ideológico de ultraderecha, contrarrevolucionario y fascista» me impide ver la realidad objetivamente. Le diría sin ningún empacho que está en lo cierto. Decir que «todos somos pobres» es como exagerado.

Cómo olvidar la cantidad de honestos trabajadores que con sus sueldos de funcionarios públicos, han logrado importar autos Ferrari, viajar por el mundo, celebrar cumpleaños en Dubái y hasta tener una mansión vacacional en Punta Cana. Ante ese argumento seguramente replicará: «el problema es que ustedes no se saben administrar». 

Siempre resulta difícil intercambiar puntos de vista con quienes no están dispuestos a ver lo que no está oculto. En alguna parte leí que la diferencia entre los que practican la fe religiosa y los que practican la fe socialista, consiste en que los primeros creen en algo que no ven, mientras que los segundos se niegan a creer en algo que todo el mundo ve.

Pero no es ese el tema que inspiró esta nota. La idea original es comentar algunos hechos curiosos que noté mientras acompañaba a los decanos. En primer lugar, al llegar me sorprendió una muy nutrida marcha de empleados públicos con franelas nuevecitas y recién entregadas, exigiendo el retorno del que te conté.

Esa marcha, «coincidencialmente» se organizó para el mismo día de la entrega de la demanda. Uno de los marchistas nos dijo que fueron convocados, con carácter de urgencia, la noche anterior. Las instrucciones eran marchar para solicitar una fulana «constituyente de los trabajadores bolivarianos», todos debían tener a la vista el gafete con el distintivo de la dependencia pública donde trabajan.

Las consignas eran inaudibles debido al altísimo volumen que salía de un equipo de sonido montado en un camión de festejos, con el que reproducían canciones alusivas al que se llevaron. El ruido impedía saber si, al igual que nosotros, los marchistas pedían aumento de salarios o, para llevarnos la contraria, pedían su disminución. Me quedé con la duda.

Por cierto, liderizaba la marcha ministerial, nada más y nada menos que el ministro del Trabajo, es decir, el patrono. Pero lo verdaderamente llamativo fue que, una vez llegado al sitio de concentración, se escabulló a la vista de todos en su camioneta oficial, dejando a los marchistas debajo de una pepa de sol y en hora de almuerzo, sin almuerzo. 

Lo sorprendente es que, así como llegaban, se retiraban en tropel. Eso no lo había visto antes. Otra cosa que me dejó patitieso fue la actitud de los funcionarios policiales. Al llegar la marcha ministerial, se apostaron donde nos encontrábamos los universitarios e hicieron una suerte de cadena protectora que impedía el contacto con los funcionarios públicos. Eso tampoco lo había visto. 

Merece un comentario aparte el comportamiento de la gran mayoría de los marchistas. Sus caras no reflejaban confrontación ni se mostraron desafiantes. No hubo las consabidas provocaciones ni gestos retadores. Más bien eran rostros de trámite administrativo.

Si excluimos a los muy pocos que gritaban consignas ininteligibles, la gran mayoría caminaba en silencio, fijando su mirada más en el reloj, que en nosotros. Definitivamente, pareciera que las cosas como que están cambiando.

Tulio Ramírez es abogado, sociólogo y Doctor en Educación. Director del Doctorado en Educación UCAB. Profesor en UCAB, UCV y UPEL.