lunes, 30 de junio de 2025

 

Por qué la gente no se está divorciando, por Tulio Ramírez

Por qué la gente no se está divorciando
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X: @tulioramirezc

Escribo esta columna justo el Día de San Juan. Lo cierto es que un día como hoy debería estar en tierras mirandinas como corresponde, pero el magro sueldo que recibo como profesor universitario, me impidió, por enésima vez, disfrutar de una de las fiestas más alegres de Venezuela.

Aproveché el día libre y pasé la mañana decidiendo sobre qué tema escribir. Se me ocurrieron varios. Es indudable que nuestro acontecer nacional es una cantera de temas para hacer sesudos artículos con la intención de dictar cátedra e ilustrar a los lectores. También hay temas como monte para hacer entregas un poco más ligeras con la intención de darle un respiro al lector ante tantas malas noticias. Por cierto, admiro a aquellos colegas que escriben para dictar cátedra porque puede ser peligroso por estos tiempos.

Tal circunstancia, limita el margen de maniobra a la hora de decidir sobre qué escribir. Es como caminar por un campo minado o por un parque donde pasean perros. Un mal paso y cataplúm. Es aconsejable caminar con cuidado. La pluma puede ser el castigo del cuerpo.

Ante la indecisión, y para poder centrar mis pensamientos, decidí ir al abasto para abastecerme de unas frías. A veces (solo a veces), ayuda a potenciar la creatividad. Pues bien, haciendo la cola frente a la caja para pagar, estaban 2 señoras hablando en un tono de voz inevitable de escuchar. «Esto es fin de mundo, apenas tenían tres meses de casados y ya se están divorciando», su interlocutora respondió con vehemencia, «yo se lo advertí, le dije que ese tipo no le convenia». 

Tocaba mi turno y escuché a la cajera decir a su compañera de la caja de al lado. «primera vez en mi vida que escucho tan de cerca una conversación sobre divorcio». Me llamó la atención tal comentario, pero lo entendí porque era una muchacha muy joven. La otra cajera comentó «ni yo tampoco mija, y eso que me la paso con mujeres casadas». Esta era más mayorcita.

Quedé un poco aturdido por ambas conversaciones. Pensé «la verdad que desde hace mucho tiempo no escucho de divorcios». Recordé que por allá por los 90, como abogado divorcie a 3 o 4 panas y todavía estoy esperando la botella de whisky que me prometieron por no haberles cobrado un solo bolívar». «¿Qué estará pasando ahora que la gente no se divorcia?», fue la pregunta que me entretuvo todo el camino de regreso.

Por pura ociosidad me puse a revisar algunas estadísticas de divorcios en el mundo. Bélgica, por ejemplo, aparece en las primeras posiciones con tasas que algunos años han llegado a superar el 40% de los matrimonios realizados en un año. Portugal, es otro país con tasas muy altas. En algunos años han superado el 40% de los matrimonios del mismo año (aunque creo que exageran, pero me consta que las portuguesas son muy fregadas). Estados Unidos, aunque muestra una tasa fluctuante, históricamente ha tenido una de las más altas, alrededor del 30%. Gringos al fin, cambian de pareja como cambiar de carro. También se menciona que los países de Europa del Este y Nórdicos suelen registrar tasas de divorcio elevadas.

Si en buena parte del mundo los divorcios forman parte de la vida cotidiana de las parejas, ¿qué pasa en Venezuela?, me pregunté. Busco estadísticas recientes y nada que encuentro (qué raro, no). Hago un repaso de mi círculo de amigos que se han constituido en parejas oficialmente casados durante los últimos 20 años y no consigo ni siquiera una crisis temporal donde se haya mencionado la palabra divorcio. 

¿Qué estará pasando?, ¿cuándo en mis tiempos?, ¿de qué están viviendo los abogados?, ¿será que abolieron el divorcio en la legislación venezolana y no me enteré? Estas y otras preguntas me entretuvieron durante todo el día.

Decidí llamar a Camucha. Una mujer que ha pasado por crisis conyugales severas durante tanto tiempo y no se ha divorciado. Quizás podría darme luces para dar respuesta al acertijo. Luego del saludo de rigor y de preguntar por la salud del compadre, le interrogo sobre las razones por las que no se ha terminado de divorciar del tremendo de Güicho.

Responde «Ay compadre, tome nota que es largo», «Aquí en Carúpano la gente no se está divorciando porque nadie se está casando; se arrejuntan y listo. Y los que se casan no se divorcian porque es muy caro y fastidioso, la repartición de bienes hay que dividirla entre tres, los esposos y el abogado. También pasa que muchos maríos se han ido del país para buscar trabajo y no han vuelto, así que problema resuelto.

¿Y yo por qué no me he divorciado de su compadre? Porque con todo y lo vagabundo, todavía lo quiero. Con esa respuesta, ¿cómo no podía ser el tema?

lunes, 16 de junio de 2025

 

Los padres y el Día del Padre, por Tulio Ramírez

Los padres y el Día del Padre
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X: @tulioramirezc

No quería referirme hoy a los problemas entre Güicho y Camucha, pero las reiteradas llamadas de lectores y amigos preguntando cómo había culminado el episodio al que nos referimos hace 15 días, no me deja otra alternativa.

No quiero que piensen que soy monotemático, pero, en aras de la preocupación general por el estado de salud del compadre quien, si bien es cierto salió vivo del accidente, no sé si corrió con la misma suerte después de salir del Hospital, les comento lo siguiente.

Esperaba que, por motivo del Día del Padre, Camucha llamara para felicitarme y preguntar de qué color eran las medias que me habían regalado mis hijos (todos los Día del padre, hace la misma pregunta). Esperaba, por supuesto, que me contara cómo termino el impasse con el compadre una vez dado de alta.

Pero les comento que esta vez no llamó (cosa extraña). Pasaron por mi mente muchas hipótesis: a) Güicho había cambiado de forma definitiva (lo conozco; hipótesis descartada); b) Camucha se fue de la casa sin el celular (saldrá sin la cédula, pero nunca sin el celular; hipótesis descartada); c) suicidio colectivo (¿y dejar a Carúpano en la orfandad?; hipótesis descartada); d) se fueron de segunda luna de miel (hubiese sido el primero en enterarme, hipótesis descartada).

Cansado de esperar la bendita llamada y de adivinar sobre las razones de tal silencio, llegaron mis hijos con el regalo por el Día del Padre. Con emoción abrí el paquete con el cuidado de no romper el papel. Se lo tenía que devolver para envolver el regalo del Día del Padre del año que viene. No lo van a creer, se me aguaron los ojos al ver un hermoso par de medias, afortunadamente de color diferente al recibido el año pasado. 

Alejados mis pensamientos de los compadres y sus asuntos familiares y mientras me servía el primer whisky, meditaba sobre el papel de los padres en la vida de los hijos y cómo en días de celebración como el de ayer, todos los hijos tienen un gesto hacia su progenitor. No importa lo que éste haya hecho o dejado de hacer a lo largo del año. Hay padres de padres, veamos algunos ejemplos.

Hay padres que aun cuando sus hijos hayan atravesado El Darién saliendo ilesos de los peligros de esa selva, hayan luchado contra delincuentes y secuestradores, superado enfermedades y falta de alimentos, los llaman todas las mañanas para asegurarse que se hayan tomado el jugo de naranja y recordarles que «no debes estar mucho tiempo expuesto al sol, acuérdate que eres alérgico, échate la crema». Esos son los «Padres Puchungos». 

Luego están los que ocupan el cargo, pero no ejercen la función. Son los que están presentes solo cuando los presionan o reclaman su falta de atención e incumplimiento de sus responsabilidades. Son los que, cargan a los hijos delante de los amigos, pero cuando no están solos, le gritan a la esposa «encárgate de tus hijos, estoy muy ocupado”. Son los llamados “Padres tipo ministerio».

Nunca falta el padre que se proyecta. Son los que tratan de moldear a los hijos a su semejanza. Son los que lo obligan a reproducir su propia experiencia de vida, a estudiar la misma carrera universitaria, a destacarse en los deportes rudos, a entrarse a trompadas con todo el mundo para demostrar hombría y a hacer trampas para demostrar que es el más avispado. Si el muchacho toma otro camino, se preguntan «qué hice yo para merecer esto». Cuando la estrategia les sale bien se conocen como «Padres Frustradores», si les sale mal, se les llama «Padres Frustrados».

Están los que alardean tener «el control absoluto de la situación». Los que se ufanan de «dar órdenes con la sola mirada» y prescriben a sus amigos lecciones sobre cómo ser padres. Tienen vocación militarista y son los que esperan toda la madrugada sentados en la poltrona de la sala con una cobija sobre la cabeza, a que lleguen los hijos de la fiesta, «¿Estas son horas de llegar?» y sin esperar la respuesta ordenan «mañana se quedan en su cuarto hasta que yo diga. Se acabó la guachafita en esta casa». Más que temor y autoridad, terminan provocando risitas a escondidas. Son «Padres con mando, pero sin tropa».

Ser padre no es fácil, no hay un estándar universal de lo que debe ser uno, pero imagino que hay rasgos que los hijos agradecen. Algunos de ellos: a) ser orientadores y no caporales con látigo; b) ser proveedores, pero no convertirlos en parásitos; c) ser comprensibles, pero firmes cada vez que sea necesario; d) acompañarlos y apoyarlos, sin predeterminar el camino que deben tomar; e) servir de modelo, sin imponerlo; d) estar siempre allí, aunque no sea en forma física. 

Culminó el Día del Padre y pienso que no sé si me he comportado según esos rasgos o me he equivocado en el trayecto. Algún día me lo dirán o reclamarán. Finalmente, convencido de que Camucha no llamará, me fui a medir las medias.

lunes, 2 de junio de 2025

 

La mentira y los mentirosos, por Tulio Ramírez

La mentira y los mentirosos
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X: @tulioramirezc


La mentira es tan vieja como el oficio aquél. Pareciera que forma parte del ADN del ser humano. A pesar de ser condenada por religiones, movimientos moralistas y sectas de cualquier tipo que agrupan a millones de fervientes seguidores, no han sido suficiente contrapeso como para hacerla desaparecer de la conducta de los hombres (y mujeres, claro está). 
Por ejemplo, en el cristianismo la mentira es condenada de manera explícita en la Biblia (Éxodo 20:16). De hecho, «no mentir» es uno de los 10 Mandamientos. La mentira se considera hija del demonio, pero Pedro se tiró tres….»No», cuándo lo conminaron a decir donde estaba Jesús. Mintió para salvar el pellejo. De allí en adelante los cristianos se dan sus libertades en esa materia.

En el Islam, la mentira está prohibida. El Corán y los Hadices (dichos y acciones del Profeta Mahoma) condenan la mentira, considerándola una señal de hipocresía y una conducta que daña a la comunidad y a la propia alma. De acuerdo con estos creyentes, el Corán prohíbe la agresión, el falso testimonio y fomenta la paz. Sin embargo, no creo que los que atentaron contra las Torres Gemelas hayan dicho la verdad cuando fueron interrogados por el funcionario de inmigración en el aeropuerto Kennedy, al preguntarles sobre los motivos de su viaje a Estados Unidos.

De igual manera, en el judaísmo y en el budismo está prohibido mentir. Sin embargo, estoy seguro que durante la Alemania nazi, muchos judíos tuvieron que mentir para salvar sus vidas. De igual manera, budistas chinos y tibetanos tuvieron que echar mano al falso testimonio para escapar de la persecución comunista. Aplicaron aquello de «más vale que digan que aquí vivió un creyente por mentiroso, a que digan, aquí mataron a un creyente por creyente».

La verdad, es difícil eludir las mentiras y a los mentirosos. Inclusive, es preferible no echárselas de moralista porque en el momento menos pensado tendremos que recurrir a una mentirilla para evitar males mayores. ¿Quién no le ha dicho a su suegra que es la mejor del mundo?, ¿quién no le ha dicho a la conserje que nunca se ha quejado de su trabajo ante la junta de Condominio? Todo es asunto de supervivencia. 

Ahora bien, no existe una clasificación científica o psicológica universalmente aceptada que determine una clasificación exacta de los «tipos de mentirosos». Sin embargo, al ser un comportamiento que puede manifestarse de diversas maneras y con diferentes motivaciones, es posible aventurarse y hacer una tipología. Una manera de distinguirlos, es la siguiente.

Los “Cobita Dulce”Ese es el mentiroso ocasional que recurre a la mentira de forma esporádica. Generalmente miente para evitar un conflicto, proteger los sentimientos de otra persona (las famosas mentiras piadosas), salir de un apuro menor o evitar consecuencias poco significativas. No hay una intención maliciosa profunda. Cómo aquel «sí, pero socialmente», cuando el médico pregunta si bebe.

El «Mentira Fresca». Es el mentiroso patológico o también conocido como «Mitómano». Miente de manera compulsiva y sin una razón aparente. A menudo, sus mentiras son muy elaboradas y grandiosas. Pueden incluso creerse sus propias fantasías. No sienten culpa por sus engaños, lo que podría ser un síntoma de trastornos de personalidad. Son los que dicen que viven en la Alta Florida, pero se bajan de la buseta en la Av. Andrés Bello y caminan hacia Chapellin, donde viven realmente.

El más peligroso es el «Perro Cobero». Es un mentiroso estratégico y malamañoso. Miente para obtener un beneficio personal. Sus mentiras son más calculadas y tiene un objetivo. No necesariamente miente por placer, sino como una herramienta para conseguir lo que quieren. No tienen escrúpulos. «Te juro que no va a pasar nada, confía en mí, vamos a mi apartamento y nos tomamos solo un traguito y luego te llevo para tu casa».

En otro orden de ideas, a diferencia de las religiones, en política no está prohibido mentir, aunque moralmente sea cuestionable. Es consustancial al oficio. Por ejemplo, ofrecer lo que ha conciencia se está seguro que no se podrá cumplir, es parte del teatro. Declarar que «yo solo me debo al pueblo, para mí no quiero nada», es una mentira que forma parte del guion que la mayoría de los políticos aprenden de memoria. El asunto es que cuando pierden todo viso de credibilidad ya no seducen. La gente tiene un límite de tolerancia al político mentiroso. 

Ahora, en política hay mentiras de mentiras. Hay mentiras que pueden llevar a todo un pueblo a una catástrofe. Por ejemplo, el 13 de enero de 1959, Fidel Castro dijo en una entrevista: «No he sido nunca ni soy comunista. Si lo fuese, tendría valor suficiente para proclamarlo». Estas declaraciones hicieron posible que obtuviera el apoyo de los sectores medios cubanos y de líderes demócratas de la región y de la isla

El muy zamarro engañó a todo el mundo. El costo que ha pagado el pueblo de Cuba por esa mentira, ha sido muy caro. ¿Recuerdas quién te mintió la última vez y para qué?