lunes, 19 de mayo de 2025

 

Camucha y el “FONDOPAMI”, por Tulio Ramírez

Camucha y el “FONDOPAMI”

FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail

X: @tulioramirezc


El Día de las Madres recibí una llamada de la Comadre Camucha. La verdad no me extrañó. En fechas como esas, acostumbra llamar, no importa si es Día del Sociólogo, del Abogado, cumpleaños o Día del Santo Patrono. Lo hace para felicitar y aprovechar de quejarse por alguna de las andanzas del compadre Güicho.

Recuerdo que el año pasado, a propósito del cumpleaños de Kaiser, (mi perro), llamó para desearle lo mejor y, a renglón seguido, contarme que había botado de la casa al compadre. La razón, había perdido en un juego de Truco, los ahorritos que ella con tanto sacrificio había acumulado para hacerse un lifting de cejas y pestañas en Caracas.

En esta oportunidad esperaba el guion de siempre, preguntarme como estaba pasando el día y qué le había regalado a la madre de mis hijos. Es la excusa introductoria para llegar a la verdadera intención, quejarse del compadre. Pero esta vez sucedió algo diferente. Fue directo al grano.

«Compadre lo llamo para informarle que Güicho tuvo un grave accidente. Se montó borracho en una mata de mango y se vino abajo de una altura como de ocho metros. Se rompió 4 costillas. Pero eso no fue lo peor, se le atravesó una rama en un costado y hay que operarlo de emergencia porque al parecer se le empotró en una tripa». Alarmado, la interrumpo para preguntarle si Güicho estaba en el hospital.

«Ay compadre ese es el asunto. En el hospital de aquí desde hace rato que no funcionan los quirófanos. Estamos en una clínica y me dicen que la operación vale un ojo de la cara y yo no tengo plata para eso». Vuelvo a interrumpir, le pregunto sobre el monto de la intervención y por lo que escuché, casi que me llevan a mí a la clínica.

«Compadre no se asuste, no le estoy pidiendo plata. Entiendo que con lo que gana como profesor universitario, no es mucho lo que puede arrimar. Lo llamo para pedirle que me ayude. El médico me dijo que activara con urgencia algo así como un «FONDOPAMI» para recoger plata y poder hacer la operación». Aquí llegamos al punto de no entender nada de lo que me decía. ¿Un FONDOPAMÍ?, ¿qué diablos será eso?

«Si compadre, el médico me dijo que es la solución más rápida. Güicho será todo lo que sabemos, hasta me dijeron que estaba encaramado en la mata para meterle el ojo a la vecina nueva. La verdad, me da mucha rabia compadre, pero no quiero que se me muera. Compadrito, ayúdeme a organizar ese FONDOPAMÍ. Me dijo el doctor que había que tener una persona amiga viviendo en Estados Unidos, con número de seguro social y una cuenta en dólares. ¿Usted tendrá a alguien de confianza por allá que me eche una mano?».

Entre el hablar rápido, propio de su tierra, el natural nerviosismo por la condición de Güicho y el carúpanglish, no había caído en cuenta que lo que pedía Camucha no era un FONDOPAMÍ, sino un GoFundMe. La tranquilicé diciéndole que inmediatamente me pondría en eso con un familiar que tengo en Estados Unidos.

Afortunadamente, el dinero se pudo recoger en 3 días y Güicho fue operado con éxito. Ahora está en su casa descansando. No sé si corra con la misma suerte, después que se recupere y Camucha lo agarre en la bajaíta.

Traigo el caso a colación, no con el ánimo de exponer al público la vida privada de los compadres. Más bien quiero llamar la atención sobre la grave situación que viven los venezolanos en materia de salud. Hemos tenido que recurrir a mecanismos de caridad pública para enfrentar los elevados costos del servicio de atención hospitalaria público y privado.

No soy un empedernido nostálgico del pasado, pero extraño los tiempos en los que los médicos del Seguro Social atendían pacientes en sus casas. Bastante que madrugué siendo muchacho, para pedir números para la visita domiciliaria del médico. El jeep del IVSS llegaba al Barrio donde vivíamos a media mañana para hacer la consulta in situ a quien la había solicitado, por su imposibilidad de asistir al consultorio. Luego, con el récipe en la mano, me iba hasta la farmacia del Seguro a solicitar gratuitamente las medicinas. Todo estaba cubierto por el descuento que hacía el patrón a los trabajadores, y que posteriormente enteraba al IVSS. ¡Maldito capitalismo!

En esa época, para la clase trabajadora y para muchos sectores de la clase media, el Hospital Público dependiente del Ministerio de Sanidad o del Seguro Social, eran alternativas eficientes para atender cualquier problema de salud, quirúrgico o no.

Camucha no ha llamado más. Presiento que Güicho está mejorando y portándose bien. No le queda más remedio, está en cama. Espero que esta vez agarre escarmiento, aunque, sinceramente, lo dudo. Por lo pronto, estaré atento a la llamada por el Día del Padre.

 

lunes, 5 de mayo de 2025

 

Aquél primero de mayo, por Tulio Ramírez

Aquél primero de mayo
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail

X: @tulioramirezc

Tendría unos 12 años cuando participé por primera vez en mi vida en una marcha por motivo del Día del Trabajador. Eran finales de los años 60 y comienzos de los 70. Mi padre, quién era un dirigente sindical del área de la salud en la Administración Pública, solía pedirme que lo acompañara a muchas de sus actividades sindicales.

Recuerdo haber participado en asambleas de trabajadores. La mayoría de las veces estaba atento, pero confieso que a veces me dormía. Sin embargo, alzaba la mano al momento de la votación, sin tener mucha idea sobre lo que se votaba. La verdad, nunca me enteré si mi voto lo contaban o no.

También acompañaba al viejo a las giras que hacía, junto al resto de los dirigentes sindicales, a los centros de trabajo en todo el país. Eran imperdibles las reuniones en la Casa Sindical de El Paraíso, era la oportunidad de disfrutar de la piscina sin costo alguno. Por supuesto, no me pelaba ir a las fiestas y tenidas que se realizaban por motivo del Día del Trabajador. Después de la marcha, muchos sindicatos celebraban una fiesta en sus sedes.

Nunca olvidaré esos primeros de mayo. Los trabajadores, que venían de todo el país, se concentraban en la Plaza Venezuela, Parque Carabobo o en la sede de la Confederación de Trabajadores de Venezuela en Quebrada Honda. Cualquiera fuera el punto de salida, partía la multitud en marcha pacífica, pero con pancartas y consignas reivindicativas muy claras, recorriendo la ruta de la Avenida Urdaneta hasta llegar a la Plaza Diego Ibarra de El Silencio, donde el presidente de la CTV daba un discurso de cierre a la multitud. 

Tengo muy vívido el momento cuando la marcha llegaba a la altura de la esquina de Veroes y el Presidente de la República del momento, saludaba desde la mezzanina de un edificio cercano. Inolvidable el 1ro de mayo de 1967, ese día la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetrasalud), con sus sindicatos afiliados (entre ellos el de mi papá), marchaba delante de los trabajadores agrupados en la Avade (Asociación Venezolana de Artistas de la Escena). El sindicato de mi padre (Nutrición) ocupaba el último lugar del bloque de Fetrasalud, por lo que detrás de nosotros marchaban los artistas de la Avade. 

En medio del bullicio, escucho que alguien canta el Gloria al Bravo Pueblo. Era tan nítida esa voz que sobresalía del ensordecedor voceo de consignas reivindicativas dirigidas al Presidente. Fije mi atención para identificar al cantante, y vi la imagen inconfundible de Cayito Aponte, quien encabezaba el grupo de la Avade, seguido del no menos famoso rochelero Roberto Hernández.

La imagen que me quedó en la mente era la de un héroe de guerra, caminando entre los escombros con una bandera victoriosa, seguido por un ejército triunfante.

Fue un momento inolvidable. Cuando se comenzaron a escuchar las primeras estrofas del Himno, la marcha se encontraba justo frente al palco donde estaba el Presidente Leoni y su comitiva. La multitud se detuvo, y las miles de gargantas se fueron acoplando haciendo un gigantesco coro, al canto de Cayito. El Presidente, en señal de respeto, al igual que su comitiva, se mantuvieron firmes y con la mano en el corazón hasta escuchar la última nota del Himno.

Para un muchacho de 12 años era una escena épica y conmovedora a la vez. Pero todo no culminó allí. Reanudada la marcha, y a pocos metros de comenzar el giro en la esquina de Carmelitas, para tomar rumbo a la Avenida Baralt y seguir hasta la Plaza Diego Ibarra (punto final de la marcha), todos aceleraron el paso, lo que ocasionó que se perdiera el orden y fuésemos alcanzados por los artistas de la Avade. 

Caminar junto a los famosos era alucinante. Pensaba en la reacción de mis amigos cuando contara lo que estaba viviendo. Interrumpió ese pensamiento otra escena mágica que recordaré de por vida. Volteo a mi derecha y observo que alzan en hombros a una persona que, en las primeras de cambio, no reconocí. En plena marcha y llevado en vilo como un Rock Star, esa persona comienza a cantar algo que ocasionó regocijo en la multitud. Logro escuchar la primera estrofa, ¡Cuenta la leyenda que en un árbol se encontraba encaramado un indiecito guaraní! Era Néstor Zavarce, un consentido de la teleaudiencia. Sudado, agotado emocionado y con la camisa semiabierta, cantaba con las energías que le quedaban. El espectáculo tomo su clímax cuando fue seguido por mil voces que coreaban ¡Chogüi, Chogüi, Chogüi!

En ese momento no comprendía toda la simbología que rodeaba la atmosfera de lo que estaba viviendo. Hoy, después de tantas décadas y tantas marchas, logro comprender que se trataba de una celebración del Día del Trabajador propio de una democracia que, aunque imperfecta, era finalmente una democracia. 

Los trabajadores podían marchar, pedir reivindicaciones, reclamar al Presidente sin temor a persecuciones políticas, retaliaciones laborales ni a despidos por protestar. 

Otro aspecto interesante y distintivo es que esas marchas no eran unicolores. Las diferentes centrales sindicales, con ideologías políticas diversas, tenían cabida en esa celebración-protesta. Con los sindicatos afiliados a la CTV de corriente socialdemócrata, asistían los sindicatos de ideología comunista organizados en la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV), los de ideología socialcristiana bajo la bandera de la Confederación de Sindicatos Autónomos de Venezuela (Codesa ), así como su homónima ideológica, la Confederación General de Trabajadores (CGT).

Eran manifestaciones unitarias e inclusivas. No eran manifestaciones complacientes, aclamacionistas ni excluyentes. ¡Qué tiempos aquéllos!